Panorama Católico

Señores, esto es un pasquín…

Como católicos tradicionales estamos destinados al fracaso. Por la dinámica de nuestra obtusa constitución intelectual, por nuestra invencible discapacidad positiva, y porque somos unos estúpidos.

Escribe el editor y responsable

A veces una frase vale más que mil imágenes. Ha dicho un anónimo comentarista de nuestra web que Panorama es un “pasquín”.

Como católicos tradicionales estamos destinados al fracaso. Por la dinámica de nuestra obtusa constitución intelectual, por nuestra invencible discapacidad positiva, y porque somos unos estúpidos.

Escribe el editor y responsable

A veces una frase vale más que mil imágenes. Ha dicho un anónimo comentarista de nuestra web que Panorama es un “pasquín”.

No se tenga por agravio o invectiva injuriosa. Es una frase para reflexionar que explica muchas cosas de otro modo inexplicables.

Fíjense: tiene razón. Esto tiene que ser un pasquín. Si no lo fuera habría llamado ya la atención de alguna autoridad eclesiástica. Sus excelencias, atentos a la ley suprema de la Iglesia, que es la salvación de las almas no podrían haber callado alguna censura contra los dichos de esta web de no haber considerado que el claro discernimiento de los católicos maduros que produce a raudales el Concilio Vaticano II jamás prestarán ni oído ni concebirán siquiera la más remota posibilidad de leer lo que aquí se escribe. No es propio de gente que camina de la mano con Cristo hacia un mundo pleno de esperanza inmanente.

Los hermanos separados vendrían a mal puerto por leña si buscaran aquí prosélitos, entre gente vaga y malentretenida que hace del agravio un culto y usa el diálogo como felpudo del perro. Incorregibles antisemitas, qué, sino rechazo podemos producir entre hermanos mayores y primos de los mismos.

La intelectualidad, la cultura, el arte: ¡qué más ajeno a este espacio!

El sector lumpen no tiene acceso fácil a Internet, y cuando puede entrar prefiere páginas más carnales, con perdón del paro agropecuario.

Parece mentira: tiene que ser así. Esta web no puede ser leída por nadie, salvo una docena de energúmenos en todo el mundo.

Es increíble el poder que alcanza una palabra bien recortada, tallada casi con perfección de artífice verbal, en el momento justo y en la ocasión propicia. ¿Será una disposición interior más abierta, un cansancio de vivir en la negatividad, no se…? pero esa palabra me ha hecho mella: ¡pasquín!

Es casi un momento mágico. Es como revivir el lenguaje y darle mayor hondura semántica, (una actividad de rétores o de poyeiutas que creíamos definitivamente extinguida). La recreación de la cifra evocadora del ser.

El verbum vibra con nueva hondura: ¡pasquín! No pasquín de cuarta, ni pasquín de tal por cual. Ni tampoco –Dios nos libre- pasquín de m…, frase poco dichosa que alienta recuerdo de otras épocas cuando las palabras como balas preanunciaban un final casi siempre en desbandada, movido por ese motor primero de las claudicaciones que es el miedo, padre de los finales merdosos.

No. Ha dicho nítida, diamantinamente “pasquín”. ¡Vedla ahí, palabra fundida en titanio!

La ocasión es propicia para revisar lo actuado. A la luz de la indiferencia episcopal debidamente puntualizada ut supra, y motivados por cierta quizás insana pero también inevitable curiosidad de saber quien ha hecho 87.000 clicks para alentar nuestra autoestima en el mes de mayo (he observado el índice de mi mujer y no muestra señales de deterioro), casi no me quedan hipótesis serias.

1) los católicos maduros no leen pasquines y los obispos no condenan pasquines porque estos (los pasquines) no ponen en riesgo las almas, causa excluyente de sus desvelos.

2) Mi señora esposa no ha sido.

3) Solo queda empeñarse en dilucidar una conspiración sinárquica. ¿No es obvio? Siempre se precisa una opción dialéctica. Al alcance de un click, aprovechando una mente desencajada y paranoide, que más provechoso para el proyecto mundial que desde los kahales de las megalópolis decenas de iniciados hagan click en este pasquín. (Tal vez en otros, pero eso me excede).

El anónimo comentarista que profirió “pasquín” en el momento en que estábamos con la disposición espiritual para percibir el sentido de las cosas ha encontrado la fórmula transustanciatoria de esta apariencia y la ha puesto en el quicio recio y aceitado de la realidad. Lo suyo es tipeo en grado heroico.

Pero una duda me carcome: ¿qué entró a leer una mente privilegiada como la suya en esta sentina del prejuicio? ¿Es posible que adornado con tales virtudes sea capaz de ceder a la tentación pueril de la curiosidad o busque material para construir una intriga, o tal vez un nombre que le permita incriminar a algún subordinado o delatar a algún compañero? Un alma -incluso tan innoble como la nuestra- se resiste a pensar en tamañas bajezas. Aún las ratas podemos perfilar la estatura moral del católico correcto. La fuerza de la verdad nos obliga a confesar que no sería posible algo así. No. No.

Subsiste (como la Iglesia) una duda. Una paradoja. A esta altura, casi una parajoda…

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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