Panorama Católico

Un Subjetivismo Homicida

Etienne Emile Baulieu fue entrevistado por La Nación de Buenos Aires y anunciado tapa de la edición del 16 de marzo (para continuar en la página 10). A la pregunta periodística de: “¿Cuándo un embrión puede considerarse un ser humano?” estampa nada menos que esta atrevidísima respuesta: “Todo depende de la mujer, del momento en que ella comienza a sentir ese embrión como un nuevo ser. Todo es una cuestión psicológica. Todo depende de cómo la mujer percibe ese embrión”. Para el afamado inventor de la “píldora del día después” en esta era de declamados derechos “humanos” el principio de la existencia real de las personas queda sujeto a una indefinida percepción femenina

Escribe Ricardo Fraga

Imaginen ustedes si algún renombrado catedrático de derecho penal (preferentemente europeo) enseñase públicamente en sus clases, en sus tratados y en su divulgación periodística que la figura legal que la doctrina denomina “homicidio doloso calificado por el vínculo”, vale decir aquél que tiene como víctima pasiva a un ascendiente, descendiente o cónyuge del autor (en nuestro código argentino el art. 80 inc. 1º) no se configurase como tal sino en la medida en que el agresor percibiera subjetivamente al agredido como ente capaz de generar objetivamente dicha relación.

En la práctica, tan talentoso profesor vendría a señalar que: si no logro percibir psicológicamente la existencia de un vínculo no habrá homicidio calificado, y si además no logro advertir el significado autónomo de esa vida tampoco habrá homicidio.

Al paso en que degrada lo que alguna vez fue una “civilización humana” (ya que “cristiana” hace rato que dejó de serlo) no resultaría ya extraño que tal (antiguamente) insólita tesis apareciera publicada digamos, por ejemplo, en la primera plana de un periódico tan cauto y burgués como “La Nación” de Buenos Aires.

A la espera de tal “auspicioso” acontecimiento (que nos permitirá deshacernos de nuestros padres o hijos o esposas con sólo alegar, ?pericia? psicológica mediante, que el “sabiendo que lo son” que marca la ley no se refiere al mundo objetivo de la inteligencia y que, por ende, quedaría ahora traducido en un terrorífico “sintiendo que lo son” (sic) podemos contentarnos con la llamativa apreciación del “controvertido biólogo francés” (así lo llama “La Nación”) Etienne Emile Baulieu quien en la entrevista que este periódico publica en su primera página de la edición del 16/03/05 (para continuar en la página 10), a la pregunta periodística de: “¿Cuándo un embrión puede considerarse un ser humano?” estampa nada menos que esta atrevidísima respuesta: “Todo depende de la mujer, del momento en que ella comienza a sentir ese embrión como un nuevo ser. Todo es una cuestión psicológica. Todo depende de cómo la mujer percibe ese embrión”.

¡Quiero retruco! para este afamado inventor de la “píldora del día después”: en esta era de declamados derechos “humanos” el principio de la existencia real de las personas queda sujeto a una indefinida percepción femenina, cuyas motivaciones subjetivas podrán ser (y, de hecho, nadie duda que, a veces, dolorosamente lo son) punto de inflexión para el reconocimiento de un embarazo (deseado o no), pero que jamás puede constituir el marco óntico, y por ende antropológico y, por lo tanto, jurídico para determinar y reconocer la presencia de una nueva, independiente y específica vida humana: una persona individual, misteriosa y admirablemente engendrada en la naturaleza (pero no porr la naturaleza), sujeto actualísimo de derechos cuya protección (a riesgo de consagrar oficialmente la impunidad del crimen) el legislador no puede subordinar a criterios de corte meramente “efectistas”.

¡Bueno estaría que los demás tipos penales quedaran sumergidos en tan escandaloso subjetivismo! (“¿Lo acaban de estafar? Pero, ¡por favor! ¡tanta historia por tan poca monta!: todo ha sido una inadvertida cuestión ¡psicológica!”).

Este sabiondo biólogo francés es un verdadero promotor del genocidio del aborto, la más horrenda lacra a que han arribado por fin los ideales fraternitarios, o más bien, fraternicidas del ’89 (un verdadero grito de “¡viva la muerte!” que no se funda ya en un estoicismo pagano sino en el más desenfrenado de los hedonismos gestados en el clímax de las apostasías).

En la misma primera plana del matutino porteño que comento (como para sujetar a “sereno equilibrio” a la libertad de prensa) aparece este titular: “Declaración del episcopado: Ofensiva de la Iglesia contra el aborto”. Ratificó que es “un crimen y alerta sobre una iniciativa”. La nota continúa en página 11 con este otro título: “Ofensiva de la Iglesia en favor de la vida desde la concepción”.

Este nuevo documento episcopal sobre la materia (eco, por lo demás, de la intransigente y valerosa doctrina del Papa Juan Pablo II) emerge en medio de la polémica suscitada por los irrefutables dichos del (por ahora) vicario castrense Mons. Antonio Baseotto, y es inútil que el ganso componedor de José Ignacio López intente (en el análisis de la noticia) negar lo evidente, con su peculiar (y ya demodé) estilo de conciliar el evangelio con las ideologías.

Empero, a mí personalmente no me llama la atención la casi absoluta falta de solidaridad del resto de los obispos argentinos (en este caso en poca consonancia con la Sede Apostólica), actitud revestida en un farisaico ropaje de ?prudencia? que desnuda, una vez más la plena vigencia de las cinco llagas de la Iglesia descritas formidablemente por el genial Rosmini en la primera mitad del s. XIX, una de las cuales es, precisamente, ésta: la desunión moral del episcopado camuflada en estos tiempos conciliares por una difusa y disolvente colegialidad.

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