Panorama Católico

¿San Pedro patovica?

En la terminología argentina de las discotecas -antros de alcoholismo, proxenetismo y drogadicción- los que eligen quién entra y quién no, jóvenes musculosos y violentos, se denominan «patovicas».

La curiosidad papal del día: Jorge Bergoglio, en su juventud, fue portero de discoteca. “Patovica”, según el término en uso actualmente en la Argentina.

¿Qué es un “patovica”? Un joven musculoso que decide quién entra al lugar y quién no. Si alguno insiste después de la inapelable sentencia del patovica, lo sacan del lugar ejerciendo la violencia necesaria, que puede ir de los empujones a la trompeadura.

Ciertamente, el Rey de la parábola que convidó a todos a las bodas de su Hijo estuvo bien atento al modo de vestir de sus invitados. Y a quien se presentó sin vestido de fiesta, lo hizo arrojar (¿por los patovicas?) a las tinieblas exteriores, donde hay llanto y rechinar de dientes.

También se solazó el Papa Francisco en comparar el trabajo del patovica con la función de San Pedro, que tiene las llaves del reino de los cielos. Y por mandato divino, desatará o atará en la tierra los pecados de las almas, y el Cielo respetará esta decisión. En términos actuales, discriminación pura y dura.

Me vienen a la mente ciertos comentarios sobre los neopelagianos, empeñados en “poner fronteras” a los fieles en la Iglesia. En controlar quienes pueden acceder y quienes no. Y no veo demasiada diferencia con esta función de patovica que el papa dice ahora con orgullo haber ejercido. ¿Será un neopelagiano arrepentido? En tal caso, ¿por qué este recuerdo festivo de una época tan oscura?

El patovica decide quién entra y quién no a un lugar de perdición, como son estos antros llamados “discotecas”, según sea suficientemente blanco de piel y vista a la moda. El Rey de la parábola hace echar del salón de las bodas a quien no viste conforme a la ocasión. Huelga decir que el vestido nupcial es la pureza de vida, que abre la puerta del Reino de los Cielos. Y San Pedro, digámoslo sencillamente, ejerce la portería para rechazar a los pecadores que no se han arrepentido y aún así pretenden ser bienvenidos en el lugar donde solo pueden estar los limpios de corazón.

Se me ocurren dos conclusiones: portero de los cielos y patovica de discoteca no son funciones comparables más que en burdos aspectos materiales. El primero recibió de Cristo la custodia de la pureza de costumbres y fe que permite a los hombres alcanzar la salvación. El segundo es un seleccionador de clientes según los criterios que le marca un empresario, generalmente relacionado con la difusión del alcoholismo, el proxenetismo y la droga.  Mala comparación.

Otro motivo de reflexión: ¿por qué los «neopelagianos», que creemos necesario señalar, conforme el mandato de la Iglesia, cuál es el vestido nupcial apto para ingresar a las bodas del hijo del Rey somos denostados por quien se enorgullece de haber “discriminado” a las personas por su color de piel, su fealdad o su ropa fuera de la moda?

Estoy perplejo.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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