Panorama Católico

Sobre censuras y censurados

San Pío X llama al modernismo “secta”. Si recorremos el sentido histórico del término tan ligeramente usado en nuestros días descubrimos que la ramificación neomodernista de estos tiempos mantiene esa característica tan propia que definiera el Santo Pontífice

Escribe Marcelo González

San Pío X llama al modernismo “secta”. Si recorremos el sentido histórico del término tan ligeramente usado en nuestros días descubrimos que la ramificación neomodernista de estos tiempos mantiene esa característica tan propia que definiera el Santo Pontífice

Escribe Marcelo González

La misma raíz etimológica de “secta” (cernere) da sentidos como “secreto”, “discriminar” y hasta inclusive “separar”.

Quienes hemos vivido la mayor parte de nuestra vida perseguidos por la secta neomodernista la conocemos bien. Amplia, tolerante y libertaria en sus jactancias, ella se caracteriza precisamente por aquello que en su fantasiosa caricatura de la Iglesia le atribuyen a los “retrógrados medievales”: estrechez de mente y de actitudes, intolerante y perseguidora de todo lo que se interpone en sus designios.

No hay en estos sectarios grandeza, liberalidad o nobleza. Están llenos de dobleces, y en su corazón solo desean tender lazos y asechanzas.

Desde la adolescencia lo hemos vivido: cuando se nos echaba de las parroquias a empujones, se nos calumniaba por defender la doctrina tradicional de la Iglesia, y más aún se ejercía sobre nuestro entorno, amparados en la autoridad sacerdotal, una influencia corruptora en las almas, entre nuestros mayores y particularmente entre nuestros coetáneos.

Ellos nos percibían como sus “enemigos”, porque habiendo doblegado con cierta facilidad a los más viejos y a las generaciones intermedias, y naturalmente a los idolatrados “jóvenes”, esos “adolescentes” anclados con una firmeza incomprensible en la doctrina multisecular del Magisterio, briosos y combativos, eran una espina insufrible en zapato de su “peregrinación a los nuevos tiempos”.

Aquellos jóvenes resistentes se hicieron fuertes y cruzaron el desierto posconciliar en la más absoluta soledad, sino por el oasis ocasional de algún sacerdote, religioso o laico que les dio amparo espiritual e intelectual. Así se fue gestando el movimiento tradicionalista, que hoy suma millones de personas y es un punto de referencia insoslayable en la marcha de los asuntos de la Iglesia y aún también en el orden civil, aunque esto todavía no se vea plasmado.

Las cosas seguirán el curso que Dios tiene previsto, aunque tenemos la esperanza de que vendrá “un tiempo de paz”, quizás prolegómeno de la venida del Hombre de Iniquidad.

Si ha habido algo característico de este tiempo de oscura persecución “interna” en la Iglesia ha sido la férrea censura que hemos sufrido y aún hoy sufrimos. Y esa sensación de que los que nos persiguieron obraban con un fervor como si realmente le estuvieran haciendo un servicio a Dios, un Dios en el que no creían demasiado en algunos casos y en otros, asociaban con la obediencia ciega, especie de capa impermeable por la cual nunca se salpicarían de sospecha alguna de “tradicionalismo”. ¡Es inimaginable la crueldad que puede practicarse bajo esta perversa convicción!

A propósito de cierto consenso entre muchos de nuestros lectores de “censurar” las intervenciones de ciertos comentaristas ostensiblemente impregnados de tan mal espíritu como este que acabamos de describir, desde nuestra web preferimos dejarlos hablar. En definitiva no harán más que mostrarse como son, groseros con quienes les dan hospitalidad a sus opiniones, necios ante los argumentos más elementales, violentos e intolerantes con quienes amamos la Iglesia como ha sido siempre, triunfalistas porque su secta ha copado los puestos claves y ha contagiado un amplísimo sector de la jerarquía, incapaces de razonar con un mínimo de coherencia, faltos de grandeza, perseguidores de los débiles y engañadores de los simples, miserables sectarios en definitiva, voluntariamente apartados de la gracia de Dios.

No los vamos a censurar: ellos, hablando, se censuran a sí mismos…

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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