Panorama Católico

Respuesta a un amigo que me elogia

Un lector, que no identifico, elogia el artículo “Resistencia Activa”. Le retribuyo con un sincero agradecimiento. Luego señala que algo falta a la parte conclusiva de ese mismo artículo: la recomendación de asumir como obligación de todos los fieles el “desenmascarar, mostrar la verad de lo que está pasando”.  Luego de redactar la respuesta a esta observación me pareció debía ser más pública y por eso la incluyo aquí. 

Un lector, que no identifico, elogia el artículo “Resistencia Activa”. Le retribuyo con un sincero agradecimiento. Luego señala que algo falta a la parte conclusiva de ese mismo artículo: la recomendación de asumir como obligación de todos los fieles el “desenmascarar, mostrar la verad de lo que está pasando”. Y sobre este punto me propuse hacer algunas distinciones sin dejar de coincidir en el fondo con este aspecto de su comentario. Pero luego de redactar la respuesta me pareció debía ser más pública y por eso la incluyo aquí. 

Comentario

Un análisis profundísimo y veríidico de la desgracia, la catástrofe, para la iglesia, que es este pontificado. Sólo me atrevo a agregarle algo a la fórmula que usted propone (vigilancia, penitencia, oración y esperanza): la resistencia activa también incluye esto que usted hace: desenmascarar, mostrar la verdad de lo que está pasando. Hoy, creo, la clave es esa: desenmascarar, mostrar el verdadero rostro de este papado. Porque en el fondo, en el fondo de todo, lo que se juega son las almas que irán a parar al infierno por seguir a este pastor desnortado. La atroz realidad es esa, la ingente cantidad de almas que caminan a la perdición por ingenuidad (en la mayoría de los casos), por ignorancia o por lo que sea. Vuelvo a felicitarlo por este escrito. Saludos cordiales.

Respuesta al comentario

Le agradezco su buena consideración del artículo. 

Sobre el punto que Ud. señala quisiera decirle que estoy de acuerdo, obviamente, pero con ciertas distinciones. Para todo hay vocaciones. Por ejemplo, estoy casi seguro de que yo no podría cuidar a un enfermo, o mejor dicho, cuidar enfermos, o ancianos. Lo que es una obra maravillosa de misericordia. Y así, muchas otras que Nuestro Señor manda. O sea, excepcionalmente debería hacerlo, pero no sería prudente que ingresara a una cofradía de devotos que atienden enfermos o ancianos, por el bien de los pobres enfermos y ancianos, y por el mío. 

Del mismo modo creo que la “denuncia” es algo que deben hacer algunos, los llamados vocacionalmente a hacerlo. Y le digo porqué. 

Es insalubre espiritual y físicamente. Tiene graves riesgos para el alma. Es fácil perder la calma, el equilibrio, la cordura y finalmente la razón, aunque no se termine, necesariamente, con prescripción de manicomio. 

Por eso no aliento a todos a “denunciar”, aunque sí a defender la FE, que es algo distinto. 

Ante una doctrina errónea exponer la verdadera o al menos alertar sobre la incorrecta. Un “ojo con esto que no es católico”. En donde se pueda, cuando la ocasión lo indique, con pureza de intención, sólo por el bien de las almas y no porque me guste “tener razón”, o discutir, o polemizar o “sacarme las ganas de decirles a estos tal por cual lo que son”… ¿Me entiende? 

Claro que esto es el ideal, siempre vamos a hacer las cosas de un modo imperfecto, aunque si buscamos la perfección, no hay por qué desanimarse.

Pero cuando uno acepta el papel de denunciador, acepta también una dinámica que se acelera imperceptiblemente. Más si “compite” (gravísimo error) con otros denunciadores. Y más aún si quiere tener y aumentar una audiencia a fuerza de más y más denuncias.

Llegará el momento en que la amargura lo ganará y buscará una “venganza” más que desenmascarar a los que falsifican el mensaje de Cristo o impostan la Iglesia para alertar a las almas del peligro. O hacer de esto una forma de vida.

El que denuncia corre el riesgo de vivir en una burbuja de seguidores que ven bien todo lo que hace, no importa lo que haga;  en confrontación con otros a los que llegará a calificar de enemigos cuando en realidad son hermanos en la Fe. O se verá comprometido a seguir con lo que hace porque eso “paga”. O se verá tentado por algún postor que lo llame a variar ligeramente su línea a cambio de ciertos beneficios… El alma se ve tironeada. Son muchas y variadas las tentaciones.

Puede volverse áspero y reaccionar ante todo sin pensar que tal vez en algunos haya buena fe, ignorancia invencible; o deprimirse y rumiar amarguras. Nunca volverá sobre sus pasos ni reconocerá haberse equivocado. Casi seguro terminará siendo monotemático, insociable, irritable ante cualquier alegría sencilla, por considerarla una pérdida de tiempo en cosas irrelevantes cuando se nos viene encima el Fin del Mundo.

Y habrá muchos que gocen con una suerte de intercambio de frases “religiosamente correctas” dentro del ambiente “religiosamente incorrecto”. Una cierta mundanidad tradicionalista.

Ponerse en esta tarea, que es muy fácil hoy en día, en especial para los que tienen tiempo y medios, es meterse en un laberinto peligroso. 

De los laberintos se sale por arriba, como se sabe. De modo que quien esté llamado a hacer esto se encomiende a Dios y se prepare para padecer y tratar de sobrevolar por encima de las noticias y hechos con los que debe lidiar a diario. Sólo es posible con la gracia de Dios y una intensa vida sobrenatural. En la medida en que esta falte se sufren duras consecuencias.

Y quien no esté llamado, no se asome al abismo. Hay demasiados ejemplos de “profetas” por ahí dando vuelta, de cuya cordura es lícito dudar. ¿Quién puede asegurar que no formen parte de los “falsos Cristos y falsos profetas” de los que nos advierten las Escrituras? Católicos fieles fallidos que ahora solo se buscan a sí mismos…

Defender la Fe es algo que podemos y debemos hacer a cada rato, en todo lugar, de mil modos. Muchas veces con el solo ejemplo de vida, en este tiempo en que los que viven conforme a los mandatos de Cristo se destacan como rarezas. Si además está preparado intelectual, psíquica y espiritualmente, puede debatir, aunque resulta más efectivo, sobre todo en las almas sencillas, actuar por la caridad de las obras para ganar sobre ellas esa autoridad que da el ser fiel discípulo de Cristo, y guiarlas a Cristo. 

Finalmente, en ocasiones la denuncia. Claro. ¡Cómo no denunciar y advertir sobre ese Sínodo infame!  Y si Dios llama a más… bueno, prepararse para una vida dura.

Le mando un abrazo.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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