Panorama Católico

Sobre la Misa Tridentina o Misa Latina y el permiso para rezarla

«Por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, de que en el futuro sigan por completo este Misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todas las Iglesias sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie», dice San Pío V.

«Por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, de que en el futuro sigan por completo este Misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todas las Iglesias sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie», dice San Pío V.

La semana pasada comentamos ciertos episodios ocurridos en la Diócesis de Mendoza, Argentina en los cuales cuatro sacerdotes pertenecientes a ella quisieron impedir por la fuerza la celebración de una Misa Tridentina por parte del padre Ariel Damín. Un docto conocedor de estos temas, el Dr. Luis María Seligmann Serantes nos ilustra sobre la licitud del rezo de dicha forma del Rito Romano fundamentándose en la legislación eclesiástica vigente.

Señor Director:

La impactante noticia, proveniente de Mendoza, según la cual algunos sacerdotes de la Arquidiócesis cuyana habrían intentado impedir por medio de vías de hecho la celebración de la Santa Misa por parte de un sacerdote, un tal padre Ariel que, al parecer, habría ingresado recientemente a la Fraternidad San Pío X, ha renovado la cuestión de la legitimidad de la Misa tradicional. Pero sobre todo, parece intimidante una interpretación que, a raíz del episodio, realiza un sacerdote diocesano acaso participante en el hecho, el presbítero Buenanueva quien, a estar a los términos del relato de la agencia noticiosa, habría dicho: “El padre Ariel lo tiene prohibido. Pero además sólo se puede celebrar la misa actual, la de Paulo VI. La de San Pío V no está prohibida pero hay que pedir autorización al obispo”.

No parece oportuno ocuparse del problema de jurisdicción del señor obispo de San Luis, en cuya diócesis estaría incardinado el dicho padre Ariel y de quien provendría su "suspensión", pues no es asunto nuestro y que tampoco parece haber sido el argumento principal de los tenaces sacerdotes diocesanos. Pero el comentario relativo a la Misa de "de San Pío V" es extravagante y merece, sí, algunas aclaraciones necesarias.

No es cierto que sólo pueda celebrarse la "misa actual, la de Paulo VI", pues no existe ninguna norma jurídica de la Iglesia Universal que así lo establezca con carácter obligatorio, como se desprende de la «Institutio generalis … » del Misal nuevo ordenado por S. S. Paulo VI, en abril de 1969, y del hecho de que, como enseguida se verá, cualquier fiel pueda cumplir el precepto dominical asistiendo a cualquiera de las dos Misas, la de Paulo VI o la San Pío V. Desde luego, sí es cierto que la Misa "de San Pío V", que debe ser llamada con más precisión Misa Tradicional o Misa Latina, no está, ni estuvo, ni podrá jamás estar prohibida.

Sin embargo, no es exacto que para su celebración haya que pedir autorización al Obispo local; o mejor dicho, lo que no es exacto es que un sacerdote deba pedir permiso al ordinario del lugar para celebrarla, pues la Bula de San Pío V, que puso en vigor en 1570 el texto de la Misa latina Tradicional, contiene en su beneficio un privilegio, un indulto universal, perpetuo e inderogable y una excepción a cualquier derecho particular o general que existiese o pudiera existir, que permiten a cualquier sacerdote, en cualquier tiempo, su celebración sin otro requisito que su ordenación válida.

Dícese así en aquel documento: «por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, de que en el futuro sigan por completo este Misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todas las Iglesias sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie». Y remata deste modo: «Así pues, que absolutamente a ninguno de los hombres le sea licito quebrantar ni ir, por temeraria audacia, contra esta página de Nuestro permiso, estatuto, orden, mandato, precepto, concesión, indulto, declaración, voluntad, decreto y prohibición. Más si alguien se atreviere a atacar esto, sabrá que ha in currido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo». Y esto lo firmó con toda su autoridad Su Santidad San Pío V, papa. Desde luego, ningún otro lo ha derogado, pues la amenazas son verdaderamente temibles.

Esa Bula de San Pío V ponía en vigor el texto revisado de la Santa Misa, corrompida por varias circunstancias históricas que no vienen a cuento aquí, y puesta en serio peligro por la protestatización de media Europa reformada, pero aún así, de ninguna manera imponía su uso en forma obligatoria a quienes tuviesen para oponerle, a su vez, algún justo privilegio o un rito inmemorial, pues tal ha sido la costumbre jurídica en la Iglesia. Y todavía lo es, pues como expresa el código de derecho canónico vigente, una norma general no deroga los privilegios, excepciones, indultos ni derechos inmemoriales que pudieran existir, a menos que se lo haga expresamente. De manera que, como en el Misal de S. S. Paulo VI no se derogó el privilegio de San Pío V para el Misal tradicional, pues expresamente se omitía su mención, sigue vigente. Esto es congruo con la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, número 1125, donde se afirma que ni la Sede Apostólica puede cambiar la Sagrada Liturgia a su voluntad, de manera tal que, menos todavía, podría suprimirla.

Por lo tanto, el único problema resultaría de que no se celebrase en la diócesis alguna Misa tradicional, pues en tal caso, los fieles laicos deberían acudir a su obispo y solicitarla, como se establece en el "motu proprio" de S. S. Juan Pablo II llamado "Ecclesia Dei"; sin embargo, como han explicado distintas autoridades vaticanas y es de sentido común, la necesidad de contar con dicha particular autorización del ordinario, no se debe interpretar como la exigencia de solicitar un permiso o una autorización para asistir y oír la Misa Tradicional cuando ya la hubiere en el lugar, pues si por hipótesis con dicha asistencia se cumple total, lícita y regularmente con un precepto, no sería necesario pedir autorización, pues nadie necesita permiso para llevar a cabo lo que es un deber.

Todo lo cual confirma la exactitud de la interpretación que estamos dando, pues si fuese verdad que los sacerdotes estuvieran obligados a obtener una autorización para celebrar la Misa Tradicional, ‘a fortiori’ resultaría totalmente lógico que a los fieles se les exigiera otra para asistir a ella o, al menos, para cumplir así con el precepto lo que es igual, sería sensato que no pudiese cumplirse con el precepto ante la falta de autorización para asistir a la Misa tradicional; pero nadie podrá probar que existan una o la otra exigencias, y sí es fácil demostrar lo contrario. 

Por tanto, y lo repito, la regla general es que ningún fiel está obligado a pedir permiso para asistir a la Misa "tridentina" cuando la hubiere en el lugar, como también, que ningún sacerdote necesita permiso para celebrarla, pues no está exigido ni lo uno ni lo otro en ninguna norma jurídica de la Iglesia ni se infiere, directa ni indirectamente, de cualquier norma jurídica atinente; y tampoco está prohibida la celebración de dicha Misa, aunque sea preciso a los laicos recurrir al Obispo cuando no exista en la diócesis. Varios cardenales aceptan expresamente esta interpretación, como por ejemplo el ex Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y disciplina de los Sacramentos, el cardenal chileno José Medina Estévez, que ha dicho que existe perfecta libertad para los sacerdotes para su celebración y de los fieles para asistir cumpliendo el precepto; o el anciano cardenal Stickler. Si descontamos, por supuesto, al ex cardenal Joseph Ratzinger.

Por lo tanto, es interpretación obligada que la Bula de San Pío V "Qua Primum", que establece el texto definitivo de la Santa Misa tradicional, está vigente en todo lo que manda, privilegia e indulta, no siéndole preciso a ningún presbítero de la Iglesia Romana pedir permiso para su celebración, pues dicho privilegio a la vez que lo hace innecesario, de simultáneo le niega potestad a los ordinarios para impedirlo o siquiera autorizarlo, al haber resuelto la cuestión la autoridad soberana y suprema de la Iglesia. Los fieles no necesitan autorización de nadie para asistir a dichas Misas y pueden cumplir de esa forma con el precepto dominical, así mismo la celebren sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, como lo declaró en su día monseñor Camile Perl, Secretario de la susodicha Comisión Ecclesia Dei ante una consulta referida a la posibilidad de los laicos de asistir a dichas Misas para cumplir con el precepto. Pero, perdóneme la reiteración, solamente los laicos deben solicitarla a su Obispo si no existiere ninguna celebración de esa clase en sus diócesis. Y a eso se reduce la regulación del motu proprio "Ecclesia Dei" que S. S. Juan Pablo II dirigiera «a todos los fieles católicos» y no a los presbíteros, a los que pide más adelante de su extensa exposición, comprensión y aceptación de Su voluntad soberana, pues reconoce que la adhesión a la Misa Tradicional es «una justa aspiración» de la feligresía que ha sido inicuamente postergada. ¿Qué más hace falta … ?

Así que, en síntesis, el padre Buenvanueva está equivocado cuando dice que el sacerdote debió pedir permiso al Obispo para celebrar la Misa tradicional, por que no existe ninguna norma jurídica que disponga las cosas de semejante modo, ni tampoco está prohibida la celebración pública de la Misa "de San Pío V", ni de consiguiente la asistencia de los fieles, que por eso mismo pueden de esa manera cumplir con el precepto, aunque el celebrante pertenezca a la Fraternidad San Pío X, caso en el cual, obviamente, no tendría jamás permiso del ordinario del lugar para celebrar la Santa Misa.

En todo caso, la cuestión debe resolverse conforme al principio jurídico que dice que no causa injuria, que no comete ninguna falta, aquel que hace uso de un derecho propio. Si el Papa Juan Pablo II ha admitido que la Misa tradicional es una "justa aspiración" de los fieles que la anhelan, esto es: un derecho legítimo aunque insuficientemente garantizado, no puede seguirse jamás de ello que la celebración, la asistencia o el cumplimiento del precepto dominical según dicha forma tradicional, puedan ser objetados en nada.

Su Santidad (el verdadero, no el simpático oriental que anda de afiche en afiche usurpando títulos y honores ajenos a su moralina), el Papa Benedicto XVI, ha dejado en claro que la Misa Tradicional es totalmente legítima y que, a su juicio, no debería impedirse de ninguna forma, justamente por ser legítima. Sin embargo, este derecho está todavía insuficientemente asegurado a los fieles que desean hacer uso de él, y que se enfrentan con situaciones como la tan enojosa y poco edificante que tuviera lugar en Mendoza, y es por eso, que se espera en breve alguna decisión jerárquica que garantice el uso de este derecho.

De paso, señor Director, aprovecho la ocasión para señalar que no se debería esperar una norma jurídica espectacular que "autorice" la celebración de la Misa Tradicional a todos los sacerdotes -norma que, como vimos, ya existe y está en vigor- sino un "gesto político" del Vaticano que venga a dar tutela y garantías para su libre celebración y asistencia, pues como dijimos, el derecho nunca ha dejado de existir, pero sí la voluntad de respetarlo.

Le ruego encarecidamente que, por Caridad, de a publicidad esta carta, saludándolo cordialmente en Xto. N. Señor y María Santísima.

Luis María Seligmann Serantes

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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