Panorama Católico

Un silencio deliberado

Después de varias semanas de investigación periodística intensa, hemos decidido guardar silencio en estos días siguientes al levantamiento de las excomuniones que gravaban a los obispos de la FSSPX. Como anticipamos en una nota previa, ahora viene la gran campaña de desinformación para mitigar el efecto formidable de esta medida. En medio de la confusión lo mejor es ir a lo seguro.

Escribe Marcelo González

Después de varias semanas de investigación periodística intensa, hemos decidido guardar silencio en estos días siguientes al levantamiento de las excomuniones que gravaban a los obispos de la FSSPX. Como anticipamos en una nota previa, ahora viene la gran campaña de desinformación para mitigar el efecto formidable de esta medida. En medio de la confusión lo mejor es ir a lo seguro.

Escribe Marcelo González

Resulta evidente que la medida dispuesta por el Papa Benedicto XVI ha golpeado durísimamente al aparato eclesiástico posconciliar. Y a esto se suma la cuestión Williamson, la cual pone al Vaticano nuevamente en rispideces con el rabinato. El tono de las amenazas es cada vez más duro. El Papa responde con los términos que son moneda corriente a partir de la cuestionada Nostra Aetate: a los rabinos no les basta. Quieren sangre de tradicionalistas para tener la certeza de que no se irá más lejos. De todos modos, la confianza ya se ha roto.

¿El Papa contento?

¿Está contento el Papa con las acusaciones de los rabinos? Es evidente que no. Por razones que no podemos mensurar con precisión, aunque no son difíciles de conjeturar, el Papa quiere recomponer con los judíos. Porque cree en la nueva doctrina conciliar, porque hoy por hoy el lobby judío pesa dentro de la Iglesia de un modo decisivo, por ambas cosas. O porque su gradualismo natural lo induce a frenar las escaladas.

Lo cierto es que no ha dado un paso atrás. Las excomuniones se levantaron y se levantaron. Y ya. Fait accompli.

Ahora los rabinos de Israel amenazan romper todo diálogo. Enhorabuena, sería muy auspicioso. Porque el “diálogo” hasta ahora ha sido una serie de concesiones políticas y doctrinales que han movido a escándalo a muchos católicos, a confusión a la mayoría y, lo que es también muy grave, han desanimado las conversiones de judíos a la Fe de Cristo, puesto que se les predica que en el judaísmo ellos mantienen una “alianza paralela”, tan o incluso más válida que la Nueva Alianza.

Por eso se los llama “hermanos mayores en la Fe” con notorio desacierto doctrinal o al menos funesta ambigüedad. Nuestros padres en la Fe son Abraham, Isaac, Jacob y todos los santos patriarcas y profetas. Al llegar la hora del Salvador, quienes no lo recibieron quedaron fuera de la Fe de Abraham, continuada por la Iglesia. Ellos necesitan conversión pero no solo no lo quieren aceptar, sino que la Iglesia oficialmente les sugiere que no deben convertirse.

La "dialéctica" de la traición

Otra sutil mentira de estos y seguramente futuros días y meses será la dialéctica que asegura que Mons. Fellay “arregló” con Roma. ¿Qué dio a cambio? se suele oír por ahí. Pregunta suspicaz y política. La respuesta sencilla y espiritual es 1.700.000 rosarios. Una moneda de cambio incuestionable.

Quienes solo esperan males de Roma han perdido la esperanza y ya no creen en la acción del Espíritu Santo. El Espíritu sopla donde quiere… dijo Nuestro Señor a Nicodemo. Y tú no sabes de donde viene ni adonde va… El Primado goza de especial asistencia del Espíritu Santo, lo cual no significa que sus titulares sean siempre dóciles a sus insinuaciones. No a todas, no siempre

De donde no se infiere que nunca lo sean después del Concilio Vaticano II, porque no lo han sido en muchos aspectos durante un tiempo, en virtud de ciertas corrientes de moda que se encaramaron en las altas cumbres de la jerarquía.

Es evidente que la FSSPX siempre ha aspirado a mejorar sus relaciones con Roma. Por razón de sentido común, por necesidad psicológica de establecer un puente afectivo de las nuevas generaciones tradicionalistas con la Santa Sede. Porque ese ha sido el deseo de Mons. Lefebvre, que hizo lo que hizo con el corazón oprimido pero con la mente lúcida. “Era necesario”. Hoy la FSSPX tiene otra fortaleza. Puede acercarse a Roma. Y Roma tiene otro pontífice con un misterioso y admirable valor para hacer las cosas que cree debe hacer, no importa que costo…

"Estamos dispuestos a escribir el Credo con nuestra sangre, a firmar el juramento antimodernista, la profesión de fe de Pío IV, aceptamos y hacemos nuestros todos los Concilios hasta el Vaticano II, respecto al cual expresamos reservas".

No parece una rendición incondicional.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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