Panorama Católico

¡Salva y Santifica a tu Iglesia, Señor! Carta a un sacerdote argentino

Nos dice en su carta que le parece se habría atenuado algo la crisis dentro de la Iglesia.- Como sabe, esa crisis está configurada por la apostasía inmanente y el cisma solapado, «auto-demoledores» de la Iglesia. Creemos que lo observado por Ud. en Buenos Aires es similar a lo que observamos en Montevideo y que en ambos casos se trata de apariencias engañosas que a lo más durarán cuanto dure el Pontificado de Benedicto XVI.

Nos dice en su carta que le parece se habría atenuado algo la crisis dentro de la Iglesia.- Como sabe, esa crisis está configurada por la apostasía inmanente y el cisma solapado, «auto-demoledores» de la Iglesia. Creemos que lo observado por Ud. en Buenos Aires es similar a lo que observamos en Montevideo y que en ambos casos se trata de apariencias engañosas que a lo más durarán cuanto dure el Pontificado de Benedicto XVI.

Por Buenaventura Caviglia Cámpora

Conviene recordar que según la definió Jean Madiran, «apostasía inmanente» es aquella que permanece oculta dentro de la Iglesia sin romper con ella a fin de transformarla desde su interior.- Para ello las prédicas de estos ilegítimos novadores en general no son propiamente heterodoxas sino que son ambivalentes y admiten tanto una interpretación legítima como otra que no lo es.- Y a través del sentido ilegítimo y torcido de sus prédicas van cambiando subrepticiamente la verdadera fe de la Iglesia por la apostática.

Las características de la apostasía inmanente progresista son: ecumenismo e irenismo falsos que conducen al relativismo doctrinario y moral con menosprecio del Decálogo, de los Sacramentos, de los Dogmas de nuestra fe, del Culto a María Santísima y desde luego, de las devociones más fundamentales.- Y lo característico de la «teología de la liberación», «teología de la revolución» o «liberacionismo» en general, exacerbación de la apostasía progresista, es la «liberación», sustituto de la Redención que consiste en luchar contra las «estructuras de pecado» origen de todo mal y del pecado social que es el único que importa, porque «la salvación es colectiva».

Al ascender al Pontificado Juan Pablo II el progresismo y el liberacionismo, encaramados en las más altas jerarquías eclesiásticas, siguieron difundiendo sus graves errores por doquier con las técnicas de la apostasía inmanente y del cisma solapado, en forma un poco menos escandalosa y desafiante pero siempre efectiva, acallando a los defensores de la fe y piedad auténticas.

Por lo que dice, en Buenos Aires las prédicas serían más ajustadas a la fe y habría mayor respeto por la Liturgia, lo que vemos también en Montevideo.- Habría que analizar cada caso concreto pero es evidente que la situación actual de la Iglesia con el Cardenal Ratzinger como Sumo Pontífice obliga a la apostasía inmanente y al cisma solapado a ocasionales precauciones respecto a sus arbitrariedades doctrinarias y litúrgicas.

El Sumo Pontífice Benedicto XVI conoce mejor que nadie y sintetizó la situación general de la Iglesia.- Como Cardenal Ratzinger, en oportunidad de la enfermedad de Juan Pablo II y luego del Cónclave en que él fue electo para sucederlo, resumió con precisión y realismo la situación de la Iglesia en sí y en el contexto del mundo actual:

– El 29 de marzo de 2004, en la novena estación del Vía Crucis del Viernes Santo: Meditación: Ante la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz, «¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¡Cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia (la Eucaristía)! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vanas! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a Él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación! La traición de sus discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que traspasa su corazón».

Oración:.- Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo…. Salva y santifica a tu Iglesia.- Sálvanos y santifícanos a todos».

– El 18 de abril de 2005, en la homilía de la solemne Misa «Pro Eligendo Pontífice» expresó: «A quien tiene una fe clara, según el credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo.- Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales.- Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como única medida sólo el propio yo y sus antojos».

La autenticidad de los cambios observados podrá ser valorada considerando las doloridas expresiones de Benedicto XVI al asumir el Pontificado, sobre la situación de la Iglesia y del mundo.- La primera consideración es que a esa situación se llegó por el desprecio de la Ley de Dios, de la Sagrada Escritura, del Magisterio de la Iglesia y de las advertencias de la Divina Misericordia que a lo largo del siglo pasado, nos exhortaron a la conversión y la penitencia para evitar el «día de ira», día de la Justicia Divina.- Advertencias por medio de su Santísima Madre que desde Fátima se muestra como la «Mujer vestida de sol» (Pablo VI y Juan Pablo II).

Situación del mundo, de la humanidad en general:

Benedicto XVI:

«… el relativismo, es decir, el dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales.- Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como única medida sólo el propio yo y sus antojos».

La «Mujer vestida de sol» (1):

«Cada día que pasa este mundo se precipita más y más en el hielo del egoísmo, de la sensualidad, del odio, de la violencia, de la infelicidad… Antes de la gran tiniebla caerá sobre el mundo la gran noche del ateísmo que lo envolverá todo» (5-Ene.-974).

«Pobre, pobre generación ésta a la que le ha tocado la tremenda suerte de ser tan contaminada y corrompida por el espíritu del mal, que se ha alzado contra Dios para repetir una vez más el desafío: “¡Non serviam”: no serviré, no reconoceré a Dios! Sí, yo he triunfado sobre todos los errores y las herejías …. triunfaré también sobre el más grande error conocido en la historia: el error del ateismo que ha arrebatado a mi Hijo casi toda la humanidad» (29-Oct.-974).

«Satanás ha sido el dominador indiscutible en los acontecimientos de este siglo, llevando a la humanidad al rechazo de Dios y de su Ley de Amor, difundiendo en todas partes la división y el odio, la inmoralidad y la maldad, y haciendo legitimar en todas partes el divorcio, el aborto, la obscenidad y la homosexualidad, y el uso de todos los medios para impedir la vida» (13-Mayo-990).

«¡Ved si hay un dolor tan grande como mi dolor de Madre! Hoy se matan a millones en el seno de las madres a través del delito del aborto, legalizado ya por doquier … La sangre de estos inocentes grita todos los días venganza en la presencia de Dios y causa en mi corazón materno heridas de profundo dolor.- Los niños que se abren a la vida y a quienes se proponen como valores verdaderos trasgresiones de la Ley de Dios, los jóvenes desorientados y engañados, las familias que lloran la destrucción de su hogar, las inmensas multitudes de mis pobres hijos que corren por el camino del pecado y de la perdición.- ¡Ved si hay dolor igual al mío» (15-Set.-982).

Situación de la Iglesia:

Benedicto XVI:

¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vanas! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a Él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación! La traición de sus discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que traspasa su corazón».

La «Mujer vestida de sol» (1):

«¿Cuántos son hoy los Pastores que ya no defienden a la grey que Jesús les ha confiado? Algunos guardan silencio cuando deberían hablar con valor para defender la verdad y condenar el error y el pecado.- Toleran para no arriesgarse, se rebajan al compromiso con tal de mantener sus privilegios.- Así se va difundiendo el error bajo fórmulas ambiguas y no se repara el pecado en una progresiva apostasía de Jesús y de su Evangelio.- ¡Hoy es necesaria una cadena de sufrimientos que se eleve a Dios en reparación!» (15-Set.-82).

«La causa de tan vasta difusión de errores y de esta apostasía son los Pastores infieles.- Ellos guardan silencio cuando deben hablar con valentía para condenar el error y para defender la Verdad.- No intervienen cuando deben desenmascarar a los lobos rapaces que se han introducido en el rebaño de Cristo, disfrazados de piel de corderos.- Son perros mudos que dejan despedazar a su rebaño» (8-Set.-985).

«Estáis viendo como hermanos vuestros, culturalmente preparados y a veces peritos y maestros en ciencias teológicas, rechazan lo que os digo porque hacen pasar por el filtro de su mente, pletórica de cultura, cada una de mis palabras.- Así encontrarán dificultades insuperables, aún en aquellas frases que para los sencillos y pequeños son tan evidentes» (29-Oct.-977).

Benedicto XVI:

¡Cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia! …. La traición de sus discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que traspasa su corazón»

La «Mujer vestida de sol»:

«Cardenales, obispos y sacerdotes van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia» (18-Jun.-965) (2).

«¡Ya no creen! Desgraciadamente son cada vez más numerosos los sacerdotes que celebran la Eucaristía sin que crean en ella…. La abominación de la desolación que ya ha entrado en el Santo Templo de Dios, alcanzará sus más altas cimas» (24-Dic.-977) (1).

«La copa de la divina justicia está colmada hasta desbordarse y demanda ser aplacada.- Mientras el misterio de la más grande iniquidad está a punto de consumarse en el mundo, Yo vuelvo a vosotros mis hijos, para invitaros a formar una gran cadena de reparación» (31-Dic.-985) (1).

Desde el comienzo mismo de su pontificado, en diversas ocasiones solemnes Benedicto XVI insistió sobre la gravedad de la situación que había denunciado como Cardenal.- Sin embargo, son sus conceptos sobre la Liturgia y contra el abusivo reformismo litúrgico imperante en nuestros días lo que más alarma al progresismo y al liberacionismo.- Esos conceptos están expuestos en diversas obras de cuando era Prefecto para la Doctrina de la Fe, y sobre todo en «El Espíritu de la Liturgia».

Enseña que la «grandeza de la liturgia» radica en que es «la participación de la presentación de Cristo (con su sacrificio redentor) ante el Padre» y «nos permite siempre entrar, tanto en comunión universal con toda la Iglesia, como en la communio sanctorum, en la “comunión con todos los santos”.- Sí, en cierto modo es la liturgia celestial…. y nos adentramos en el coro de la adoración… el praefatio termina con estas palabras “Cantamos con los coros de serafines y querubines”».- «Es totalmente inadmisible calificar la Eucaristía de los cristianos de simple “comida”.- Sin duda el Señor fundó la novedad del culto cristiano en el cuadro de una comida judía (la de “Pascua”) pero fue esta “novedad” la que ordenó a sus discípulos renovar y no la comida en cuanto tal».- Y esa renovación es «el auténtico drama divino que constituye la liturgia».- Explica que por tanto, la liturgia nos fue dada por el mismo Cristo, practicada por los apóstoles y sobre esta base, consolidada en sus formas esenciales en el siglo IV.

Rechazando lo impuesto por los ilegítimos novadores concluye en la referida obra: es una costumbre detestable la completa supresión del arrodillarse; la celebración de la Eucaristía no es una comida, el sacerdote no preside ni celebra versus populum (de frente al pueblo) que el Concilio no menciona; mirando al crucifijo -que debe ser en medio del altar punto de referencia común del sacerdote y de la comunidad en oración- con Cristo ofrece al Padre el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre reiterado incruentamente; la Sagrada Liturgia es de la Iglesia toda que ordena repetidamente que nadie, «ni aún siendo sacerdote», de propia autoridad modifique nada en la Liturgia; es aberrante el sacerdote “creativo” que modifica la misa a su antojo para hacerla “más interesante”, o que esa “creatividad” basada en pretextos «pastorales», sea confiada a grupos reducidos de seudo competentes.

Las claras advertencias formuladas desde el comienzo por Benedicto XVI y las exhortaciones concretas a algunos Episcopados, como el de Austria por dar sólo un ejemplo, no impiden que la apostasía inmanente y el cisma solapado sigan su perversa obra destructora de la auténtica fe y piedad, ensañándose en las nuevas generaciones.- Muchos son los Obispos y sobre todo Arzobispos Metropolitanos y Primados, que en documentos y exhortaciones apoyan públicamente las prédicas del Papa como apoyaron las de Juan Pablo II.- ¿Quiénes lo hacen sinceramente y quienes no? Sólo Dios lo sabe, pero lo que con enorme frecuencia se suele comprobar es que en las respectivas diócesis la autodemolición continúa impertérrita y los defensores de la fe deben seguir en silencio.

No obstante lo cual la apostasía inmanente adoptó diversas medidas defensivas ante la amenaza que representa tan decidido defensor de la ortodoxia como Benedicto XVI, en particular por su posición en favor de la Misa tradicional y su deseo de proclamar el derecho a celebrarla de cualquier sacerdote que lo desee.- Porque la vuelta a la Misa de San Pío V significaría un golpe mortal para la apostasía inmanente.- Entonces, en los lugares más notorios convenía aparentar cambios favorables que quitaran fuerza a los argumentos esgrimidos.- El reformismo abusivo se disimularía respetando las normas litúrgicas vigentes.- La ortodoxia en la predicación desmentiría el aserto de que la Nueva Misa es causante de apostasía.- Sin embargo como se verá, esto no explica las contradicciones deliberadas que se dan.

El Novus Ordo Missae es el ordenamiento oficial y debe ser respetado más allá de las críticas del Papa referidas y de las que antes de su aprobación, formularon los Cardenales Ottaviani y Bacci en su «Breve Examen Crítico».- Lo malo fue que el progresismo lo utilizó desde el comienzo para hacer de la celebración eucarística eficaz instrumento de confusión y tergiversación doctrinarias.

En forma más o menos cruda o disimulada según los casos, la mentalidad progresista se inculca en la predicación y en la Oración de los Fieles e inspira las variantes que cada parroquia y aún cada sacerdote introduce en la celebración.- Existe una verdadera anarquía litúrgica destructora de la auténtica fe.- Pues bien, a poco de iniciado el Pontificado de Benedicto XVI, se notaron cambios favorables en las parroquias e iglesias más importantes y concurridas de la Arquidiócesis de Montevideo, no así en las demás.- Las homilías se ajustan a la doctrina y al comentario correcto de las lecturas y del Evangelio y se comenzó a suprimir varias de las trasgresiones litúrgicas más frecuentes.

Entre otras rectificaciones, se omitió una de las trasgresiones más graves y absurdas: que para el saludo de paz, cuando el sacerdote tenía ya presente a Jesús Sacramentado, lo abandonara en el altar para ir a saludar a la primera fila de fieles, en el mejor de los casos (besando a las mujeres, desde luego), y a los que estaban a lo largo del pasillo central, en el peor.- También se insistió por primera vez en que la Pequeña Elevación o Doxología es exclusiva del sacerdote y que los fieles sólo debían confirmarla con el Amén.- Ésta que es una corrección muy importante del punto de vista latreútico y teológico, lo es aún más considerando que el progresismo siempre enseñó e insistió que debía rezarse conjuntamente dada la igualdad de todos en el ágape fraternal que el sacerdote preside.- Que rezar conjuntamente la Pequeña Elevación es algo esencial para el progresismo lo denuncia el hecho de que al celebrar la misa algún sacerdote suplente rancio progresista, despreciando las nuevas directivas ordena enérgicamente que la recen con él todos los fieles.

Además cesó la total proscripción de María Santísima propia de la heterodoxia semi protestante del progresismo y se rezan Avemarías al final de las Misas Dominicales, se honra a nivel parroquial y arquidiocesano a la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay; con reproducciones de su imagen original se forman cadenas de Rosarios, se entrega una imagen a una familia para rezar el Rosario y pasarla al día siguiente a otra familia; el 19 de Abril se organizan peregrinaciones nacionales al Santuario de Florida donde se venera la imagen ante la cual oraron los 33 Orientales; se celebran Procesiones de Corpus Parroquiales y Arquidiocesanas, etc.

Síntomas alentadores pero engañosos según se dijo, porque se dan sólo en ciertas iglesias y en éstas junto con graves contradicciones imposibles de silenciar.- Porque si a través de las manifestaciones públicas de piedad y de la correcta celebración litúrgica se devuelve a la Eucaristía el respeto y adoración que nunca debió faltarle, entonces no se explica que se le niegue pertinazmente la genuflexión y el arrodillarse.- Aún ante el Santísimo expuesto apenas se hace una mala inclinación de cabeza y al pasar ante el Tabernáculo ni eso se hace, se pasa como si nada importante contuviera.- Ni qué decir del permanecer de pie durante la Consagración y Gran Elevación, incluso por algunos Ministros de la Eucaristía que recibieron preparación especial antes de ser consagrados para su ministerio.

Síntomas alentadores pero engañosos porque es contradictorio con la Piedad Mariana el silenciar Dogmas referentes a la Santísima Virgen.- Los jóvenes católicos de hoy ignoran en absoluto qué es la Asunción.- Nunca oyeron que en la Fiesta de la Asunción se celebra el Dogma, proclamado por Pío XII, de la «Asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los Cielos».- En la catequesis de parroquias y colegios católicos, etc., sólo se enseña que es la Fiesta de María y el santo de las que llevan ese nombre, correspondiendo por tanto felicitarlas.- En una Congregación de Religiosas Adoradoras, en la Misa Dominical presenciamos cómo el Rector de la Iglesia habló sobre la «Fiesta de María» sin explicar qué significa la Asunción, que se trata de un Dogma y menos que debe ser creído necesariamente por integrar la Fe Católica.- El Boletín de la misma Congregación destacó la Fiesta de la Asunción pero con explicaciones que soslayaban con cuidado la tan sencilla formulación del Dogma.

Existen muchos detalles que si en sí mismos no revisten importancia la adquieren al reforzar el cuadro total.- Por ejemplo y es bastante frecuente, que sacerdotes que predican y celebran con entera corrección y piedad, por ejemplo, al dar la Comunión omitan decir «El Cuerpo de Cristo» como está ordenado; o que antes de leer el Evangelio, se santigüen en vez de signarse (3) como se ha hecho hasta ahora y se sigue haciendo por la gran mayoría; o que el ayudante del Vicario Archidiocesano para la Solidaridad, al comienzo de la Misa haga sorpresivamente una gran genuflexión ante el altar y luego, en el saludo de paz, abandone a Jesús Eucaristía y baje a saludar a los fieles de la primera fila de bancos, con el beso a las mujeres, al uso (4).

Esas contradicciones se explican porque las medidas defensivas adoptadas en ciertos casos significan retirarse, ceder terreno al enemigo para ganar tiempo.- Ganar tiempo en espera del fin de este Pontificado que suponen corto dada la edad del Pontífice.- Y que podría ser aún más corto si se produjera la conflagración general temida por Juan Pablo II que oró incesantemente por la paz.- Sí, se retrocede, se cede terreno excepto en los puntos fuertes, los puntos claves, que esos sí no se deben abandonar, se deben defender a toda costa, hay que seguir controlándolos.- Porque esos puntos fuertes constituyen la base de partida para la ofensiva final por la victoria definitiva.

El principal punto fuerte conquistado por la apostasía es que clero, religiosos y buena parte de la feligresía suprima las señales exteriores de respeto y adoración a la Divina Presencia.- Conquista que es en primer lugar, un triunfo de Satanás, el negador de la divinidad de Cristo e inspirador de toda apostasía.- Pero siendo triunfo del progresismo liberacionista, según la Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia es triunfo del “seudo-mesianismo”, del «mesianismo secularizado “intrínsecamente perverso” [Pío XI, Divini Redemptoris, que condena el “falso misticismo” de esta “falsificación de esta redención de los humildes”; GS 20-2]» (Cat. Iglesia, 576).

Y explica también el Catecismo que la persecución develará al fin «el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad .- La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en carne (cf. 2 Ts. 2, 4-12; 1 Ts 5, 2-3; 2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22)» (Cat. Iglesia, 575).

Así pues, sobre la situación de la Iglesia y del mundo se ha visto lo que dice el Pontífice; la Sagrada Escritura en las Epístolas; el Concilio en «Gaudium et Spes»; y en base a estos, el Catecismo de la Iglesia.- Y por si no bastara, se ha visto la ratificación completa y ampliada de todo por las anticipaciones proféticas de la «La Mujer vestida de sol».- Quedó en claro también cómo los síntomas de mejoría observados son en general engañosos.

Pero ante este panorama inquietante, con su solicitud maternal «La Mujer vestida de sol» nos conforta en Fátima: «Al fin mi Inmaculado Corazón triunfará».- Y ampliando ese anuncio gozoso, explica años después en sus anticipaciones proféticas: «Con el Segundo Pentecostés el Espíritu Santo dará testimonio perfecto del Hijo y traerá su glorioso Reino de Amor en la tierra, para que Jesús sea amado, adorado, glorificado por una humanidad completamente renovada.- Sólo entonces mi Corazón tendrá su triunfo» (23-Jun.-90, Fiesta del Corazón Inmaculado de María) (5).

Entre tanto para nosotros, firmes en la única Fe, es la hora de la paciencia y la tribulación y de seguir dando testimonio de Cristo bajo la protección de María Santísima.- Montevideo, 18 de julio de 2006.

N o t a s

(1) «Advertencias de la Divina Misericordia – II», Cap. 15.6.2-10, págs. 259-63, «Tercer Milenio», Ed. «Gladius», Buenos Aires, 1985.

(2) «La apostasía en la Iglesia», Cap. 17.4.6, pág. 352, «Tercer Milenio», Ed. «Gladius», Buenos Aires, 1985.

(3) Signarse: «Por la señal de la Santa Cruz …. de nuestros enemigos …. líbranos Señor Dios nuestro».- Esta sustitución ¿se deberá a la confusión reinante en materia de Liturgia o al descreimiento, muy difundido, en las indulgencias y en el carácter de sacramental de la lectura de la Santa Biblia? O se deberá por ventura (o desventura), a esta mentalidad también muy difundida: «Eso de los “enemigos del alma” son ideas anticuadas que no condicen con un Cristianismo adulto, pluralista, no obsesionado por el pecado, abierto al mundo moderno, en el cual lo fundamental es la Solidaridad efectiva con todos pues en darse al prójimo consiste el verdadero mensaje de Jesús y su universalidad».

(4) Esta actitud resulta muy útil para comprender la mentalidad del progresismo liberacionista y la forma en que actúa para ir cambiando inadvertidamente la fe de cuantos católicos sea posible.- Es decir, de aquellos formados antes del Concilio y cuya fe y conocimiento de la Religión no pudieron ser alterados por el clero y obispos progresistas altamente politizados que dieron apoyo a la subversión marxista desatada en América y en el mundo.- El sacerdote de referencia es, repetimos, el ayudante o sustituto del Vicario Archidiocesano para la Solidaridad y se sabe la importancia que tiene esta Vicaría en el «nuevo concepto pastoral» de la Archidiócesis.

Surge el interrogante de si la gran genuflexión que hizo antes del comienzo de la Misa se contradice con el gesto de abandonar el altar para el saludo de paz; o contradice la norma oficial de sustituir la genuflexión por una simple inclinación de cabeza, incluso ante el Santísimo; o implica apartarse de las creencias del progresismo; o implica honrar las enseñanzas de Benedicto XVI sobre el significado de la celebración de la Eucaristía y la necesidad de la genuflexión.

El progresismo cree que poco a poco, con ayuda de la ley de la vida que sustituye las generaciones, la Iglesia llegará a ser plenamente fraterna, ecuménica y abierta a todos sin discriminación alguna.- Así pues hay que tolerar y respetar con paciencia las creencias y costumbres anticuadas y la religiosidad popular con tantas devociones particulares.- En esa forma se irán suprimiendo dogmatismos y restricciones doctrinarias y morales que se han ido agregando con el correr de los siglos y oscurecen y complican la simplicidad del auténtico mensaje de Jesús, de amor y solidaridad efectiva para la humanidad entera.

Es evidente por tanto, que ese sacerdote actuó por completo de acuerdo a dichas creencias sin contradicción alguna y con prescindencia de las enseñanzas de Benedicto XVI.- Sabía que en esa iglesia había muchos fieles a los que disgustaba la inclinación de cabeza y quiso congraciarse con ellos pero al mismo tiempo demostrar en el saludo de paz que no se sentía obligado por las normas litúrgicas vigentes.- Su actitud era la indicada para que la feligresía se fuera acostumbrando a los cambios incesantes y a la práctica de la tolerancia con los procederes ajenos, paso previo a habituarse a tolerar cualquier idea e interpretación dentro de la Iglesia.

Era el proceder indicado para ir inculcando insensiblemente la actitud religiosa que desde la cátedra arquidiocesana se predicaba abiertamente en nuestro país al fin de la década del 60 (1967) antes de los métodos sutiles del «trasbordo ideológico inadvertido»: En la Iglesia «hay que romper con la mentalidad ritualista, hay que romper con la mentalidad tradicionalista»; debemos «no instalarnos en nada, que lo único instalado sea la revisión, la constante preocupación de revisar y no de instalarse»; «comprender el verdadero mensaje de Jesús supone atender al “Jesús histórico”, no al “Jesús de la fe” producto de las generaciones cristianas alejadas de su época que le agregaron lo maravilloso»

Esta actitud concreta junto a los otros detalles completan una situación que justifica el clamor de Benedicto XVI, ¡Salva y Santifica a tu Iglesia, Señor! Situación que motivó las amorosas advertencias proféticas de la «Mujer vestida de sol» y sus exhortaciones a la conversión y penitencia.

(5) «Misterio de Misericordia», Cap. 17.4.10, pág. 391, «Tercer Milenio», Ed. «Gladius», Buenos Aires, 1985.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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