Panorama Católico

Reflexiones de un turista accidental

Lo que nos tocó ver, era encabezado por el vicepresidente de Cuba, anunciado como
“General de Ejército Raúl Castro Ruz”. De noche, estudiantes con
antorchas y banderas marcharon desde la Universidad hasta el monumento
a Martí. También desfilaba el ejército, a “paso de ganso”. El
camarógrafo – sin llegar a la cima estética de Leni Riefenstahl –
colaboraba con una escenografía directamente inspirada en las que
montaba Goebbels (esto, por paradójico que suene, no era menos
ostensible).

Lo que nos tocó ver, era encabezado por el vicepresidente de Cuba, anunciado como
“General de Ejército Raúl Castro Ruz”. De noche, estudiantes con
antorchas y banderas marcharon desde la Universidad hasta el monumento
a Martí. También desfilaba el ejército, a “paso de ganso”. El
camarógrafo – sin llegar a la cima estética de Leni Riefenstahl –
colaboraba con una escenografía directamente inspirada en las que
montaba Goebbels (esto, por paradójico que suene, no era menos
ostensible).

Por Daniel Zolezzi

I.- La modesta pretensión de estas líneas es compartir con el lector alguna impresión sobre lo que observamos en dos celebraciones – religiosa la una, estrictamente laica la otra – que tuvieron lugar en dos países hispanoamericanos.

II.- Son sólo vistazos que, sin embargo, permiten vislumbrar un cuadro sociológico y cultural muy distinto del que vivimos en la Argentina de hoy. Había en tales celebraciones un trasfondo común, pese a ser totalmente opuestos los regímenes que imperan en esos dos países: Perú y Cuba.

III.- La Semana Santa del año pasado, asistimos en Cuzco a una procesión en la que el Señor de los Temblores – Cristo mestizo, Patrón de la ciudad – era transportado a distintas iglesias. Una multitud lo acompañaba, con la devoción sincera de los humildes. Cuando salió de la iglesia de la Merced, bajo una lluvia de flores, al homenaje del pueblo llano se unió el del alcalde de la ciudad y el del comandante del cuerpo de ejército con asiento en la región.

IV.- Ambos pronunciaron discursos. Los uniformados presentaron armas en medio de un silencio imponente. Todas las autoridades de Cuzco estaban presentes. Tal vez, algún funcionario no fuera creyente o su partido guardara distancia con la Iglesia. Pero la tradición podía más. Y los unía a todos. Sólida y palpablemente.


V.- El mes pasado, en Cuba, vimos por televisión la Marcha de las Antorchas que – oficialmente – recuerda el nacimiento de José Martí. Evoca también a otra marcha que, con igual motivo formal, realizaron en 1953 los estudiantes – Fidel y Raúl entre ellos – para manifestar su oposición a Batista. Se la tiene, pues, como un acto fundacional del régimen, recortada sobre el fondo patriótico de la figura de Martí.


VI.- La que nos tocó ver, la encabezaba el vicepresidente, anunciado como “General de Ejército Raúl Castro Ruz”. De noche, estudiantes con antorchas y banderas marcharon desde la Universidad hasta el monumento a Martí. También desfilaba el ejército, a “paso de ganso”. El camarógrafo – sin llegar a la cima estética de Leni Riefenstahl – colaboraba con una escenografía directamente inspirada en las que montaba Goebbels (esto, por paradójico que suene, no era menos ostensible).


VII.- Tales ceremonias emanaban un aire común. Las antorchas de La Habana semejaban los cirios de una procesión (decía Ortega que el comunismo exige de los suyos una fe casi religiosa). En Cuzco, el democrático poder temporal participaba – con todas sus galas – de un acto religioso. En ambos casos, las Fuerzas Armadas desempeñaban un rol capital.


VIII.- Todo eso nos trajo a la memoria las procesiones de Semana Santa y los desfiles militares de los días patrios, que – lenta e insensiblemente – se han extinguido en nuestro país. La Iglesia parece haberse olvidado de las primeras y el gobierno de los segundos. Y es un grave error.


IX.-. Es que existe una “cultura oficial” – de la mayor parte de los políticos y de los medios – para la cual todo lo relacionado con la Iglesia Católica y con las Fuerzas Armadas es, a priori, disvalioso y relacionado con el Proceso (participan de ella buena parte de los “socios del silencio” de los que gozó el tal Proceso).


X.- Esa “cultura oficial” – sedicente progresista – es en realidad, “atrasista”. Malo para un pueblo, ocultar su fe y renegar de sus armas. Es muy incierto el futuro cuando se marcha a contramano de la propia historia.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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