Panorama Católico

Tres Años de Horror, precisiones necesarias

A tres años de la elección de Jorge Mario Bergoglio para ocupar el Solio Pontificio me parece que debo hacer algunas precisiones a lo expresado el día mismo, el momento mismo en que se conoció el resultado del cónclave.

A tres años de la elección de Jorge Mario Bergoglio para ocupar el Solio Pontificio me parece que debo hacer algunas precisiones a lo expresado el día mismo, el momento mismo en que se conoció el resultado del cónclave.

Confieso no podía creer que los cardenales fuesen capaces de cometer tan espantoso error. En su momento, la renuncia de Benedicto me había dejado perplejo y suponía la existencia de un “plan B”: Ratzinger no pudo o no quiso resistir las presiones, decidió ceder pero tenía asegurada una sucesión en su línea.

En realidad, algo de esto puede haber existido, pero si tal plan estuvo en las mentes, Dios permitió se desbaratara. Tal vez porque El pide ir hasta el final y no tomar el atajo que ofrece el cálculo humano.

Hoy en día Benedicto vive y parece lúcido. Algunos, inclusive, lo consideran el verdadero papa porque encuentran vicios de nulidad en su renuncia, sea porque le haya sido impuesta, sea por la forma del texto. Se sabrá tal vez en su momento y no es cosa menor.

La realidad que vivimos, no obstante, nos impone asumir que quien hoy gobierna la Iglesia con el nombre de Francisco actúa de un modo tal que ejerce con mano de hierro la dirección de los asuntos y proclama una doctrina demoledora de lo que aún quedaba en pie después de 50 años de posconcilio. A los efectos prácticos es el papa. Y por eso me resulta necesario, en este tercer año, precisar en parte el juicio expresado desde el primer minuto de su elección.

El Horror, comentado y corregido

De todos los candidatos impensables, Jorge Mario Bergoglio es quizás el peor. No porque profese abiertamente doctrinas contra la fe y la moral, sino porque, a juzgar por su actuación como arzobispo de Buenos Aires, la fe y la moral parecen haberle sido indiferentes.

Hoy diríamos, a tres años de pontificado, que la fe de Francisco es como su discurso: está hecha de parches zurcidos de todas las telas que se puedan imaginar. Pega aquí un retazo de lo más vulgar, allá de un tejido exótico, cada tanto uno de buena tela: como resultado obtiene algo inconsistente, con más elementos confusos y descartables que cosas de cierto valor.

Que los fieles tengan una fe así, emparchada de retazos, fruto de la confusión moderna, ya es muy malo. Pero que el papa manifieste y propague esta doctrina es terrible. Quien está llamado a confirmar a sus hermanos en la Fe, los confirma en la confusión.

Su doctrina moral, sin embargo, y coherentemente con la flaqueza de su fe, es más homogénea. La cuestiones morales están fuertemente teñidas por las malas inclinaciones y las pasiones desordenadas. En ese campo, Francisco tiende a promover las desviaciones: destruye el matrimonio y la familia, tolera los vicios contra natura, exhalta a los pecadores y condena a quienes tratamos de defender y cumplir la Ley de Dios.

Enemigo jurado de la misa tradicional, no ha permitido sino parodias en manos de enemigos declarados de la liturgia antigua. Ha perseguido a todo sacerdote que se empeñó en usar sotana, predicar con solidez o que se haya interesado en la Summorum Pontificum.

Mientras destruye y condena a los movimientos conservadores o filotradicionales, como los Franciscanos de la Inmaculada, hace un juego doctrinalmente incomprensible con quienes levantan la bandera de la resistencia más firme. ¿Busca poner cuñas para dividir? Es la conclusión más fácil. Para aquellos curtidos en la persecución, una condena no hace mella. Pero una concesión, un mero elogio resultan venenosos por la inquietud y división que incitan en el frente interno.

Con todo me parece que hay algo de designio misterioso en esta conducta. Dios se vale de los medios que quiere. No sería el primer caso en la historia en que un enemigo de la Fe, buscando hacer algo objetivamente malo, produzca un bien, porque la historia sigue estando bajo el dominio de Dios. Este enigma solo lo puede resolver el tiempo.

Famoso por la inconsistencia (a veces ininteligibilidad de sus alocuciones y homilías), dado al uso de expresiones vulgares, demagógicas y ambiguas, su magisterio no puede decirse que sea heterodoxo sino inexistente por lo confuso.

Reafirmo lo dicho, con la precisión de que sus homilias, declaraciones y documentos sobre temas doctrinales, descriptos más arriba como un zurcido, claramente promueven la herejía. Francisco facilita la herejía, no porque proponga un cuerpo de doctrinas consistente que sostienen uno o varios errores, como suele ser la herejía clásica, sino que confunde de modo tal que cada uno termina creyendo cualquier cosa. En este sentido es un verdadero modernista. Es decir, ha llevado a sus consecuencias extremas las enseñanzas conciliares. Pero, además, ha roto todas las formalidades, dándole a su método una virulencia extrema.

Su entorno en la Curia de Buenos Aires, salvo algunos clérigos, no se ha caracterizado por la virtud de sus acciones. Muchos están gravemente sospechados de inconducta moral.

En esto ha copiado el sistema de Buenos Aires en Roma. Aunque ha encontrado en Roma más resistencia que en Buenos Aires.

No ha perdido ocasión de realizar actos en los que cedió la catedral a judíos, protestantes, islámicos, e incluso a elementos sectarios en nombre de un diálogo interreligioso imposible e innecesario. Son famosas sus reuniones con los protestantes en el estadio de espectáculos Luna Park, donde reiteradamente, junto con el predicador de la Casa Pontificia Cantalamessa, ha sido “bendecido” por pastores protestantes, en un acto de culto común donde en la práctica dio por válidos ciertos poderes sacramentales de los telepastores.

Aquí también, más de lo mismo, pero peor. Porque lo ha hecho con otra autoridad, sin limitaciones (ya no hay un papa por encima de él que pueda ponerle freno) y a escala universal.

Esta elección es incomprensible: no es políglota, no tiene experiencia curial, no brilla por su santidad, es flojo en doctrina y liturgia, no ha combatido ni el aborto ni el matrimonio homosexual, no tiene modales para honrar el Solio Pontificio. Nunca se ha jugado por nada más allá de permanecer en posiciones de poder.

Es incomprensible desde el punto de vista católico. No desde los intereses de los enemigos de la Iglesia. Y viendo la lista de visitantes y donantes que Francisco ha recibido, queda claro que al menos ellos lo apoyan, y muy probablemente lo hayan ayudado a llegar.

Aunque no hay que olvidar que Bergoglio es un hombre brillante en el arte de convencer. Y tal vez la conjunción de unos y otros elementos haya concurrido a empujar a muchos cardenales que hoy lamentan lo que está ocurriendo a formarse expectativas optimistas sobre un personaje, para ellos en ese momento, lamentablemente desconocido.

Realmente, no puede ser lo que Benedicto haya querido para la Iglesia. Y no parece tener ninguna de las condiciones para continuar su obra.

Por desgracia, lo previsto era correcto.

Dios ampare a la Iglesia. Nunca se puede descartar, por humanamente difícil que parezca, la posibilidad de una conversión… y sin embargo, el futuro nos causa terror.

Esto sigue en pie. No es imposible una conversión. La diferencia es que ahora lo que nos causa terror es el presente.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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