Panorama Católico

¿Un Obispo Maldito? ¿Una Iglesia Galicana?

Si una virtud tuvo la reacción del obispo castrense fue, precisamente, la de forzar a la sinceridad de todos, del poder político y de la Jerarquía eclesiástica, la que, no siempre con la decisión ni con la espontaneidad que eran de esperar, salió a defender la vida de los no natos de las manos de médicos y comadronas criminales profesionales que, en nombre de los derechos humanos y con el auspicio oficial, los matan sistemáticamente, con buena conciencia.

Escribe Víctor Eduardo Ordoñez

Se precipitaron, por fin, los hechos a impulsos de un gobierno lunático, conducido por un hombre lunático y se exige el alejamiento de un obispo que cometió la mundana imprudencia de defender la verdad moral y protestar contra el aborto. Digamos de paso y antes de seguir adelante que éste es, además de todo, un gobierno profundamente hipócrita y cobarde, astuto pero torpe porque QUIERE el aborto pero preferiría instalarlo con la menor resistencia y escándalo posibles. Por eso es que sostuvo al ministro González García -vocero proabortista- después de haberlo desautorizado y dispone el reemplazo de Mons. Baseotto por haberlo condenado. No soporta que alguien haya hecho fracasar la maniobra urdida por la cabeza pensante del elenco, Horacio Verbitsky que, entre paréntesis, tiene la dudosa honestidad de ir anunciando sus pasos y propósitos desde el órgano oficial Página/12. Y si una virtud tuvo la reacción del obispo castrense fue, precisamente, la de forzar a la sinceridad de todos, del poder político y de la Jerarquía eclesiástica, la que, no siempre con la decisión ni con la espontaneidad que eran de esperar, salió a defender la vida de los no natos de las manos de médicos y comadronas criminales profesionales que, en nombre de los derechos humanos y con el auspicio oficial, los matan sistemáticamente, con buena conciencia.

Es de toda evidencia que este gobierno socialdemócrata-montonero -electo por una casualidad que no es ni siquiera numérica porque subió por harto escasos votos y ellos prestados por un irresponsable que alguna vez habrá de rendir cuentas ante Dios y la patria- tiende a la ocupación de todo espacio de poder disponible. Por demagogia o por rudeza no ha eludido ningún choque ni litigio evitable por gobernantes más prudentes. No sin razón una ideóloga que en modo alguno nos es próxima, lo calificó de “tiranía”… y lo es al menos en una forma potencial pero ya en condiciones de pasar a acto. Concentra un poder del que ningún otro anterior dispuso ni cualitativa ni cuantitativamente. Lo que se dio, con verdad, en llamar la suma del poder público -expresamente prohibida por la Constitución nacional- le fue concedida por una legislatura cautiva por inescrutables negociaciones, permutas y presiones internas.

Copó la Corte Suprema de Justicia mediante magistrados sin dignidad por sí mismos ni por sus investiduras, todos fieles receptores de instrucciones de la Casa Rosada. Mantiene sumisos a los gobernadores con el manejo indiscriminado de las partidas federales que distribuye con perversa arbitrariedad. Castiga o premia a los políticos cargados de causas judiciales, según le convenga, mediante jueces de vieja raigambre disciplinaria (esa vocación les viene de la época de Alfonsín, el primer corruptor en el tiempo). Exculpa a los funcionarios que aparecen más obviamente comprometidos en la comisión de uno de los peores delitos modernos, el tráfico de drogas. Lleva adelante tramitaciones internacionales sin informar nunca a nadie. No permite que ninguno de sus ministros sea interpelado por el Congreso, no obstante la sumisión de que éste ha dado reiteradas pruebas.

Procuró abrir nuevas centrales obreras -lo que no consiguió- y entonces procuró someter a la CGT tradicional, lo que sí consiguió a través de dirigentes supuestamente rebeldes que se prestaron a la parodia de un sindicalismo renovado. Fue comprando medios de comunicación -quien sabe a qué paga- y denuesta a los que no logró adquirir o incorporar a su maquinaria. Se está, pues y sin lugar a dudas ante un gobierno de inspiración totalitaria y tiránica ya que no ha renunciado a ningún método ni a ningún recurso ni renunciado a ninguna inmoralidad, ni siquiera a procedimientos mafiosos de estar a lo afirmado por ciertos voceros opositores. Para decirlo todo, el gobierno de Néstor Kirchner se ha convertido en absolutista según la definición clásica del término: el príncipe se coloca por encima del derecho y su voluntad es ley. Pensemos en la suerte que puede correr un país a disposición de un tan poderoso enfermo y de temperamento incontrolable. La historia registra tragedias similares justamente en emperadores enloquecidos o débiles sujetos a un preferido. Ambas situaciones -con la presencia del mencionado ex terrorista Verbitski- se dan en el caso argentino del siglo XXI.

Ahora carga contra la Iglesia Católica en la persona de su vicario castrense sin fundamentar su reclamo ni alegar razón alguna: de qué se agravia el gobierno? De un jerarca eclesiástico que defiende la moral tradicional -la única- desconociendo TIRANICAMENTE su derecho y su deber a hacerlo. ¿Es este su concepto de libertad, es este su criterio de respeto a los pactos internacionales como el firmado entre la Santa Sede y la Argentina en 1957, hoy en plena y exigible vigencia, es esta su aptitud para la convivencia? Extraña intolerancia en quien toleró con el mejor talante los públicos desaires de su amigo y correligionario Fidel castro a propósito de un caso concreto de violación de los derechos humanos.

Adviértase que no se trata, tal como todavía lo plantea el propio gobierno, de un litigio por cuestiones dogmáticas o principistas sino por dichos de un obispo que les sonaron duros a los oídos del presidente y de sus ministros. De esta manera se ha desconocido la libertad de expresión de la Iglesia Romana, la misma libertad que se les reconoce y se les da a raudales a los irredentos terroristas de la década del 70 -constantemente reivindicada por el primer magistrado- y a los sodomitas que se agrupan en bien financiadas ONG. ¡He aquí, sin ambages, una forma tiránica de actuar, ante la que ceden los derechos ajenos y las obligaciones contraídas en el exterior!

Pero ¿es esto todo? ¿No habrá algo más siniestro detrás de este conflicto tan inesperado? Téngase en cuenta que Mons. Antonio Baseotto, víctima propiciatoria de este entrechocar de acciones y reacciones de consecuencias imprevisibles, quedó en definitiva solo y sin ningún resguardo institucional de parte de la Conferencia de la que forma parte… a lo menos públicamente todos los apoyos manifestados lo fueron a la actitud antiabortista del prelado -el primero que actuó con la debida energía en el caso- y no de su persona, injuriada y difamada desde el poder y de los medios que le responden. Reiteramos ¿qué es, pues, lo que enojó tanto a Néstor Kirchner, el viril lenguaje utilizado o el rechazo del insinuado programa abortista que pretendía mantener reservado o el temor que despierta en todo progresista la posibilidad de un retorno al tradicionalismo? Agreguemos que la exigencia del gobierno argentino de echar a un obispo es -en la situación actual, renunciado el llamado derecho de Patronato- ilegal y antijurídico. Pretensiones de esta naturaleza marcan el carácter totalitario que apuntamos y que debemos tener en cuenta para entender lo que pasará.

Para volver al tema -que es central para las reflexiones que volcamos aquí- no hay que olvidar que al comienzo del problema se oyó la disquisición del verdadero vocero de la Conferencia Episcopal, José Ignacio López, acusando al aun obispo militar de mirar más al Vaticano que a la Iglesia local, lo que sonó como su única preocupación y que de hecho extrapolaba la cuestión sacándola de su quicio. Se disimula mal una sorda inclinación galicana de un episcopado que quiere tomar alguna distancia de Pedro ¿Para qué? Para llevar adelante su programa de reformas que actual pontificado resiste. Es una apuesta a la pronta desaparición de Juan Pablo y al eventual desorden que se produciría a su muerte. Entonces el vicariato castrense sería absorbido por las fauces nunca satisfechas del Primado que tampoco se ha puesto límites a sus ambiciones, empeñado en mantener las mejores relaciones posibles con un poder político ya abiertamente herético y anticristiano. Y esto, según sospechamos, por motivos subalternos y poco evangélicos. También de paso apuntemos que -según continúe y se resuelva el conflicto que acaba de estallar- se desplomará íntegramente la política (o, mejor, la “religión”- dialoguista, tipo Laguna y Casaretto, como sustituta de la vocación apostólica que constituye la raíz de la Iglesia que se denomina y se exige precisamente apostólica, que es su nota fundante y no adjetiva.

No queremos dejar pasar la oportunidad para señalar cómo no casualmente esa esperpéntica señora de Bonafini se ha permitido una agresión soez – un lenguaje tan propio de ella- contra un pontífice moribundo… lo hizo desde el canal oficial y debemos considerarlo como parte de esta campaña contra el catolicismo más que contra una Iglesia carnal, quizá demasiado carnal.

Mons. Baseotto será, de prosperar esta pretensión gubernamental, la primera víctima del totalitarismo montonero al ataque pero no la última. Si se tolera semejante abuso la puerta quedará abierta para todos los desmanes y, casi sin advertirlo, la Iglesia y la sociedad argentinas habrán perdido su libertad y serán dominadas por los implacables revolucionarios de un cuarto de siglo atrás. Ya adelantó el segundo del presidente que para designar al nuevo obispo castrense se considerarán sus méritos, a evaluar, por supuesto, por el gobierno. ¿Qué se ha de esperar ante tamaño desparpajo y audacia?

La Iglesia, una vez más a lo largo de su historia, se alza como la última defensa ante el totalitarismo -como éste que nos gobierna-… quiera Dios que sus obispos argentinos tengan el coraje, la decisión y el suficiente amor a la verdad para ser dignos sucesores de su Fundador y de los apóstoles que supieron extender el Reino de Cristo contra toda la prepotencia y la soberbia del poder del mundo.

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