Panorama Católico

Turquía Pidió Ayuda a Washington para entrar en la UE

Ceguera, complicidad o devolución de favores, los norteamericanos propician la entrada de Turquía en la Comunidad Europea. Los turcos no solo están muy lejos de Europa, desde el punto de vista cultural y religioso, sino que además son una puerta para la entrada masiva de musulmanes a la Comunidad, con el enorme riesgo que esto implica para Europa.

Ceguera, complicidad o devolución de favores, los norteamericanos propician la entrada de Turquía en la Comunidad Europea. Los turcos no solo están muy lejos de Europa, desde el punto de vista cultural y religioso, sino que además son una puerta para la entrada masiva de musulmanes a la Comunidad, con el enorme riesgo que esto implica para Europa.

El caballo de Troya de Estados Unidos en la Unión Europea no es Gran Bretaña, sino Turquía. Con este país dentro de la UE, nunca se podría forjar una potencia que rivalizase con Estados Unidos. Turquía ha sido miembro de la OTAN desde los años 50 y por décadas el principal aliado de Israel en Oriente Próximo, antes de que éste firmase la paz con Egipto.

Cuando parecía que la resistencia de Chipre y, sobre todo, de Austria a admitir siquiera como principio que Turquía pueda convertirse en miembro de la UE, iba a abortar las conversaciones entre Bruselas y Ankara, el país asiático recurrió a su gran aliado. El ministro de Exteriores turco, Abdulá Gul, telefoneó a la secretaria de Estado de EEUU, Condolezza Rice, para que ésta, a su vez, persuadiera a los europeos de que retirasen las objeciones. Un diario austriaco, ‘Die Presse’, añadió en un artículo publicado el miércoles que el Gobierno de centro-derecha recibió amenazas directas de Washington.

Al igual que ocurrió en diciembre pasado, cuando los Veinticinco discutieron sobre la fecha de apertura de conversaciones de adhesión, que se fijó en el presente octubre, Turquía recurrió a Estados Unidos. Y Bush llamó sus amigos europeos, y el acuerdo se produjo.

Estados Unidos desea el ingreso de Turquía en la UE para ofrecer una recompensa al islam ‘moderado’, al que discrimina a los cristianos mediante las leyes. Cuando, en la primavera pasada, Francis Fukuyama -intelectual vinculado a la Administración norteamericana- vino a Madrid por cuenta de la fundación FAES, explicó a los asistentes que Europa “debía” contribuir a luchar contra el extremismo musulmán con este sacrificio. A cambio, la UE contaría con millones de turcos musulmanes, más los pueblos de origen turco de Asia Central, y una frontera exterior que la colocaría en el inestable Oriente Próximo. De forma llamativa, los países más reacios al ingreso de Turquía son aquéllos como Austria y Alemania, donde hay enormes comunidades turcas.

Hasta Asia Central

Turquía no viene sola; lo que ella obtenga se extenderá a otros países, tal como dijo el ministro Gul declaró el lunes: “Cuando Turquía se incorpore a la UE, ellos [los países de Asia Central] también estarán ligados de alguna manera. Por esa razón, el inicio de las negociaciones con Turquía tiene una importancia estratégica”

Sorprende que los progres, como Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, se congratulen de la futura entrada de Turquía (prevista para un plazo que oscila entre 2014 y 2020), a la vez que propugnan una Europa grande y unida opuesta a Estados Unidos.

Los islamistas turcos están tan a gusto con Estados Unidos que el primer ministro del país, Tayyip Erdogan, ha mandado a sus hijas a estudiar a una universidad al otro lado del Atlántico porque allí pueden acudir cubiertas con velo a las clases.

CLAVE: Rodríguez y Aznar respaldan a Ankara

El ingreso de Turquía es uno de los pocos puntos en que coinciden el PSOE y el PP. El Gobierno de Aznar y Ana Palacio se mostró a favor del comienzo de las negociaciones. Palacio, totalmente vinculada a las tesis de Estados Unidos en política exterior, llegó a decir que la UE “no era un club cristiano”.

Alberto Navarro, secretario de Estado para Asuntos Europeos, que representó a España en el Consejo Europeo que decidió las condiciones fijadas al país asiático, calificó la futura incorporación de Turquía como “un activo” para Europa.

El funcionario añadió que “España ha respaldado siempre a Turquía” en su largo camino hacia la Unión por razones estratégicas, económicas y “por puro egoísmo”. “Lo que queremos es acercar a Turquía los valores europeos y de esta manera asegurar la estabilidad de esa región tan íntimamente vinculada a la UE”. En su opinión, “el acercamiento de Turquía es fundamental para la estabilidad del Mediterráneo”.

Cabe preguntarse qué beneficios obtendrían los españoles del ingreso de Turquía: ¿mano de obra barata para las empresas españolas o deslocalizaciones?, ¿comprensión entre culturas o choque de civilizaciones?

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