Panorama Católico

Rescate de la Misa

Finalmente, merced a ACI y a AICA vamos a publicar una crítica sobre el documento del obispo chileno González Errázuriz. Más aún cuando nos han llegado datos, algunos publicados aquí, que es enemigo de los católicos tradicionales. Nosotros quisimos, pero no se pudo. No nos dejan ser buenos…

Finalmente, merced a ACI y a AICA vamos a publicar una crítica sobre el documento del obispo chileno González Errázuriz. Más aún cuando nos han llegado datos, algunos publicados aquí, que es enemigo de los católicos tradicionales. Nosotros quisimos, pero no se pudo. No nos dejan ser buenos…

En un escrito titulado “Mucho más que la Misa en Latín” y publicado por el Obispo de San Bernardo, Chile, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz pretende explicar el “sentido profundo” del cambio de rumbo dado por el Papa, Benedicto XVI, en la “trascendente” determinación para la vida de la Iglesia de liberar la misa anterior al Concilio Vaticano II. Antes de entrar en vigor el indulto universal al ritual de esta misa milenaria, como “forma extraordinaria” de celebrar la misa, el Obispo chileno nos descubre un argumento sorprendente pues, según él, uno de los objetivos más importantes de la iniciativa pontificia sería la promoción de la unidad de los católicos chinos, antes que el de “poner fin al cisma del Arzobispo Lefebvre y sus seguidores”.

Hagamos un alto aquí y reflexionemos sobre esta inesperada novedad que nos descubre al Misal de San Pío V, mutilado por Juan XXIII de expresiones antijudías, como instrumento unificador de la Iglesia Nacional China y los tanto tiempo escondidos fieles a la jusrisdicción con la Roma de San Pedro. Es algo que parece de enorme trascendencia pues muestra que la Verdad, la fe tradicional, siempre termina imponiéndose a las manipulaciones. A la vez, estas declaraciones demuestran que aquello de que la misa del Vaticano II contribuiría a la expansión de la fe viene a resultar que no fue tanto así, sino la desalmada invasión revolucionaria en la liturgia de la Iglesia que ahora los católicos de la China Comunista eligen como el preferido, especialmente en cuanto herederos de la fe de muchos -muchísimos- de sus mártires a los que la vieja misa alimentó su valor. (Me recuerda la anécdota de que Dolores Ibarruri, la Pasionaria, pocas semanas antes de morir quiso que en su casa de Madrid le dijeran la misa, “pero la del latín y de espaldas”). Finalmente, al decir Mons. González Errázuriz que esta voluntad unificadora, y no la supuesta influencia de la Hermanadad Sacerdotal de Mons. Lefebvre, es la verdadera justificación del Motu Proprio, confiesa indirectamente la irritación que tal restauración produce a la izquierda eclesial. Porque, visto desde esa supuesta prioridad a nadie molestaría localizar la misa anteconciliar en exclusiva para la Iglesia China.

En su escrito Mons. González Errázuriz nos asegura que el Papa “no ha pedido que se vuelva al antiguo rito ni tampoco que se celebre la Misa en Latín (y, menos aún) ha solicitado o aconsejado dejar el rito actual para usar los libros antiguos”. El obispo chileno con esta puntualización hunde al Motu Proprio en la defensa de un rito secundario. En él se decreta libertad en todo el mundo, sin cortapisa diocesana, con sólo que un grupo de feligreses así se lo pida a su párroco o a cualquier sacerdote…pero, fijate tú, es papel mojado. También nos señala que “nunca ha ocurrido que una forma más moderna de celebrar la liturgia deje a la anterior inmediatamente fuera de uso”. Pero, por el contrario, es más cierto que la misa que ahora se recupera estuvo cincuenta años prohibida en todo el orbe bajo la rigurosa inspección y disciplina ejercidas despóticamente sin respeto al derecho de los fieles.

“El Supremo Pastor -dice Mons. González Errázuriz– describe en pocos trazos (…) que la liturgia ha sufrido muy graves alteraciones y se ha convertido en un espacio para la figuración personal del sacerdote, con abusos de todo tipo y faltas -algunas veces muy graves – a la santidad de los sacramentos, a Jesucristo verdaderamente presente en la Eucaristía, etc.” Lo peor de esto, a juicio de parte substancial de la cúpula jerarquica vaticana, es que en el reciente pasado Roma no interviniera con providencias rotundas contra estos aventureros de lo sagrado.

Aún así, lo más extraordinario de las declaraciones del pontífice de la diócesis chilena de San Bernardo, no es sólo la elección de la Misa tradicional en China, en latín y de espaldas, ni el tácito ocultamiento del cambio de criterios que provoca, sino el reconocimiento de que detrás de ambas misas hay dos diferentes conceptos de religión en paralelo con la vieja y la nueva. Esto es, que ambos ritos descansan sobre dos conceptos de Iglesia que ningún ensayo consiguió conciliar, ni consegiuirá.

Respecto al cisma lefebvrista, el Obispo con mucho acierto nos advierte: “Es sabido que éste (el cisma) tiene unas raíces más profundas que las sólo litúrgicas. Por esa razón no es claro que con lo decidido respecto del uso de los antiguos libros vaya a ponerse fin a esa dolorosa división, que tiene elementos teológicos mucho más complejos.” Naturalmente, lo que enseguida se ve y nadie quiere saber.

El documento concluye diciendo: “Esta determinación de Pedro será como una prueba de la rectitud de intención, de la adhesión y el amor que hay en nuestra Iglesia al Papa. Será también la ocasión propicia para mejorar en nuestro servicio sacerdotal al pueblo de Dios y, para algunos, el momento para rectificar caminos errados que se han intentado proponer como los verdaderos en la praxis litúrgica”.

En resumen, la situación se enfoca a que, por un lado, los progresistas: (A) Traten de boicotear la celebración de la misa antigua, incluso coaccionando a sus potenciales solicitantes para que desistan; y (B), propongan la idea de que ambas misas son iguales, de modo que la eficacia del Motu Proprio se neutralice hacia la promoción de nivel de la misa seudoprotestante que nos dio el Concilio Vaticano II. Y por el otro lado, a que la permanencia de la Misa según su rito milenario, restaurado en todo su vigor, cosa no inmediata por la disposición del interior de los templos y la inercia de los sacerdotes, irá determinando un apoyo a nuevas restauraciones doctrinales que, aunque no es pequeña ya el sólo hecho de su rescate, nos sorprenderán mucho más todavía.

El día histórico de su restauración libre y universal es el próximo viernes, 14 de septiembre de 2007, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Si el Papa eligió este día parece buscar en ello un simbolismo con la necesaria y urgente sacralización de un rito que jamás debió ser banalizado. Y es que los mil millones de supuestos católicos que pueblan el mundo están raquíticos de vida espitiritual, de ansias celestiales, de formación vivida ante un sagrario y sin desviaciones de intrincadas teologías, de adoración a la presencia eucarística con la clara expresión de un altar en el que se sacrifica al Padre en el Hijo, la Víctima, que desde su seno bajó a este mundo para devolvernos a la vida infinita. Que todo eso se difuminó y fue despreciado por causa de la misa nueva.Dios bendiga al Santo Padre, Benedicto XVI, y a tantos heroes anónimos y ocultos que contra vientos y tsunamis defendieron este retorno.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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