Panorama Católico

Queja incomprensible

Cuando –a título personal- ya  teníamos bastantes problemas con un sector reaccionario y ultra ortodoxo de nuestra Iglesia Católica, hemos tenido una desagradable sorpresa con el otro sector de la institución, es decir, el progresista.  Claro que, apañar asesinos, es algo más que progresismo.
 
Hasta el sábado pasado teníamos la costumbre de ir a la misa vespertina de la parroquia del Sagrado Corazón, en el barrio de nueva Córdoba, en la ciudad homónima.
 

Cuando –a título personal- ya  teníamos bastantes problemas con un sector reaccionario y ultra ortodoxo de nuestra Iglesia Católica, hemos tenido una desagradable sorpresa con el otro sector de la institución, es decir, el progresista.  Claro que, apañar asesinos, es algo más que progresismo.
 
Hasta el sábado pasado teníamos la costumbre de ir a la misa vespertina de la parroquia del Sagrado Corazón, en el barrio de nueva Córdoba, en la ciudad homónima.
 
Dicha parroquia está en manos de los llamados frailes “Capuchinos”, congregación de origen Franciscano, tanto que dicho templo –uno de las más voluminosos y ornamentados de nuestra ciudad- es conocido con el nombre de la orden. Paradójicamente, fue decorada por el arquitecto Ferrari, padre del “plástico” que expuso una obra blasfema en la Recoleta.
 
A lo largo del último año hemos tenido algún desagrado por comentarios referidos a cierto ex obispo muy cuestionado, o expresiones gratuitas a favor del mal entendido “ambientalismo”, o en contra de USA, Bush, el capitalismo, etc. Pero lo sucedido el sábado pasado superó toda nuestra capacidad de tolerancia ya que al comenzar la misa, el párroco anunció públicamente que en el altar estaba también presente fray Antonio Puigjané, de visita en su ciudad natal, y actualmente dirigiendo una comunidad capuchina en Buenos Aires.  El celebrante, por añadidura,  no ahorró elogios a su colega.
 
Dudamos entre denunciar públicamente en pleno templo lo incompatible de tan desagradable presencia con el espíritu cristiano, recordándole en el rostro al imputado los delitos por los que es convicto, amnistiado por un débil presidente -también cordobés, y por el que pedimos disculpas a todos los argentinos- o, callados la boca, retirarnos.
 
La cantidad de gente era realmente grande. Detectamos en nuestras proximidades a un teniente coronel y a un brigadier, ambos retirados. Pero vimos sus expresiones impávidas, y hasta es probable que hayan recibido la comunión de manos de Puigjané. Detectamos también a miembros de conspicuas y adineradas familias cordobesas, incluso algunos enrolados en aquel sector ultra ortodoxo del que hablábamos al principio. La pasividad de todos desaconsejaba cualquier acción en el momento, por lo que decidimos retirarnos, aunque no tan silenciosos, ya que la expresión “vámonos de aquí” se escuchó en varios metros a la redonda.
 
En algún momento también pensamos expresar nuestro agravio ante el arzobispado, que dista apenas 300 metros de los capuchinos, pero la sensación de “sede vacante” que tenemos luego de muchos y reiterados hechos que hubieran merecido la intervención del pastor y en los que sólo hubo silencio por respuesta, hizo que también desistiéramos.
 
A uno, viejo ya, pueden caerle bien o mal estas cosas, pero el enorme peligro reside en que el barrio de Nueva Córdoba –al que comparamos en su evolución con el porteño de Belgrano- es un antiguo barrio residencial, poblado por familias tan pudientes como patricias, pero que en los últimos años ha sufrido una epidemia de piqueta que ha reemplazado las señoriales casonas por torres y edificios de departamentos. Su estratégica ubicación entre el centro histórico y la ciudad universitaria devino en su actual composición mayoritaria de población estudiantil, convivientes más modestos con los antiguos ocupantes de las casonas, hoy “reducidos” a estupendos departamentos.  Esos estudiantes no provienen de familias carentes de recursos precisamente, pero en cambio, sí carecen de conocimiento sobre nuestra historia reciente, y son blanco de una muy eficiente “pastoral universitaria” que desarrollan estos frailes de aspecto inofensivo.
 
Entonces, nos preguntamos cuál es nuestra Iglesia, ya que ambos extremos nos agreden, sin reflejar ninguno de ellos el espíritu del Evangelio al que queremos seguir hasta el fin de nuestros días.
 

Cordialmente.
Raquel Eugenia Consigli y Horacio Martínez Paz

 

Carta leída al aire en Debate Ciudadano.
Radio Cultura. Buenos Aires.

 

Comentario Druídico: Entendemos la queja contra los sectores progresistas. No entendemos la queja contra "un sector reaccionario y ultra ortodoxo" (¿se puede ser "ultraortodoxo"?). Lo que ha fastidiado -con toda razón- a los firmantes es lo que denuncian y combaten habitualmente aquellos que los autores de la carta despectivamente denominan "ultraortodoxos". ¿Ud. entiende la queja?

 

Posdata memoriosa: El rehabilitador de Fray Puigjane, según ha declarado él mismo, fue el Card. Jorge Bergoglio. Sería interesante que los autores se dirigieran a S.E.R. para pedirle las explicaciones del caso. 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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