Panorama Católico

San José despojado de su corona pontificia

Todo indica que se han vendido ocultamente 
las  Coronas Pontificias del Santo Patriarca  y del Niño. 
El atrio del templo de San José, a la vera del antiguo Camino Real (actual Av. Rivadavia 6950), fue testigo privilegiado de la historia rioplatense. Sólo a modo de ejemplo, entre los muchos que se podrían citar: el 24 de Enero de 1812, el general Dr. Manuel Belgrado, quien vistió a nuestra bandera con los colores de la Inmaculada Concepción, al dirigirse hacia el Norte a la cabeza del Ejército del mismo nombre, detuvo su marcha para orar y luego pasar la noche en las cercanías.

Todo indica que se han vendido ocultamente

las  Coronas Pontificias del Santo Patriarca  y del Niño

(Segunda Parte)

Antes de iniciar la lectura de este artículo,

recomendamos leer su primera parte:  ¿Lo sabe el Sr. Cardenal?

El atrio del templo de San José, a la vera del antiguo Camino Real (actual Av. Rivadavia 6950), fue testigo privilegiado de la historia rioplatense.

Sólo a modo de ejemplo, entre los muchos que se podrían citar: el 24 de Enero de 1812, el general Dr. Manuel Belgrado, quien vistió a nuestra bandera con los colores de la Inmaculada Concepción, al dirigirse hacia el Norte a la cabeza del Ejército del mismo nombre, detuvo su marcha para orar y luego pasar la noche en las cercanías.

En Diciembre de 1829, la caravana que traía los restos mortales de Manuel Dorrego, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, depuesto e inicuamente fusilado por mandato de las logias un año atrás, se detuvo en Flores; para que entre los muros de la primitiva iglesia resonara la solemne misa de Requiem por el alma de quien había sido vecino del nuevo pueblo.

Años depués, en 1836, el recientemente inaugurado segundo templo de San José vio a otra comitiva detenerse a sus puertas. Era el cortejo fúnebre de Juan Facundo Quiroga, aquel valiente que, habiendo combatido la impiedad del liberalismo jacobino bajo el lema «Religión o Muerte», fue abatido por las balas de sus sicarios en Barranca Yaco.

Pero mientras la historia pasaba a las puertas de la iglesia de San José, el pueblo de Flores crecía no solamente en población sino también en riqueza. Por eso, hacia 1878, el templo quedó chico y desentonaba con las vistosas y opulentas «casas quintas» de los alrededores, algunas de las cuales se convirtieron más tarde en verdaderas mansiones. Los vecinos quizá hayan sentido la vergüenza señalada por don Juan Manuel y decidieron comenzar la costosa tarea de reemplazarlo.

De ese esfuerzo resultó la imponente Iglesia actual inaugurada el 18 de Febrero de 1883, agregada a la Basílica de San Pedro con todas sus indulgencias y privilegios en 1911, elevada por San Pío X al rango de Basílica menor en 1912 y consagrada al Sagrado Corazón de Jesús en 1916.

Al cumplirse en 1956 los 150 años de la parroquia, tanto la imagen de San José, que preside el Altar Mayor de la Basílica, como la del Niño que lleva en brazos, recibieron la coronación pontificia por mandato del Siervo de Dios Pío XII.

Foto 4

Las imágenes del Altar Mayor con las Coronas Pontificias.

Con el paso del tiempo y la llegada de las «ventajas» de la modernidad: la falta de educación, de conciencia rectamente formada (es decir de catecismo) y su correlato el desenfreno delincuencial, estas coronas, piezas de singular belleza, fueron depositadas en la caja fuerte de un banco (Citibank NA), según nos informan fuentes confiables. Eran expuestas únicamente en los días de gran solemnidad.

Quizá por eso, y según las mismas fuentes, el anterior párroco padre Martín Bustamante haya pensado en darles un «mejor» destino que el estar encerradas y, a tal efecto, las habría retirado del banco con el consentimiento del entonces obispo Vicario de Flores Mons. Guillermo Rodríguez Melgarejo (hoy Obispo de San Martín), para venderlas ocultamente hacia el final de su curato.

Es verdad que los anales de la Iglesia Católica registran la venta de algún bien precioso en situaciones muy extraordinarias, lo cual no se ha dado en Buenos Aires en los últimos tiempos. Pero si de algo tan urgente y necesario se trataba:  ¿No debió consultar al menos con la feligresía? Porque a lo mejor los fieles, viendo que San José y el Divino Niño se iban a quedar sin corona, seguían el ejemplo de sus mayores y ponían la plata que faltaba para sufragar cualquier necesidad imperiosa de que se tratara.

Nos informan también que el actual párroco, enterado de la situación al recibirse del curato, habría buscado al joyero que compró las coronas a través de la persona que hizo de nexo entre éste y el padre Bustamante, pero llegó tarde. Ya habían sido desmontadas y sólo se disponía de algunos de los aros de sujeción. Dicen también que el padre Gabriel Marronetti, vendiendo un valioso cuadro de su propiedad, habría mandado reconstruirlas con materiales económicos bañados en oro.

Dada la gravedad del caso, e intentando confirmar o desmentir la noticia, en septiembre del año anterior le enviamos un correo electrónico al cura párroco sin que hayamos recibido respuesta hasta el momento. Lo cual no es buena señal, sino todo lo contrario.

Por eso el Cardenal Bergoglio, que es el responsable último de todo lo que pasa en su Arquidiócesis, debería mandar a investigar este asunto, si es que aún no lo ha hecho, y luego dar a conocer las conclusiones.

Para que los fieles de San José, en el supuesto de que sea confirmada la noticia (como todo indica hasta el momento), dejen de vivir en el engaño y sepan que ya no existen las coronas de Pío XII.

Mientras tanto, nos ponemos a su disposición para cualquier aclaración que desee hacer por este medio.

Si alguno de nuestros lectores quisiera comunicarse con el Cura Párroco de la Basílica, Sr. Presbítero Gabriel Marronetti, 
copiamos abajo sus señas:

g.marronetti@yahoo.com.ar

basilicasanjosedeflores@basilicadeflores.com.ar


Teléfonos: 54 11 4612-2629



Comentario Druídico:



¿Por qué vender una joya con valor histórico y material, aún en caso de extrema necesidad, sin hacerlo público? El P. Bustamante tiene fama de ser un hombre de carácter áspero y a veces intratable. Durante 13 años de curato recambió 13 vicarios, todo un récord. Pero no tiene fama de deshonesto, por el contrario, ha llevado adelante importantísimas obras de restauración del templo y otras. Tal vez la necesidad, promesas incumplidas, o el mero capricho lo hayan llevado a tomar esta decisión tan grave. Pero es evidente que falla la cabeza de la arquidiócesis, incapaz de supervisar o sostener a sus sacerdotes. El actual párroco, P. Marronetti, involucrado en asuntos muy dudosos de otra índole, sin embargo habría tenido la precaución de deslindar su responsabilidad, tratar de recuperar las joyas e inclusive costear con dinero propio las réplicas. Tanto una conducta como la otra de ambos párrocos muestra la acefalía práctica en que ha estado la Arquidiócesis. Esto sin hablar de la reciente fuga de otro párroco con una señorita, 


actualmente en condición grávida según parece,


 que solía residir clandestinamente en su parroquia: párroco no solo heterodoxo y destructivo del templo que tenía a su cargo, sino además denunciado reiteradamente ante el Sr. Arzobispo sin que se tomaran medidas. De hecho una digna señora estrechamente relacionada con la parroquia, que le reprendió su conducta fue brutalmente agraviada por el hoy cura prófugo.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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