Actualidad por Panoramix

“Todo se ha oscurecido”, dice Francisco. Pero desde hace mucho más que “unas semanas”

Hemos asistido a un acto penitencial presidido por el papa Francisco. Adoración, cánticos litúrgicos penitenciales y pedido de auxilio a la Santísima Virgen con el canto del Sub tuum Praesidium. Exposición y adoración del Santísimo Sacramento, y una mezcla de letanías tradicionales con otras “inclusivas”. Bendición Urbi et Orbe con indulgencia plenaria para quienes lo vieron por los medios o se unieron espiritualmente, bajo las condiciones ordinarias.

Por vez primera observamos a Francisco pidiendo perdón, aunque sin mucho énfasis en la penitencia ni en los pecados del decálogo tradicional. Un Bergoglio vacilante, débil, de voz casi inaudible en sus palabras finales, a punto de colapsar en el breve trayecto que portó la custodia y bendijo. Muy llamativo.

Muy significativa imagen. Solo. 

Esta vez, como en todas la otras, tampoco se arrodilló ante el Santísimo expuesto, ni siguiera una genuflexión simple (cuando corresponde una doble con reverencia profunda). Apenas una breve inclinación de cabeza. Podría ser debilidad, por los signos ya mencionados y porque cuando intentó levantarse de una cátedra colocada ad hoc en los primeros metros de la Basilica, no tuvo fuerzas en el primer intento.

Un signo auspicioso, se ha pedido perdón a Dios, al menos eso interpretó la gente que vio al Papa rezando ante un Cristo milagroso por haber apartado la peste de la Ciudad siglos atrás. Un Francisco aparentemente extinguido en su cuerpo, con serias dificultades para caminar. Un Bergoglio recurrente en sus temas de la agenda de la Open Society, inviable en estas circunstancias, cada vez más terribles para Italia, donde se habilitan Malls como morgues para apilar cadáveres sobre pistas de patinaje sobre hielo -porque no hay donde poner los cadáveres- con contagios y muertes en ascenso casi descontrolado, o ya sin casi.

Parce, Dómine, parce populo tuo!

 

¿Qué son las Indulgencias, qué es una Indulgencia Plenaria?

De las indulgencias

C992 La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos.

C993 La indulgencia es parcial o plenaria, según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.

C994 Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias.

C995

P1 Además de la autoridad suprema de la Iglesia, sólo pueden conceder indulgencias aquellos a quienes el derecho reconoce esa potestad o a quienes se la ha concedido el Romano Pontífice.

P2 Ninguna autoridad inferior al Romano Pontífice puede otorgar a otros la potestad de conceder indulgencias, a no ser que se lo haya otorgado expresamente la Sede Apostólica.

C996

P1 Para ser capaz de lucrar indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado, y hallarse en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas.

P2 Sin embargo, para que el sujeto capaz las lucre debe tener al menos intención general de conseguirlas, y cumplir las obras prescritas dentro del tiempo determinado y de la manera debida, según el tenor de la concesión.

C997 Por lo que se refiere a la concesión y uso de las indulgencias, se han de observar además las restantes prescripciones que se contienen en las leyes peculiares de la Iglesia.

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