Panorama Católico

Sobre la conveniencia de que la FSSPX pida el levantamiento de las excomuniones

 

Es uno de los temas de polémica hoy en nuestra web y en muchos sitios virtuales y físicos.

Escribe Marcelo González

 

Es uno de los temas de polémica hoy en nuestra web y en muchos sitios virtuales y físicos.

Escribe Marcelo González

Veamos los hechos: Se ha anunciado y lanzado ya, al menos en Europa, la campaña de un millón de rosarios para que la Santísima Virgen conceda esta gracia. Para ser más exactos, tomamos las palabras textuales del sito informativo oficial de la FSSPX, Dici: Il (Mons. Fellay) a demandé un million de chapelets pour obtenir de Notre Dame la grâce du retrait du décret d’excommunication qui frappe de discrédit, à travers les évêques de la Fraternité Saint-Pie X, tous les prêtres et les fidèles attachés à la Tradition catholique.

Es decir “ha pedido un millón de coronas (5 misterios del rosario) para obtener de Nuestra Señora la gracia de la retiración del decreto de excomunión que desacredita, a través de los obispos de la Fraternidad San Pío X, a todos los sacerdotes y fieles unidos a la Tradición católica”.

La redacción es sutil. No se pide al Papa el levantamiento ni la anulación: se pide a la Virgen que la Santa Sede, motu proprio, retire esta sanción bajo los términos que quiera pero que no le habrán sido pedidos. ¿Qué dará la FSSPX a cambio? Un millón de rosarios… ¿Alguien puede oponerse a este trueque?

O los obispos de la Fraternidad tienen mucha fe, o hay algo ya acordado, es el primer pensamiento que viene a la mente del analista suspicaz. Por otra parte, bloggeros habitualmente bien informados dicen que el Papa ya ha decidido tal levantamiento, aunque no dicen qué ha pedido a cambio a la FSSPX.  Por lo que se ha visto en los últimos meses no logrará mucho más que oraciones.

Visiones cruzadas

Según gente que opina desde el tradicionalismo no lefebvrista y desde el conservadurismo que simpatiza aunque no apruebe, las actuales autoridades de la Fraternidad no siguen el espíritu de su fundador, el cual, dicen, habría pedido y aceptado ya hace mucho un acuerdo con Roma. El argumento más esgrimido es “Mons. Lefebvre pedía una lectura del Vaticano II acorde a la Tradición. Eso es lo que el Papa actual hace. Por otra parte se ha liberado la misa tradicional y por lo tanto, si acaso hubo, ya ha cesado el estado de necesidad que daría licitud moral a la transgresión del Derecho Canónico realizada en 1988”.

Desde otros parajes se oye también con frecuencia que la FSSPX está en cisma porque sigue la doctrina de su fundador antes que la de la Iglesia. Son “lefebvristas” antes que católicos…

Hay una curiosidad paradójica en estos dichos. Algunos consideran a los actuales directivos de la congregación tradicionalista demasiado lefebvristas. Y otros los acusan de haberse apartado del espíritu de su fundador. Ambos dan por consecuencia el mismo resultado: la negativa a pedir un acuerdo con la Santa Sede. Es decir, causas opuestas producirían el mismo efecto. No sé si esto es filosóficamente posible. Dejo la inquietud a los especialistas.

La interna lefebvrista

Desde el interior de la FSSPX se ven las cosas desde otra óptica. O bien, desde otras ópticas.

Nadie considera válidas la excomuniones, obviamente. En caso contrario no militarían en el tradicionalismo lefebvrista, a riesgo de poner en peligro la salvación de sus almas. Es decir, sigue en vigencia el argumento que ha sostenido moralmente las acciones de la congregación desde 1988 y desde antes aún: el estado de necesidad.

La discusión pasa por otro lado: ¿para qué pedir el levantamiento de unas excomuniones que son inválidas o nulas? ¿No va implícito en este pedido una aceptación de que tales sanciones canónicas son válidas y por lo tanto deben ser retiradas? ¡Hay que exigir la declaración de nulidad con pedido de disculpas por parte de Roma!

Sobre este ambiente se lanza el pedido del millón de chapelets. Los argumentos contra las objeciones anteriores que se oyen en los pasillos lefebvristas  suelen ser:

Las excomuniones son inválidas, pero son. Es decir, existen y gravan pesadamente el buen nombre de nuestro instituto religioso. No solo debemos ser, sino también parecer. El Papa ha concedido lo más, que era la misa, bien puede conceder lo menos, que es la retiración de una sanción canónica.

No va implícito ningún reconocimiento de validez, porque se pide a la Virgen la “retiración” por parte del Santo Padre, quien es la única autoridad en la tierra con potestad y jurisdicción para levantar, retirar, anular etc. una pena por un delito reservado a la Santa Sede. Más allá de si la pena ha sido justa o no.

Es disparatado pedir que Roma se disculpe. Roma nunca se disculpa (bueno, casi nunca). Roma es Roma, y si un papa mete la pata, otro enmienda el error, pero no da razones.

Es difícil saber si los casi 40 años de militancia en las catacumbas internas de la Iglesia han impreso en algunos un carácter que impida ver estas realidades. Ni bajo Benedicto XVI, ni bajo Benedicto XVII ni bajo Pío XIII los obispos de la FSSPX serán llamados a Roma a cruzar bajo el arco del triunfo.

Es cierto que el “estado de necesidad” subsiste, según el pensamiento lefebvrista, sin mayores cambios, salvo la liberación de la misa tradicional, un dato mayor, aunque aquí también se ha obstaculizado la puesta en práctica por la persecución de muchos obispos. Por el resto, la Santa Sede declara una continuidad doctrinal que no practica, en particular en materias como la llamada “libertad religiosa”, el ecumenismo y la colegialidad. El papa Benedicto tiende la mano a la FSSPX pero a su vez la tiende a los Neocatecumenales y a los rabinos. ¿Se puede ser parte de ese tumulto? Aun con buena voluntad, parece imposible en la práctica…

En cualquier caso, el problema doctrinal sigue en pie. El quiebre de la continuidad doctrinal es evidente en el llano. En el nivel episcopal también, y aún más arriba se juega en la línea de opiniones teológicas que sin caer en el relativismo parecen difíciles de conciliar con el Magisterio multisecular. Asimismo, el CVII sigue siendo el superdogma, pues casi no  hay documento que no lo ponga por fundamento, con una prescindencia prácticamente total del magisterio anterior.

En nuestra opinión, parece ser un bien el reconocimiento de que no hay motivos para que los obispos de la FSSPX estén excomulgados. Esto cambia la visión de las cosas, no solo hacia afuera, sino hacia adentro. Sería también auspicioso que se evitara sobreactuar para la interna. Esto ha conducido a ciertas situaciones enojosas por las que el Santo Padre ha reclamado con todo derecho un trato más respetuoso.

Lo cortés no quita lo valiente.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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