Panorama Católico

Una Gesta Heroica *

Se cumple el 50° aniversario del glorioso Alzamiento húngaro contra la oprobiosa tiranía marxista que oprimiera a Europa desde 1945 hasta la caída del muro de Berlín (1989) y que, todavía hoy, sojuzga y aplasta a la hermana república de Cuba.

 

Por el Dr. Ricardo Fraga

Se cumple el 50° aniversario del glorioso Alzamiento húngaro contra la oprobiosa tiranía marxista que oprimiera a Europa desde 1945 hasta la caída del muro de Berlín (1989) y que, todavía hoy, sojuzga y aplasta a la hermana república de Cuba.

 

Por el Dr. Ricardo Fraga

Hungría ha sido (y en gran medida es) un vasto espacio geográfico limitado por lo montes Cárpatos y atravesado por el río Danubio. La antigua Panonia romana fue invadida en el primer milenio de la era cristiana por el pueblo magyar que, desde el bautismo de su rey San Esteban en 997, se erige en el baluarte protector del occidente ante las oleadas infieles de tártaros y otomanos.

Desde aquellas lejanas fechas y, por privilegio especial del Papa Silvestre II, los monarcas húngaros ostentaron el comprometedor título de "reyes apostólicos" y la santa Corona (obsequiada por el mismo Pontífice) se convirtió en la encarnación, símbolo y fuente de la legitimidad política expresando, a la vez, la misión providencial de Hungría ante la incesante penetración de la barbarie.

El famoso principio del "non ex rex nisi coronatus" emerge como constitución de la integridad territorial y moral de la monarquía a partir de la coronación de Istvan (san Esteban) en 1001 en Ezstergon (sede episcopal primada) quien, en 1037, consagra el reino a la Santísima Virgen "reina y patrona de los húngaros".

La casa real de Arpad dio a la Iglesia doce bienaventurados de los cuales la más conocida es santa Isabel de Hungría (s.XIII), hija de Andrés II, esposa del beato landgrave Luis de Turingia, terciaria franciscana y mártir de la caridad.

Después de extinguirse la casa de Anjou (sucesora de los Arpad) en la desastrosa batalla de Mahács (1527), que vio caer bajo el dominio turco a toda la gran Hungría oriental, accede al trono apostólico la casa de Habsburgo la cual reinará ininterrumpidamente hasta los aciagos días del rey-emperador Carlos IV (coronado en 1916).

La doble monarquía (austrohúngara) constituida en 1867 será disuelta por los tratados post bélicos de 1918/1920 generándose, por la ceguera intelectual de los vencedores (principalmente el francés de Clemenceau y el americano Wilson), un terrible vacío en aquel formidable espacio geopolítico que, sucesivamente, será ocupado por la Alemania nacionalsocialista y la Unión Soviética.

El Tratado de Trianón fragmenta la integridad territorial de la antigua Hungría (que pierde su salida al mar Adriático) y, en medio de la catástrofe general provocada por la guerra de 1914, se encarama en el poder el partido comunista de Béla Kun (1919) que instala un régimen de terror de ciento treinta y tres espantosos días.

Budapest (capital actual de Hungría) es ocupada por los ejércitos serbio y rumano. El Estado cae en manos del almirante Horthy, oscuro personaje que instala una regencia-dictadura y que, si bien restaura nominalmente la monarquía, impide (en 1920 y en 1921) el establecimiento del legítimo rey, coronado por imperio de la constitución en 1916.

Carlos IV muere santamente en el exilio (isla de Madeira) el 1° de abril de 1922 y es beato desde 2004, proclamado como tal por el Papa Juan Pablo II.

Obligada a buscar el auxilio alemán ante la presión soviética, Hungría intenta en 1944 un armisticio con Inglaterra y los EEUU potencias que, por segunda vez consecutiva en el mismo siglo, cometen la torpeza de desatender la palmaria dimensión geopolítica de la cuenca danubiana.

En rigor, Hungría (al igual que las restantes naciones cristianas del ya pasado este europeo) cae víctima del siniestro pacto de Yalta por medio del cual los Aliados dividieron sus espacios de influencia en el planeta, entregando sin consulta a enteras poblaciones cautivas a la sangrienta política de diabólico exterminio del genocida Stalin y su programa socialista de aniquilación (60.000.000 de muertos en su conciencia de libertador).

Hungría es bolchevizada, ingresa coactivamente al Pacto de Varsovia y el ejército ruso ocupa los lugares estratégicos del país.

La nación, angustiada, se refugia en el recuerdo de su héroe de la independencia Kossuth.

La muerte de Stalin (marzo '53) y las convulsiones de Berlín oriental repercuten en Miskolc y el primer ministro Rakosi se ve obligado a renunciar. Asume (primera vez) Imre Nagy, tildado por la URSS como desviacionista al estilo de Tito en Yugoslavia, y en 1954 declara que la política económica de sus predecesores había sido equivocada.

Aparecen los "círculos Kossuth" y los "clubes Petöfi" (poeta nacional) y el 23 de octubre de 1956 el pedido de publicación de las "reclamaciones" del estudiantado en el órgano oficial del partido comunista son "falsificadas". El petitorio contenía el "inocente" pedido de: a) supresión de la enseñanza del marxismo-leninismo, b) eliminación de las estrellas rojas, c) libre elección de idiomas. Después vendrán las demás aspiraciones (tan meticulosamente recogidas por la Comisión especial de la ONU integrada por países independientes y que se expidió contra el gobierno de Kadar en enero de 1957), entre ellas, el libre llamado a elecciones.

A los estudiantes se suma el proletariado y juntos al grito de "¡viva el 15 de marzo!" (aniversario de la independencia en 1848) y "¡viva la libertad!" la inmensa multitud se congrega ante el señorial palacio del parlamento y, en tanto se entona el himno nacional ("¡Dios bendiga a los húngaros!") se produce el primer ataque policial.

El pueblo conmocionado derriba la estatua de Stalin y desde el balcón parlamentario el actor Imre Sinkovitz recita versos de Petöfi: "juremos, juremos por el Dios de Hungría que no queremos seguir siendo esclavos".

Reaparece Imre Nagy y el cardenal Mindszenty es liberado de su espantoso cautiverio (había sido condenado canallescamente en 1949 después de someterlo a las más indecibles torturas físicas, morales y psicológicas, incluyendo el uso de narcóticos a todas las cuales resistió firmando sus extorcadas "confesiones" con la antigua sigla "c.f.", esto es, "coactus feci", arrancada bajo presión).

Resuena por las ondas sonoras la voz de la radiodifusión libre. En efecto, del 28 de octubre al 4 de noviembre Hungría fue ocho días libre. El nuevo gobierno pide, por ello, inmediato socorro a las naciones libres. Desde la nunciatura el cardenal liberado solicita "ayuda efectiva a Occidente".

Sólo se escucha la valiente, pero casi solitaria voz, del Papa Pío XII quien en el lapso de una semana publica dos dramáticas encíclicas: "Luctuosissimi eventus" y "Datis nuperrime".

Los simultáneos sucesos del canal de Suez ocupan la atención colonialista e hipócrita de los Estados Unidos e Inglaterra (nuestros agresores posteriores en la guerra del Atlántico Sur en 1982).

Moscú da la orden: los tanques rusos pasan la frontera, se dispara sobre la turba de civiles indefensos y tiene lugar, entonces, la terrible masacre de Budapest. Miles de cadáveres se amontonan en las esquinas. Son todos pacíficos ciudadanos, la inmensa mayoría obreros y estudiantes.

Austria (recuperada tras la ocupación hasta 1955) abre sus fronteras y miles de fugitivos huyen hacia el exterior (muchos recalarán en nuestras playas).

El 4 de noviembre asume el gobierno títere de Janos Kadar. Fin de la resistencia. El cardenal Mindszenty (por la presión de la opinión pública norteamericana) logra refugiarse en la embajada de la USA (no saldrá hasta 1971 y para consumar su cruz al pedido pastoral de Pablo VI).

El heroico e indómito pueblo húngaro se hunde en las tinieblas de la ocupación. La "cortina de hierro" caerá sobre él hasta la aurora de 1989. Una voz afirmará: "nuestra confianza en Occidente fue una locura. Nadie en París, Washington o Londres pensó en desencadenar un conflicto mayor por un puñado de húngaros". El disidente yugoslavo Milován Djilas dirá: "la revolución de Hungría significa el principio del fin del comunismo".

En estos días del cincuentenario la prensa mundial recogió otra vez "sucesos húngaros": el cuestionamiento multitudinario al premier Ferenc Gyurczany, "tan sólo" por haber mentido (y reconocer que lo hizo) durante la campaña electoral. (En la Argentina ¿algún político miente?).

El Papa Benedicto XVI acaba de evocar con encendidas palabras la significación religiosa y política de estos dolorosos y gloriosos sucesos, recordando que "hace cincuenta años mi predecesor el Papa Pío XII, de venerada memoria, solícitamente acompañó con sus oraciones y consoló con sus palabras al pueblo húngaro cuando defendía su libertad, también yo quiero expresar aprecio (por) el 50° aniversario de aquella heroica defensa de la libertad nacional".

Hungría es hoy miembro de la Unión Europea y quizás suspira (¡quién puede preverlo!) por el restablecimiento "natural" de la legitimidad dinástica que diera esplendor a sus tiempos pasados.

En todo caso es absolutamente imprescindible recordar y enseñar estas gestas a las nuevas generaciones idiotizadas en el leteo de los olvidos sistemáticos o, que de los olvidos sistemáticos o, lo que es peor, en el recuerdo mutilado de la historia.

* La XX Jornada de Filosofía de la Historia en la Universidad de Morón estuvo dedicada al 50° aniversario del Alzamiento húngaro (1956-2006).

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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