Panorama Católico

Tronos a las causas, cadalsos a los efectos

Hay un punto débil que los grandes maestros tantas veces señalaron y estos católicos, sin embargo, no terminan de poner en práctica cuando se trata del problema de la Iglesia Católica actual: El elogio o al menos el silencio de aquello que produjo las consecuencias que se denuestan. 

No voy a decir nada original, (tratado también aquí y aquí) pero sí algo necesario. Algo que es necesario repetir, repitiendo la célebre frase del tradicionalista Vázquez de Mella: “Levantan tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias”.

Es el punto débil que los grandes maestros tantas veces señalaron y estos católicos, sin embargo, no terminan de poner en práctica cuando se trata del problema de la Iglesia Católica actual, atacada por el neomodernismo, a saber: El elogio o al menos el silencio de aquello que produjo las consecuencias que se denuestan.

Es la postura de la web española Infocatólica, en la cual se pueden leer con frecuencia muchos artículos edificantes y noticias o denuncias provechosas.  Este es el caso de la que realizó la señora Ma. Virginia Olivera de Gristelli en su blog en ese portal. La horrenda profanación de la catedral de Luján.

Tras un detalladísimo recuento de los números “artísiticos” con que se celebró la restauración del histórico edificio, la autora increpa a las autoridades religiosas por la insensata idea de realizar tal festejo:

Al Card. Poli,  a Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Mercedes-Luján, y al rector de la Basílica, P. José Daniel Blanchoud, y Mons. Bruno (administrador), les preguntamos:¿qué les hizo pensar que este “espectáculo” sería el que más Gloria a Dios daría para festejar la remodelación del templo?¿Hay acaso algo más importante o relevante que ella, a la hora de autorizar algo dentro de un templo, que además es basílica nacional? ¿Realmente no había algo más “católico” que proponer? ¿Creen que la basílica no es también la casa de todos los católicos argentinos que nos sentimos profundamente agraviados con esto?
¿No es esto un “terrorismo de guante blanco”, contra los fieles, desde la propia casa?
¿No somos también ovejas a las que cabría tener en cuenta, para que no nos sintamos abofeteados con este tipo de elecciones?…

Obviamente, tiene razón en todo lo que dice y lo suscribimos. ¿Pero… no es ya tiempo de dejar de lamentar las consecuencias sin denunciar las causas?

Silencios prudentes

He hablado con muchas personas que sostienen esta posición, la de señalar los errores pero mantener un prudente silencio sobre las causas, que indudablemente conocen. Conocen y admiten a veces en círculos íntimos. Pero no señalan en público. Esto lo justifican como una conducta “prudente”.

Porque aguijonear no solo las causas sino también a los causantes, a los primeros y a los últimos (o sea, a los que comenzaron esto y a los que están por encima de todos en la cadena de responsabilidades) -sostienen estas personas- es imprudente. Puede mover a escándalo y confusión.

¡Menudo argumento! Vivimos en medio del escándalo y la confusión…

Escucho esto desde los años 70. Literalmente. Entiendo que hace 45 años podía haber margen para una especulación prudente: es una locura pasajera, el próximo papa va a poner orden, Dios encaminará las cosas, etc.  Y, a priori, nada puede discutirse. Pero 45 años después, muchas cosas pueden y deben discutirse.

  1. es una locura pasajera: pues no ha pasado, sino empeorado.
  2. El próximo papa va a poner orden: se ve que no, puesto que ni siquiera Benedicto, la gran esperanza de este sector pudo o quiso hacer mucho. Y lo digo con todo respeto y cariño por el papa Ratzinger, hombre de buena voluntad pero débil y muy marcado por las ideas modernistas.
  3. Dios encaminará las cosas. Es indiscutible, pero no es necesario llegar al quietismo. Y de hecho lo saben porque son gente de combate. Pero siguen combatiendo en la vanguardia mientras los traicionan en la retaguardia.

Uno se pregunta, ¿qué se necesita para que estas esperanzas que pudieron haber sido razonables hace algunas décadas finalmente queden en evidencia como erroneas?.

En el orden dogmático los modernistas no han dejado tropelías por cometer.

En materia litúrgica puede decirse que ha pasado Atila con sus huestes por sobre toda la sagrada tradición de la Iglesia. Un tema no menor, entre tantos: el manoseo sacrílego e insensato de las sagradas formas, del cual la misa de Francisco en Filipinas fue la expresión más grandiosa y grotesca. Millones hostias consagradas revoleadas entre millones de personas. ¿Es esta profanación digna de un largo denuesto como el que con toda justicia se ha hecho por los hechos de Luján? No hay duda. Y sin embargo…

Por fin, el último clavo ardiente del que se sostenían ha caído estrepitosamente. Francisco ha dado luz verde, y él mismo inició, con sus declaraciones, ese abominable Sínodo que amenaza repetirse este año, como si el daño producido no fuera ya suficiente. Van a legalizar, muy probablemente, el sacrilegio de dar la comunión a personas que viven en pecado mortal de un modo habitual, lo cual es una profanación infinitamente mayor que la de la catedral de Luján.

Y digo van a “legalizar” porque ya de hecho se hace en muchísimos lados. Van a poner blanco sobre negro que ya no hay matrimonio católico de institución divina, que hay “variantes”, entre las cuales se deja ver con absoluta claridad hasta el “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Francisco mismo ha aconsejado a sus “teledirigidos” (dirigidos por teléfono) comulgar en pecado mortal, ha llamado “conejas” a las madres católicas numerosas, ha recibido a transexuales en audiencias privada y los ha despedido con su bendición, etc.

Todas estas horrendas acciones del papa Francisco ¿no merecen artículos indignados como el dedicado con toda justicia a la profanación de Luján?

Es más, ¿qué ha hecho Francisco ante la profanación de Luján y tantas otras? Nada. ¿Por qué será? Tal vez porque él no lo considera una profanación. ¿Y entonces, para qué la denuncia de la blasfemia sin señalar al que patrocina ideológicamente y con su protección a los blasfemadores?

¿No es hora de señalar a los responsables, sean o no sean papas? ¿No es hora de apuntar a las ideas que nutren las conductas de todos estos clérigos, sean o no sean papas, obispos o cardenales? ¿No es hora de decir que esto es fruto del Concilio copado por el neomodernismo, no de los “excesos” sino del Concilio mismo? Y que han canonizado chapuceramente al papa que lo inició y al que lo aplicó en toda la línea, mientras se busca afanosamente canonizar a quien lo lanzó con mano de hierro contra la resistencia de gran parte del catolicismo?

¿Qué los frena justo en la línea donde comienza a entenderse el problema? Es un misterio.
Nuestro Señor nos ha advertido que el Espíritu Santo nos argüirá de pecado? Y dice la exégesis tradicional y unánime de la Iglesia que ese juicio será por el pecado contra el Espíritu Santo, por el rechazo a la Verdad.

Deseo y rezo para que no haya en esta obstinada negación de las causas un pecado contra la Verdad que pueda ser argüido por el Espíritu Santo. Espero y deseo que haya obstáculos humanos que todavía nublen la vista pero no un motivo de obstinación, un orgullo que impida reconocer posiciones equivocadas o insuficientes.

Hace un tiempo he oído a la gente de The Remnant, de los EE.UU. reconocer con una gallardía admirable que Mons. Lefebvre tenía razón cuando advertía respecto al punto que llegarían las cosas si no se cambiaba el rumbo. No he oído nada parecido por aquí, casi nada, para ser justo.

Gallardo reconocimiento, a partir del minuto 14. Michael Matt, director de la publicación

Ninguna de las voces autorizadas y respetables que habitualmente sostienen estas posiciones ha tenido la hispánica gallardía de reconocer que si algo se ha salvado, inclusive en el ámbito de la Iglesia oficial, si queda algún nicho donde refugiarse se debe a que la obra de Mons. Lefebvre “liberó” esos lugares de la tiranía neomodernista, aunque Francisco ahora los embista con brutalidad en algunos casos, como a los Franciscanos de la Inmaculada.

Si hay Summorum Pontificum, como hubo antes indulto: si hay Fraternidad San Pedro, Buen Pastor, etc. es porque hay Fraternidad San Pío X. Sin la “amenaza” de un movimiento que resiste y se planta claramente ante estos escándalos, todos habrían sido borrados de la faz de la Iglesia. Porque hoy, sin resistir a la autoridad eclesiástica, cualquiera sea, en aquello que nos quiere apartar de la Fe, del Culto grato a Dios, de las buenas costumbres, nada puede nada en pie.

Ya pasaron los 45 años de gracia para probar la tesis del prudente silencio. Todo se ha demostrado en contra. Solo sabemos que Dios proveerá. No sabemos cómo, ni tenemos porqué saberlo, nos basta resistir fuertes en la Fe, en el culto tradicional y en el señalamiento y esclarecimiento necesario de los errores. Y sobre todo en la formulación de la doctrina sin reservas, sin malabarismos dialécticos.

Hoy una denuncia como esta, con toda la razonabilidad que tiene en cada palabra que dice, es algo viejo, insuficiente e inútil. Hoy ya no queda más margen para disimular que es el momento de ponerse en la vereda de la Tradición.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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