Panorama Católico

Relanzamiento de Panorama

 Queridos amigos,

En algún tiempo relanzaremos Panorama Católico con un formato modificado, algunos cambios técnicos para provecho de nuestros lectores y, Dios mediante, con un cronograma editorial más regular y temáticamente ordenado.

Es evidente que los emprendimientos editoriales tienen ciclos y se produce, al cabo de ellos, un cierto agotamiento. Estos ciclos están relacionados con la temática. Particularmente cuando se han alcanzado algunos de los grandes objetivos por los que se trabajó durante años, algo de lo que no nos podemos quejar, pero que repercute en la imaginación y -podríamos decir- el grado de convicción con que se encara el trabajo. 

 Queridos amigos,

En algún tiempo relanzaremos Panorama Católico con un formato modificado, algunos cambios técnicos para provecho de nuestros lectores y, Dios mediante, con un cronograma editorial más regular y temáticamente ordenado.

Es evidente que los emprendimientos editoriales tienen ciclos y se produce, al cabo de ellos, un cierto agotamiento. Estos ciclos están relacionados con la temática. Particularmente cuando se han alcanzado algunos de los grandes objetivos por los que se trabajó durante años, algo de lo que no nos podemos quejar, pero que repercute en la imaginación y -podríamos decir- el grado de convicción con que se encara el trabajo. 

No es, obviamente, que consideremos agotado el objetivo de la difusión de la misa tradicional, la lucha por la restauración de la doctrina, la necesidad de denunciar los abusos litúrgicos… es obvio que hay que redoblar esfuerzos. Sin embargo, uno de los temas que ha sido objeto de mucha meditación ha sido la cantidad de blogs de corte tradicional que han tomado estas postas. Y como con frecuencia intercambiamos con los autores de estos blogs, vemos ya encarnado o encarnándose en muchos el trabajo que hace algunos y -no tantos- años casi no se veía en la Argentina y ni en el mundo hispano.

Esto es motivo de alegría y de reflexión. El panorama de la tradición es notablemente más auspicioso hoy que una década atrás. Y en la Argentina, a pesar del pesimismo de algunos de nuestros lectores, también se ha progresado mucho. Por cierto que no hemos partido de un punto demasiado favorecido, sino por el contrario, desde fondo de los fondos. 

El sector del catolicismo argentino, y sin presunción debemos decir que el catolicismo argentino es señero en Hispanoamérica, al menos en su faz intelectual, ese sector que naturalmente veía los problemas de la Iglesia conciliar no había dado nunca importancia a la cuestión litúrgica. De modo que esta bandera quedó en manos de la FSSPX, con lo que esto conlleva en pro y en contra.

Por un lado la reacción por momentos desmesurada a causa de la irregularidad canónica pendiente, que ha descendido a veces a la enemistad personal. Enfrentamientos entre quienes deberían haber sido aliados naturales. Y enfrentamientos de bandos que levantaban las mismas banderas. Al menos en lo esencial. 

Por otro lado, la fortaleza del catolicismo argentino e hispano se ha visto minada por una lamentable debilidad: su ignorancia en materia litúrgica. Su despreocupación por un tema esencial a la vida de la Iglesia y a la santificación de la feligresía. Esto recién ahora se empieza a comprender y es justicia decirlo, ha sido fruto del esfuerzo tradicionalista.

Las misas de veinte minutos, comentaba recientemente un amigo con testimonios por él vividos, farfulladas en un lenguaje casi inentendible, eran un hábito común en la Iglesia preconciliar, y hay ejemplos de ilustres sacerdotes cuya memoria todos veneramos, que rezaban así su misa. Sermones prodigiosos, es verdad. Pero ceremonias pobres, apresuradas y deslucidas. Firmes en un aspecto secundario de la acción litúrgica, como es la enseñanza, y flojos en el central, es decir, el latréutico, de alabanza, negándose a dar la relevancia que se debe a las formas que la tradición ha establecido desde los mismos padres apostólicos y por lo tanto queridas por Dios mismo.

Así, pues, el problema litúrgico, que sin ser el problema de fondo, resulta capital para el fiel y para el sacerdote puesto que ya no está viva la doctrina que sostenga la acción santificadora. Está en un segundo plano en el orden de importancia absoluta, pero en el primerísimo en lo concerniente a la lucha cotidiana por la restauración de la Iglesia. 

La dignificación de la liturgia lleva por añadidura un notable esclarecimiento doctrinal, y una recuperación del espíritu católico. Y la dignificación de  los sacerdotes que la rezan y de los fieles que participan. La necesariamente gradual recuperación de los tesoros perdidos: doctrina, sacramentos, espiritualidad, arquitectura, tradiciones piadosas… van de la mano de la restauración litúrgica. Los hechos lo demuestran como una verdad pedagógica y psicológica.

Otro ítem central del momento que se vive es el esclarecimiento sobre la naturaleza y los alcances del Magisterio, sobre lo cual hay no solo ignorancia de la doctrina conocida, sino además questiones disputatae que debatir a la espera de que la Iglesia defina los puntos oscuros. 

Así, pues, y para no desviarnos de este comentario que tiene un propósito más particular, buscaremos apuntar nuestros esfuerzos a los temas esenciales de la restauración litúrgica y al esclarecimiento sobre cuestiones vinculadas al Magisterio y los problemas que el Concilio Vaticano Ii ha postulado. Y a apoyar el trabajo de sacerdotes y fieles empeñados en esto. Pero será un apoyo combativo, como lo ha sido hasta ahora, algo que notamos sigue faltando en muchos de los nuevos blogs tradicionales. No es posible hacer el bien sin denunciar el mal y a los malos. La prédica aséptica de lo que se debe hacer, pretendiendo que no ocurre exactamente lo contrario, con demasiada frecuencia es una forma de autoengaño, pusilanimidad o en ciertos casos hasta de hipocresía. 

De modo que seguiremos siendo "tabú" para anunciadores y auspiciantes. Nadie quiere avisar en un sitio que no duda en entrar en conflicto y denunciar, con nombres y apellidos, sobre todo si esto involucra a un sector tan influyente como es la Iglesia.

De modo que seguiremos viviendo de la mendicancia, como lo hemos hecho hasta ahora. Y no debe entender el lector amigo que la falta de pedidos dramáticos signifique que se ha resuelto un problema que no tiene solución… al menos así nos parece. No podremos sostenernos, ni crecer si no es con recursos. No vamos a entregar nuestra independencia por recursos. Los donantes desinteresados son la única fuente de sostenimiento, además del esfuerzo familiar, que tiene un límite forzoso: el del deber de estado, y el de la propia resistencia.

Anunciamos, pues, que, Dios mediante, volveremos a lanzar este sitio, con la esperanza de mejorar nuestra capacidad de combate. Dios dirá si lo logramos. Aceptamos y pedimos oraciones con este propósito.

A la vez, y sin que estemos desinteresados en el crecimiento de nuestro sitio, no estamos dispuestos a ceder a la tentación demagógica ni a la corrección religiosa. Queremos decir la verdad en la caridad. Y queremos que la caridad reine en las páginas de nuestra web, porque nada sino la caridad convierte los corazones.  

Por eso huimos de la discusión que es propia del ámbito académico, y del escándalo como rutina, algo que reditúa en una moneda que no nos interesa. Pero a veces tendremos que señalar el escándalo o inclusive ser de algún modo vehículo para transmitir junto con la información, la explicación cristiana, o el sarcasmo que todo buen apologista puede utilizar para desacreditar al que predica falsas doctrinas, inclusive mostrando los aspectos sórdidos de su vida. Nadie se escandalice luego, porque esto es lícito y necesario. 

Quedamos, como siempre en manos de la Providencia y en la vuestras, que son casi siempre  las de la Providencia.

En Nuestro Señor Jesucristo y la Ssma. Virgen de Luján, bajo cuyo amparo nos refugiamos en vísperas de su solemnidad.

Marcelo González
Editor mendicante y responsable.

P.S. Necesitamos sostener y dar también un impulso más creativo a nuestro programa de radio. Para ellos necesitamos recursos. 

Radio: $ 1000 al mes. 
Internet  y telefonía: $ 400 al mes.
Reequipamiento técnico: $ 200 al mes.
Oficina y mantenimiento: $ 300 al mes.

Esperamos confiados en la Providencia.

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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