Panorama Católico

Una Campaña Contra la Oración

Realmente se necesita mucho odio y demasiada maldad para desalentar a los pobres enfermos terminales de la única esperanza, jamás discutida en el pasado. Además, como es natural, el Padre de la Mentira no iba a reconocer la fuerza de la oración que lo ha mantenido a raya durante tantos siglos.

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Realmente se necesita mucho odio y demasiada maldad para desalentar a los pobres enfermos terminales de la única esperanza, jamás discutida en el pasado. Además, como es natural, el Padre de la Mentira no iba a reconocer la fuerza de la oración que lo ha mantenido a raya durante tantos siglos.

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Fe y mala fe

En la primera página de La Nación (1.4.06), se acaba de publicar la nota “Rezar por los enfermos no mejora su salud”, con un subtítulo diciendo que: “En algunos casos, hasta puede ser contraproducente”. El artículo se origina en The New York Time y es insustancial además de retorcido, no mereciendo mayores consideraciones. Salvo, sí, para señalar que quiere fundarse en supuestas estadísticas acompañadas de un manoseo de lo religioso, con el objeto de mostrar la ineficiencia o el perjuicio de la oración.

Acostumbrada tal vez la sociedad, al continuo ataque del materialismo -soberbio y triunfante- contra la espiritualidad genuina, el  exabrupto periodístico seguramente pasará sin mayores ni menores réplicas. (Aunque también es cierto que sería inútil discutir cosas de la fe contra la usina de la mala fe&hellip…). Pero el caso viene bien para despertar Atalayas y conciencias. Porque se inscribe de un modo impresionante en la guerra abierta que ya se libra directamente contra Dios… después de sobrepasarse –gracias a los medios- las últimas vallas de la moral y las buenas costumbres que protegían la antigua ciudad cristiana.

Realmente se necesita mucho odio y demasiada maldad para desalentar a los pobres enfermos terminales de la única esperanza, jamás discutida en el pasado. Además, como es natural, el Padre de la Mentira no iba a reconocer la fuerza de la oración que lo ha mantenido a raya durante tantos siglos. Y tampoco carece de ingenio para desacreditar la oración verdadera, mezclándola con impetraciones supersticiosas o mágicas. Por eso al mismo tiempo que intenta alejar a la gente de las prácticas piadosas de la Santa Religión, no cesa de promover y exaltar los falsos cultos y las devociones grotescas a la Pachamama, el gauchito Gil, la difunta Correa o cualquier otro, abundante en velas y botellas.

Creer&hellip…o reventar

No parece descaminado en absoluto, sospechar que detrás de la presente ofensiva contra la oración por los enfermos, esté agazapado el fomento de la eutanasia en el Mundo Feliz, como último recurso –eliminada la trascendencia y el auxilio divino-  frente al dolor y la desesperación. Por aquello que el homicida desde el principio, interesado en su cosecha, tampoco da puntada sin hilo y suele servirse de sus aliados “científicos”.

         De esto último hay casos llamativos. Vienen a la memoria claros prodigios junto a actitudes recalcitrantes o reparos de la “ciencia” escéptica. Son numerosas por ejemplo, las curaciones milagrosas ocurridas en Lourdes. Las físicamente tangibles (certificadas por la ciencia veraz) y las otras –del espíritu- no menos portentosas y seguramente más frecuentes.

         Se decía hace más de un siglo, que el célebre Emilio Zola tuvo ocasión de concurrir a aquel santuario de la Virgen, oportunidad en que pudo presenciar un milagro. Era el caso de una enferma de tuberculosis terminal, acerca de lo cual existían pruebas concluyentes, incluso radiográficas. Gracias a la intercesión implorada la mujer quedó sana instantáneamente&hellip… Pero frente al milagro impresionante, el escéptico escritor no atinó a otra cosa que exclamar muy científicamente: “¡Oh, las maravillas de la sugestión!”&hellip…

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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