Panorama Católico

Sobre la frivolidad de una discusión

Sorprendido por la polémica que se produjo con motivo del permiso de Mons. Puiggari, Obispo de Mar del Plata, Argentina, para la celebración de la Misa Tridentina, queremos acercar algunas reflexiones desde un ángulo tradicionalista a este sitio católico.


Escribe Agustín Moreno Wester

Sorprendido por la polémica que se produjo con motivo del permiso de Mons. Puiggari, Obispo de Mar del Plata, Argentina, para la celebración de la Misa Tridentina, queremos acercar algunas reflexiones desde un ángulo tradicionalista a este sitio católico.


Escribe Agustín Moreno Wester

Una noticia tan modesta como el anuncio de un decreto “autorizando la misa tridentina” en una capilla de la Diócesis de Mar del Plata produjo un intenso debate entre los lectores del post. Sorprende.

Las posiciones se aglutinaron en dos principalmente: los que dieron la bienvenida y aquellos que cuestionaron la necesidad de otorgar el permiso, dado que el Motu Proprio Summorum Pontificum expresamente autoriza la celebración a los sacerdotes sin que deba mediar la autoridad del obispo.

La cuestión jurídica puede enredarse en este caso: no se trata de una iniciativa del párroco sino de los fieles. El sacerdote celebrante no pertenece a la parroquia.

Pero este no nos parece el punto medular de análisis. Nos inclinamos a pensar que es más bien este otro: la existencia de cierto estéril purismo jurídico exigido por algunos comentaristas cercanos a la FSSPX.

Aclaraciones pertinentes sobre mi postura

No dudo en afirmar que el Motu Proprio es producto de la lucha permanente por la liberación de la Misa Tridentina sostenida por la FSSPX durante varias décadas. También sostengo que aunque numéricamente pocos, el peso relativo de su presencia es importantísimo en la marcha de los asuntos de la Iglesia, porque constituyen la “voz de la consciencia” de los prelados que se escudan “en abusos de lenguaje y circiterismos [vaguedades] debidos a la falta de coraje de la teología neotérica [conciliar-neomodernista], que esconde las cosas que son detrás de las cosas que no son”. [Cfr. Romano Amerio, Stat Veritas, Glosas al Discurso en Paderborn, Glosa I]. Actitud bien típica del conservadurismo conciliar, hoy por hoy amparado en la ya célebre “hermenéutica de la continuidad”.

Por si el párrafo anterior pudiera parecer oscuro, invitamos a leer una encíclica del magisterio preconciliar y una del posconciliar. Preferiblemente sobre el mismo tema. Se podrá comprobar la claridad meridiana de una y la vaguedad desesperante y hasta contradictoria de la otra. El error típico del conservador posconciliar es el de buscar “el párrafo claro” y usarlo como piedra rosetta para la interpretación de los otros párrafos, oscuros, ambiguos y hasta, en muchos casos, claramente heterodoxos. En la melange de formulaciones, siempre hay algo de lo que asirse, y cerrar los ojos ante el resto.

Aclarado este mi punto de vista quisiera explicar ahora otra posición que los lectores que tengan la indulgencia de haber llegado hasta aquí podrán ver con cierta sorpresa. Y es esta: la actitud “purista” de algunos miembros así como allegados a la FSSPX respecto a las misas tridentinas que van brotando trabajosamente bajo el auspicio de la Summorum Pontificum nos parece incorrecta e incluso poco noble.

FSSPX y estado de necesidad

Como bien saben los juristas, el estado de necesidad, no deja alternativa. Cuando algo es necesario no hay opciones. No hay elección y por tanto no hay falta o culpa cuando se incumple materialmente la ley. Así pues, es el estado de necesidad y solo el estado de necesidad lo que legitima el comportamiento de la FSSPX y de los institutos religiosos que comparten su posición. Y este estado de necesidad siempre ha sido invocado para justificar el modo de proceder de Mons. Lefebvre y sus sucesores

Es bien sabido (o tal vez no, especialmente por los más jóvenes militantes de estos movimientos) como han ido surgiendo los prioratos y capillas. En galpones, sótanos, casas de familia o al aire libre. Sobre altares improvisados del mejor modo. Con coros muchas veces deficientes, que fueron de a poco aprendiendo el canto gregoriano y la liturgia. Los comienzos desde cero son inevitablemente así. A esto hay que sumarle la violenta persecución moral y material (ningún militante de la FSSPX tenía expectativa alguna de trabajar, por ejemplo, en colegios católicos, o si era tolerado, su futuro siempre estaba acotado a la vía muerta).

Por lo tanto sorprende que habiendo recorrido este camino, algunos militantes tradicionalistas e incluso alguno de sus propios sacerdotes adopte una actitud purista en materia litúrgica o legal a la hora de apreciar los esfuerzos que se realizan fuera de ella para el resurgimiento de la liturgia tradicional.

Sorprende que se sorprendan de los errores de los celebrantes y acólitos. De la escasez de paramentos litúrgicos o elementos de culto. ¿O acaso ignoran que quienes emprenden ahora este camino deben transitar por dificultades similares y en algunos aspectos mayores que las que han vivido ellos mismos?

Tampoco es válido ni en absoluto noble el argumento “nosotros fuimos los primeros”. Es una verdad histórica, sin duda. Pero “nosotros fuimos los primeros” fue por la gracia de Dios que -inmerecidamente por la parte humana- los puso misericordiosamente en la batalla y les dio la fuerza de la perseverancia. Los méritos personales quedan a salvo en los registros divinos.

¿Cabe, entonces, negar o devaluar los méritos de los que inician hoy su pelea por la restauración litúrgica o la han llevado por otros caminos hasta que se abrió esta puerta? ¿No se exponen quienes así proceden al reproche de los obreros contratados por el dueño de la viña en la hora primera, que al recibir su justa paga se resintieron de aquellos que llegaron más tarde porque se les recompensó con la misma suma? “”Amigo, yo no te hago agravio, ¿no te ajustaste conmigo en un denario? Toma pues lo que es tuyo, y vete; mas yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿Acaso no puedo yo hacer lo que quiero? ¿O ha de ser tu ojo malo porque yo soy bueno?… (Mt. 20, 13-16).

En mi modesto entender, no solo hay que dar la bienvenida a los que se acercan al rito tradicional. También hay que ponerse a disposición con toda la ayuda que se pueda prestar. Porque también ellos participan del “estado de necesidad” que justifica la obra de Mons. Lefebvre. Y es posible que la prudencia aconseje pedir permiso allí donde no sea legalmente adecuado, para lograr más pacíficamente aquello que apelando al nudo derecho lo haría inviable o más conflictivo.

Nuestro amor a la Misa Tridentina debe desbordar por encima de los límites de nuestra propia historia personal, poner en olvido los enfrentamientos del pasado y tener como meta solo la gloria de Dios.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
20/10/2009 a las 7:29 am

Es mentira!!!
Felipe León Pacheco

Lo que usted dice es una total mentira.

El sacerdote Lawrence Novak, amigo personal de algunos miembros de Una Voce en Torreón, lo único que presto de muy buena voluntad fue una casulla. Que por cierto, luego lo amonestaron… su superior.

El misal de 1962 es propiedad del Obispo.

Candelabros, sacras, manteles, velas, acolitos no formaron parte de la ayuda de la FSSPX.

Tampoco los misales, el coro, etc.. todo es parte de Una Voce México.

Un Cordial Saludo desde Torreón.



Anónimo
20/10/2009 a las 7:38 am

Por ultimo…
En las 2 misas en la catedral hubo muchisima gente, que no era predominante de la FSSPX.

Los tradicionalistas de la región no solo pertenecen a la FSSPX, sino también a dos grupos de sedevacantistas. La mayoria de los asistentes era gente de la misma Diócesis, de diversos movimientos como Adoración Nocturna, etc..

Y por último, los PP Cardozo y Fallarcuna No ayudaron, ni siquiera quisieron saber sobre dicha Misa.



    Anónimo
    29/12/2009 a las 4:31 pm

    SI NINGUNO DE LOS TRES SACERDOTES DEL…
    PRIORATO LOS AYUDO, ENTONCES QUIEN FUE??, SI ES POSIBLE QE ALGUIEN RESPONDA Y PLIS SIN MENTIRAS COMO SUELE SER COSTRUMBRE…



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