Panorama Católico

Tercer domingo de Cuaresma

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

El evangelio de este Domingo nos cuenta cómo Nuestro Señor derrotó a Satanás y lo expulsó del cuerpo de un poseso. Las turbas se maravillaron, pero algunos consideraron a Jesús como estando al servicio del demonio, de quien hubiera recibido su poder. Increíble acusación que muestra hasta qué punto puede llegar el corazón humano cuando está cegado por las pasiones malas, como el odio o la envidia.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

El evangelio de este Domingo nos cuenta cómo Nuestro Señor derrotó a Satanás y lo expulsó del cuerpo de un poseso. Las turbas se maravillaron, pero algunos consideraron a Jesús como estando al servicio del demonio, de quien hubiera recibido su poder. Increíble acusación que muestra hasta qué punto puede llegar el corazón humano cuando está cegado por las pasiones malas, como el odio o la envidia.

Era inútil que Nuestro Señor les enseñase su doctrina, porque eran incapaces de escucharlo; la luz no hubiera llegado a sus corazones entenebrecidos.

Pero Jesús debía confundir la arrogancia de sus enemigos para proteger la fe de la muchedumbre.

Entonces les manifestó su divinidad, respondiendo no a sus palabras sino a sus pensamientos: “Jesús veía sus pensamientos”, dice el Evangelio.

Y utilizó dos argumentos de razón, de sentido común. Son argumentos que sus adversarios no podían negar:

– El primero es el principio de la unión y de la concordia como elemento esencial de la fuerza y de la estabilidad de las cosas. “La concordia hace prosperar las pequeñas cosas, la discordia hace derrumbarse las mayores”. Ahora bien, si el reino de Satanás está dividido, dijo NS, si Satanás me comunica su poder para combatirlo, si el demonio combate al demonio, Satanás buscaría su propia ruina, lo que es absurdo.

– Después, Nuestro Señor les dijo: “Si yo lanzo los demonios por virtud de Belcebú, vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan?” Por supuesto, por la misma virtud que la mía. Ahora bien, calumniando en mí lo que respectan en ellos, sois injustos. “Por tanto, ¡ellos mismos serán vuestros jueces” y os acusarán de mentira!

Entonces, por estas dos razones, “es con el dedo de Dios que lanzo los demonios, y el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Sois inexcusables de no creer en mí y en mi misión divina.

Queridos hermanos, según esta respuesta de Jesús, es oportuno recordarnos hoy que todos los pecados, todos los pensamientos, palabras y actos malos son contrarios a la recta razón. Muchos pecadores piensan ser muy inteligentes negando la ley de Dios, en realidad son como locos. El pecado no es nada cosa inteligente, al contrario. He aquí algunos ejemplos:

– ¿Qué es la ira sino una “breve locura”? porque la persona irritada pierde el dominio de sí mismo, lo que no es una actitud razonable.

– Los que pecan por malicia, egoísmo y contra la caridad esconden una gran contradicción: Tratan al prójimo de un modo con que nunca aceptarían ser tratados. Se burlan, dicen mal, desprecian, actúan con dureza e injusticia (y eso ¿en nombre de qué derecho?), pero es cosa prohibida burlarse, criticar, despreciar, y ser injusto con ellos. Piensan mal de su prójimo pero no admiten que se piense mal de ellos. Me acuerdo de una persona que, un día, me advirtió de que desconfiara de otra persona “¡porque es maldiciente!”…y ella misma, ¿no lo era?

– El orgulloso no es tampoco una persona razonable: La única cosa que es suya, que no recibió de Dios, que es la fuente de todo bien, son sus pecados; sin embargo el orgulloso piensa ser superior a los demás… ¿será, entonces, porque peca más? Con certeza, ¡no es un motivo para vanagloriar y jactarse!

– El perezoso, que no quiere hacer nada porque el trabajo cansa, ¡pero el trabajo no cansa, claro, a los que deben estar a su servicio!

– El impuro, esclavo de su cuerpo, se rebaja al nivel del animal, que es una criatura sin alma. Tampoco es razonable.

Sí, el pecado es algo contra el sentido común, contra la razón y destruye nuestra nobleza, la de una criatura hecha a la imagen de Dios, la Verdad y la Sabiduría infinita.

Aprovechemos, queridos hermanos, este tiempo de Cuaresma para combatir más eficazmente el pecado, que nos hace tan necios y tan llenos de contradicciones.

Y hemos de combatir el pecado sobre todo porque es la causa de los terribles sufrimientos que Nuestro Señor va padecer en su Pasión. La locura de los hombres, una locura consentida e incluso buscada, hizo morir a Dios en la Cruz por nuestro amor. No dejemos correr inútilmente la Sangre de Jesús en la Cruz. Sería la peor de las ingratitudes y la mayor locura.

“¡El Amor no es amado!”, decía San Francisco de Asís, llorando. De hecho es la mayor locura, la locura del pecado y de este mundo: Amar lo que no es amable, y despreciar al Amor infinito de Dios.

Hemos de vencer con la locura de la Cruz la locura del pecado.

En realidad, los santos son las personas las más razonables de la historia del mundo. Procuremos imitarlos, imitar su caridad, su humildad, evitar el pecado con la ayuda de la oración y de la gracia…

En particular, asistan a la Santa Misa también durante la semana. Sería un esfuerzo meritorio de Cuaresma y muy provechoso para que sus almas anden, como nos dice hoy San Pablo, “en toda bondad, justicia y verdad”.

Ave María Purísima.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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