Panorama Católico

Semana Santa

Es la Semana Mayor de la Iglesia, en la que se celebran los misterios de la Redención: de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre; el Esperado de los judíos y luz de los gentiles.

Escribe Marcelo González

Es la Semana Mayor de la Iglesia, en la que se celebran los misterios de la Redención: de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre; el Esperado de los judíos y luz de los gentiles.

Escribe Marcelo González

En esta segunda semana de Pasión, que concluye con la recordación del triunfo de Nuestro Señor sobre la muerte y el pecado, y la apertura de los cielos a los justos, no queremos focalizar este comentario sobre la horizontal de los temas de actualidad sino en la vertical de la Sagrada Liturgia.

Que no se nos convierta en la Semana del Turismo aquella que ha sido siempre en nuestros pueblos católicos la Semana Mayor, la celebración de la fiesta más solemne de la Iglesia.

Cesó la Sinagoga y se instituyó la Iglesia, perfeccionando la voluntad divina de darnos un Salvador -hipostáticamente unido a la naturaleza humana- y de hacerlo nacer por obra y gracia del Espíritu Santo de una Madre humana agraciada de tales priviliegios que la llamarán bienventurada todas la generaciones. La rebelión angélica, el “non serviam” satánico tuvo su origen en la revelación de este designio previsto por Dios desde toda la eternidad.

O felix culpa, canta la liturgia con San Agustín. Culpa feliz que nos ha merecido tal Salvador. “¡Oh Dios!, que admirablemente creaste el mundo y más admirablemente lo redimiste…”, dice la misa dominical…

Toda la primera Semana de Pasión la Iglesia recuerda el misterio de Cristo, el Dios humanado, el misterio teándrico. Lo contempla y lo adora. Y esta disposición –reflejada en la liturgia- se acrecienta en la segunda semana de Pasión, la Semana Santa. En el período se leen las cuatro pasiones de los Evangelios y las profecías cuyo cumplimiento los judíos se niegan a aceptar.

Las imágenes sagradas están veladas por paños morados desde el Primer Domingo de Pasión, recordando que antes de la Redención nos estaba vedada la entrada al Cielo.

El Jueves Santo, allí donde hay sedes pontificias, por la mañana se celebra la Santa Misa Crismal, donde se bendicen y consagran el Santo Crisma y los Sagrados oleos, que servirán para introducir a los bautizados al seno de la Iglesia no solo redimidos del pecado original, sino purificados de toda acción diabólica por los ritos de exorsimos. Se usarán también para consagrar las manos de los sacedotes, dar la plenitud sacerdotal a los obispos (en otros tiempos, coronar a los reyes) y socorrer a los moribundos en su pascua a la eternidad, por medio del sacramento de la Unción de los Enfermos.

Por la tarde se recuerda la institución de Sagrada Eucaristía (Misa In Coena Domini). Institución del Sacerdocio ministerial, hoy tan rebajado y de la Sagrada Eucaristía, suprema donación de Jesucristo al hombre después de su vida, renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz. Se celebra con himnos la caridad y el gesto del Lavatorio de Pies lo patentiza. Luego, en procesión se lleva el Santísimo Sacamento al Monumento donde, si la piedad de los fieles lo permite, será adorado toda la noche. Se han denudado los altares. Comienza la pasión propiamente dicha.

El Viernes Santo, se ha practicado el ejercicio penitencial del Santo Vía Crucis, que en sus catorce estaciones señala los momentos más sublimes del camino de la Cruz. La liturgia solemne es extraña. Es el único día del año en que no se celebra misa porque el Cristo yace en la sepultura. Lectura y adoraciones nos recuerdan la historia de la Salvación. Se descubre y adora la Santa Cruz. Nuevas remniscencias de la lengua griega: "Hagios o Theos, Hagios ischyrós, Hagios athanatos, eleison himás" en medio de los improperios o acusasiones que Dios hace a la infidelidad de su pueblo. Se reza por todos: católicos, cismáticos, herejes, judíos, paganos, en una sucesión de oraciones que rememora somos muchos quienes rezamos al mismo Dios verdadero, pero no todos. Y que la Iglesia llama a todos los descarriados a volver a su seno, aunque solo respondan muchos.

Más tarde se predican sermones de Soledad sobre los dolores y la función Corredentora de la Santísima Vigen. “Stabat mater dolorosa…”: canta el centenario himno de Jacopone da Todi, magistralmente traducido por Lope de Vega.

Varios de estos días suele celebrarse el Oficio de Tinieblas, tremenda dramatización de la humanidad sumida en el pecado y clamor por la llegada de la redención.

El Sábado Santo es una espera penitencial, pero ansiosa y hasta festiva, porque a diferencia de los Apóstoles, no confirmados en la Fe por el Espíritu Santo en aquel Sabado Santo, nosotros no tenemos dudas sobre la Resurrección gloriosa. Al menos no deberíamos tenerlas. Porque si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra Fe.

Por la noche se bendice el fuego en medio de las tinieblas, en el atrio del templo; luego, de ese fuego se enciende el cirio pascual (imagen de Cristo), al cual cirio se adosan -mientras se rezan bellas oraciones- las cuatro llagas en forma de Cruz. La procesión de clero y fieles ingresa al templo iluminándolo con la luz de Cristo (Lumen Christi … Deo gratias). Primera parte de las Letanías de los Santos. Se bendice el agua bautismal, que se asperja a los cuatro rumbos del Universo, se renuevan las promesas de Santo Bautismo. Luego del canto de la segunda parte de las letanías de los Santos, comienza la Misa en la que se canta el gloria a la hora de la Resurrección, momento cuando se descubren la imágenes. Misa particularmente solemne y bella.

El domingo de Pascua se celebra la misa del día, con su bella secuencia Victimae paschali laudes, dramatización del momento en que las Santa Mujeres van a venerar el Santo Sepulcro ya vacío: de esta pieza litúrgica nació el teatro medieval y moderno.

Queridos amigos, si no asisten a esta bendita liturgia están desperdiciando los días más santos de año. Si no la tienen, alguien los está privando las riquezas que la Iglesia pone a disposición de todos. O ustedes no la han sabido ir a buscar. Si van a ceremonias que no se parecen en nada a lo descripto, son Uds. (voluntaria o involuntariamente) víctimas de una estafa litúrgica.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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