Panorama Católico

Sobre Nuestra Incultura

Un nuevo sello se estrena en la Argentina: la editorial Espuela. Y arranca con un libro raro de un autor conocido casi exclusivamente por una obra: La Ciudad Indiana. Se trata, naturalmente, de José Agustín García, a quien se atribuye la paternidad de los estudios sociológicos en nuestro país.

Sobre Nuestra Incultura
José Agustín García

Un nuevo sello se estrena en la Argentina: la editorial Espuela. Y arranca con un libro raro de un autor conocido casi exclusivamente por una obra: La Ciudad Indiana. Se trata, naturalmente, de José Agustín García, a quien se atribuye la paternidad de los estudios sociológicos en nuestro país.

Sobre Nuestra Incultura
José Agustín García

Prólogo de Luis Oscar Buján
Ediciones Espuela
Buenos Aires, 2005
128 págs.

Fallecido en 1923 y nacido en 1862, García es un testigo privilegiado de la Argentina “potencia emergente” del primer centenario. Muere cuando nuestro país ocupaba el 6 º lugar entre las naciones más ricas del mundo. En pleno optimismo, tiempo de vacas gordas, manteca al techo y alfabetización universal sarmientina.

Todos pensaríamos que un hombre de su cuño liberal dejaría como obra póstuma de su testamento intelectual alguna alabanza al futuro de la nueva y gloriosa nación que todos -o al menos la mayoría- de los habitantes de este suelo ubérrimo creían ver en el horizonte como algo necesario e ineludible. Sin embargo, García nos legó este libro, colección de 25 ensayos, sobre “nuestra incultura” y sus causas. Y sobre sus efectos en el tiempo. Todo se ha cumplido.

Es un libro pulido en todo aspecto. Breve, de estilo conciso, y castizo, sin palabras de más, que analiza casi quirúrgicamente los temas que cuentan en la lista de causas por las cuales la Argentina, entreveía ya el autor en ese tiempo, estaba inmersa en una profunda incultura tanto por lo que le faltaba como por lo que creía tener. A saber, carente de una tradición intelectual -que se había perdido muchas décadas atrás, ya por la decadencia intelectual de la España borbónica- agudizada por el tremendo descuido de la educación durante las guerras civiles y coronada por el enciclopedismo de Sarmiento, padre de la alfabetización y progenitor de la incultura más profunda, porque puso en las cabezas de los niños de alpargatas el ideario progresista, la historia falseada, el falso nacionalismo que reniega de su pasado más noble y la petulancia del semiletrado. Y fue arrancando de a manotones las raíces de la cepa católica e hispana.

La osadía de pretender un “idioma nacional”, una “épica nacional”, una “cultura nacional”, etc. generada en la probeta antinatural de un proyecto ideológico la hemos heredado de los “héroes” de la generación del &#8217…80, aunque reconoce antecedentes mucho más antiguos, pre-rivadavianos&#8230…

El autor dedica un interesantísimo capítulo al “orgullo argentino” que todos los argentinos debemos leer con rubor y humildad. Así nos va, parece decirnos, y esto viene de lejos.

De ahí que cerremos este breve comentario con un párrafo de ese capítulo, que ilustra el estilo de bisturí veloz con que el autor expone las zonas enfermas del alma nacional.

“El amor patrio, que se ha comparado con el amor filial, es de una penetración lenta, viene por una prédica hábil, continuada. La patria se decora con sus héroes, pero vive muy a menudo a pesar de las desgracias políticas o de la pobreza intelectual y moral. Es una resultante de la vida común, de una compenetración recíproca de los sentimientos e ideas que se fusionan en el alma colectiva. E interviene en el curioso fenómeno toda corriente de la historia, cargada de una vida de emoción que actúa más allá de las tumbas. La patria no consiste en gritos y proclamas. La patria crece en el silencio de la intimidad familiar, es el culto de los muertos, de los padres y de los abuelos, es el amor de los hijos que nos prolonga el horizonte muy lejano… es el arte, la literatura… las fuerzas espirituales que la adornan y embellecen, para que nuestro amor sea intenso, y en los momentos graves, “crezcan los corazones”, según decía el viejo rey de Castilla.

“Así la patria implica inteligencia que coloree después con su luz todas las capas populares. Ese modelo a imitarse fue creado por Grecia y Roma. Está en ese museo de la Historia, junto con otros patrones de ideal belleza, para enseñar y sugerir a los hombres las cosas nobles y bellas… las virtudes excelsas. Tan es así, que alguna de las más grandes naciones pone en sus estandartes, para decorarlos, el verso del poeta latino: “Dulce et decorum est pro patria mori”.

Lástima la falta de perspectiva sobrenatural. Pero si recuperamos para nuestro pueblo la naturaleza, podremos luego injertar en ella la gracia.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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