Panorama Católico

Refutación del Ateísmo

El ateísmo se difunde en nuestros días bajo dos aspectos principales, estrechamente vinculados entre sí: el evolucionista y el marxista.

El ateísmo evolucionista

El ateísmo se difunde en nuestros días bajo dos aspectos principales, estrechamente vinculados entre sí: el evolucionista y el marxista.

El ateísmo evolucionista

El ateísmo evolucionista pretende explicar el mundo científicamente. Pero de científico no tiene absolutamente nada. Y es el arma más poderosa usada hoy en día por todos los sectarios del marxismo y del ateísmo para instaurar su sistema de dominación mundialista. ¡Cuántos destrozos ha causado ya! Esta doctrina es conocida de todos, y por desgracia ciegamente aceptada. Enseña pues que el mundo no es la obra inteligente de ningún Creador, sino que es el resultado de la evolución ciega de la materia. Todo habría empezado un buen día con una materia inicial aparecida “por azar” en el espacio, la cual estalló en miles de partículas (el “Big bang”). Estas se juntaron y organizaron al azar formando así de a poco estas pequeñas maravillas que son los átomos y moléculas. El enfriamiento de la tierra permitió luego la aparición de los primeros seres vivientes, los cuales evolucionaron a su vez hasta formar toda la variedad de las plantas y animales, y finalmente al hombre. El motor de esta evolución es la lucha de cada uno contra todos, y de cada especie contra las demás, lucha que termina lógicamente con la victoria del organismo más complejo y más perfecto.

El ateismo marxista

Deslumbrado por las teorías de Darwin, Marx pensó en aplicarlas al orden social. Con solo agregar una pequeña “r” delante de la palabra “evolución”, obtuvo una de las doctrinas políticas más perversas y más desastrosas de toda la historia. Para él, la revolución y la lucha entre las clases sociales es el verdadero motor del progreso de la humanidad. Para acelerar este progreso y llegar así más pronto al paraíso en la tierra, es necesario ante todo erradicar por completo la idea de Dios, exasperar el odio y la envidia del proletariado, y neutralizar la influencia conservadora y reaccionaria que ejercen en los pueblos ciertas instituciones: la sociedad familiar, la propiedad privada y, por supuesto, la religión. Este programa se llevó a la práctica científicamente en los países del antiguo bloque comunista, y sus resultados desastrosos son conocidos de todos.

Refutación del evolucionismo

A la teoría evolucionista podemos oponer dos argumentos sencillos, que serán al mismo tiempo dos hermosas pruebas de la existencia del Creador.

Primer argumento: es falso que las diferentes especies naturales tiendan exclusiva y egoístamente a su propio bien, como lo postula la teoría evolucionista. En efecto, si las especies evolucionaran al azar, y si las más fuertes suplantaran a las débiles según los supuestos mecanismos de la selección natural, entonces el organismo de cada planta y de cada animal se organizaría según lo que conviene a este objetivo feroz y ciego. Ahora bien, un poco de observación y de reflexión sobre la naturaleza que nos rodea nos muestra enseguida que no hay nada de esto sino todo lo contrario. Tomemos algunos ejemplos: varias serpientes son muy rápidas, pero las serpientes venenosas son lentas. Tigres y leones son muy veloces, pero su reproducción es muy limitada. Existen cientos de virus y bacterias mortales para el hombre, y sin embargo ninguno de ellos pudo jamás acabar con la humanidad. En fin, la ley fundamental que gobierna las cosas no es la guerra de cada uno contra todos sino aquella ley de amor y sabiduría impresa por el Creador en toda su obra: el ordenamiento perfecto de cada uno de los elemento al bien del hombre y la armonía de todo el universo.(1)

Segundo argumento: Las especies más complejas no son de por sí más competitivas que las simples (como lo pretenden los evolucionistas), sino todo el contrario. Los gusanos que abundan en la tierra (¡son más de 10.000 especies!), o los microorganismos por ejemplo, son mucho más competitivos y “resistentes” que los animales más sofisticados o que el mismo hombre. Y la simple piedra o tierra es evidentemente mucho más estable aun que todos los seres vivientes. De modo que si el mundo quedara abandonado a una evolución ciega y al azar, no existe la menor duda de que la tierra evolucionaría rápidamente hacia el caos por la desaparición de todo tipo de vida y de orden. Y por el contrario, la aparición y conservación de todo el orden creado manifiesta de modo evidente la intervención de una inteligencia creadora y providente que cuida amorosamente de todas sus criaturas.

Podríamos aducir aquí muchos argumentos más sacados de los últimos descubrimientos de la biología y de las ciencias. Pensamos sin embargo que los dos anteriores son más que suficientes para demostrar lo absurdo e imposible de la teoría evolucionista, rechazada hoy día por todos los verdaderos científicos. Y estos dos argumentos nos permiten hacer ahora una aclaración de mucha importancia e interés.

El ateismo marxista conduce a la humanidad hacia el caos

Desgraciadamente el materialismo dialéctico de Carlos Marx no desapareció con la caída del muro de Berlín, sino que se desparramó desde entonces libremente por el mundo occidental y en todos los campos de la vida social, un poco como un tumor maligno que se abre y se expande por todo el organismo del canceroso. Ciertamente la estrategia cambió con la Perestroika, pero la doctrina sigue sin cambio y se propaga ahora con mucho más eficacia mediante la propaganda. Y esta doctrina neo-marxista y mundialista continúa siendo una aplicación perfecta de los principios evolucionistas al orden social:

* Primer principio mundialista: todo hombre o grupo de hombres tiende exclusivamente a su bien propio, y el progreso es el resultado de la lucha entre todos. De allí que las palabras claves y mágicas de la vida social y política son ahora: desregulación, libertad de empleo, descentralización, etc…. Este principio es absolutamente falso, además de sumamente perverso. Es falso que cada hombre se perfecciona aplastando a sus competidores, y que el mundo es una selva en la cual cada uno debe luchar contra todos. Muy al contrario, todos los progresos de la humanidad han sido siempre el fruto de la caridad, de la unión y del orden, y no del egoísmo y del caos.

* Segundo principio falso: la libre competición es el secreto de la felicidad porque lleva automáticamente al poder a los más dotados y hace progresar las instituciones. Este dogma de la fecundidad del caos inspira hoy en día la política internacional, mostrándonos así hasta qué punto el marxismo ha triunfado en los espíritus. Y sin embargo es totalmente falso y desmentido por la experiencia. Su aplicación lleva al poder a mafiosos sin escrúpulos, y destruye poco a poco las sabias instituciones y los tesoros de civilización y de virtud penosamente acumulados durante dos mil años de cristianismo: familia, educación, trabajo, justicia, amor a la patria, etc. En todas partes se acumulan las ruinas y el ateísmo nos está llevando rápidamente hacia el abismo.(2)

¡Dios existe!

A todas estas locuras criminales, nuestra fe y la experiencia de dos mil años de cristianismo contesta: Dios existe, y el secreto de la prosperidad y de la felicidad reside en el cumplimiento de sus mandamientos, y muy en especial del primero de ellos: el amor a Dios sobre todas las cosas. A Dios nadie lo ha visto, es cierto, pero “desde la creación del mundo, lo invisible de Dios es conocido por medio de sus obras creadas. Y podemos conocer así mismo su eterno poder y su divinidad. De manera que son inexcusables (los paganos y ateos), por cuanto conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias…” (Rom. 1,20)

“El noble odio proletariado…Este odio es en verdad… el principio de toda sabiduría”(citado por Eugenio Corti, en su tragedia “Proceso y muerte de Stalin”, séptimo episodio).

El Único Remedio. La voluntad de Dios es que el ateísmo orgulloso sea vencido por la humildad y pureza del Corazón Inmaculado de María.

 

Notas:

[1] Este ordenamiento perfecto no excluye el mal: la teología católica explica como el mismo mal se ordena a la redención y salvación eterna de los que aman a Dios.

[2] La libre competición en la sociedad debe estar limitada en la sociedad, como lo es en la naturaleza, por las leyes divinas inmutables, las cuales se resumen todas en la ley de caridad y de justicia: todas las criaturas deben contribuir, cada una en su lugar, a la gloria del Creador y al bien y perfección de toda la creación.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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