Panorama Católico

Sacramentum Caritatis: otra ocasión perdida

Una visión crítica del documento papal: La Exhortación, que peca (como ya es costumbre en Roma desde Juan XXIII) de poco clara, poco concisa, poco concreta, nada imperativa y excesivamente colegial, parte de una premisa falsa: la valoración positiva del Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica derivada de él.

Escribe José Mª Permuy Rey

Una visión crítica del documento papal: La Exhortación, que peca (como ya es costumbre en Roma desde Juan XXIII) de poco clara, poco concisa, poco concreta, nada imperativa y excesivamente colegial, parte de una premisa falsa: la valoración positiva del Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica derivada de él.

Escribe José Mª Permuy Rey

La Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis ha decepcionado a muchos católicos que creían que, a partir de ella, Benedicto XVI iba a emprender la tan ansiada y anunciada reforma de la reforma litúrgica, empezando por corregir las omisiones e imperfecciones del novus ordo Missae aprobado por Pablo VI, hoy vigente, y erradicar los numerosos y diversos abusos y malos usos litúrgicos que, lamentablemente, en muchos casos son autorizados por la misma jerarquía vaticana (comunión en la mano y de pie, ministros “extraordinarios” de la Eucaristía, mujeres monaguillos, concelebraciones…).

La Exhortación, que peca (como ya es costumbre en Roma desde Juan XXIII) de poco clara, poco concisa, poco concreta, nada imperativa y excesivamente colegial, parte de una premisa falsa: la valoración positiva del Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica derivada de él.

La realidad es que muchos de los errores y excesos actuales relacionados con la Eucaristía radican en el Concilio y en la reforma post-conciliar.

La pérdida del sentido del carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa, de la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía, de la diferencia esencial entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, entre otras desviaciones, no ha surgido de la nada, sino que tiene su origen en el nuevo rito de la Misa aprobado por Pablo VI, como ya en su día denunciaron, asesorados por eminentes teólogos, los cardenales Ottaviani y Bacci1. El novus ordo, según ellos, se aleja impresionantemente, en detalles y en conjunto, de la teologia sobre la Misa expuesta en el Concilio de Trento, es decir, de la Doctrina Tradicional de la Iglesia.

Perdida o confundida la noción verdadera de lo que es el sacerdocio, la Eucaristía, la Santa Misa… los abusos litúrgicos no son más que una lógica consecuencia.

A los gravísimos defectos de la nueva Misa en su versión latina, hay que añadir, además los derivados de las muchas traducciones erróneas y sospechosas que se hallan en la versión española de la nueva Misa (“consubstantialem Patri” por “de la misma naturaleza que el Padre”, “Deus Sabaoth” por “Dios del Universo”, “pro multis” por “por todos los hombres”…)2. Después de casi 40 años, sólo una de ellas (“pro multis”) ha sido mandada corregir recientemente por la Santa Sede. A ese ritmo no se enmendarán los yerros hasta dentro de un siglo.

De todo esto, la Sacramentum Caritatis no dice absolutamente nada.

Pero ¿qué hay de las prácticas sacrílegas, irreverentes o –siendo condescendientes- poco respetuosas (comunión en la mano y de pie, ministros “extraordinarios” de la Eucaristía, mujeres monaguillos, concelebraciones…) hasta ahora admitidas por la Iglesia? Pues lo mismo. Nada de nada. Todo sigue igual, a pesar de que algunos Padres Sinodales solicitaron, razonadamente, cambios al respecto. Así, por ejemplo Mons. Jan Pawe? Lenga, M.I.C., Arzobispo de Karaganda (Kazajistán) sostuvo lo siguiente:

“Entre las innovaciones litúrgicas aportadas en el mundo occidental, dos se destacan especialmente, oscureciendo de alguna manera el aspecto visible de la Eucaristía en lo que atañe a su centralismo y su índole sagrada; se trata precisamente del cambio de lugar del tabernáculo, que antes ocupaba una posición central, y la distribución de la comunión en la mano. Cuando se cambia de su lugar central al Señor eucarístico, “el Cordero inmolado y vivo”, y cuando se distribuye la comunión en la mano, aumenta innegablemente el riesgo de la dispersión de los fragmentos, de las profanaciones y de la equiparación práctica del pan eucarístico con el pan ordinario, se crean condiciones desfavorables para un crecimiento profundo de la fe y la devoción.

La comunión en la mano se está difundiendo y hasta se está imponiendo como algo más cómodo, como una suerte de moda. Que sean en primer lugar no los especialistas académicos sino el alma pura de los niños y de la gente sencilla quienes nos enseñen cómo tratar al Señor eucarístico.

Quisiera entonces hacer humildemente las siguientes propuestas concretas: que la Santa Sede establezca una norma universal motivada, según la cual la forma oficial de recibir la comunión sea en la boca y de rodillas, mientras la comunión en la mano estaría reservada al clero. Que los obispos de los lugares donde ha sido introducida la comunión en la mano procuren, con prudencia pastoral, conducir nuevamente los fieles al rito oficial de la comunión, válido para todas las iglesias locales.

El Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría propuso: “Es útil estudiar modalidades concretas que ayuden a los fieles a percibir de manera más clara el sentido de la sacralidad del Sacrificio eucarístico, para que el Pueblo de Dios sea fortalecido en su fe y ayudado a vivir santamente. Sería útil, por tanto, sobre la base de la Instrucción Redemptionis sacramentum, aplicarse para eliminar los abusos que perjudican la sacralidad de las celebraciones eucarísticas, y también habría que replantearse algunas normas, cuya aplicación se presta a una interpretación abusiva. A modo de ejemplo, podríamos plantearnos si son oportunas las ceremonias eucarísticas con un excesivo número de concelebrantes, hecho que impide el desarrollo digno del acto litúrgico, o también habría que analizar la conveniencia de la distribución de la Comunión a todos los presentes en una Misa con un grandísimo número de fieles, cuando la distribución general va en detrimento de la dignidad del culto. Conceder importancia al mantenimiento del sentido de lo sagrado en las liturgias eucarísticas, significaría un gran bien para toda la Iglesia”.

Ninguna de estas iniciativas tan justas y elementales, que de manera sencilla pero tajante hubieran disminuido enormemente la profanación de las especies eucarísticas, ha merecido la consideración de Benedicto XVI. ¡Qué fácil es terminar con esta triste situación! ¿Por qué no se hace? ¡Mysterium iniquitatis!

¿Y el latín? Para las concelebraciones de carácter internacional. Benedicto XVI no pide que se diga la Misa en latín ordinariamente (ni tan siquiera una vez por semana), sino tan solo en encuentros internacionales, en ocasiones excepcionales. Es decir, poco menos que nunca.

Otro hecho preocupante es la desmesurada e insistente importancia que da la Exhortación Apostólica a la unidad de la plegaria eucarística, y muy particularmente a la epiclesis, sin dejar muy claro que la transustanciación, la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, se produce únicamente tras las palabras constitutivas de la forma del sacramento “esto es mi cuerpo”, “este es el cáliz de mi sangre…”, y no con la recitación de la plegaria eucarística entera, ni en el momento de la epíclesis, como sostienen algunos ortodoxos.

Precisamente durante el Sínodo de la Eucaristía, Severius Malke Mourad, del Patriarcado Siro-Ortodoxo, citando al Patriarca Ignatius Zakka I Iwas, en su libro sobre la Santa Eucaristía, dijo: “Según el dogma de nuestra Iglesia, la consagración de los dos elementos del pan y del vino y su transubstanciación en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo durante la Santa Eucaristía, tienen lugar y son llevadas a cumplimiento por la oración de invocación al Espíritu Santo y no sólo por las palabras de Nuestro Señor”.

Durante ese mismo Sínodo, el entonces General de la Compañía de Jesús, P. Kolvenbach defendió el carácter consagratorio de la epíclesis sin que –al menos que se sepa- ninguno de los Padres Sinodales le amonestara o enmendara.

Notas

1 http://www.statveritas.com.ar/Liturgia/Breve%20Examen%20Critico.htm
2 http://www.msm-es.org/text/es/doc/liturgia-violada.doc

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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