Panorama Católico

Tener misericordia…

 Después, el buen samaritano “sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva”. El posadero representa a los buenos sacerdotes que cuidan a las almas dándoles la verdad divina y las gracias sacramentales.

 ¿Cuál de estos tres – el sacerdote, el levita, el samaritano – te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

 Después, el buen samaritano “sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva”. El posadero representa a los buenos sacerdotes que cuidan a las almas dándoles la verdad divina y las gracias sacramentales.

 ¿Cuál de estos tres – el sacerdote, el levita, el samaritano – te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

 

En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

 En el evangelio de hoy, un doctor de la ley le hizo a Nuestro Señor una pregunta muy importante:

“Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna?”

– Jesús le contestó por otra pregunta: “¿Qué es lo que se halla escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?

– Respondió el doctor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y toda tu alma, con todas tus fuerzas y todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo”.

-“Bien has respondido, díjole Jesús: haz eso, y vivirás”.

– Mas él, queriendo justificarse, preguntó de nuevo: “Y ¿quien es mi prójimo?”

Parece que este doctor tenía una cierta dificultad para cumplir la secunda parte del principal mandamiento de la Ley, el amor al prójimo…pues quiso “justificarse”, dice el evangelio. Él habría merecido el reproche de San Juan: “¿Como  puedes pretender amar a Dios que no ves, si no amas a tu prójimo que ves?”

Entonces, Jesús le respondió con una parábola, una pequeña historia sencilla, la del buen samaritano, que indicó al doctor y a cada uno de nosotros quién es el prójimo que debemos amar, y cómo debemos amarlo:

 "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio muerto”. Este hombre, víctima de los ladrones, representa a Adán, pecador, y a todo el género humano antes de la venida del Salvador. Los ladrones representan a los demonios que vencieron a los hombres, dejándolos despojados de la gracia y heridos en su alma. Desde el pecado original, el alma humana perdió su buena salud y se quedó con profundas heridas que lo impiden alcanzar fácilmente la verdad y el bien: las heridas de ignorancia, de malicia, de concupiscencia y de debilidad. Y este hombre de Adán no puede, solo con sus propias fuerzas, sin Jesucristo, alcanzar su salvación; es por eso que la parábola dice que el hombre fue dejado medio muerto.

 “Un sacerdote y un levita lo vieron y pasaron de largo” sin ayudarlo. Estos representan la ley del Antiguo Testamento con sus sacerdotes y profetas, incapaces, impotentes para salvar al hombre. Representan también estos sacerdotes, que espero no serán más tarde, queridos seminaristas, que pagados de sí mismos, desprecian a los otros, y no quieren servir, sino ser servidos. Son la vergüenza del sacerdocio. El sacerdote y el levita de la parábola son también la triste figura de los cristianos que, a pesar de haber recibido los dones de Dios, no ayudan a las obras de la Iglesia, sino que gastan su tiempo en criticar y criticarlo todo, y lo hacen, incluso delante de sus hijos, que escuchan estas críticas. ¡Esta actitud no puede quedarse sin graves consecuencias!..

 “Mas llegó un viajero samaritano y, al verle, movióse a compasión; acercándose, le vendó las heridas y echó en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó”. Este buen hombre, samaritano, que viajaba fuera de su patria, figura a Nuestro Señor, bajado del Cielo, verdadero Dios hecho verdadero hombre. Ha visto desde la Trinidad eterna nuestra pobre naturaleza humana caída por el pecado y, literalmente movido de miseri-cordia (su corazón movido por nuestra miseria) no vaciló en acercarse a nosotros, haciéndose hombre de dolores, crucificado por todos nuestros pecados, lavó nuestras heridas con el vino místico de su Preciosísima Sangre y nos fortaleció con el aceite de su gracia. Y nos llevó hasta el divino hospicio que es la Iglesia.

 Después, el buen samaritano “sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva”. El posadero representa a los buenos sacerdotes que cuidan a las almas dándoles la verdad divina y las gracias sacramentales.

 ¿Cuál de estos tres – el sacerdote, el levita, el samaritano – te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

 “Fue, respondió muy bien el doctor, el que usó con él de misericordia”.

 Y Jesús le dijo (y a nosotros también): “Pues vete y haz tú otro tanto”.

 Es lo que hace continuamente Nuestro Buen Pastor, Jesucristo con nosotros. Él nos pide que hagamos lo mismo. Queridos hermanos, en el día del juicio, el dies irae, el día de la ira divina, cuando acabará el tiempo de su misericordia, Dios nos juzgará en la medida de la misericordia que habremos ejercido con nuestro prójimo. Seamos buenos, misericordiosos, en nuestras palabras (“Del prójimo o se habla bien o no se habla nada”), en nuestras acciones, en toda nuestra vida. La misericordia es lo que es más parecido con Nuestro Señor.

 Terminaré, también… he de ser misericordioso, con uno lindo hecho que practicaban unos misioneros cuando se reunían para un almuerzo fraterno: Habían decidido que en cada falta de caridad el culpable sería condenado en beber un vaso de agua mientras que los otros cantaban:

 Los malos solo beben agua
El diluvio lo ha probado…

 …¡Creo que, en esta situación, muchos cristianos pasarían casi toda su vida en beber no vasos, sino toneles de agua!

 Queridos hermanos, muchas veces, el hombre resiste a la astucia, resiste al talento, resiste a la violencia, pero no resiste a la bondad y a la misericordia.

 Y si nuestro prójimo es imperfecto, sepamos que nosotros también lo somos y, sin duda, mucho más aún. Si es tuerto, ¡mirémoslo de perfil!

 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

Ave María Purísima.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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