Panorama Católico

Secuestro y prisión de los pastorcitos de Fátima

En el Portugal de 1910, una revolución derrocó a la monarquía e instaló en Lisboa un gobierno libertario. Entre sus primeros objetivos, como marca su ‘liturgia’ sempiterna, figuró el combate a la Religión -a la Católica, claro-. La saña pesecutoria contra la Iglesia había llegado al grado prohibir cualquier acto de culto fuera de los templos, se había prohibido el uso de sotanas y hábitos religiosos, ni que hablar de las procesiones públicas, e incluso no se podían tocar las campanas; por eso, sus capitostes no podían permitir el crecimiento de la ola de fe y piedad popular que despertaron las apariciones en Fátima.

Escribe Carlos Stuart
Corresponsal de Panorama Católico

En el Portugal de 1910, una revolución derrocó a la monarquía e instaló en Lisboa un gobierno libertario. Entre sus primeros objetivos, como marca su ‘liturgia’ sempiterna, figuró el combate a la Religión -a la Católica, claro-. La saña pesecutoria contra la Iglesia había llegado al grado prohibir cualquier acto de culto fuera de los templos, se había prohibido el uso de sotanas y hábitos religiosos, ni que hablar de las procesiones públicas, e incluso no se podían tocar las campanas; por eso, sus capitostes no podían permitir el crecimiento de la ola de fe y piedad popular que despertaron las apariciones en Fátima.

Escribe Carlos Stuart
Corresponsal de Panorama Católico

 Secuestro y prisión

15 de agosto de 1917 –  Vueltos los niños a Aljustrel, y reunida otra vez la familia Santos, ellos quisieron comprender la situación que todos habían vivido, y refiriéndose a la actitud del Administrador (el secuestro y prisión de los niños en la prisión común de Ourem)…

Mi padre dijo:

– …de lo que ellos tienen miedo es que sea una estratagema de los monárquicos para levantar al pueblo y llegar ellos otra vez a gobernar.

Mi madre respondió:

– Puede ser eso lo que ellos piensan y de lo que tienen miedo, y no es malo. Desde que ellos gobiernarn, ¡se ha encarecido todo tanto! Son los diezmos y contribuciones altísimas, que la gente casi no gana para pagar y es la guerra y más guerra, llevando a los jóvenes que allá van a morir por causa de ellos. ¡Siquiera nos dejasen seguir en paz nuestra vida cristiana! Pero, ¡que! ¡Andan por ahí predicando unas doctrinas nuevas para engañar al pueblo! ¡Que Dios nos socorra de tal gente!

Como podemos apreciar, ¡el zorro pierde el pelo, pero no las mañas!

En el Portugal de 1910, una revolución derrocó a la monarquía e instaló en Lisboa un gobierno libertario. Entre sus primeros objetivos, como marca su ‘liturgia’ sempiterna, figuró el combate a la Religión -a la Católica, claro-. La saña pesecutoria contra la Iglesia había llegado al grado prohibir cualquier acto de culto fuera de los templos, se había prohibido el uso de sotanas y hábitos religiosos, ni que hablar de las procesiones públicas, e incluso no se podían tocar las campanas; por eso, sus capitostes no podían permitir el crecimiento de la ola de fe y piedad popular que despertaron las apariciones en Fátima. Quien hubiera pensado, que a cincuenta años de tales prohibiciones, tantos eclesiásticos a lo largo del mundo hubieran abandonado espontáneamente tan sanos usos y costumbres, llegándose hoy en muchos lugares a no tocar las campanas ‘para no molestar a los vecinos’.

 La prensa católica guardaba silencio sobre las apariciones, y la del bando liberal había comenzado con sus clásicas ironías, lo que dio aún más difusión a los sucesos de Fátima. Además, las buenas tres a cinco mil personas que asistieron a la Cova da Iria para la aparición de julio, dieron difusión a la promesa del milagro anunciado por Nuestra Señora para octubre. Por eso la prensa oficial lisboeta motorizó a los poderes en la región,

Las autoridades, ciertamente, han escuchado sobre estos hechos, y si aún no saben nada más sobre ellos, nuestra información puede servirles como un grito de alarma.’
 
Con esto, el Latoeiro (hojalatero) se puso en marcha. Arturo de Oliveira Santos, conocido con ese apodo por su oficio, hombre mezclado con las sectas y presidente del partido democrático, era el Administrador del ‘Conselho’ de Villa Nova de Ourtem, especie de delegado para el gobierno municipal de los poblados de la comarca.

Era el Hojalatero un joven muy impulsivo, profundamente sectario y anticlerical,  quien había impuesto a sus hijos nombres tan estrafalarios como Democracia, República, etc., mientras que su esposa debió bautizarlos en secreto.

Con la tonta pretensión de que alejando de Fátima a los niños podría quebrar la voluntad del Cielo, ‘el Administrador’, complicando inocentemente a un sacerdote de la zona a quien invitó a subir a su calesa, llega a Aljustrel, aprecia la situación, gasta tiempo en interrogatorios fútiles y sobre el mediodía invita a los niños a llevarlos al lugar de las apariciones para poder llegar a horario,  pues los caminos, atestados de gente a pié y en todos los vehículos imaginables, hacían casi imposible aproximarse. Pero saliendo un poco del caserío, en lugar de dirigirse a la Cova, tuerce hacia la villa de Ourem. La decisión de este valeroso paladín de la libertad fue rápida: o enfrentaba a las dieciocho mil personas que pacíficamente y cantando himnos y rezando a Nuestra Señora se acercaban a la Cova o secuestraba a los niños. Lucía advierte la maniobra y lo increpa, pero él la reprende y los cubre con una lona. Llegados a Ourem, los lleva a su casa y luego a la sede del ‘Conselho’, pero en vista de que no logra que los niños le digan ‘el secreto’, y luego de amenazarlos con ‘hervirlos’ en un caldero con aceite hirviendo, los pasa a la prisión comun del distrito.(17) Todo ello -claro- en nombre de la Libertad y la Democracia; recordemos que entonces Lucía, Francisco y Jacinta tenían 10, 9 y 7 años.

¡General manifestación de cólera en la multitud! Se habla de ir todos juntos a la ciudad a pedir cuentas al desvergozado "administrador". Felizmente para él, otro objeto viene a llamar la atención general. Los miles de personas allí reunidas oyen como un formidable trueno que sacude el suelo, y observan un relámpago que rasga la atmósfera.
 
El relato lo ocurrido ese día 13 de agosto de 1917, que debió ser el de la IV Aparición de Nuestra Señora, y de los signos atomosféricos que todos los presentes pudieron presenciar, -una nube muy blanca que se posó en la encina, el cambio de color en la atmósfera  y una especie de lluvia de pétalos blancos que se deshacían al llegar al suelo-, puede encontrarse en la mayoría de la literatura seria de Fátima, o como todas la citas de estas lineas, también  en la obra crítica monumental del Hno. Michel de la Sainte Trinité, Toute la Vérité sur Fatima, 1er. tomo, del que existe edición inglesa y una traducción castellana que aún no encontró imprenta.

Cerramos estas líneas con una cita del título ‘Retrato de Francisco’, de la Cuarta Memoria de la Hna. Lucía:

En la prisión mostróse muy animado, y procuraba animar a Jacinta en las horas de mayor tristeza.
Cuando rezabamos el Rosario en la prisión, él vió que uno de los presos estaba puesto de rodillas con la boina en la cabeza.  Se fue junto a él y le dijo:
-Señor, si quiere rezar, haga el favor de quitarse la boina.
Y el pobre hombre sin más se la entrega, y él la pone encima de su caperuza sobre un banco.
Mientras interrogaban a Jacinta, él me decía con inmensa paz y alegría:
-Si nos matan como dicen, dentro de poco tiempo estaremos en el cielo. Pero, ¡que bien! No me importa nada.
Y pasando un momento de silencio, decía:
– Dios quiera que Jacinta no tenga miedo. Voy a rezar un Avemaría por ella.

Debemos agregar que Nuestra Señora no asistió a la Cova da Iria ese 13 de agosto de 1917, pero se apareció luego a Lucía, Francisco y Jacinta el 19 de agosto en una zona cercana llamada Valinhos. Los relatos de primera mano, como siempre, en las Memorias de la Hermana Lucía.

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros

 
 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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