Panorama Católico

Triple milagro de Nuestra Señora de Fátima en Portugal (Parte I)

«Para expresar lo que ha estado ocurriendo aquí durante veinticinco años, el vocabulario portugués no tuvo sino una palabra: milagro.» El Cardenal Cerejeira dijo estas palabras el 13 de Mayo de 1942, durante la celebración jubilar de las apariciones. «Si, nosotros estamos firmemente convencidos que debemos la transformación maravillosa de Portugal a la protección de la Santísima Virgen.» (1) «Para expresar lo que ha estado ocurriendo aquí durante veinticinco años, el vocabulario portugués no tuvo sino una palabra: milagro.»

PORTUGAL, "VIDRIERA DE NUESTRA SEÑORA"

I.  UN MILAGRO DE CONVERSION:

El Cardenal Cerejeira dijo estas palabras el 13 de Mayo de 1942, durante la celebración jubilar de las apariciones. «Si, nosotros estamos firmemente convencidos que debemos la transformación maravillosa de Portugal a la protección de la Santísima Virgen.» (1)

UN RENACIMIENTO CATOLICO ADMIRABLE

    Este milagro de conversión no fue algo afirmado más tarde por los historiadores, en retrospectiva y después de estudiar detenidamente las estadísticas. No, fue tan evidente que aun apareció a la gente de aquel tiempo como una maravillosa, incuestionable obra de Dios. Debemos citar el testimonio inapreciable del Cardenal Cerejeira. El se congratuló al recordar que fue la visión de tantas conversiones, lo que finalmente lo llevó a creer en las apariciones de Fátima:

    «Fui uno de esos que al principio  no creyeron en el milagro. Me pareció como una (p.405) falsificación de Lourdes. En ese tiempo yo estaba en Coimbra, no lejos de Fátima, profesor en la Facultad de Letras de la Universidad, donde enseñaba Historia. La gente discutió el hecho apasionadamente, pero éste no me interesó. No leí siquiera los relatos en los periódicos de aquel entonces, aunque el tema era de candente interés.

    «Fátima, sin embargo, consiguió vencer tanto la prudente reserva de la Iglesia como la violenta oposición del gobierno jacobino** de entonces. La peregrinación creció continuamente. Esto produjo más y más conversiones de incrédulos, y se habló de curaciones… Desde mi casa, oculta en un rincón de la Universidad, cuando llegaban los doce y los trece de los meses de peregrinación,  vería continuas procesiones de automóviles que duraban horas.

    «Este entusiasmo, que se incrementó de año en año, aunque faltó toda ayuda externa, y fue incluso resistido, junto con el conocimiento de hechos maravillosos y la abundancia de frutos espirituales, comenzó a sacudir mi indiferencia…

    «En 1928, fui elevado al Episcopado y asignado como auxiliar de mi predecesor, el Cardenal Mendes Belo, Patriarca de Lisboa. Allí comencé a ver el fervor despertado en las parroquias por la devoción a Nuestra Señora de Fátima. Algunos de mis colegas en el episcopado acostumbraban a decirme: "Vaya a Fátima, siéntese en un confesionario y verá usted." Realmente, el Pentecostés de conversiones era obvio. En cuanto a mi, siempre recuerdo a un antiguo compañero de estudios en el Liceum, un anticlerical delirante que podía llegar al extremo de vociferar en las calles (contra el clero). Por aquel tiempo, él vino a buscarme (p.406), para contarme que se había convertido en Fátima…» (2)

    El Cardenal nunca dejó de repetir que fue el milagro de conversiones que obró en la Cova da Iria, -un milagro más grande que la resurrección de los muertos- el que abrió sus ojos a Fátima. (3)

    Nosotros necesitaríamos todo un libro para hacer justicia a la importancia de la renovación religiosa que experimentó Portugal en aquel tiempo. Daremos solamente una prueba, una prueba que sola es suficiente porque nunca falla: las vocaciones sacerdotales y religiosas. Esta es la señal infalible de la vitalidad de una Iglesia, como observó con justicia Juan XXIII.

    LOS SEMINARIOS fueron colmados con una velocidad asombrosa. Seremos breves, porque los números son elocuentes y nos dispensan de todo comentario. En 1917, había dieciocho seminaristas en la diócesis de Portalegre. ¡En 1929, cuando el Obispo visitó al Papa Pío XI, había ciento veinte, y cuatro años más tarde, en 1933, doscientos uno! En la pequeña diócesis de Leiría, a la llegada del Obispo da Silva en 1920, el Seminario estaba cerrado. En 1933, ya contaba con setenta y cinco seminaristas. En el bastión católico del norte, hubo una verdadera explosión de vitalidad, ¡en 1933 había cuatrocientos setenta y ocho seminaristas solamente en la diócesis de Braga! (4)

    ¿Y LOS SACERDOTES? El incremento en sus filas es proporcionado al incremento en el número de seminaristas, lo cual prueba el buen orden y el fervor de los seminarios, los cuales pudieron conducir al sacerdocio a la gran mayoría de sus alumnos. Aquí, los números de 1917 deben ser comparados con los de 1933. He aquí (p.407) los números de 1933 y 1964, que muestran que la renovación despertada por Fátima no fue una llamarada: en 1933, la diócesis de Braga contó con 2618 sacerdotes. En 1964 tenía 3188. La provincia de Lisboa fue de 950 sacerdotes a 1603. Aún en la provincia de Evora, en el sud, la región más descristianizada del país, el clero todavía aumentó en cien sacerdotes: 180 en 1933, 277 en 1964. En el promedio de estos treinta años, el número de sacerdotes se incrementó en un veinticinco por ciento. (5)

    EN CUANTO A LOS RELIGIOSOS, quienes fueron expulsados por la revolución de 1910, y prohibidos legalmente hasta 1926, contando todas las ordenes hubo 370 en todo el país. En 1941, los jesuitas ya eran más de 300, y el anuario católico indicó un total de 1321 religiosos profesos. En otras palabras, ¡el número de religiosos casi se cuadruplicó en diez años!

    EL INCREMENTO EN LAS COMUNIDADES RELIGIOSAS siguió la misma curva ascendente. El ejemplo de las Hermanas Doroteas que acogieron a Lucía, es significativo. En 1917, ellas tenían un solo establecimiento en Portugal, el Asilo de Vilar, donde las religiosas podían estar mientras vistieran ropas seculares. «Para  1934, ellas ya poseían quince grandes casas educacionales o de caridad; y otras fundaciones siguieron después de aquellas.» (6)  El ejemplo de las "Hermanas de Reparación de Nuestra Señora de los Dolores de Fátima", podría citarse también. Esta es la congregación fundada por el Canónigo Formigao. En suma, las ordenes de mujeres experimentaron una magnífica restauración, en feliz contraste con los años tristes de tormento revolucionario. En 1941, Portugal contó con 3815 monjas profesas, y su (p.408) número continuó creciendo hasta la reciente decadencia, cuyas causas habremos de examinar más tarde.

    LA GRAN RENOVACION DE LA VIDA CRISTIANA, por supuesto, tuvo muchos otros aspectos: el desarrollo de la prensa católica, y la radio, con la radioestación "Radio Renacimiento", varias peregrinaciones, retiros espirituales, por no mencionar los éxitos de una Acción Católica que tenía un color propio: firmemente integrada dentro de la estructura diocesana y de la vida parroquial, consagrada por los Obispos al doble culto de Cristo Rey y de Nuestra Señora de Fátima; poco parecida a la Acción Católica de Francia o de Bélgica, donde ambas eran probablemente diferentes, pero sobre todo laicizadas, democratizadas, y ya un poco marxistas. El solo título del gran movimiento fundado en 1934 como auxiliar de la Acción Católica en Portugal, revela su espíritu: "La Pía Unión de los Cruzados de Fátima", ¡que congregó rápidamente quinientos mil miembros! Devoción y Cruzada, estos fueron los dos grandes polos de espiritualidad predicados entonces, ¡y con el mayor éxito! Sin saberlo entonces, la Iglesia ya estaba viviendo plenamente la espiritualidad del Secreto de Fátima, y la gente era tan acérrimamente anticomunista, como ardientemente devota del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Los dos sentimientos iban juntos, pues no hay verdadero amor de Dios sin odio a satán y a su obra en el mundo, y el deseo efectivo de arrancar de él, a través de una cruzada, la multitud de pobres almas esclavizadas por su dominación. Para originar «esta admirable y prodigiosa renovación de la vida religiosa en las almas», (la expresión (p.409) es del Cardenal Cerejeira) (7) Nuestra Señora de Fátima no vino a enseñar "nuevos métodos de apostolado, más adaptados a la mentalidad y a la cultura modernas". No, Ella, vino a recordar el catolicismo más tradicional en todo su vigor, el del Evangelio, el catolicismo de San Luis María Grignion de Montfort o el de San Maximiliano Kolbe, justo en nuestro siglo veinte. Este catolicismo consiste en el amor a Dios y el odio a satán, lo que significa amor a la Cruz y tierna devoción a María, desprecio por el mundo y auto-renunciamiento, oración y sacrificio, en suma, la eterna Sabiduría Divina en todo su vigor, con toda su fuerza, y con toda su atracción sobrenatural. Esta es la religión que convirtió y transformó a Portugal, hasta el punto que en 1942 el Cardenal Cerejeira pudo declarar a un periodista francés: «En todo el país, usted apenas podría conseguir reunir un puñado de enemigos de la religión.» (8) Sin embargo, una minoría subsistió realmente, pero entonces su influencia social se había vuelto estrictamente proporcional a su escaso número; ellos no fueron ni perseguidos ni molestados, ellos ya no contaron.

    "¡Milagro!", siguieron repitiendo los Obispos durante el jubileo de las apariciones en 1942. Ellos declararon:

    «Cualquiera que pudiera haber cerrado sus ojos hace veinticinco años y los abriera ahora, ya no reconocería a Portugal, tan vasta es la transformación obrada por el modesto e invisible factor de la aparición de la Santísima Virgen en Fátima. Realmente, Nuestra Señora quiere salvar a Portugal.» (9) (p.410)

II.   UN MILAGRO DE RENOVACION POLITICA Y SOCIAL

    Para salvar a Portugal en forma más duradera y efectiva, Nuestra Señora de Fátima no se conformó con convertir a las almas llevando cada una individualmente a Dios. No, Ella quiso que esta tierra de Portugal fuera consagrada a Ella una vez más; un verdadero país de la Cristiandad otra vez, donde la vida social y política en sí estuviera impregnada por la gran luz de la Fe y las energías de la Gracia Divina, por intermedio del ministerio de la Iglesia.

    El Papa Pío XII no dudó al describir en términos elocuentes este cambio radical en la vida nacional, designando a Nuestra Señora de Fátima como su causa original y verdadera:

    «En una hora trágica de tinieblas y aflicción, cuando la nave del Estado de Portugal, habiendo perdido la guía de sus tradiciones más gloriosas y llevada fuera de su curso por las corrientes anticristianas y antinacionales, pareció estar errando hacia un naufragio cierto, inconsciente de los peligros presentes y futuros cuya gravedad nadie podía predecir humanamente; en aquella hora, el Cielo, que predijo estos peligros, intervino, y en las tinieblas brilló la luz, del caos reinó el orden, la tempestad calmó y la fiel Portugal pudo renovar sus tradiciones gloriosas, como nación cruzada y misionera. ¡Todo honor a aquellos que han sido los instrumentos de la Providencia en esta gloriosa empresa!» (10)

    Esta empresa, que Salazar condujo con tal claridad de objetivos y coraje, fue en realidad nada menos que una auténtica restauración de la Cristiandad. Citemos otra vez a Pío XII, quien (p.411) dijo del dictador: «Yo lo bendigo con todo mi corazón, y abrigo los deseos más ardientes de que pueda completar exitosamente su obra de restauración nacional, tanto espiritual como material.» (11)

    La restauración nacional logró el éxito, porque tuvo antes que nada principios firmes. Salazar tenía una doctrina firme: la doctrina de la Contra-Revolución, tomada de las mejores fuentes de los maestros franceses, de Joseph de Maistre a la Tour du Pin, a Charles Maurras. Solo esta doctrina pudo salvar a su pueblo de la Revolución Bolchevique. (12)

    LA VIRGEN INMACULADA Y LA REVOLUCION. Que no haya confusión. El 13 de Mayo de 1931, cumpliendo los pedidos del Cielo, los Obispos portugueses consagraron su país al Inmaculado Corazón de María, para que ella pudiera salvarlo del comunismo, que estaba echando raíces en España. No es suficiente decir que fue Ella quien obró este milagro de paz. Debemos describir como Ella lo hizo, que medios usó. Pues sería irreal e infantil imaginar que el Cielo pudo intervenir en hechos políticos, contra el curso que estos hubieran tomado, preservando a Su pueblo del peligro de la revolución, mientras dejaba el país en manos de un gobierno que estaba yendo a toda velocidad hacia aquella revolución.

    Si, como Ella anunció en Su secreto, es por la Revolución Comunista que satán propagará en nuestro siglo los errores que seducen a las naciones, provocando guerras y persecuciones que asolarán al mundo, cuando quiere salvar un pueblo de esta pestilencia, lo hace muy abiertamente, levantando el (p.412) único remedio efectivo: una verdadera contra-revolución católica.

«EL NUEVO ESTADO» CONTRA LA REVOLUCION

    Desde 1928, la influencia de Salazar dentro del gobierno había crecido progresivamente. El 5 de julio de 1933, él se convirtió en Presidente del Consejo. Desde entonces, a pesar de la apariencia republicana de las instituciones, como jefe del gobierno tomó la dirección soberana del gobierno. Prudentemente, lentamente, pero con tenacidad invencible, puso en práctica su programa. ¿Cual fue este programa? Fue antes que nada, y resueltamente, contrarrevolucionario. Esto es lo que le dio su fuerza y permitió subsistir al Nuevo Estado, reconstruirse y restaurarse. (13)

    "LA GRAN HEREJIA DE NUESTRO TIEMPO": EL COMUNISMO. Con una clarividencia rara para este tiempo, Salazar denunció al comunismo como un resurgimiento del totalitarismo o de la esclavitud, o del expansionismo, del cual la Rusia zarista era comúnmente acusada. No, él percibió que el mal no era Rusia, sino solamente el comunismo antinacional. El escribió:

    «En realidad, el comunismo ruso hoy no representa ni un régimen político ni un sistema económico: es una doctrina, una religión. Por la mediación de sus apóstoles y agentes revolucionarios, pretende reemplazar por otras concepciones, aquellas que la mayoría de los pueblos civilizados han recibido más o menos directamente de Roma y de la Cristiandad, y ésto en el mundo entero. Pero parece que muy pocos se dan cuenta hasta que punto los principios de una y de otra son irreconciliables.» (14)

    En otras palabras: está claro que para Salazar el comunismo (p.413) es anti-civilización, anti-cristiano, anti-Iglesia y anti-Cristo.

    El comunismo es la revolución en su misma esencia:

    «El comunismo es la síntesis de todas las rebeliones tradicionales de naturaleza contraria al espíritu, y de la barbarie contra la civilización. Es la "gran herejía" de nuestro tiempo… Tiende a la subversión de todas las cosas, y en su furia destructiva, no distingue el error de la verdad, el bien del mal, la justicia de la injusticia. De poca importancia son para él la historia y las experiencias centenarias de la humanidad, la vida y la dignidad del intelecto, los sentimientos más puros de la familia, el honor de la mujer y su honestidad, o la existencia y la grandeza de las naciones, mientras con su falsa concepción de la humanidad logre la esclavización del hombre y su peor sujeción.» (15)

    ¿Qué Jefe de Estado, qué príncipe de la Iglesia habló sobre el comunismo con esta claridad en 1936, aun antes que estallara la guerra en España? Como veremos, el mismo Papa Pío XI no lo había hecho así, desafortunadamente para la Iglesia y para Europa.

    "CONTRA TODAS LAS GRANDES HEREJIAS DE NUESTROS TIEMPOS. Pero Salazar sabiamente no se detuvo en denunciar meramente solo el peligro del comunismo. Si el comunismo es la quinta esencia del mal, es porque es la síntesis de "todas las herejías" que lo han precedido, preparado y asegurado su victoria.

    Salazar no cometió el error de alzarse contra el comunismo en nombre de los Derechos del Hombre y la dignidad absoluta de la persona. No, es porque destruye la familia, socava los países y quiere suprimir a Dios, porque el comunismo (p.414) es "intrínsecamente perverso, como diría Pío XI un año más tarde. Salazar había comprendido ésto y lo explicó a ochenta mil portugueses que lo aclamaron el Braga, en mayo de 1936.

    «Nosotros estamos, así, contra todos los internacionalismos, contra el comunismo, contra el socialismo, contra el sindicalismo libertario, contra todo lo que rebaja, divide o disuelve la familia, contra la lucha de clases, contra los sin Patria y sin Dios, contra la esclavitud en el trabajo, contra la concepción puramente materialista de la vida, contra la fuerza como origen de la ley. Nosotros estamos contra todas las herejías de nuestros tiempos…» (16)

    En la página siguiente, él completa la lista: «Nosotros somos anti-parlamentaristas, anti-democráticos, anti-liberales, y queremos constituir un Estado corporativo.»

       ¿ANTI-DEMOCRATICO Y ANTI-PARLAMENTARIO? Si, porque «la democracia parlamentaria resultó en todas partes en inestabilidad y en desorden…» Porque la democracia liberal «nos ha privado de algunas de las libertades que poseíamos y se ha mostrado incapaz de asegurarnos  aquellas que pudimos obtener. Nosotros somos anti-democráticos porque nuestra democracia, que en apariencia depende del pueblo y proclama representarlo, alcanza el punto en que lo recuerda solamente en el momento de las elecciones; mientras nosotros queremos elevar al pueblo, educarlo, protegerlo, y arrebatarlo de la esclavitud de la plutocracia.

    «Si la preocupación por el pueblo ocupa nuestro corazón, y si somos defensores de su ascenso continuo en el orden material y moral, ésto no implica de ninguna manera que creamos que el origen del poder se funda en las masas, y que (p.415) el gobierno puede ser la obra de la multitud y no de una elite a la que le incumbe dirigir al pueblo y sacrificarse por él.» (17)

    Como dijo Gonzaga de Reynold, Salazar ejerce el poder «como un cristiano llevando su Cruz.»

    ¿ANTI-LIBERAL? «Nosotros estamos contra las grandes herejías de nuestro tiempo, porque nunca hemos visto que la libertad que propaga tales herejías haya sido fuente de bien; esta libertad que siendo otorgada a los bárbaros de nuestros tiempos modernos, sirve solamente para socavar los fundamentos de nuestra civilización. (18)

    «Podemos ser capaces de ir en nuestra tolerancia hasta las divergencias doctrinales que sobre diferentes puntos dividen a los hombres, pero estamos forzados a decir que no reconocemos ninguna libertad contra la nación, contra el bien común, contra la familia, contra la moral. Al contrario,  queremos que la familia y la escuela impriman indeleblemente sobre las almas estos altos y nobles sentimientos que caracterizan a nuestra civilización, y al profundo amor a nuestro país, al igual que a aquellos que le dieron forma y lo hicieron crecer en el curso de las edades.» (19)

    En este espíritu, Salazar disolvió la Francmasonería en 1935. La Francmasonería había fomentado continuamente complots, perpetrado intentos de asesinato, y procuró con todo su poder derrocar al Nuevo Estado, para arrojar a Portugal en la lucha revolucionaria al lado de la España Roja. (20) Un hecho simbólico: el 18 de diciembre de 1937, la "Legión Portuguesa", encargada de difundir el ideal católico y nacionalista del nuevo estado, se instaló en el edificio del "Gremio Lusitano", antiguo cuartel de la todopoderosa Francmasonería. (21) (p.416)

«NOSOTROS QUEREMOS CONSTITUIR UN ESTADO CORPORATIVO»

    La contra-revolución es solo el lado negativo, pero es el paso primero e indispensable de la gran obra de restauración a ser emprendida. Todos los escritos de Salazar y sus acciones nos llevan a declarar que él concibió esta restauración exactamente como lo hizo San Pío X. El Papa Santo afirmó:

    «No, la civilización no es algo a ser inventado, ni es la nueva ciudad a ser construida en las nubes. Esta ha existido y aún existe; es la civilización cristiana, la Ciudad Católica. Solo necesita ser restaurada y renovada continuamente sobre sus fundamentos naturales y divinos…» (22)

    ¿Corresponden a este ideal los grandes principios que Salazar nos propone como fundamentos de todo el edificio político? El lector puede juzgar por si mismo:

    "DIOS, PATRIA, AUTORIDAD, FAMILIA, TRABAJO." «Para las almas desgarradas por la duda y el negativismo de este siglo, nosotros hemos tratado de restaurar el consuelo de las grandes certidumbres. Nosotros no hemos puesto a Dios o a la virtud en discusión; nosotros no hemos puesto a nuestra Patria y a su historia en discusión; nosotros no hemos puesto en discusión la autoridad y su prestigio; o a la familia y a la moral propia de ella, o a la gloria del trabajo y al deber de trabajar. (23)

    «…Nosotros queremos construir el Estado social y corporativo, acorde con la constitución natural de la sociedad: familias, parroquias, municipalidades, corporaciones…»

    Defender y restaurar estas sociedades elementales que componen la nación, representarlas efectivamente en el gobierno; tal es la mayor preocupación que anima toda (p.417) la política social de Salazar. Esta es una preocupación cristiana, que no apunta a otra cosa que a restaurar el antiguo orden católico que una vez generó la grandeza de la Cristiandad.

    Salazar fue muy cuidadoso de no proponer cualquier ideal mal concebido a su pueblo. El Catolicismo, dijo,  puede ser reemplazado solamente por «falsificaciones viles». De tales pseudo-ideales él trató celosamente de preservar a su pueblo, especialmente a la juventud. Respecto a ciertos jóvenes nacionalistas dijo:

    «Ellos quieren vivir una vida intensa, frenética. Las demostraciones grandiosas y tumultuosas en la vida de Alemania o de Italia, el estilo de Hitler o de Mussolini fascina sus imaginaciones. ¡Ellos desearían que yo los inflame con una suerte de odio sagrado, que  los lance ferozmente contra sus enemigos! Ese no es mi objetivo: yo quiero normalizar la nación.»

    En otra ocasión él dijo a Henri Massis:

    «Nosotros estamos viviendo mentiras, hipérboles. ¡Se hacen grandes intentos sistemáticos para sembrar confusión en las almas de la gente, a riesgo de entregarla a una destrucción fatal!»

    ¡Que clarividencia, justo dos años antes de las matanzas de la Guerra Mundial! Continúa Salazar: «En cuanto a mi, tengo solamente una meta…¡Lo que me propuse es conducir a Portugal permanentemente hacia la vida! (24)

    ¡Que sabiduría! En el momento en que toda Europa estaba siendo entregada al fuego y a la sangre en nombre de las políticas más mortales transformadas en religión, la religión de los Derechos del Hombre y de la democracia, o la religión del estado, de la raza y de la sangre, Salazar simplemente se aplicó a procurar para (p.418) su pueblo esta "tranquilidad en el orden" que es la definición de la paz. Nosotros vemos su rol, exactamente como lo definió San Pablo: el Apóstol pide oraciones «por los emperadores  y por todos los constituidos en dignidad, a fin de que  podamos llevar una vida tranquila y calma con toda piedad y honestidad. Porque esto es lo bueno y agradable a Dios…» (25)

    Este es el ideal de Salazar. De allí sus dudas sobre una industrialización y modernización de vida demasiado apresuradas, y su odio al materialismo frenético de la vida moderna:

    «Nosotros queremos preservar a cualquier precio, de esta ola que está cayendo sobre el mundo, la simplicidad de vida, la pureza de costumbres, la bondad de sentimientos, el equilibrio de las relaciones sociales, esta modesta pero noble atmósfera familiar que es propia de la vida portuguesa.» (26)

    Pero la herencia nacional no es solo "este antiguo espíritu patriarcal" al que debe dedicarse esfuerzos por mantener, es también todo un pasado glorioso,  es la cruzada, son los grandes monarcas de la época colonial y misionera. Y Salazar nunca dejó de exaltar esta gran tradición católica y monárquica que el quiere renovar. (27)

"LA IGLESIA Y EL ESTADO COOPERANDO FELIZMENTE"

    Esta hermosa fórmula que nosotros tomamos de San Pío X en su "Carta sobre El Sillón", (28) expresa lo que fue realmente Portugal por cuarenta años.

    Ayuda mutua, concordia y armonía, pero nunca dependencia servil, tanto en el sentido de un cesaropapismo que hace a la Iglesia vasalla del poder político, como en el sentido de un clericalismo que hace intervenir a la Iglesia en (p.419) decisiones estrictamente políticas donde no están en juego ni la fe ni las costumbres.

    Salazar detestó toda intromisión del Estado en los asuntos de la Iglesia. El consideró ésto la gran lección a ser aprendida de la experiencia triste del siglo diecinueve con sus concordatos. (29) En primer lugar, él quiso dejar a la Iglesia total libertad de acción, y no esclavizarla con el pretexto de venir en su auxilio material. En Portugal, el clero no recibe salario del Estado. Además, para evitar la reaparición de un anticlericalismo, que aún era virulento en todo un sector de la población urbana, Salazar prefirió ir muy lentamente. No quiso hacer una ostentación demasiado provocativa de las orientaciones claramente católicas del nuevo estado. Así, hasta 1940 no fue firmado un concordato con la Santa Sede.

    EL CONCORDATO DEL 7 DE MAYO DE 1940. Curiosamente, en este acuerdo, la Religión Católica no es reconocida como religión oficial del Estado Portugués, y por lo tanto, en teoría, permanecía la separación de la Iglesia y el Estado. Nosotros no tenemos intención de entrar aquí en ese difícil debate que hizo fluir tanta tinta en Portugal.

    Si tal vez este Concordato no fue doctrinariamente perfecto como debió haber sido, garantizó sin embargo a la Iglesia una completa libertad, y sobre varios puntos proveyó soluciones nuevas y sensatas.

    Así, sobre la cuestión de la enseñanza religiosa: está permitido enseñar en todas las escuelas «la Religión Católica y costumbres a los estudiantes cuyos padres o tutores no hubieren pedido ser dispensados de esta enseñanza» (art. 21). (30) Y ésto deja en claro que «en ningún caso esta enseñanza puede ser dada (p.420) por personas no aprobadas como aptas por la autoridad eclesiástica.»

    Con completa libertad, y además, con los subsidios otorgados a las escuelas parroquiales, ¿como pudo ser más favorecida la educación católica de toda la juventud?

    Otro punto notable: la legislación sobre matrimonio. «El Estado Portugués reconoce los efectos civiles de los matrimonios celebrados de acuerdo a las leyes canónicas.» Igualmente, en caso de anulaciones, el Estado reconoce las decisiones de la Iglesia (arts. 22 y 25). Mejor aún, «en armonía con las características esenciales del matrimonio católico, está entendido que por el mismo hecho de la celebración de un matrimonio canónico, los esposos renuncian al derecho legal de pedir divorcio, el cual, consecuentemente no puede ser aplicado por los tribunales civiles a los matrimonios católicos.» (art. 24)

    Esta sabia medida, debe decirse, contribuyó gratamente a la renovación espiritual de Portugal. ¿Por qué? Porque el número de matrimonios católicos, lejos de disminuir debido a la cláusula que excluye la posibilidad de un futuro divorcio, al contrario, crecieron constantemente. En 1930, los matrimonios católicos fueron el 70.3 % del total. ¡En 1960, fueron el 90.6 %! Claramente, el número de divorcios también disminuyó en proporción. En Braga, en 1960, no más del 0,6 % de los matrimonios fueron ceremonias civiles. (31)     En el mismo texto del concordato, podríamos citar muchos otros ejemplos de la ayuda efectiva que el estado de Salazar dio a la obra de la Iglesia, para la salvación de las almas. Citemos solamente el "Acuerdo Misionero" que completó y agregó precisiones al Concordato para los inmensos territorios del Imperio Portugués. Este (p.421) es un texto magnífico en el cual todo está concebido para el máximo desarrollo de las misiones católicas. Gracias a la ayuda del estado, las misiones pudieron gozar prácticamente de un monopolio sobre las obras educacionales y de caridad en todas las colonias del país. Subsidios incluso para los seminarios y noviciados, concesiones gratuitas de las tierras necesarias, reembolso de los gastos de viajes, pensiones para todo el personal de la misión; nada que pudiera favorecer la extensión del Reino de Dios fue olvidado.

    Esta, entonces, es la magnífica obra política y social cumplida en Portugal bajo el estandarte de Nuestra Señora de Fátima. «Salazar ayuda a Fátima. Fátima ayuda a Salazar», escribió Gerard de Sede, para provocar la indignación del lector. ¡Poco pudo el pobre hombre darse cuenta cuan cierto era! Fue exactamente como él ha dicho. Desde su puesto, y tanto como le fue posible, Salazar ayudó a Nuestra Señora de Fátima a salvar a Portugal. Pero como veremos, Nuestra Señora le devolvió el favor, ayudando a Salazar frente a las tormentas en las que, sin la ayuda y la protección de la Iglesia, indudablemente hubiera sido derrumbado junto con toda su obra, para desgracia de Portugal.

NOTAS

(1) Merv. In., p.326.
(2) Prefacio a Fatima et les destins du monde, del Canónigo Barthas, p. 7-8.
(3) Cfr. prefacio a Jacinta, Obras pastorais, Vol. II, p. 330-331; cfr. también el prefacio a Fátima, de G. Renault, p. IX. Leer también los relatos conmovedores  en Merv. In., p. 231-242.
(4) Cfr. Padre Serafim Leite, S.J., artículo "Portugal" en el Dicc. de teol. cat., col. 2616.
(5) Estas dos series de números pueden encontrarse en las dos ediciones sucesivas de la obra del Canónigo Barthas: Merv. XXs., p. 16 y Fátima 1917-1918, p. 21.
(6) Fátima 1917-1968, p. 283.
(7) Carta Pastoral Colectiva para el Jubileo de las apariciones en 1942, Merv. XXs., p. 338.
(8) Merv. XXs., p. 261.
(9) Ibid., p. 338.
(10) Radiomensaje del 31 de octubre de 1942, De Marchi, p. 320.
(11) Gazette de Liège, 9 de setiembre de 1948, citado por Ploncard d’Assac, p. 227. Cfr. también L’Ordre Français, setiembre-octubre, 1970, p. 11.
(12) La expresión "revolución nacional", usada por Salazar no debe engañarnos. Si él conservó esta expresión a pesar de su ambigüedad, es por que la tomó de los generales que habían salvado el país del golpe de estado del 28 de mayo de 1926. Pero él pudo, en aquella ocasión, clarificar el sentido por el cual debe entenderse el de una revolución contra "el desorden establecido": «Si yo soy revolucionario, es hasta el punto que estoy… por la verdad contra la impostura, (p.437) por el orden contra el desorden, al cual este país estaba acostumbrado.» (Citado por H. Massis, Chefs, p. 112, Plon., 1939.) (13) En 1936, para el décimo aniversario del golpe liberador del 28 de mayo, Salazar redactó un balance de la obra cumplida. Este texto, de cincuenta páginas, es notablemente rico. Seguramente constituye el mejor resumen de su programa. Fue publicado en francés bajo el título: Comment on relève un Etat. Flammarion, 1936. Nosotros citamos de él bajo la abreviatura CRE.
(14) CRE, p. 21.
(15) Ibid., p. 29.
(16) Ibid., p. 17.
(17) Ibid., p. 19.
(18) Ibid., p. 17.
(19) Ibid., p. 30.
(20) Cfr. León de Poncins,  Le Portugal renaît, Beauchesne 1936, y del mismo autor: Histoire secrète de la Révolution espagnole, p. 121-123, Beauchesne 1938.
(21) Ploncard d’Assac, p. 150. Una de las primeras decisiones de los revolucionarios de 1974, sería devolver este edificio a los Francmasones, quienes se han instalado allí una vez más. ¡Es siempre la misma lucha implacable que continúa!
(22) Lettre sur le Sillon Nº 11, CRC 47, agosto de 1971.
(23) CRE, p. 45.
(24) Henri Massis, Chefs, p. 112 y 99.
(25) I Tim. 2, 2.
(26) 15 de abril de 1937. Citado por Ploncard d’Assac, p. 142.
(27) Uno debe leer el discurso admirable para la conmemoración de la victoria de Aljubarrota, que Salazar ordenó que fuera leído en todas las escuelas del país el 14 de agosto de 1935. Le Portugal et la crise eurpéenne, p. 5-12, Flammarion, 1940.
(28) Nº 44, CRC 47, agosto de 1971.
(29) Aunque la monarquía se había vuelto liberal y masónica, el catolicismo jurídicamente seguía siendo la religión del Estado, y las relaciones entre los dos poderes fueron gobernadas por concordatos. El resultado fue desastroso. Admitido, el Estado subsidió el culto, pero al contrario, interfirió con al Iglesia en forma escandalosa. «¡En aquella era», escribe Salazar, «la Iglesia estaba unida al Estado por cadenas de oro»! La decadencia religiosa continuó siendo acelerada en forma seria. Salazar, Principes d’Action, p. 69. Fayard, 1956, cfr. Ploncard d’Assac, p. 176 ss.
(30) El texto del Concordato y del Acuerdo Misionero que lo completa, está citado en los Documents pontificaux de S.S. Pie XII, Vol. II, p. 151-168, Saint Augustin editores. (Saint-Maurice, Suiza.)
(31) Cfr. Anne-Marie Azam-Lafont, La Liberté religieuse au Portugal, p. 147, 181, 186, Tesis Doctoral, octubre de 1976, Universidad de Toulouse.

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