Panorama Católico

Un caso americano: dar o no la comunión a los políticos católicos pro aborto

En los Estados Unidos ha estallado la polémica por la comunión que
recibieron durante las misas papales Nancy Pelosi, John Kerry, Ted
Kennedy y Rudy Giuliani. Dura reprimenda del cardenal Egan al ex
alcalde de Nueva York. Las tesis de Joseph Ratzinger sobre el tema

 

por Sandro Magister

 


En los Estados Unidos ha estallado la polémica por la comunión que
recibieron durante las misas papales Nancy Pelosi, John Kerry, Ted
Kennedy y Rudy Giuliani. Dura reprimenda del cardenal Egan al ex
alcalde de Nueva York. Las tesis de Joseph Ratzinger sobre el tema

 

por Sandro Magister

 


ROMA,
2 de mayo del 2008 – Como ocurre después de cada viaje papal, Benedicto
XVI ha dedicado su primera audiencia pública después de retornar a Roma
a una reflexión sobre su visita a los Estados Unidos.

El Papa Joseph Ratzinger recorrió momento por momento su viaje,
dando nuevamente una prueba fuerte de simpatía por el país que visitó:

"… un gran país que desde los albores ha sido edificado sobre la
base de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y
políticos, y que hasta ahora constituye un válido ejemplo de sana
laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus
expresiones, no solamente es tolerada, sino que es valorizada como
‘alma’ de la nación y garantía fundamental de los derechos y deberes
del hombre”.

Pero la reflexión de Benedicto XVI no ha sido la única cola del
viaje. Un contragolpe ruidoso e inesperado se ha desatado en los
Estados Unidos una semana después del regreso del Papa a Roma.

La causa ha sido la comunión eucarística recibida durante las misas
papales por algunos importantes políticos católicos “pro choice”, o sea
partidarios del libre aborto.

En Washington, en la misa en el Nationals Park, comulgaron la
presidenta de la cámara Nancy Pelosi y los senadores John Kerry, Edward
Kennedy y Christopher Dodd, mientras que en Nueva York, en la misa en
la catedral de San Patricio, comulgó el ex alcalde de la ciudad Rudolph
Giuliani. El gesto de ellos ha sido evidenciado por los medios también
porque algunos de ellos lo habían preanunciado.

Por algunos días la comunión de los políticos católicos “pro
choice” no ha provocado particulares reacciones. Pero rompió el
silencio un comentario aparecido en el “Washington Post” del lunes 28
de abril, con la firma de un batallador columnista conservador, Robert
Novak.

Novak ha hecho notar que los cinco habían recibido la comunión no
del Papa sino del nuncio apostólico en los Estados Unidos, el arzobispo
Pietro Sambi. Ha recordado que en el 2004, Ratzinger, como cardenal,
había escrito que los políticos católicos “pro choice” no debían
recibir la comunión. Ha reafirmado, citando anónimas “fuentes
vaticanas”, que, como Papa, no ha cambiado de opinión al respecto. Y
por lo tanto concluye que el gesto de los cinco “refleja la
desobediencia a Benedicto XVI de los arzobispos de Nueva York y de
Washington”, sus protectores.

Pocas horas después de la aparición del artículo de Novak en el
“Washington Post”, uno de los dos arzobispos involucrados en la
discusión, el cardenal de Nueva York, Edward Egan, difundió el
siguiente comunicado:

“La Iglesia católica enseña con claridad que el aborto es una
ofensa grave contra la voluntad de Dios. Durante mis años como
arzobispo de Nueva York he reafirmado esta enseñanza en sermones,
artículos, discursos y entrevistas sin dudas ni componendas de ningún
tipo. Por este motivo acordé con Rudolph Giuliani, cuando fui nombrado
arzobispo de Nueva York y él estaba en funciones como alcalde de Nueva
York, que él no recibiría la eucaristía por su conocida posición
favorable al aborto. Estoy profundamente disgustado por el hecho que
Giuliani haya recibido la eucaristía durante la visita papal a Nueva
York. Trataré de reunirme con él y de insistir para que sigua
respetando nuestro acuerdo”.

Al comunicado de Egan la portavoz de Giuliani, Sunny Mindel, replicó poco después de la siguiente manera:

"El alcalde Rudy Giuliani seguramente desea reunirse con el
cardenal Egan. Como ha dicho anteriormente, la fe del alcalde Giuliani
es un tema profundamente personal y debe permanecer en la
confidencialidad”

Con este ida y vuelta de respuestas entre el cardenal y el ex
alcalde de Nueva York, ha vuelto al primer plano la cuestión que desde
hace años atormenta a la Iglesia católica americana, y que tuvo su pico
en el verano del 2004, año de las últimas elecciones presidenciales.

Aquel año, el candidato a la Casa Blanca por los demócratas era el
católico “pro choice” Kerry. El arzobispo de St. Louis, Raymond Burke,
rechazó darle la comunión, mientras otros obispos se comportaron de
manera diferente.

Los primeros días de junio del 2004, desde Roma, el entonces
cardenal Ratzinger envió al cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo
de Washington y jefe de la comisión para la “domestic policy” de la
conferencia episcopal de los Estados Unidos, una nota con indicaciones
precisas sobre el asunto.

La nota era reservada, pero www.chiesa difundió el texto completo.

Esa nota de Ratzinger se reproduce de nuevo más abajo. Su tesis es
inequívoca: ninguna comunión eucarística a los políticos católicos que
hace campaña sistemática por el aborto.

Pero los obispos de los Estados Unidos, reunidos en asamblea
general, deliberaron a mayoría que correspondía a cada obispo decidir
si dar o no la comunión a los políticos católicos abortistas. Ratzinger
no se opuso a este modo de aplicar la norma. Más aún, escribió que
consideraba esa deliberación “very much in harmony” con sus
indicaciones.

Reelecto George W. Bush para la Casa Blanca, la cuestión entró en
la sombra. Y no reapareció ni siquiera en el curso de la actual campaña
por las nuevas elecciones presidenciales, dada la ausencia de
candidatos católicos.

Pero ahora que ha vuelto a estallar, la impresión es que entre los
obispos de los Estados Unidos se está imponiendo una línea más severa.
Ha impresionado que el cardenal Egan no se haya limitado a recordar
principios generales, sino que haya criticado directamente a un famoso
hombre político, por lo demás acusándolo de haber violado un acuerdo
reservadamente asumido con él.

En Europa y en Italia ni siquiera se plantean estas cuestiones. El
hecho que políticos católicos “pro choice” reciban la comunión no
suscita particulares reacciones. Su opción se deja a la conciencia
personal.

El hecho de que por el contrario en los Estados Unidos la cuestión
sea tan inflamable es otro signo de la diversidad de los paisajes
político-religiosos de este lado y del otro lado del Atlántico: una
diferencia varias veces evidenciada por Benedicto XVI en el curso de su
viaje y en la audiencia final del 30 de abril.

En los Estados Unidos la religión es un hecho público mucho más y
de modo diferente que en Europa. Con las consecuencias que de ello se
derivan.

__________

Dignidad para recibir la santa comunión. Principios generales

por Joseph Ratzinger, junio del 2004

1. Presentarse a recibir la santa comunión debe ser una decisión
consciente, fundada en un juicio razonado respecto a la propia dignidad
para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, poniendo
preguntas del tipo: “'Estoy en plena comunión con la Iglesia católica?
'Soy culpable de pecado grave? 'He incurrido en penas (por ejemplo,
excomunión, interdicto) que me prohíben recibir la santa comunión? 'Me
he preparado ayunando al menos una hora?”. La práctica de presentarse
indiscriminadamente a recibir la santa comunión, simplemente como
consecuencia de estar presente en la misa, es un abuso que debe ser
corregido (cf. la instrucción “Redemptionis Sacramentum”, nn. 81, 83).

2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia es un pecado
grave. La carta encíclica “Evangelium Vitae”, al referirse a las
decisiones judiciales o a leyes civiles que autorizan o promueven el
aborto o la eutanasia, establece que hay una “grave y precisa
obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia. […]
En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que
admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ‘ni
participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni
darle el sufragio del propio voto’” (n. 73). Los cristianos “están
llamados, por un grave deber de conciencia, a no prestar su
colaboración formal a aquellas prácticas que, aun permitidas por la
legislación civil, se oponen a la Ley de Dios. En efecto, desde el
punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal.
[…] Esta cooperación nunca puede justificarse invocando el respeto de
la libertad de los demás, ni apoyarse en el hecho de que la ley civil
la prevea y exija” (n. 74).

3. No todas las cuestiones morales tienen el mismo peso moral del
aborto y de la eutanasia. Por ejemplo, si un católico estuviese en
desacuerdo con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena capital o
sobre la decisión de hacer una guerra, no se le consideraría por este
motivo indigno de presentarse a recibir la santa comunión. Mientras la
Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, no la
guerra, y a ejercitar discreción y misericordia al aplicar una pena a
un criminal, todavía se puede admitir tomar las armas para rechazar a
un agresor, o recurrir a la pena capital. También puede haber una
legítima diversidad de opiniones entre los católicos sobre declarar la
guerra y aplicar la pena de muerte, pero de ningún modo respecto al
aborto y a la eutanasia.

4. A parte del juicio de cada uno sobre la propia dignidad para
presentarse a recibir la santa eucaristía, el ministro de la santa
comunión puede encontrarse en la situación de tener que negarse a dar
la comunión a alguien, como en el caso de excomunión declarada, de
interdicto declarado, o de persistencia obstinada en un pecado grave
manifiesto (cf. can. 915).

5. Respecto al pecado grave del aborto o de la eutanasia, cuando la
formal cooperación de una persona se hace manifiesta (entiéndase, en el
caso de un político católico, que haga una campaña sistemática y que
vote por leyes permisivas sobre el aborto y la eutanasia) su pastor
debe reunirse con él, instruirlo sobre la enseñanza de la Iglesia,
informarle que no se debe presentar a la santa comunión hasta que no
haya puesto fin a la objetiva situación de pecado, y advertirle que de
lo contrario le será negada la eucaristía.

6. En caso de que “estas medidas preventivas no hayan tenido efecto
o no hayan sido posibles”, y la persona en cuestión, con persistencia
obstinada, se presentase de todos modos a recibir la santa eucaristía,
“el ministro de la santa comunión debe negarse a darla” (cf. la
declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, “Santa
comunión y católicos divorciados y vueltos a casar civilmente”, 2000,
nn. 3-4). Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una
pena. Ni el ministro de la comunión formula un juicio sobre la culpa
subjetiva de la persona; más bien, él reacciona a la pública condición
indigna de aquella persona para recibir la santa comunión, debida a una
objetiva situación de pecado.

[Nota: Un católico sería culpable de formal cooperación con el mal,
y por tanto indigno de presentarse a la santa comunión, si
deliberadamente votase por un candidato precisamente a causa de su
posición permisiva respecto al aborto y/o a la eutanasia. Cuando un
católico no comparte la posición de un candidato a favor del aborto y/o
de la eutanasia, pero vota por él por otras razones, esta se considera
una cooperación material remota, que puede ser permitida en presencia
de razones proporcionadas.]

Fuente: Chiessa

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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