Panorama Católico

Se necesita una institución con autoridad en música sacra

El
director del Instituto Pontificio de Música Sacra (PIMS), monseñor
Valentín Miserachs Grau, lamentó que la ausencia de una oficina
pontificia específica con perfil de autoridad sobre la música sacra
haya llevado a la proliferación de cierta anarquía en este campo. El
PIMS es un cuerpo académico y científico que fue creado por la Sede Apostólica en 1911.

El
director del Instituto Pontificio de Música Sacra (PIMS), monseñor
Valentín Miserachs Grau, lamentó que la ausencia de una oficina
pontificia específica con perfil de autoridad sobre la música sacra
haya llevado a la proliferación de cierta anarquía en este campo. El
PIMS es un cuerpo académico y científico que fue creado por la Sede Apostólica en 1911.

Monseñor
Miserachs ya se había referido a esta anarquía en una intervención que
tuvo en el Congreso realizado con motivo de los 80 años de la fundación
del instituto diocesano de música sacra de Trento, gran parte de la
cual fue publicada oportunamente en “L’Osservatore Romano”.

En esa ocasión monseñor Miserachs afirmó que “en ninguno de los ámbitos tocados por el Concilio Vaticano II –y son prácticamente todos-, se produjeron mayores desviaciones que en el de la música sacra”.

“Jamás
he perdido ocasión de denunciar una situación de degradación evidente
en el campo de la música litúrgica, y no sólo en Italia”, reconoció.

“¡Qué lejos estamos -lamentó- del verdadero espíritu de la música sacra, esto es, de la verdadera música litúrgica!”.

El
presidente del PIMS reconoce la “dignidad y calidad de algunas
composiciones de músicos locales y extranjeros, y el esfuerzo, en
absoluto fácil, de dotar a nuestras liturgias de un digno repertorio
musical”, pero cuestiona “¿cómo podemos soportar que una oleada de
profanidades inconsistentes, petulantes y ridículas hayan adquirido con
tanta facilidad carta de ciudadanía en nuestras celebraciones?”.

Según
su opinión, es un gran error pensar que la gente “deba encontrar en el
templo las mismas necedades que se le propinan fuera”, pues “la
liturgia debe educar al pueblo –incluidos jóvenes y niños— en todo, también en la música”.

La
realidad es que “mucha música que se escribe hoy, o se pone en
circulación, ignora no digo la gramática, sino hasta el abecedario del
arte musical”.

Monseñor Miserach
denuncia que “sobre la base de una ignorancia general, especialmente en
ciertas sectores del clero”, los medios de comunicación actúan como
altavoz “de ciertos productos que, carentes de las características
indispensables de la música sacra (santidad, arte verdadero,
universalidad), nunca podrán procurar un auténtico bien a la Iglesia”.

Por eso -dice- “se impone actualmente una enérgica ‘reforma’ en el sentido de una radical ‘conversión’ hacia la norma de la Iglesia;
y tal ‘norma’ tiene como punto cardinal el canto gregoriano, ya sea en
sí mismo o como principio inspirador de buena música litúrgica”. “Nova
et vetera” -resume-: “el tesoro de la tradición y las cosas nuevas, pero enraizadas en la tradición”.

Citando a monseñor Miserachs, “L’Osservatore Romano”, como voz oficiosa de la Santa Sede,
decía que, “tras el Concilio Vaticano II, la ausencia de directivas
vinculantes sobre la música sacra llevó a un abajamiento gradual del
nivel artístico de los cantos litúrgicos”.

Quienes en este ámbito “están llamados a elegir tuvieron que trabajar autónomamente y con frecuencia sin competencia -prosigue-, perdiendo
en muchos casos el contacto con la tradición y sobre todo con el
principio inspirador representado por el canto gregoriano”.

Éste -reiteró monseñor Miserachs- no
debe quedarse en el ámbito académico, concertístico o discográfico, “no
se debe momificar”, sino que “debe volver a ser canto vivo, también de
la asamblea, que en él encontrará el sosiego de las más profundas
tensiones espirituales, y se sentirá verdaderamente pueblo de Dios”.

Visto este panorama, son muchos los que se dirigen al PIMS –confirma su director— como
si se tratara de un órgano con facultades normativas en materia de
música sacra, mientras que no es sino “una institución académica que
tiene como misión la enseñanza –y naturalmente la práctica— de la música sacra”.

“A mi juicio -sugiere monseñor Miserach- sería oportuna la institución de una oficina dotada de autoridad en materia de música sacra”.

“No es que sólo eso pueda bastar para resolver radicalmente el problema -admite-, pero
me parece que mientras no se disponga de tal instrumento la acción de
unos pocos, ya sean diócesis o territorios enteros, queda aislada, como
si se tratara de una iniciativa privada”.

Esta sugerencia -concluye- no
está vinculada con el rito de Pío V. Volvemos sencillamente al Concilio
Vaticano II para constatar que la voluntad de los padres conciliares
exigía para el nuevo rito de Pablo VI que no hubiera que desviarse
jamás de esta vía”.

Fuente: Aica

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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