Panorama Católico

R.P. Horacio Bojorge: ¿Entiendes lo que Lees?

Presentamos el libro "¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis" y anunciamos el que lo seguirá en breve; y que forma con él un díptico: "Estas son aquellas palabras mías. El lugar de la Sagrada Escritura en la Homilía". Ambos se sitúan en el contexto de la actual crisis religiosa del catolicismo.

Presentamos el libro "¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis" y anunciamos el que lo seguirá en breve; y que forma con él un díptico: "Estas son aquellas palabras mías. El lugar de la Sagrada Escritura en la Homilía". Ambos se sitúan en el contexto de la actual crisis religiosa del catolicismo. ¿Entiendes lo que lees? es un informe que muestra cómo la crisis de la interpretación bíblica va apareada con la crisis de fe: nace de ella y la extiende y la profundiza.

R.P. Horacio Bojorge
¿ENTIENDES LO QUE LEES?

La interpretación bíblica en crisis. Un Informe.
Editorial Gladius – Buenos Aires 2006 – Precio 18 pesos

El título

¿Entiendes lo que lees? es lo que le pregunta el diácono Felipe al eunuco etíope de la Reina Candaces en el conocido episodio del libro de los Hechos de los Apóstoles Hs. 8, 26 – 39. El autor se ha apropiado de la pregunta de Felipe para dirigirla a los predicadores que tergiversan el sentido de las Sagradas Escrituras pasándolas por el filtro de "lo aceptable para el hombre de hoy".

A la pregunta de Felipe respondió el Eunuco: "¿cómo voy a poder entender, si nadie me guía?". El termino griego hodegései derivado de la palabra hodos, que significa "camino", puede traducirse: ¿cómo voy a entender si nadie me encamina, me conduce, me guía hacia el sentido de la palabra leída en el rollo de Isaías.

El viajero tuvo la suerte de dar con un evangelizador que lo encaminó, revelándole el justo sentido de la Sagrada Escritura cumplida y realizada en Cristo. Creyó y fue bautizado. ¿Qué hubiera sucedido si se hubiese encontrado a través de alguno de los intérpretes modernistas, críticos, secularizados y desacralizados? ¿O con algún teólogo enemigo de la idea del sacrificio expiatorio? Afortunado etíope.

¿Entiendes lo que lees? es lo que le pregunta este libro, desde su título, a más de un intérprete, exegeta o predicador, que no entiende o entiende mal las Sagradas Escrituras, y las tergiversa, con autorización, envío y nombramiento eclesiástico, desde el púlpito o desde la cátedra del Instituto catequístico o de la Facultad de Teología, extraviando a quienes no conocen su sentido o escandalizando a los creyentes sencillos.

Con toda propiedad podría aplicárseles con justeza el dicho de Jesús: "Ciegos, guías de ciegos" (Mateo 15, 14). O lo de Pablo a los intérpretes judíos que, Escrituras en mano, rechazaban a Jesús: "presumes ser guía de ciegos, luz de los que andan en tinieblas, educador de necios, maestro de niños… tú, pues, que a otro pretendes enseñar ¿a ti mismo no te enseñas?" (Romanos 2, 19 – 21).

Estos tales deberían temer ser tenidos como merecedores del castigo que Jesús, el dulce maestro galileo, como lo llamaba el impío Renán, afirma que merecen los que escandalizan a los pequeños que creen en él: ser arrojados a la profundidad del mar con una piedra de molino al cuello.

Hay en efecto una relación estrecha entre la predicación de la Palabra, la fe, la Iglesia y la salvación. La suerte de la predicación, de la fe y de la Iglesia van unidas. Ellas florecen juntas o decaen juntas.

Toda tergiversación del sentido de la Palabra revelada, obstaculiza el acceso a la fe, o produce la apostasía. La predicación falsificada impide la salvación, porque impide la comunión con el Dios verdadero y con la Iglesia que es "sacramento universal de salvación" (Lumen Gentium 15; Gaudium et Spes 45).

La fe viene de lo oído

Se cuenta en los Hechos de los Apóstoles, que "al oír [la predicación del apóstol Pedro] sintieron traspasado de dolor su corazón" y preguntaron ¿qué tenemos que hacer" (Hechos 2, 37). Y en otros pasajes del mismo libro encontramos la misma relación causal entre la predicación de la palabra, la escucha de la palabra y la fe: "muchos que oyeron la palabra, creyeron" (Hechos 4,4). La predicación produce la fe y por la fe congrega Dios a los creyentes en comunión eclesial: "ellos pues, habiendo acogido [con fe] la palabra fueron bautizados y fueron agregadas [por Dios a la Iglesia] en aquél día como unas tres mil almas" (Hechos 2, 41). En el texto "la palabra" se refiere a la predicación de Pedro Hechos 2, 14ss).

"La fe viene por el oído" afirma san Pablo (Romanos 10, 17), es decir, por la escucha de la Palabra de Dios, escrita y predicada. Existe una relación estrecha entre lo que se predica y lo que se cree. Si la predicación se aparta de la verdad de la Sagrada Escritura y de la Analogía de la Fe, necesariamente la fe se corromperá, y por los caminos de la herejía terminará en apostasía, es decir en el apartamiento del Dios vivo para volverse a los ídolos. Los hombres se verán privados de saber y creer lo que Dios nos ha dicho acerca de sí mismo y de acceder a la comunidad de quienes escuchan su voz.

De ahí que, necesariamente, "la interpretación bíblica en crisis" es consecuencia de "la fe en crisis", pero también, viceversa, es causante principal de las crisis de fe. Cuando la fuente de la inteligencia de las Sagradas Escrituras se envenena, los que beben de esas aguas envenenadas mueren.

Si la proclamación de la fe verdadera y de la Palabra de Dios pura, auténtica e incontaminada es proclamada, tiene poder para suscitar la fe. Pero a la inversa, la adulteración de la Palabra revelada, no sólo no convierte a nadie a la fe verdadera ni introduce a nadie en la comunión con Dios y con la Iglesia, sino que provoca la pérdida de la fe de los que creen y conduce por la apostasía al ateísmo.

Esto lo vio San Pío X cuando afirmó en la encíclica Pascendi que la malinterpretación protestante de las Sagradas Escrituras, continuando por la malversación modernista de la verdad revelada, iría a dar necesariamente en el ateísmo: "por ahora, baste lo dicho – escribe Pío X – para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo" (Pascendi 40). La historia del siglo transcurrido desde 1907, no ha hecho sino confirmar lo acertado de este profético vaticinio.

Pablo amplifica este asunto retóricamente en un crescendo de preguntas "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquél en quien no creyeron? ¿Y cómo creerán en aquél de quien no oyeron? ¿Y cómo oirán sin haber quien predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? … Pero no todos prestaron oído al Evangelio. Porque Isaías dice: 'Señor, ¿quién dio fe a lo que escuchamos?'(Isaías 53, 1 Cfr. Jer 12, 38). Luego, la fe viene de la escucha, y la escucha, por la palabra de Cristo" (Romanos 10, 13-17).

Qué hacer

Ante los males de la Iglesia, ha dicho el Padre José María Iraburu algo iluminador y que aplicable a lo que debe ser la actitud del creyente ante la crisis actual de la interpretación bíblica: "La suave cortesía con que hoy se enfrentan – las raras veces que se enfrentan – las enseñanzas gravemente contrarias a la doctrina de la Iglesia, es, desde luego, diversa de la costumbre bíblica y de la tradición secular de la Iglesia. Casi podría decirse que es una excepción de los últimos tres decenios de la historia cristiana" (José María Iraburu, De Cristo o del Mundo, Ed. Gratis Date, Pamplona 1997, página 11, Col 2).

Se aplica a la crisis actual de la interpretación bíblica, lo que el P. José María Iraburu observa en general sobre muchos males de la Iglesia en las últimas décadas: "¿Cómo es posible que nunca haya habido en la Iglesia un cuerpo doctrinal tan amplio, asequible y precioso – y yo podría especificar también: un progreso tan grande de las ciencias bíblicas y de la divulgación de las Sagradas Escrituras puestas al alcance de los fieles como nunca antes en la historia de la Iglesia – y que al mismo tiempo nunca haya habido en ella una proliferación comparable de errores y abusos?" Y se podría acotar: tanta tergiversación del sentido auténtico de las Escrituras, esgrimidas a menudo contra la fe. "Parecen dos datos contradictorios, inconciliables -continúa el P. Iraburu para responder inmediatamente: "La respuesta es obligada: porque nunca en la Iglesia se ha tolerado la difusión de errores y abusos tan ampliamente" (Obra citada, página 16 , Col 2.).

Es verdad en exégesis e interpretación bíblica que "se ha sembrado abundantemente el error y que los Obispos no han impedido suficientemente esta mala siembra" (Obra citada, página 20 , Col. 2).

Dado lo perjudicial que es para la salvación de los hombres, como queda dicho, la ausencia de la predicación de la Palabra y, peor aún, la tergiversación del sentido verdadero de la Palabra, asombra la indulgencia e inoperancia con que lo han venido tolerando y permitiendo durante décadas los enviados por Cristo a proclamar su Palabra a las naciones y a custodiar su rebaño defendiéndolo de los falsos profetas. Donde los pastores están por lo general omisos, corresponden que los fieles asuman sus responsabilidades para preservar la fe. A esos fieles perplejos quieren animar y esforzar las páginas de este libro que terminan, en un anexo, respondiendo a la pregunta tantas veces oída de fieles escandalizados por la homilía o la clase de catequesis o de teología: ¿qué hacer?

Este libro termina sugiriendo los caminos a seguir para reaccionar ante esta crisis reclamando los derechos que tiene el fiel a ser enseñado en la recta doctrina de la fe y una recta interpretación de la Sagrada Escritura.

Algunas librerías que venden ¿Entiendes lo que lees?

"De San José" Librería y Santería Católica
Esteban Adrogué 1151 Lc.15
(1846)Adrogué – Bs.As
Argentina
tel.(54) 011- 4214-1225
maclaupaez@interar.com.ar

Librería Acción
Solis 282, Capital Federal
Tel. (54) 011 4382- 2798
Librería Vórtice, Hipólito Irigoyen 1970 casi Sarandí
1089 Cap. Fed. Telfax: 4952 83 83
ventas@vorticelibros.com.ar

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