Panorama Católico

“Que Dios os perdone”

Yo más bien me inquietaría, poniéndome en el lugar de dichos lectores, por la insistencia de tantos en matar al Card. Bergoglio, y esconder su cadáver, que les resulta muy molesto. Y si no ha muerto, habrá que asesinarlo, aunque resulte, como en aquel famoso cuento, un “asesinato a medias”.

“Dios a algunos papas los da, a otros los tolera, y a otros los inflige”.
San Vicente de Lerins

Debo reconocer que hay gestos del Papa Francisco que me han tocado. En la cena que tradicionalmente reúne al nuevo pontífice con los cardenales electores, el papa Francisco ha dicho: “Que Dios os perdone por lo que habéis hecho”.

En otro momento, también se dirigió a rezar ante la tumba de San Pío V. Estos dos gestos me han conmovido.

También me ha conmovido un título de la Cigüeña, del respetado Paco Pepe Fernández de la Cigoña: Bergoglio ha muerto Viva el Papa Francisco.  Si no conociéramos a don Paco Pepe, ni el talante español, podríamos pensar en una boutade para salir del apuro, puesto que en la misma mañana de la elección publicó una crítica dura al Card. Bergoglio.

Pero sé que cree –y yo con él- que ha ocurrido un cambio radical de status en la persona del Card. Bergoglio. Mientras viva o mientras sea papa, es el Vicario de Cristo. Lo que podemos esperar de él será algo distinto, mientras no demuestre lo contrario, aunque nos parece indispensable recordar las andanzas del difunto Bergoglio. Al menos yo  así lo veo, en la medida en que sirva para perfilar los antecedentes del actual pontífice, se impone recordar su anterior vida.  No sé si don Paco hará otro tanto.

Entretanto, en lo que no puedo seguir a don Paco es en verle ahora un rostro “dulce” que antes veía torvo. ¿Será que mis pecados no me dejan? Es muy posible, a juzgar por las faltas que muchos comentaristas me recriminan a propósito de mi visión crítica de esta elección.

Card. Bergoglio ¿R.I.P.?

Yo más bien me inquietaría, poniéndome en el lugar de dichos lectores, por la insistencia de tantos en matar al Card. Bergoglio, y esconder su cadáver, que les resulta muy molesto. Y si no ha muerto, habrá que asesinarlo, aunque resulte, como en aquel famoso cuento, un “asesinato a medias”.

Más bien lo veo vivo y coleando, si se me permite la expresión. Cuando saludó a los fieles en la plaza, el día de su elección se presentó sin varios de los atuendos pontificios correspondientes. Y saludó con frases inusuales, una de ellas cortada a tiempo, a mi ver, cuando iba a pedir a los fieles que lo bendigan a él, hábito de ciertas reuniones con los evangélicos.

Otra cosa me llamó la atención: el rostro desencajado de Mons. Guido Marini. Esto ya ha sido motivo de varios comentarios, pero creo que es relevante: dice la prensa que cuando el ceremoniero pontificio presentó al neopapa su atuendo, le contestó: “Quella roba se la metta lei, Monsignore. Il tempo delle carnevalate è finito“. Que es como decir, “yo no me visto como los papas carnavalescos que me han precedido”. Apreciable gesto de humildad bergogliana, que indica signos vitales del difunto.

Otro tanto ocurrió para la misa privada con los cardenales del día siguiente, en la cual hizo colocar una mesa ante el altar tradicional de la Capilla Sixtina, enmendado la plana a Benedicto. 

Para desesperación de Mons. Marini (Guido), se confeccionarán paramentos especiales para la misa de coronación, el día de San José, a fin de evitar la carnavalesca tradicional del Solio Pontificio. El Papa no usará los ya los zapatos rojos, ni pectoral de oro ni anillo del pescador, ni ninguna de esas tonterías. ¿Volverá Piero Marini,(ceremoniero de Juan Pablo II) el hombre de la imaginación litúrgica? No nos sorprendamos.

Consultado que fue un religioso sobre el modo tradicional de asumir un cargo, respondió que era considerado como un acto de humildad no cambiar nada de lo hecho por su predecesor inicialmente, y hasta pasado un tiempo prudencial. Tal cambio se podría interpretar como una crítica o desaprobación.

A la vez y según me impresiona aún el rostro del pobre Mons. Guido, estas alteraciones han de incomodar muchísimo al entorno del Papa. Lo que me trae al recuerdo algo leído sobre los momentos iniciales de la elección de San Pío X, relatados por un testigo privilegiado, el Card. Merry del Val:

“Inmediatamente después [de la elección], es costumbre que el Papa dé su primera bendición solemne Urbi et Orbi. El maestro de ceremonias Mons. Riggi [antecesor de Mons. Guido Marini, nota mía] , preguntó al nuevo pontífice si pensaba hacerlo desde la loggia interior de la Basílica o desde la exterior que domina la ciudad. El Santo Padre volviéndose a mí me preguntó cual era la opinión del Sacro Colegio a este respecto (…) “Me someteré a la opinión del Sacro Colegio”, fue la respuesta del Papa. Al preguntarle yo si deseaba dirigirse en seguida a San Pedro o aplazarlo para horas más tarde, contestó que le era indiferente y que obraría según se estimase más oportuno. Me atreví a sugerirle mi opinión de que tal vez fuera mejor no demorar la ceremonia, y así se hizo”.

Humilde, se califica este modo de proceder en la tradición de la Iglesia.

En otro pasaje de estas mismas memorias se refiere el santo cardenal Merry del Val a los momentos en que los votos del Patriarca de Venecia iban subiendo peligrosamente. El Card. Sarto se negaba a aceptar el cargo y la situación parecía estancada. Entonces, el Card. del Val, autor de estas memorias, recibió del Card. Decano el encargo de pedir a Mons. Sarto una definición: en caso de no estar dispuesto a asumir, se informaría a los cardenales para que buscaran otro candidato.

Se lo comunicó a un José Sarto desolado, con el rostro bañado en lágrimas, que rezaba en la Capilla Paulina. “Sí, sí, Monsignore ­­–contestó amablemente– dica al Cardenale che mi faccia questa caritá”.  La únicas palabras de consuelo que pudo decir Merry del Val al Card. Sarto fueron: “Eminenza, si faccia coraggio, il Signore l’aiuterá”.  En tanto el cardenal de Venecia parecía repetir incansablemente “Transeat a me calix iste”. Antes de que el Decano pudiese comunicar al colegio en pleno la decisión de Mons. Sarto, distintas visitas urgentes de otros electores lo convencieron de beber ese cáliz.  Dice el Card. Merry del Val que la oración del futuro Pío X parecía una agonía en el Huerto de los Olivos.

A esto en la tradición católica se le llama humildad. No parece necesario hacer odiosas comparaciones con lo relatado por el Papa Francisco en su conferencia de prensa.

Conservadores a la intemperie

Como escribimos en otra nota, una elección de estas características deja a una gran cantidad de personas a la intemperie, y en este caso, podemos presumir, bajo cielo nublado y tormentoso. Realmente no nos podíamos imaginar tal decisión. Se hablaba de un papa con perfil definido: joven, con experiencia pastoral y curial, saludable, políglota, preocupado por la liturgia, prestigioso en el mundo civil, y otras cualidades. Sólido en doctrina, con antecedentes militantes por la vida y la moral tan cuestionada hoy en el orden civil (aborto, píldora del día después, eutanasia, uniones civiles, “matrimonios” de homosexuales). El papa actual no cuadra en ese perfil definitivamente. ¿Quién impuso este cambio, conocido inclusive el día anterior de la elección y publicado por diarios italianos?

Los medios liberales y de izquierda en todo el mundo lo han elevado a una suerte de apoteosis. Los que promueven todos los horrores morales de estos tiempos presentes lo exaltan. (No vale contar la oposición de los voceros oficiosos del Gobierno argentino, cuyos intereses son evidentes).

Su “humildad” y su “pobreza” es hoy una verdad revelada para quienes que no creen en la verdad y menos en la que ha sido revelada por Dios. Son los jueces que disciernen el espíritu católico, ellos que como mínimo lo desconocen y normalmente lo detestan.

¿Por qué Bergoglio?

Se pueden hacer varias conjeturas, la que más nos cuadra es la de una alianza entre los progresistas, los curiales y los afectados por el informe que Benedicto decidió sellar y heredar a su sucesor. Una alianza para que nadie meta mano en nada. Por lo cual se necesitaba un hombre grande, casi 77, con cierta debilidad física, que no sepa mucho de los asuntos de la Curia y con pocas ganas de meterse en dibujos. Un perfil parecido a Juan Pablo II, con más actuación que acción concreta.

Esto, quizás, es lo que han comprado los electores que tenían mucho que perder. Pero ¿qué han votado los otros, aquellos en los que teníamos algunas esperanzas? Tal vez la otra alternativa era peor. Uno puede imaginar a los obispos de Rhin amenazando el cisma explícito… O  vaya uno a saber qué. Tal vez ese espíritu de cuerpo tan propio del clero, y la vieja tradición de que las cosas se arreglan en casa y en silencio.

Lo cierto es que esta elección ha reavivado las esperanzas de un progresismo alicaído y dispuesto a irse de la Iglesia bajo Benedicto. Leonardo Boff, Hans Küng, los “latinoamericanos” de la Teología de la Liberación; pero además la Masonería, las entidades mundialistas, el judaísmo… todos lo exaltan. ¿Será un buen indicio? Nos viene a la mente la frase del Rabino di Segni cuando Benedicto hizo sus esfuerzos para regularizar a la FSSPX: “Ellos (los lefebvristas) o nosotros (los judíos)”.  El cónclave ha optado.

¿Debemos esperar un Concilio Vaticano III, el desmantelamiento del papado, el triunfo del “colegialismo” o la tesis del sínodo en lugar del Pontífice como jefe de la Iglesia por designación divina? ¿La consagración de la doctrina de la “doble salvación”: los judíos por su Ley y los católicos (los cristianos digamos, o más bien todos) por la redención de Cristo?

Curioso, los papólatras nos critican porque decimos que este Papa puede ser un instrumento para desguazar el pontificado… ¡Extaña paradoja!  Y lo conservadores, que han quedado a la intemperie más que nunca, luchan entre la desesperación y el sedevacantismo o la enésima sumisión a lo que no se debe aceptar: la destrucción de la tradición católica.

Como siempre, el tradicionalismo queda en mejor posición. Porque sabe que puede haber papas malos, desastrosos, castigos de Dios, pero eso no quita que sean papas ni nos obliga a obedecerlos en las cosas que van contra la doctrina.  Es una nueva batalla. Dios dirá su palabra, convirtiendo el plan de los malvados en algo para el bien de la Iglesia y castigándonos a todos por nuestros pecados.

Además, cuando el populus romanus, y la curia misma vea a un Francisco en pantuflas teológicas, con una liturgia de mate y bizcochos de grasa, y una “bondad” tan selectiva que los que no caen en gracia, caen en desgracia… pensará de nuevo qué cuerno han hecho los cardenales con la asistencia del Espíritu Santo.

“Dios a algunos papas los da, a otros los tolera, y a otros los inflige”. Sabias palabras.

 

Card. Merry del Val, “El Papa San Pío X, Memorias”. Ediciones Fundación San Pío X, Buenos Aires, 2006

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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