Panorama Católico

Un Papa Teólogo

El Papa Benedicto no ignora en nada los graves problemas de su tiempo y, mucho menos, la hondísima crisis que atraviesa la Iglesia. Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha tenido contacto, a lo largo de más de dos décadas con todos los conflictos que cotidianamente desgarran su túnica. No desconoce las importantes reformas introducidas por el Concilio Vaticano II (fue uno de sus peritos impulsores) pero, al calor de una sostenida maduración integral ha podido calibrar cuanto de espurio se ha introducido ( ¡so pretexto de “aggiornamento”!) en el seno de la cristiandad.

Por Ricardo Fraga

Un teólogo de sólida formación doctrinal, moral y litúrgica ha sido ungido nuevo pontífice de la Iglesia Católica. Este “humilde trabajador de la viña del Señor” (como se definiera al presentarse en el balcón de la basílica vaticana) es un experimentado doctor y, con la gracia de Dios, todos seremos ilustrados y sostenidos por sus cabales enseñanzas.

Dios ha bendecido a su rebaño y este Benedicto XVI no dudará en inspirarse (por algo ha elegido tal nombre) en las francas conductas pastorales de Benedicto XV (durante la trágica guerra del &#8217…14) y, quizás principalmente, en la orientación intelectual de aquel gran estudioso que fue el cardenal Próspero Lambertini, es decir, Benedicto XIV (S. XVIII).

No ignora en nada los graves problemas de su tiempo y, mucho menos, la hondísima crisis que atraviesa la Iglesia. Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha tenido contacto, a lo largo de más de dos décadas con todos los conflictos que cotidianamente desgarran su túnica. No desconoce las importantes reformas introducidas por el Concilio Vaticano II (fue uno de sus peritos impulsores) pero, al calor de una sostenida maduración integral ha podido calibrar cuanto de espurio se ha introducido ( ¡so pretexto de “aggiornamento”!) en el seno de la cristiandad.

Ya en su homilía ante el Colegio cardenalicio, en ocasión de inaugurarse el conclave, expresó con firmeza: “cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo, mientras que el relativismo (teológico), es decir, el dejarse “zarandear por cualquier viento de doctrina” (san Pablo) parece ser la única actitud que está de moda…”

Y en oportunidad de la meditación del vía crucis de este último Viernes Santo constató en la novena estación: ” ¡cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a Él!… ¡cuántas veces se abusa del sacramento de su Presencia (la sagrada Eucaristía)…” para suspirar a renglón seguido: ” ¡Ten piedad, Señor, de tu Iglesia (ya que) frecuentemente nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes y también en tu campo vemos más cizaña que trigo…”

Este (en apariencia) frágil pastor ha proferido ya en su primer mensaje como obispo de Roma su confesión de fe en la Divinidad de Jesucristo, único verdadero fundamento de la continuidad milagrosa de la sucesión apostólica: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt. 16, 18).

Su voluntad de “educador en la fe” ha quedado palmariamente plasmada en su compromiso de realizar los propósitos del Concilio “en continuidad fiel con la tradición de dos mil años de la Iglesia” (idem). Y en este año de la Eucaristía el novel Pontífice ha reclamado “solemnidad y dignidad en las celebraciones” (id.) y a los sacerdotes los ha estimulado para una “devota celebración cotidiana de la Santa Misa” (id.).

Por último, Benedicto XVI ha dirigido su voz a todos los creyentes de otras religiones y a aquellos que “simplemente buscan una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía no la han encontrado” (id.).

Esta primera alocución a los cardenales electores fue pronunciada íntegramente en latín (así como lo fue también la misa de elección), lengua sagrada de la liturgia romana y vehículo exclusivo de sus documentos doctrinales.

La expectación de los católicos está ahora puesta sobre las enseñanzas oficiales del Pontífice. Este es el aspecto verdaderamente central y primario. Los criterios del “mundo” están hoy (como vimos que ya lo dijera el Cardenal Ratzinger) saturados de naturalismo, relativismo y agnosticismo, extremos todos sobre los cuales no se edifica la Fe de la Inmaculada Esposa del Cordero (la Iglesia).

“Mane nobiscum, Domine” (“Señor, ¡quédate con nosotros!”), así concluye el Papa Benedicto, su exhortación. ” Es la oración que brota de modo espontáneo de mi corazón, mientras me dispongo a iniciar este ministerio… Como Pedro, también yo renuevo mi promesa de fidelidad incondicional al servicio de su Iglesia…”

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