Panorama Católico

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y letanías

VIERNES SIGUIENTE AL SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

VIERNES SIGUIENTE AL SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

FIESTA DEL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS

I Clase – Ornamentos blancos

A la fiesta del corpus la sagrada liturgia añade, como una prolongación de la misma, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El objeto de esta fiesta es el Corazón de Jesús, es decir, el Corazón físico del Hombre Dios, junto con la humanidad y la divinidad de Jesús, considerado como un miembro vivo y unido al todo orgánico. El Corazón corpóreo de Jesús como símbolo y expresión del amor de Cristo a los hombres, manifestado sobre todo en la Redención por la cruz y en el misterio de la Santísima Eucaristía: he aquí el verdadero objeto de la fiesta. En el Corazón de Jesús, pues, vemos, en último término, la misma persona de Jesús, la persona divina que, bajo el símbolo de su Corazón de carne, nos muestra el amor, divino y humano, de Jesús hacia nosotros. Los misterios de la Encarnación, de la Redención por la Cruz, de la Venida del Espíritu Santo, de nuestra futura resurrección y de nuestra eterna posesión y goce de la vida divina se fundan, en último resultado, en el único misterio del Amor del Salvador hacia nosotros. Y con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no pretendemos otra cosa que honrar este Amor divino-humano, y sumergirnos en él. (Dom Baur).

Introito. Ps 32, 11 y 9

INTROITUS Cogitationes Cordis ejus in generatióne et generatiónem: ut éruat a morte ánimas eórum et alat eos in fame. – Ps. Exsultáte, justi, in Domino, rectos decet collaudátio. V. Gloria Patri.

IntroitoLos pensamientos de su Corazón, de generación en generación, fueron librar sus almas de la muerte y saciar su hambre(1). – Ps. Regocijaos, justos, en el Señor; de los rectos es propia la alabanza. V. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

ORATIO – Deus qui nobis, in Corde Filii tui, nostris vulneráto peccatis, infinitos dilectiónis thesáuros misericórditer largíri dignaris; concéde, quaesumus, ut illi devótum pietátis nostrae praestántes obséquium, dignae quoque satisfactiónis exhibeámus offícium. Per eúndem Dóminum.

Oh Dios, que misericordiosamente te dignas prodigarnos los infinitos tesoros de tu amor, en el Corazón de tu Hijo herido por nuestros pecados; rogámoste nos concedas la gracia de poderte tributar el devoto homenaje de nuestra piedad, a la vez que cumplimos con el deber de darle una competente satisfacción (2). Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, etc.

R. Amén.

Epístola

San Pablo es escogido por Dios para descubrir a los hombres las riquezas ocultas del Corazón de Cristo, en toda su anchura, su largura y su profundidad.

EPISTOLA

(3, 8-19)

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios: – Hermanos: a mí, el último de todos los fieles, se me ha dado la gracia de anunciar en las naciones las riquezas inescrutables de Cristo, y de descubrir a todos la dispensación del misterio, que después de tantos siglos ha estado en el secreto de Dios, creador de todas las cosas; con el fin de que en la formación de la Iglesia, se manifieste a los principados y potestades en los cielos, la sabiduría de Dios en los admirables y diferentes modos de su conducta, según el designio, que puso en ejecución por medio de Jesucristo nuestro Señor, por quien, mediante su fe, tenemos confianza y acceso libre a Dios. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el cual es principio y cabeza de toda la gran familia que está en el cielo y en la tierra; para que según las riquezas de su gloria os conceda por medio de su Espíritu el ser fortalecidos en virtud en el hombre interior y el que Cristo habite por medio de la fe en vuestros corazones, estando arraigados y cimentados en la caridad, a fin de que podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura y longitud, y la altura y profundidad de este misterio; y conocer también aquel amor de Cristo hacia nosotros, que sobrepasa todo conocimiento, para que seáis plenamente colmados de la plenitud de Dios.

GRADUALE (Ps. 24. 8-9 ) Dulcis et rectus Dominus, proptes hoc legem dabit delinquéntibus in via. V. Díriget mansuétos in judício, docébit mites vias suas.

Alleluia, alleluia. V.(Matth. Xi) – Tóllite jugum meum super vos et discite a me, quia mitis sum et húmilis Corde, et inveniétis réquiem animábus vestris, alleluia.

GradualDulce y recto es el Señor, por eso enseñará el camino a los pecadores. V. Dirigirá a los humildes por la senda de la justicia y enseñará a los mansos su camino.

Aleluya, aleluya – V. Cargad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón y hallaréis reposo para vuestras almas, Aleluya.

Evangelio

Muerto el Señor en la cruz, un soldado abre de una lanzada su sagrado costado, donde se encerraba aquel Corazón divino-humano que tanto amó a los hombres y que, por amarnos tanto, se entregó a aquella muerte cruel, y de su herida brota sangre y agua, agotándose así los últimos tesoros de su amor.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Joánem ( 19, 31-37)

In illo témpore:

U Continuación del Santo Evangelio según San Juan – En aquel tiempo: Los Judíos, como el viernes era de preparación para la Pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz el sábado (que era aquel un sábado muy solemne)(3), rogaron a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero y al otro que habían crucificado con él (4). Mas al llegar a Jesús, no le quebraron las piernas; sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al punto salió sangre y agua(5). Y quien lo vio, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice verdad, y la atestigua para que vosotros también creáis. Estas cosas sucedieron en cumplimiento de la Escritura: no quebraréis ninguno de sus huesos. Y también otra Escritura que dice: Pondrán los ojos en Aquel a quien traspasaron.

Credo.

OFFERTORIUM Ps. 68, 21Impropérium exspectávit Cor meum et misériam, et sustínui qui simul mecum constristarétur et non fuit; consolántem me quaesívi et non invéni.

Ofertorio – Improperios y miserias aguardó mi Corazón, y esperaba quien se condoliese de mí, y no le hubo; y quien me consolase, y no le hallé(6).

Oración-Secreta

Réspice, quaesumus, Dómine, ad ineffábilem cordis dilécti Filii tui caritátem: ut quod offérimus sit tibi munus accéptum, et nostrórum expiátio delictórum. Per eúndem Dominum.

Suplicámoste, Señor, que mires a la inefable caridad del Corazón de tu querido Hijo: para que el don que te ofrecemos te sea a ti agradable, y a nosotros nos sirva de expiación de nuestros delitos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

Prefacio del Sagrado Corazón

Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus. Qui Unigenitum tuum in cruce pendéntem láncea militis transfígi voluísti, ut apértum Cor divínae largitátis sacrárium, torréntes nobis fúnderet miseratiónis et grátiae, et quod amóre nostri flagráre numquam déstitit, piis esset réquies et poeniténtibus patéret salútis refúgium. Et ideo cum Angelis et Arcangelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni militia caelestis exércitus, hymnum gloriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus…

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Que quisiste que tu Unigénito pendiente de la cruz fuese atravesado por la lanza del soldado, para que su Corazón abierto, sagrario de tu divina liberalidad, derramase sobre nosotros los torrentes de la misericordia y de la gracia; y ya que nunca dejó de estar abrasado por nuestro amor, fuese para las almas piadosas un lugar de descanso, y un refugio de salvación abierto para los pecadores. Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos el himno de gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo, etc.

COMMUNIO Joann. 19, 34 Unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua.

Comunión.Uno de los soldados abrió con la lanza su costado, y al punto salió sangre y agua.

Oración-Postcomunión

Praébeant nobis, Dómine Jesu, divínum tua sancta fervórem; quo dulcísimi Cordis tui suavitáte percépta discámus terréna despícere, et amáre caeléstia: Qui vivis.

Infundan en nosotros, oh Señor Jesús, tus santos misterios un fervor divino; con que, después de recibir la suavidad de tu dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.


 

Litaniae de Sacratissimo Corde Iesu

Kyrie, eleison.
Christe, eleison.
Kyrie, eleison.
Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.
Pater de caelis, Deus,
Fili, Redemptor mundi, Deus,
Spiritus Sancte, Deus,
Sancta Trinitas, unus Deus,

Cor Iesu, Filii Patris aeterni,
Cor Iesu, in sinu Virginis Matris a Spiritu Sancto formatum,
Cor Iesu, Verbo Dei substantialiter unitum,
Cor Iesu, maiestatis infinitae,
Cor Iesu, templum Dei sanctum,
Cor Iesu, tabernaculum Altissimi,
Cor Iesu, domus Dei et porta caeli,
Cor Iesu, fornax ardens caritatis,
Cor Iesu, iustitiae et amoris receptaculum,
Cor Iesu, bonitate et amore plenum,
Cor Iesu, virtutum omnium abyssus,
Cor Iesu, omni laude dignissimum,
Cor Iesu, rex et centrum omnium cordium,
Cor Iesu, in quo sunt omnes thesauri sapientiae et scientiae,
Cor Iesu, in quo habitat omnis plenitudo divinitatis,
Cor Iesu, in quo Pater sibi bene complacuit,
Cor Iesu, de cuius plenitudine omnes nos accepimus,
Cor Iesu, desiderium collium aeternorum,
Cor Iesu, patiens et multae misericordiae,
Cor Iesu, dives in omnes qui invocant te,
Cor Iesu, fons vitae et sanctitatis,
Cor Iesu, propitiatio pro peccatis nostris,
Cor Iesu, saturatum opprobriis,
Cor Iesu, attritum propter scelera nostra,
Cor Iesu, usque ad mortem oboediens factum,
Cor Iesu, lancea perforatum,
Cor Iesu, fons totius consolationis,
Cor Iesu, vita et resurrectio nostra,
Cor Iesu, pax et reconciliatio nostra,
Cor Iesu, victima peccatorum,
Cor Iesu, salus in te sperantium,
Cor Iesu, spes in te morientium,
Cor Iesu, deliciae Sanctorum omnium,

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, (parce nobis, Domine.)
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, (exaudi nos, Domine.)
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, (miserere nobis, Domine.)
Iesu, mitis et humilis Corde, (Fac cor nostrum secundum Cor tuum.)

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
20/06/2009 a las 8:06 pm

Me permito enviarles…

 

esto que aparece en infocatólica

 

"–¿Y usted cree que una Iglesia que en su conjunto se ha torcido a un lado, supongamos, al lado izquierdo, podrá recuperar la verticalidad de la verdad católica?

–Por supuesto que sí. Y lo confieso con la fe de la Iglesia: creo «en el Espíritu Santo… y en la Iglesia una, santa, católica y apostólica».

Pero tanto en Israel como en la Iglesia, así lo comprobamos en su historia, solamente se producen las verdaderas reformas necesarias cuando, por obra del Espíritu Santo, se dan al mismo tiempo varias condiciones fundamentales.

1.– El reconocimiento de los males. Los falsos profetas y los Pastores sagrados que van con ellos no reconocen los errores y desviaciones del pueblo, o los subestiman en su gravedad, en buena parte porque ellos son, por acción u omisión, los responsables principales de esos males. Por eso dicen con aparente piedad: «vamos bien; paz, paz, confianza en el Señor; calamidades como las actuales, o peores, siempre las ha habido». Éstos no se asustan por nada: ni por la difusión de gravísimos errores contra la fe, ni por la falta extrema de vocaciones, ni por el absentismo masivo en la Misa dominical, ni por la difusión generalizada de la anticoncepción, etc. Y así se tienen por «hombres de esperanza».

 

 

Pero los Pastores y profetas verdaderos ven las cosas de otro modo: «Vamos mal, y es urgente la conversión y la reforma. De otro modo, se arruinará el Templo de Dios y su Pueblo se dispersará entre los infieles» (véase Is 3; Jeremías 7; Oseas 2;8;14; Joel 2; San Gregorio Magno, San Carlos Borromeo, San Pío V, San Pío X…) A estos Pastores, profetas y creyentes, que permanecen fieles, se refiere el Señor cuando le ordena a su ángel: «recorre la ciudad [de Dios] y pon por señal una tau en la frente de los que gimen afligidos por las abominaciones que en ella se cometen» (Ez 9,4).

2.– El reconocimiento de las propias culpas, que han traído todos esos males, es igualmente necesario para la reforma. «Eres justo, Señor, en cuanto has hecho con nosotros, porque hemos pecado y cometido iniquidad en todo, apartándonos en todo de tus preceptos… Nos entregaste por eso en poder de enemigos injustos e incircuncisos apóstatas…» (cf. Dan 3,26-45). No tiene posible reforma una Iglesia local mientras no reconoce que sus pecados son la causa de todos los males que le afligen. Atribuir a la secularización creciente del mundo la apostasía creciente del pueblo cristiano viene a ser como si la luz echara a las tinieblas la culpa de la oscuridad reinante en un lugar. Un lugar se queda a oscuras cuando disminuye o se apaga la luz. Evidente.

3.– Los males que nos abruman son castigos medicinales. «Todas las cosas colaboran al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). Estos males tan grandes que Dios permite en el mundo y también, en otro grado, en su Iglesia deberían ser aún mayores si estuvieran exactamente proporcionados a la gravedad de nuestras culpas. Pero la Providencia divina suaviza la justicia con la misericordia, a causa del amor inmenso que Dios tiene a su Iglesia. «No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas» (Sal 102,10). Los males que nos afligen son, pues, medicinales, humillantes, motivos fuertes para la conversión y la reforma.

4.– No hay remedio humano para nuestros males. Ésta es una convicción de fe absolutamente necesaria para la reforma. Por eso aquellos Pastores, profetas y fieles que no reconocen la gravedad de las miserias que abruman al pueblo, ni su raíz diabólica, aunque alcancen a verlas en alguna medida, y que no asumen tampoco la gravedad de sus propias culpas, mantienen –si es que la mantienen– la «esperanza», una falsa esperanza de superar los males con remedios humanos, con sus propias fuerzas, sin reafirmación de las verdades negadas o silenciadas, sin verdadera conversión, penitencia y expiación, sin cambiar sus pensamientos y caminos, sin entender tampoco la absoluta necesidad de la oración de súplica, que pida al Señor una salvación en modo alguno merecida. Y así van de mal en peor.

«Son necios, no ven» (Jer 4,22). «Pretenden curar el mal de mi pueblo como cosa leve, y dicen ¡paz, paz!, cuando no ha de haber paz. Serán confundidos por haber obrado abominablemente» (6,14-15; cf. 8,11). «Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y aleja su corazón de Yavé» (17,5).

 

La verdadera reforma, por el contrario, es suscitada por aquellos que nada esperan de nuevas fórmulas catequéticas, pastorales, teológicas, litúrgicas, organizativas, de presunta eficacia mágica; aunque sepan reconocer en medio de esa efervescencia de iniciativas todo lo que en ellas haya de bueno, positivo y bienintencionado, que no es poco. En todo caso, los que piden-procuran-esperan las reformas necesarias tienen muy claro que nuestros males tienen raíz diabólica y que no son sanables por remedios humanos. «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?… El auxilio me vendrá del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 120,1-2).

5.– Hay remedios divinos sobreabundantes. Las reformas no se dan, por urgentes que sean, cuando en Pastores y fieles falta la verdadera esperanza en el amor y en el poder de Dios. Lo dan entonces todo por perdido, ven el proceso de la descristianización siempre creciente como una dinámica histórica irreversible, sin que a ellos, por lo demás, les importe gran cosa. Se resignan –ellos creen que piadosamente–, a que la Iglesia sea entre los pueblos un conjunto insignificante de comunidades mínimas, sin fuerza real alguna para iluminar el pensamiento, las instituciones, el arte, las leyes, la cultura, las costumbres del mundo de su tiempo. Citan, pobrecitos, el Evangelio de Cristo: pusillux grex (pequeño rebaño, Lc 12,32), y se quedan tan tranquilos. Habrá que decirles: «Estáis en un error, y no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios» (Mt 22,29).

Los sagrados Concilios de reforma, lo mismo que los santos especialmente movidos por Dios para realizar ciertas reformas, nunca se han amilanado ante la gravedad de los males del mundo y de la Iglesia de su tiempo, por muy difundidos que estuvieran, o aunque parecieran insuperables al estar tan arraigados. Siempre han tenido una fe y una esperanza firmes en el poder del amor de Señor para purificar a su Iglesia de los males que le afligen, por grandes que sean.

Pongo un ejemplo histórico. La simonía, la compra de altos cargos eclesiásticos, puede en una cierta época y región de la Iglesia estar tan extendida y arraigada, que muchos la ven como algo normal en la vida eclesial, y otros, que alcanzan a conocer su maldad gravísima, la consideran sin embargo como un mal irremediable. Unos y otros no intentan la reforma. Y no la consiguen, por supuesto. Con lo que se ven confirmados en su convicción inicial: «no hay nada que hacer». Y así es como males muy graves, gracias a moderados y deformadores, «hombres de poca fe» (Mt 6,30), pueden durar largamente en una Iglesia. Por el contrario, todo movimiento reformista parte de una fe firmísima en el poder del amor de Dios para sacar de las piedras hijos de Abraham (Mt 3,9), para transformar la roca en un manantial de agua viva (Núm 20), para hacer florecer los más áridos desiertos (Is 35,1), para hacer abundar su gracia donde abundó el pecado (Rm 5,20).

Los que ignoran el amor del Señor por su Esposa, los que desconocen el poder del Salvador para salvar, no creen posibles las reformas necesarias de la Iglesia, tampoco creen posible que se difunda en el mundo el Reino de Cristo por el apostolado y las misiones, y estiman irreversible el acrecentamiento continuo de la apostasía. Lo dan todo por perdido. Pero a ellos ese proceso siniestro no les importa gran cosa, y no faltan tampoco algunos locos que lo consideran un progreso histórico. Ellos se resignan –y creen que piadosamente–, a que la Iglesia sea entre los pueblos un conjunto insignificante de comunidades mínimas, sin fuerza real alguna para iluminar el pensamiento, las instituciones, el arte, las leyes, la cultura, las costumbres del mundo de su tiempo.

En fin, es una gran vergüenza que tantos Pastores, religiosos y laicos vean hoy en la Iglesia como insuperables una multiplicación desbordante de errores doctrinales y de abusos morales, litúrgicos y disciplinares, y en consecuencia limiten sus aspiraciones apostólicas al cuidado de unos pequeños grupos y movimientos, en los que osan estimar a veces «la esperanza de la Iglesia» (sic). Esos grupos y movimientos serán de verdad la esperanza de la Iglesia solo si se empeñan en su verdadera reforma, bien unidos a los Pastores y fieles, convencidos de que «para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible» (Mt 19,26).

6.– La oración de súplica es el medio principal para las reformas de la Iglesia, y nace de la fe en el poder de Dios y en el gran amor fiel que tiene a la Esposa de Cristo. «Levántate, Señor, no tardes, extiende tu brazo poderoso, acuérdate de nosotros, no nos desampares, no nos dejes sujetos al poder de tus enemigos, no permitas que tu gloria sea burlada y blasfemada, ten piedad de nosotros»… Está muy bien que se promuevan concentraciones multitudinarias, que se fomenten en favor de graves causas numerosas campañas en grupos laicales y religiosos, que se muevan los movimientos, que se acuda incluso a la elocuencia de los medios publicitarios, en vallas, camisetas, diarios y mochilas, pancartas y globitos.

Todo eso está muy bien y, en su medida, es necesario, pues quiere Dios servirse de esas modestas mediaciones –«cinco panes y dos peces» (Mt 14,17)– para realizar sus obras de salvación. Pero todos los empeñados en esas santas empresas apostólicas deben saber con toda certeza que la oración de súplica ha de ir siempre por delante, como la proa de un barco. «Ora et labora», pero el ora por delante. Sí, es cierto, «a Dios rogando y con el mazo dando»; pero a Dios rogando por delante. (Puede verse mi escrito Oraciones de la Iglesia en tiempos de aflicción). Solo intentan y consiguen reformas en la Iglesia aquellos que creen en la promesa de Cristo: «pedid y recibiréis» (Jn 16,24).

José María Iraburu, sacerdote"

W.Foster D.



Anónimo
20/06/2009 a las 11:38 pm

Inmaculado Corazon de Maria

Hoy todo el Orbe católico celebra al Inmaculado Corazón de nuestra Santa Madre la Virgen Maria, madre del Redentor, Madre del Salvador, a ti te pedimos humildemente, que nos ilumines, que ores por nosotros pecadores hijos tuyos en este valle de lagrimas, que ruegues a tu Hijo por todos nuestros seres queridos que han partido de este Mundo y descansan el sueño de los justos, por las benditas animas del Purgatorio y en especial por mis amigos, padres, por sus padres y abuelos, a los que todavía tienen la dicha de tenerlos en este mundo denles todo su amor y a los que ya hemos sufrido la desdicha de su partida; Oremos por ellos pues seguro están en la morada de Dios en la Patria Celestial, donde brilla para ellos la luz perpetua, la luz que no tiene fin. Dios los bendiga a todos mis amigos y lectores, en especial a aquellos que son padres de familia, dios los acompañe y sean siempre un ejemplo de virtud, honra y honor para vuestros hijos. Dios les de su bendición amen.
Los saludo en los Corazones de Cristo y Maria José Luis Ventrice.
 



Anónimo
21/06/2009 a las 6:45 pm

Pregunta…

Estimados:

Creo que somos muchos los católicos de buena voluntad, que educados en ambitos progresistas o conservadores, no tenemos ni idea de liturgia y andamos como mendigos por la vida. Quería preguntarles, qué libro recomiendan sobre el tema para los que prácticamente no sabemos nada?

Gracias,

Francisco R.



    Anónimo
    22/06/2009 a las 1:54 pm

    curso

    En statveritas.com.ar está disponible el "Curso de introducción a la Liturgia " Compilación y corrección de textos realizada por el R.P. Jesús Mestre Roc, profesor de liturgia del Seminario Internacional “Nuestra Señora Corredentora”.

    Espero que te sirva.

    Tito



    Anónimo
    22/06/2009 a las 2:00 pm

    Respuesta

    Catecismo de la Santa Misa. ¿Qué es la Santa Misa? ¿Qué ocurre en ella? ¿Qué significado tiene? ¿Por quién y a quién se ofrece la Santa Misa? Cuáles son sus elementos litúrgicos y porqué son como son:

    http://www.statveritas.com.ar/Libros/Catecismo_de_la_Santa_Misa(STAT_VERITAS).zip

     

    Pero en general encontraras uen material en: http://www.statveritas.com.ar/Liturgia/Liturgia.htm

     

    Dios te bendiga.

     



    Anónimo
    22/06/2009 a las 9:29 pm

    Estimado

    Estimado Fransisco:

    El mejor librito que puedes adquirir creo que sale como 25 pesos y se llama "Devocionario y ejercicios espirituales" (de la FSSPX). Es un librito de tapa negra o azul que se venden en las "librerías" anexas a las capillas de la Fraternidad. Te lo recomiendo porque tiene desde la misa tradicional, en sus partes que no cambian, hasta todo lo que te puedas imaginar sobre piedad tradicional. Te lo recomiendo a vos y a todos los católicos. Allí también te pueden recomendar otros libritos según los requerimientos de cada fiel en particular.

    Pero la mejor forma de aprender la liturgia tradicional es animándose a asistir a misa porque en pocos meses te aseguro que la aprenderás, porque no hay que saber latín para recordar las 6 o 7 oraciones y canciones que se repiten siempre, y siempre habrá algún religioso o fiel que te oriente sobre como conseguir un misal por si querés seguir las oraciones que varían (también puedes encontrar uno de 1962 o anterior en mercado libre por 50 pesos) pero con el devocionario que te comenté andarás muy bien.

    En este link tenés la misa tradicional, en sus partes que no cambian, es decir "el ordinario de la misa": http://ar.geocities.com/misa_tridentina/ordinario.html

    Acá tenés un calendario sobre las fiestas de todos los días: http://www.fsspx-sudamerica.org/secciones/calendario2008.html

    Acá tenes donde se celebran las misas de la FSSPX en sudamérica: http://www.fsspx-sudamerica.org/secciones/smapa1.html

    Acá tenés todas las misas tradicionales, de todas los grupos, que se celebran en el mundo entero: http://honneurs.free.fr/Wikini/wakka.php?wiki=PagePrincipale

    Si querés mas sobre liturgia tradicional, te recomiendo este link: http://ar.geocities.com/misa_tridentina/acerca_de_la_misa.html

    Y aprovecho para recordar las sabias palabras de un pío sacerdote español en Argentina que durante una homilía nos dijo algo como: "¿Saben porqué estamos aquí?….. porque somos los peores y Dios ha tenido misericordia de nos…"

    Saludos

    Matías

     



Anónimo
22/06/2009 a las 12:48 am

¿Será posible que entre tanto amor nos olvidemos. . .

en el día del padre, de nuestro Padre Celestial?

¿O recordamos felicitarlo en primer lugar?

 



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