Panorama Católico

¿Qué Iglesia Queremos?

En momentos en que soplan vientos de confusión y hostigamiento hacia la Iglesia, viene bien tener en claro algunos conceptos básicos.

Por el Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla

Las cosas simples

En momentos en que soplan vientos de confusión y hostigamiento hacia la Iglesia, viene bien tener en claro algunos conceptos básicos.

Por el Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla

Las cosas simples

Cuando éramos niños, allá por la década del ’50, ser católico era una cosa simple y hermosa. Pero no solamente para nosotros, que éramos niños, sino para todos los católicos. Y es que las cosas, por aquellos tiempos, estaban muy claras, y no había margen para la confusión.

Luego vinieron otros tiempos, y todo se complicó de repente, y se volvió confuso, incierto, hasta extraño a nuestra manera de ser católicos.

Aquel “aggiornamento”, convirtió a la Iglesia milenaria en una Babel moderna, en la que se mezclaban, irreverentes, Marx y Freud , los curas guerrilleros, las monjas que preparaban bombas, los obispos que se casaban, las misas con música de rock, y los shows sanadores batiendo palmas y bamboleándose rítmicamente.

¡Cuánto daño hizo todo aquello! ¡Cuánto daño nos hizo como país, y como sociedad! Y esto es así, porque somos un país que desde su origen más remoto, hace más de cuatro siglos, tiene sus raíces en el catolicismo, y porque es imposible separar el rumbo del país del rumbo de su Iglesia.

Católicos fueron los españoles que conquistaron y colonizaron estas tierras, lo fueron los criollos que nos dieron la Independencia, y las dos grandes inmigraciones posteriores a Caseros estaban constituidas por italianos y españoles de acendrada fe católica. Mas aún, estudiando el resto de la masa inmigratoria que llegó al país, vemos que franceses, suizos, belgas, alemanes del sur, armenios, libaneses, irlandeses y polacos, eran católicos.

Las cosas claras y en su lugar

Ahora bien: ¿qué Iglesia queremos? Muy simple: la Iglesia de siempre, poniendo las cosas claras y en su lugar.

Queremos que los curas sean curas, que las monjas sean monjas y que los obispos sean obispos. ¿Esto qué significa? Que el cura debe vestirse como cura, pensar como cura y actuar como cura. Y así sucesivamente. Porque si el cura se viste como un atorrante, habla como un chanta, y actúa como si fuera un piquetero, la cosa no va. Y así sucesivamente.

Queremos que la misa sea la misa. Latín, música sacra, órgano, salmos, canto gregoriano, incienso, campanillas, altar mayor, púlpito, devoto y respetuoso silencio, recogimiento y oración. Porque para los católicos, la misa es el sacrificio de Cristo, y el misterio magnífico en el que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre para la salvación de nuestros pecados. No es poca cosa.

Porque si queremos otra cosa, si queremos un show, un festival de música alegre, una guitarreada, una divertida reunión social, la misa no es lo indicado.

Queremos que las iglesias y capillas sean templos, es decir sean “la casa de Dios”, como decían los criollos en su simpleza llena de sabiduría. Y a la casa de Dios no se entra con el mismo atuendo y con los mismos modales que se usan en la bailanta, en el “boliche” o en la cancha. ¡Basta de circo! En los buenos viejos tiempos, hasta el más pobre se ponía su mejor ropita para ir a la iglesia, humilde, pero decente. Y que las mujeres no sientan vergíenza de cubrirse con mantillas al ingresar al templo. Una buena costumbre que se debe recuperar, porque reivindica la dignidad de la mujer, a imitación de la Santísima Virgen.

Queremos que los curas prediquen el Evangelio de Cristo. Que usen el púlpito para que todos los fieles los vean, y para que vean a todos los fieles. Y desde allí, transmitan la buena nueva: “¡Dios nos envía a su Hijo, Jesús, nuestro redentor, Cristo Rey!” Simple. No pretendemos otra cosa. No queremos, allí, planteos sicoanalíticos, ni análisis sociológicos, ni argucias políticas.

Queremos que los niños aprendan el catecismo en la parroquia, a respetar a sus padres, a querer su país, y a rezar el Padrenuestro, el Credo y el Ave María. Simple. Y que después del catecismo vayan a jugar a la pelota en el patio parroquial. Muy simple.

Queremos, también, que los obispos sigan las enseñanzas del Papa, y defiendan a su Iglesia con coraje, sin tibiezas ni medias tintas. Porque el ejemplo debe venir de arriba, y porque jerarquía es sinónimo de servicio a un solo Señor: Cristo Rey.

Así, a partir de cosas simples, y de poner las cosas en su lugar, los católicos nos reencontraremos con nosotros mismos, con nuestras esencias. Y esto, aunque pocos lo decimos, es fundamental para reconstruir el cuerpo social de la Nación, enfermo de tantos males.

Volvamos a poner a Cristo y a su Iglesia en el centro de la vida de los argentinos, en el corazón de los argentinos, y lo demás vendrá por añadidura…

Tomado de
Revista NUEVA ARGENTINA Fundada en 1987
Director: Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla
Peatonal San Martín 2047 Local 12 3000 Santa Fe nuevarg@ciudad.com.ar

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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