Panorama Católico

Roma no paga traidores

El reciente decreto del Obispo de Zárate-Campana, Argentina, sorprende por la reciedumbre puesta en obra para la reducción de unos simples y pacíficos simpatizantes del movimiento que se ha dado en llamar“Fraternidad Sacerdotal San Pío X”.

El reciente decreto del Obispo de Zárate-Campana, Argentina, sorprende por la reciedumbre puesta en obra para la reducción de unos simples y pacíficos simpatizantes del movimiento que se ha dado en llamar“Fraternidad Sacerdotal San Pío X”.

Sorpresa por la enclenque debilidad del supuesto adversario –un movimiento del cual se afirma que ni siquiera tiene “posición canónica”, o misión canónica por mejor decir, aunque estos juristas prefieran ignorar que de hecho y de derecho tenga una “situación” canónica bien definida– y la desproporción de la ruidosa pataleta.

Sorpresa por la desilusión que nos causa el autor del decreto, responsable de algunos magníficos jalones en la obra de restauración religiosa y de quien se podía esperar algo mejor y menos indigno.

Sorpresa por el hecho de suprimirse la jurisdicción de la Santa Sede y que ningún obispo puede retomar para sí, pues se trata de una materia sobre la cual “Roma ha puesto la mano” hace ya mucho tiempo, lo que supone una inmediata y definitiva pérdida de competencia para los Obispos diocesanos. Inclusive, existiendo una Comisión Pontificia que se encarga de las relaciones con los miembros del movimiento “Fraternidad San Pío X” o en encaminar las relaciones de éstos con los Obispos locales, por encima de todo la cual ha pasado criminosamente el decreto del obispo Sarlinga.

Sorpresa también por que ya nadie ignora que hace años que esa misma Comisión Pontificia ha decretado que la asistencia a la Santa Misa celebrada por los padres de este Movimiento, en sedes propias o no, que eso es cosa muy menor, a nadie le está prohibido y no constituye ningún tipo de falta.

Sorpresa por que en un fallo firme dictado en 1993 por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de Fe, cardenal Joseph Raztinger, se afirmó que la petición de los Sacramentos a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X y su posterior administración, “…no constituyen el delito de cisma…” y, por lo tanto, “el decreto (de excomunión) … carece de fundamento y, por tanto, de validez”.

Sorpresa mayúscula por la confusión que muestran los considerandos del decreto entre la legítima comunión eclesiástica –que está incoada en la comunidad de la Fe y la Caridad– con una pedestre, simple y profana inclinación política y mundanal de “hacer Iglesia”; que es como decir, por no tener la misma militancia partidaria y no estar en la misma “orga”.

Y sorpresa porque, final pero no completamente, en vísperas de que los canallescos magnates que tiranizan a la Argentina voten un proyecto de ley de aborto infame y criminal, cuya sola proposición acarrea la pena de excomunión “latæ sentenciæ” y la casi segura perdición eterna de los cómplices y demás asociados criminales que se encuentren involucrados en la maniobra, el señor obispo se preocupa de una minucia sin demasiados alcances –el decreto no trata de ninguna materia moral grave ni de un atentado a la fe– y deja a la deriva a aquellos verdaderos pecadores públicos culpables y cómplices de un gravísimo pecado contra el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, ciñéndose un perfecto silencio por casto anillo en lugar de amonestar a los poderosos a voz en cuello, como sería su deber.

Y eso, esta vez sin sorpresa alguna, parece ser la tónica general del Episcopado de la Iglesia en la Argentina. ¿Qué mal le hacen al señor Obispo los Padres de la Fraternidad San Pío X…? ¿Acaso le quitan clientela….? ¿No predican que Cristo es Dios, que la Iglesia es Su Cuerpo Místico y que hay que convertirse y recibir los Sacramentos para salvarse…?

Porque, fijarse bien, lo que el Obispo no desea es que se administren los Sacramentos si no los da él sólo. Como si los Sacramentos fueran malos si los dan otros… No le importa la eficacia propia de la Verdad predicada ni la Gracia de los Sacramentos que la contienen, no; le importa que no sea él quien lo dispense. Que es como decir: “Acá, el bien lo hago yo solo”. Si dejamos de lado todo lo demás dicho arriba, que no es poco. Así pues, el obispo ya no es vigilante ni padre ni sacerdote ni nada; es únicamente punterito político y taita de barrio.

¿Acaso los Padres de la Fraternidad van por ahí dando escándalo, como lo han dado cantidad de Obispos en la Argentina en los últimos años sin que nadie les dicte ningún decreto, ni siquiera de arrepentimiento…?  ¿No predican la Verdad Crucificada, a diferencia de tantos eclesiásticos que predican la revolución, la revancha en esta vida y cualqueir otra memez…? ¿No creen acaso lo que la Iglesia propone para ser creído, aunque hoy en día no lo crean ni los Obispos…? ¿No están válidamente ordenados como sacerdotes …? ¿No es cierto, por fin, que todas estas cuestiones que se mencionan en el decreto, se plantearon y se zanjaron años atrás, a favor de ellos…?

Entonces, lo que hay debajo es otra cosa. Mons. Sarlinga tenía una impecable currículum, habiéndose distinguido inclusive como un hombre que conocía al pormenor las andanzas de quien ocupa en el día el solio pontificio. En esos pormenores de las andanzas bergoglianas, estaban las componendas políticas con los atorrantes de turno en el gobierno usurpador argentino, disfrazadas públicamente de “duro disenso” para embaucar a las personas inocentes y garantizarse la simpatía popular; y hasta vaticana si fuera posible. Pero todos sabían que Bergoglio era cómplice del poder y un ambicioso de poder él mismo, como lo demuestran hoy mismo dos hechos restallantes:

1) El silencio casi total de los Obispos argentinos ante la inminente votación de la Ley del Aborto en la Argentina, a imitación de quien fuera cardenal primado años atrás. Y sumado al silencio romano, que no es poco decir para quien se ha caracterizado desde el 13 de marzo de 2013 como un parlanchín imparable.

2) La aparición de episodios como el que ahora comentamos –las amenaza de excomunión contra don Antonio Caponetto, la expulsión de Mons. Mollaghan de Rosario, o de Mons. Livieres de Ciudad del Este– que parecen ser fragmentos de una cuidadosa revancha del taita de Roma contra todos aquellos que quiere destruir para impedir cualquier defensa de la Iglesia.

Sí, defensa, porque lo peor está por llegar. El golpe está dado con auténtica maestría, porque sobre dar comienzo al asalto contra la Fraternidad que ni remotamente, pensamos terminará aquí sino que abarcará a todos sus miembros en todo el mundo, deja en la más penosa miseria moral a su ejecutor, Monseñor Sarlinga, que queda a los ojos de muchos como un verdadero traidor y un hombre sin coraje para una eventual defensa de la Verdad.

Tal vez, pensamos, la necesidad de sostener su obra lo haya impulsado a dar este paso ruinoso y completamente innecesario y que, de haber contenido alguna hebra de verdad, se podría haber solucionado por teléfono o tomando mate entre amigos. Pero se nos ocurre que se le ha exigido particularmente hacerlo con esta modalidad cruel, pública y vergonzosa para él mismo. Y el candidato no era tan valiente como para ser otro Rogelio Livieres. Pero que no se engañe monseñor ni los demás que están en la lista de barbas remojadas: Roma no paga traidores.

Visto en Página Católica

Comentario Druídico: a Sarlinga le esperan dos grandes males. Uno, el menor, que desde Roma lo manden a limpiar letrinas con la lengua, porque no lo quieren ni lo querrán. Otro, el peor, que lo hagan Arzobispo de La Plata. En el primer caso, el gusto del… mármol podría hacerle recuperar -contrición mediante- su el buen olfato de las cosas de Dios. En el segundo, ya no tendrá sensibilidad para distinguir entre el mármol de las letrinas y cualquier otro gusto nauseabundo, alejado ya de todo buen olor de Cristo.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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