Panorama Católico

Santos Marco y Cirilo, mártires

  La Iglesia oriental conmemora en este día a San Marco, obispo de Aretusa en el Monte Líbano. Baronio, en el Martirologio Romano, substituyó a San Cirilo de Heliópolis, excluyendo a Marco como a un maestro de dudosa ortodoxia. La confesión de fe de San Marco es en sí misma intachable, pero entre los anatemas que le siguen hay un pasaje ambiguo que puede fácilmente entenderse en sentido herético. Probablemente se debe a que ha sido incorrectamente transmitido y los bolandistas han vindicado la ortodoxia del obispo. De todas maneras, los encomios que le tributan San Gregorio Nazianceno, Teodoreto y Sozomeno al relatar sus sufrimientos, nos hacen concluir que aun cuando se hubiese manchado en algún tiempo con el semiarrianismo, se adhirió en seguida a la estricta ortodoxia y expió completamente cualquier anterior vacilación.

Marco

SANTOS MARCO y  CIRILO, Mártires   (365)

  La Iglesia oriental conmemora en este día a San Marco, obispo de Aretusa en el Monte Líbano. Baronio, en el Martirologio Romano, substituyó a San Cirilo de Heliópolis, excluyendo a Marco como a un maestro de dudosa ortodoxia. La confesión de fe de San Marco es en sí misma intachable, pero entre los anatemas que le siguen hay un pasaje ambiguo que puede fácilmente entenderse en sentido herético. Probablemente se debe a que ha sido incorrectamente transmitido y los bolandistas han vindicado la ortodoxia del obispo. De todas maneras, los encomios que le tributan San Gregorio Nazianceno, Teodoreto y Sozomeno al relatar sus sufrimientos, nos hacen concluir que aun cuando se hubiese manchado en algún tiempo con el semiarrianismo, se adhirió en seguida a la estricta ortodoxia y expió completamente cualquier anterior vacilación.
 
  Durante el reinado del emperador Constantino, Marco de Aretusa demolió un templo pagano y construyó una iglesia, convirtiendo a muchos a la fe cristiana. Al hacer esto, se granjeó el resentimiento de la población pagana, que, sin embargo, no pudo vengarse mientras el emperador fuera cristiano. Su oportunidad llegó cuando Juliano el Apóstata ocupó el trono y proclamó que todos aquellos que hubieran destruido templos paganos deberían reconstruirlos o pagar una fuerte multa. Marco, que no podía ni quería obedecer, huyó de la furia de sus enemigos, pero enterándose de que algunos de sus fieles habían sido aprehendidos, regresó y se entregó. 
El anciano fue arrastrado por los cabellos a lo largo de las calles, desnudado, azotado, arrojado en una sentina de la ciudad y después entregado al arbitrio de jóvenes escolares para que lo punzaran y desollaran con agudos estiletes. Ataron sus piernas con correas tan apretadas, que le cortaron la carne hasta el hueso, y le arrancaron las orejas con pequeños cordeles. Finalmente, lo untaron de miel y encerrándolo en una especie de jaula, lo suspendieron en alto al medio día, bajo los ardientes rayos del sol de verano, para que fuera presa de las avispas y moscones. Conservó tanta calma en medio de sus sufrimientos, que se mofó de sus verdugos por haberlo elevado más cerca del cielo, mientras ellos se arrastraban sobre la tierra. A la larga, la furia del pueblo se tornó en admiración y lo dejaron en libertad, en tanto que el gobernador acudía a Juliano para recabar su perdón. Eventualmente,el emperador lo concedió, diciendo que no era su deseo dar mártires a los cristianos. Aún el retórico pagano, Libanio, parece haberse dado cuenta de que la crueldad que provocó tal heroísmo solamente fortaleció la causa cristiana, imploró a los perseguidores que desistieran en su persecución. Nos cuenta el historiador Sócrates que la población de Aretusa quedó tan impresionada con la fortaleza del obispo, que muchos pidieron ser instruidos en una religión capaz de inspirar tal firmeza, y que muchos de ellos abrazaron el cristianismo. Así, Marco fue dejado en paz hasta el fin de su vida y murió durante el reinado de Joviano o el de Valente. 
San Cirilo fue diácono de Heliópolis, ciudad cercana al Líbano. Durante el reinado de Constancio, destruyó muchos ídolos y se mereció el odio de la población pagana. Al advenimiento de Juliano, los paganos se lanzaron contra él y le dieron muerte, desgarrándole el vientre y, según se cuenta, devorándole el hígado.
 
  Ver el Acta Sanctorum, marzo, vol. III, y Delehaye, Synax. Constant., pp. 565-568.
Comentario: Tres hechos admiran en esta historia. El primero, la falta de voluntad de los santos mártires de establecer un diálogo con la “diversas culturas”. Los cultos paganos eran demoníacos y como tales debías ser tratados. (Digo cultos y no los seguidores). Por eso, como nuestro heroico Hernán Cortés y tantos otros, cuando pudieron, pusieron la piqueta o los cañones contra los templos y los ídolos.

El segundo hecho sorprendente: los mismos paganos que en el furor de su venganza llegaban a practicar tales crueldades, al ver la paciencia y espíritu de perdón de sus víctimas (bien diferente del celo que habían mostrado contra las falsas creencias y los ídolos) se convertían… El hombre moderno no parece capaz de cometer tan prolijas crueldades públicamente, pero también parece mucho más reacio a la conversión. 

Finalmente, el celo por la integridad de la doctrina de quienes debían llevar las causas de beatificación: alguna vez Marcos pudo haber favorecido alguna forma de semiarrianismo. Por lo tanto, no se lo promovió a los altares hasta que fue reivindicado de su falta por la autoridad de grandes santos.

Se ve que la ortodoxia de la doctrina hace a la santidad… aunque el martirio borre toda culpa. El santo es ejemplo de los fieles. Mal ejemplo podría dar uno que fue flojo ante la herejía.


Martirologio Romano del 29 de marzo

1*. En Nápoles, de la Campania, conmemoración de san Eustasio, obispo
(s. III).

2. Conmemoración de san Marcos, obispo de Aretusa, en Siria, que durante>
la controversia arriana no se desvió lo más mínimo de la fe ortodoxa y, bajo
el emperador Juliano el Apóstata, fue perseguido. San Gregorio Nacianceno lo
saludó como varón eximio y santísimo anciano (364).

3. Conmemoración de los santos Armogastes, Arquinimo y Saturno, mártires,
que en África, en tiempo de la persecución desencadenada por los
vándalos bajo el rey arriano Genserico, sufrieron graves suplicios y oprobios
por la confesión de la verdad (c. 462).

4*. En el Monte Carmelo, en Palestina, beato Bertoldo, que, siendo militar,
fue admitido entre los hermanos que vivían vida religiosa en este monte,
y más adelante, elegido prior, encomendó la piadosa comunidad a la Madre
de Dios (c. 1188).

5*. En Poitiers, en Aquitania, san Guillermo Tempier, obispo, que, prudente
y firme, defendió contra los nobles la Iglesia a él encomendada, ofreciendo
en su persona un integérrimo ejemplo de vida (1197).

6*. En Wismar, de Holstein, en Alemania, san Ludolfo, obispo de Ratzeburg
y mártir, que por defender la libertad de la Iglesia fue arrojado a una
reducida cárcel por mandato del duque Alberto, donde quedó tan agotado
corporalmente que, al ser liberado de prisión, emigró hacia el Señor (1250).

7*. En Salisbury, en Inglaterra, conmemoración del beato Juan Ham-bley,
presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I, por ser sacerdote, se conformó a la pasión de Cristo subiendo al patíbulo en un día desconocido
de este mes, cercano a la Pascua del Señor (1587).

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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