Panorama Católico

¿Quién es Jesucristo?

Profecías y milagros que demuestran su Divinidad

Profecías y milagros que demuestran su Divinidad

Cada mañana nos lo recuerda el diario en sus primeras líneas: estamos en el año 2007 después del nacimiento de Cristo. Hace 2007 años se encarnó el Verbo de Dios en el seno de la Virgen, y desde entonces no parece sino que todo gira en torno a El. Cristo es el Rey de reyes que domina e ilumina toda la historia de los hombres. Hasta sus mismos enemigos tienen siempre su nombre en la boca. ¿Acaso las blasfemias de los cantantes de Rock, de los adeptos de la New Age y de todas estas sectas que pululan en nuestros días no son el eco de la envidia rabiosa de Satanás? El demonio sabe demasiado bien que ha sido para siempre vencido y que pronto terminará de realizarse lo anunciado por San Pablo: “Dios exaltó (a Jesucristo) y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la tierra y en los infiernos, y que toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre” (Fil. 2,9).

¿Quién es?

Cuando uno se pone a estudiar seriamente el misterio de Cristo, crece en el alma el asombro y el deseo de hacer cada vez más que la vida de esta alma sea de Jesucristo. El gran apóstol San Pablo tiene a este respecto páginas admirables. “¡Para mí vivir es Cristo!”, exclamaba. “Porque El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creatura, porque en El han sido creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, las visibles y las invisibles, sea los Tronos, sea las Dominaciones, sea los Principados, sea las Potestades[1]. Todas las cosas han sido creadas por El y en El. El está ante todos y todas las cosas subsisten en El”[2]. ¿Cómo entonces, no ser sus discípulos, no escuchar sus palabras, y no entregarle nuestra vida? “El que me sigue no anda en las tinieblas”, dice Jesús (Jn. 8,12) y nos advierte con estas palabras terribles: “Si alguien no permanece en Mí, será echado a fuera como el sarmiento, y se secará, lo recogerán, lo echarán al fuego, y arderá”.

¿Cómo puede ser que un hombre nacido y crucificado hace 2000 años tenga y siga teniendo tal importancia? ¿Qué significa el nombre de Jesús? ¿Qué consecuencias tiene para nuestra vida? Lo que está en juego aquí es demasiado grave para que ningún hombre sensato pueda dejar de considerarlo con atención y de asignarle el primer lugar en el orden de las cosas importantes.

¿Existió Jesucristo? Las enseñanzas de la historia

Hablamos aquí de la existencia real e histórica de este hombre, Cristo, hace 2000 años, en este lugar concreto llamado Palestina. Aclaración importante frente al modernismo sutil y destructor que va minando la fe de los cristianos en nuestros días de confusión. Este Cristo de los modernistas, lentamente “elaborado” por el sentimiento religioso de los cristianos, cristalización de los deseos de su conciencia, es una ficción que no me sirve absolutamente para nada. Lo que quiero saber es esto: ¿existió realmente Jesucristo? ¿Hizo de veras los milagros extraordinarios que nos refieren los Evangelios?

Testimonios irrefutables

De ningún hombre tenemos tanta documentación histórica, y tan indiscutible como de Nuestro Señor Jesucristo. En primer lugar los Evangelios: la Tradición de la Iglesia siempre enseñó que los Evangelios habían sido escritos por los Apóstoles o sus discípulos inmediatos pocos años después de la muerte de Jesús. Las objeciones de los racionalistas sobre este punto han sido refutadas últimamente por un gran número de estudios científicos, entre los cuales conviene citar el descubrimiento del Padre O’Callaghan: un fragmento del Evangelio de San Marcos entre un conjunto de manuscritos encontrados en Qumran (sobre el Mar Muerto), todos ellos anteriores al año 50. (Revista Esquiu del 16 de junio de 1991). El más tardío de los Evangelios es el de San Juan, escrito hacia finales del siglo primero, para refutar a los primeros herejes que negaban la divinidad de Cristo.

Pero los Evangelios no son ni mucho menos los únicos documentos históricos a nuestro alcance. La obra monumental de los escritores cristianos o “Padres de la Iglesia” consta de unos 400 gruesos volúmenes de más de 500 páginas cada uno. Los primeros contienen los llamados “Padres Apostólicos”, quienes escribieron en el siglo primero o a principios del segundo: San Clemente de Roma, San Ignacio de Antioquía, San Policarpo, Papías, etc. Luego vienen los Apologistas Griegos del siglo segundo y las Actas de los Mártires. Todos estos escritos son sumamente fidedignos por la calidad y santidad de sus autores, de los cuales muchos no vacilaron en sellar con el martirio la veracidad de sus enseñanzas. Es bien interesante entre otros el testimonio de Papías, quien nos dice hacia el año 120 haber interrogado ansiosamente a todos los que habían conocido a los Apóstoles. Afirma entre otras cosas que el primer Evangelio fue escrito por el Apóstol San Mateo en lengua hebraica. Luego vino el Evangelio de San Marcos, compañero de San Pedro, que refleja fielmente pero sin orden cronológico las enseñanzas del príncipe de los Apóstoles, y el de San Lucas, médico y compañero de San Pablo.

El testimonio de los no católicos

Además de los autores cristianos, tenemos otros testigos muy importantes de la vida de Cristo: autores paganos poco sospechosos de parcialidad como Luciano, Mara, Porfirio, Suetonio (historiador de los primeros emperadores) o Séneca, dan todos como un hecho la existencia de Cristo. También escritos históricos como El Talmud judío o los escritos del pagano Celso (siglo II), burlándose del “Dios crucificado” de los cristianos. En el año 117, el historiador Tácito, hablando de la masacre de “una multitud inmensa de cristianos” bajo Nerón escribe: “el autor de la secta había sido condenado al suplicio bajo el reino de Tiberio, por el procurador Poncio Pilato”. Existen además dos documentos oficiales irrecusables: la carta de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia entre el año 111 y e 113, dirigida al emperador Trajano, y la respuesta de éste. ¡No muchos personajes históricos se poseen tal profusión de documentos, y de tan alto valor científico!

Las profecías demuestran la divinidad de Cristo

Jesús afirmó claramente su divinidad: “Yo y mi Padre somos una sola cosa” (Jn 10,30), y por eso fue condenado a muerte por los judíos como blasfemador: “porque se hizo Hijo de Dios” (Jn 19,7). Ahora bien, de todos los testimonios históricos citados arriba podemos extraer dos hechos que demuestran claramente la divinidad de Cristo:

– Las profecías mesiánicas que cumplió

– Los milagros que realizó.

Las profecías que anunciaban al Mesías se han transmitido hasta nosotros por una vía insospechable: las Escrituras, que conservan los Judíos en sus Sinagogas. De modo que por un designio admirable de la Providencia, aquellos mismos que rechazaron a Cristo (y de hecho lo siguen rechazando) conservan en sus manos la prueba más formidable de que Jesús es verdaderamente el Mesías. Veamos un poco. Más de cuatro siglos antes del nacimiento de Jesús, los profetas anunciaron la venida de un Salvador delante del cual se arrodillarían todos los reyes de la tierra. La fecha de su muerte fue anunciada con precisión por el profeta Daniel: setenta semanas de años después del edicto para reedificar a Jerusalén (Dn 9,24). Su reino se extendería de un extremo al otro de la tierra y no tendría fin (Isa. 9,7). El nos salvaría por una pasión y muerte ignominiosa. Sería descendiente de Abraham (Gen. 18) y de David (Isa. 11), nacería cuando el cetro hubiera salido de Juda (Gen. 49,10). Sería manso y humilde como un cordero que llevan al matadero y lo precedería un precursor predicando en el desierto (Isa. 40). Vendría cuando el segundo templo estuviera todavía en pie (Agg. 11), nacería en Belén (Miq. 5,2) y de una Virgen (Isa. 7,14). Sería vendido por treinta denarios (Zac.11,12), flagelado, burlado, escupido, y cargando con nuestras culpas tomaría sobre sí el castigo (Isa. 50 y 53, 63). Tendría las manos y los pies taladrados, sus vestidos divididos, echarían suertes sobre su túnica y le darían a beber hiel y vinagre (Sal. 21). Sería colocado entre dos ladrones y no conocería la corrupción del sepulcro (Sal.15). Su sacrificio sería ofrecido en todo tiempo y en todo lugar desde el Oriente hasta el Occidente (Mal. 1). El pueblo judío infiel permanecería sin sacerdocio y sin sacrificio (Os. 3), etc. Con razón decía Jesús a los Judíos: “escudriñad las Escrituras, ellas son las que dan testimonio de Mí” (Jn. 5,39).[3]

Jesús no es facultativo

Dejando para otra oportunidad el tema de los milagros, podemos desde ya sacar una importantísima conclusión. Las profecías cumplidas en Jesucristo constituyen una prueba fehaciente y admirable de su origen divino y de la veracidad de su doctrina. ¡Qué dolor al ver a tantas almas que siguen rechazando a su Salvador y se pierden así para siempre! Porque Jesús no es facultativo, no es “una opción” entre otras. ¡Cuántos errores al respecto en nuestros días! “Quien no está conmigo está en contra de Mí”, nos dice (Mt 12,30). Y en otro lugar: “Vino entre los suyos y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el poder de ser hijos de Dios” (Jn 1,11). Quiera Dios que seamos de sus hijos, creyentes y obedientes, y herederos de su eterna gloria.

[1] nombres de los diferentes coros de ángeles.

[2] Col. 15,17

[3] Todas las profecías mencionadas se encuentran tanto en la Vulgata, versión oficial de la Iglesia católica realizada por San Jerónimo hacia el año 400, como en la Biblia Hebraica oficial, llamada Stuttgartensia, edición crítica del texto masorético por P.Kahle y R. Vittel, cuarta edición, Stuttgart 1990. Sólo falta en la versión hebraica la profecía del salmo 21 (“Han taladrado mis pies y mis manos”), pero todos admiten que el texto hebraico de este salmo ha sido corrompido. Es evidente que por razones de espacio tenemos que dejar aquí de lado muchísimas profecías más, por ejemplo las que anuncian la glorificación de Cristo, la incredulidad de los Judíos, la propagación de la Iglesia, etc. Todas ellas se han cumplido fielmente.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *