Panorama Católico

¿Se extinguen los jesuitas?

Estos días se multiplican las noticias sobre la gravísima crisis que está viviendo la Compañía de Jesús. Sobre todo en el primer mundo en el que está en situación agónica. Las vocaciones, ciertas, en países como India, Vietnam o alguna nación africana no pueden compensar la enorme hemorragia occidental.

Estos días se multiplican las noticias sobre la gravísima crisis que está viviendo la Compañía de Jesús. Sobre todo en el primer mundo en el que está en situación agónica. Las vocaciones, ciertas, en países como India, Vietnam o alguna nación africana no pueden compensar la enorme hemorragia occidental. Así, desde 1966, en que alcanzó su techo, superando los 36.000 miembros, ha visto como año tras año disminuían sus efectivos perdiendo en la última cifra oficial, de enero de 2011, la barrera de 18.000. Se han dejado en el camino más del 50% de los jesuitas.

En la última quincena se han publicado cifras desoladoras. En Francia apenas quedan 400 jesuitas. Y lo verdaderamente grave es que el 50% de los mismos superan los 75 años. En el curso 2011-2012 fallecieron treinta jesuitas franceses y entraron tres novicios. Que no perseverarán todos. Y hasta es posible que ninguno. Con esas cifras de edad los próximos diez años van a resultar trágicos. Los jesuitas franceses apenas superarán los 100 y en su mayoría serán ancianos. Incapaces los más de todo ministerio.

La situación en España no es tan crítica pero también muy preocupante. En estos momentos debe haber 1.300 jesuitas españoles con una media de edad algo inferior a la francesa pero también muy alta. Acabamos de leer los fallecimientos en la provincia Bética de los últimos seis años. Cuarenta y dos. Pero es que en 2011-2012, y éste último año no ha concluido, fallecieron 21. Y es normal que, incrementándose cada año la media de edad, las cifras de muertos se superen cada año. El número de novicios que ingresan en la Compañía española es algo superior al de los franceses. Pero no deben superar la decena. Y no todos ellos llegan a ordenarse. No hay por tanto la menor posibilidad de relevo generacional. Con lo que fueron los jesuitas en España y Francia, esa situación es crítica no sólo para la Compañía sino también para la Iglesia. Aunque en el momento actual no sean ya ni sombra de lo que fueron.

Se ha publicado también un artículo sobre la situación en Gran Bretaña. Donde la Compañía tan perseguida fue. A comienzos de la década de los sesenta del siglo pasado, el momento áureo de los hijos de San Ignacio, los jesuitas británicos eran 1.000. Hoy son 200. Los no ancianos apenas serán 100. Si llegan. Y con no ancianos no queremos decir jóvenes. Negrísimo mañana a no largo plazo.

Una Compañía de Jesús en descenso imparable y con la mayoría de sus miembros alejados ya de una plena actividad apostólica y no pocos de ninguna tiene un efecto trágico sobre el ingreso de relevos generacionales. Ni recogen vocaciones ni atraen a la juventud. Es muy raro el joven cuya vocación sea ingresar en una comunidad de ancianos. Sin el menor atractivo. O escasísimo. Tampoco la contestación es un reclamo atrayente. Entregarse a la Iglesia para dinamitarla no parece demasiado ilusionante para quien siente la llamada de Cristo. Y la pura dedicación a tareas sociales, que ciertamente pueden llamar a la generosidad de la juventud, pueden encontrarla en mil sitios que no requieran castidad ni compromiso de por vida. Para hacer política o promoción social no es necesario hacerse religioso. Aunque uno acuda a ello por motivaciones religiosas.

Los jesuitas se encuentran hoy con lo que se han buscado a conciencia en los tres últimos generalatos. No hay por tanto de qué extrañarse. Arrupe tenía buenísima voluntad y amor a la Compañía y a la Iglesia. Pero en mi opinión era un visionario de sus propias ilusiones. Kolvenbach se daba cuenta del desastre que estaba viniendo pero no tenía arrestos para detenerlo y optó por lo más cómodo: retirarse. Creo que hizo lo que pudo pero podía poquito. Me temo que al actual lo que le gusta es lo que lleva a la Compañía a la muerte. Me parece sin ninguna duda el peor de los tres. Arrupe abrió el camino soñando otra cosa, Kolvenbach le siguió a disgusto intentando relantizar la marcha y Nicolás va feliz sin frenos.

Publicado en La Gaceta de España

Visto en La Cigüeña

 

Comentario Druídico: Puede parecer malicioso, pero no lo es. Si la esperanza de la Compañía son la vocaciones que vienend e Africa o Asia, según las educan, mejor que se extingan.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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