Panorama Católico

Ratzinger: “parte del Tercer Secreto no se ha develado”

El sitio Infovaticana acaba de publicar esta noticia. Es un indicio más en el sentido de que queda algún texto por dar a conocer. Coincide con otras expresiones en las que el Cardenal Ratzinger, y siendo luego Papa Benedicto XVI habló de que la tercera parte hace referencia a una crisis de Fe, pero no de los fieles solamente sino de la jerarquía, desde su más alta instancia.

 

El sitio Infovaticana acaba de publicar esta noticia. Es un indicio más en el sentido de que queda algún texto por dar a conocer. Coincide con otras expresiones en las que el Cardenal Ratzinger, y siendo luego Papa Benedicto XVI habló de que la tercera parte hace referencia a una crisis de Fe, pero no de los fieles solamente sino de la jerarquía, desde su más alta instancia.

El sacerdote Ingo Dollinger asegura que el Papa Emérito Benedicto XVI le confirmó que había más de lo que se había publicado en relación al tercer secreto de Fátima. 

El Padre Ingo Dollinger, sacerdote alemán y amigo personal del Papa Emérito Benedicto XVI, ha confirmado a Maike Hickson, del portal One Peter Five, que aún se desconoce el contenido completo del tercer secreto que la Virgen confió a los videntes de Fátima.

Como amigo personal del cardenal Joseph Ratzinger, Dollinger pudo conocer de su mano que una parte del secreto aún permanecía oculto. Según sostiene este sacerdote, en una conversación con Ratzinger éste le aseguró: “Hay más de lo que hemos publicado”.

Respecto al contenido que aún no ha salido a la luz pública, Ratzinger informó a su amigo de que se trata de “un mal concilio” y otros sucesos negativos que llegarían en un futuro cercano. Si bien hay una parte del secreto que permanece oculta, Ratzinger también confirmó que lo que hasta el momento se ha sabido del tercer secreto de las apariciones marianas es cierto.

Esta conversación entre Ratzinger y Dollinger tuvo lugar, según afirma el sacerdote alemán, poco después de que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicara en junio del año 2000 el contenido del tercer secreto de Fátima siguiendo el deseo del Papa Juan Pablo II.

En el documento publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe se afirma que “Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas”, al tiempo que se aclara que la primera y la segunda parte del secreto revelado por la Virgen a los videntes en Fátima hace referencia “a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia provocaría a la humanidad”.

El tercer secreto, por su parte, hace referencia al inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio y al “Obispo vestido de blanco” que camina con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados, cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego. Esta visión tiene su correspondencia en el atentado del que Juan Pablo II fue víctima el 13 de mayo de 1981.

El tercer secreto, escrito en 1944 por la vidente Sor Lucía, fue custodiado por los pontífices hasta que Juan Pablo II decidió hacerlo público. El 17 de agosto de 1959, el Comisario del Santo Oficio, el Padre Pierre Paul Philippe, llevó el sobre que contenía la tercera parte del secreto de Fátima a Juan XXIII, quien decidió devolver el sobre lacrado al Santo Oficio y no revelar su contenido.

Pablo VI, por su parte, leyó el contenido de este secreto el 27 de marzo de 1965 y devolvió el sobre al Archivo del Santo Oficio, con la decisión de no publicar el texto. En 1981, Juan Pablo II pidió el sobre con la tercera parte del secreto después del atentado del 13 de mayo y decidió realizar la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María.

Los dos primeros secretos de Fátima en la redacción hecha por Sor Lucía:

Tendré que hablar algo del secreto, y responder al primer punto interrogativo.

¿Qué es el secreto? Me parece que lo puedo decir, pues ya tengo licencia del Cielo. Los representantes de Dios en la tierra me han autorizado a ello varias veces y en varias cartas; juzgo que V. Excia. Rvma. conserva una de ellas, del R. P. José Bernardo Gonçalves, aquella en que me manda escribir al Santo Padre. Uno de los puntos que me indica es la revelación del secreto. Sí, ya dije algo; pero, para no alargar más ese escrito que debía ser breve, me limité a lo indispensable, dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.

Pues bien; ya expuse en el segundo escrito, la duda que, desde el 13 de junio al 13 de julio, me atormentó; y cómo en esta aparición todo se desvaneció.

Ahora bien, el secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos.

La primera fue, pues, la visión del infierno.

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor.

Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

— Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.7 

Tercer secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria-Fátima:

Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia,Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

Fuente: Infovaticana

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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