Panorama Católico

Una Lectura de la Nostra Aetate

Acusación  La Declaración conciliar “Nostra aetate” es esgrimida muchas veces como la absolución del judaísmo recalcitrante. Pero más allá del tono benévolo, su lectura expone severos conceptos sobre el comportamiento del pueblo judío hacia el Mesías. Por empezar, insistiendo -conforme a la Sagrada Escritura- que Jerusalén no conoció el tiempo de su visita (Lc 19,44), y que gran parte de los judíos no aceptaron el Evangelio e incluso no pocos se opusieron a su difusión (Rom 11,28). Con lo cual se conecta que los judíos en general desconocieron a Jesucristo y lo rechazaron, oponiéndose a su palabra. Remarca además la Declaración, que “las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo” (Jn 19,6). “Sin embargo –anota el documento- lo que en su pasión se hizo no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy”. Una advertencia especial, en este supremo caso del crimen deicida, que cabe siempre para todos los desmanes cometidos por cualquier pueblo.

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Acusación  La Declaración conciliar “Nostra aetate” es esgrimida muchas veces como la absolución del judaísmo recalcitrante. Pero más allá del tono benévolo, su lectura expone severos conceptos sobre el comportamiento del pueblo judío hacia el Mesías. Por empezar, insistiendo -conforme a la Sagrada Escritura- que Jerusalén no conoció el tiempo de su visita (Lc 19,44), y que gran parte de los judíos no aceptaron el Evangelio e incluso no pocos se opusieron a su difusión (Rom 11,28). Con lo cual se conecta que los judíos en general desconocieron a Jesucristo y lo rechazaron, oponiéndose a su palabra. Remarca además la Declaración, que “las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo” (Jn 19,6). “Sin embargo –anota el documento- lo que en su pasión se hizo no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy”. Una advertencia especial, en este supremo caso del crimen deicida, que cabe siempre para todos los desmanes cometidos por cualquier pueblo.

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Sello: Corresponde destacar principalmente, que en seguida sella toda la temática de Nostra Aetate la reafirmación que la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios. Lo cual traduce el alejamiento judío de su vocación y rebate enforma categórica la superchería echada a correr, sobre una usurpación de la herencia de Israel por los cristianos.

Sin aventurar disquisiciones teológicas, cabe tener presente en el terreno histórico, el empeño judaico por lograr del Concilio espectaculares pronunciamientos a su favor. Lo cual puede decirse que por asistencia providente, en Nostra Aetate no ha sobrepasado los términos cuidadosos para con los judíos.  Más todavía, la Declaración contiene una recomendación expresa en bien de los judíos: “No enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la palabra de Dios”. Y encima recalca que es “deber de la Iglesia en su predicación anunciar la cruz de Cristo como signo de amor universal de Dios y como fuente de toda gracia”*. De lo que se debe desprender el debido enaltecimiento de la cruz de Cristo, sin ocultar nada de la verdad. Obviamente ante los judíos en especial, a quienes se refiere exclusivamente el capítulo del documento. Frente a lo cual, es penoso recordar por un lado la innegable repulsa manifestada en Israel contra el sagrado símbolo de la Redención**; desgraciadamente sin respuesta alguna. Y por otro –acotándolo con el mayor respeto- que en los últimos tiempos parecen olvidados muchos pasajes fundamentales de la Escritura, que iluminan esta cuestión trascendental.

Palabra Divina   Por ejemplo del evangelio según San Juan; escuetamente: 17  Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.  3, 18. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas… J5, 17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.» 18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios… J.6, 29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.» …  J.7, 1 Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle … 13, Pero nadie hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos. ….  19, ¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme?» … 37 Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. 40 Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre… 47 El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.»  … J 9, 31 Los judíos trajeron otra vez piedras.  32 Jesús les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?» … 12,48   El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día…

En conclusión, es perceptible que alguna trama persiste en sacar de "Nostra Aetate" ciertos frutos apetecidos por las corrientes judaicas y progresistas, para la implantación de un “judeocristianismo”. Pero lo esencial es que la Declaración no absuelve obviamente el pasado culpable. Y menos a la odiosidad judía contra la religión de Cristo, actualmente incrementada -a titulo de ejemplo-  con el reiterado repudio a la Cruz de los grandes rabinos de Jerusalén Meir Lau y Rabinovitch (Reuters, AP y AFP, 25.11.99 – ACI (14.11.07). Con las calumnias contra el pontífice Pío XII o la farsa escalofriante montada contra S.S. Benedicto XVI alrededor del “caso Willamson” y la veneración del falso dogma judío del Holocausto; seguida de impresionantes blasfemias propaladas por la televisión israelí contra Jesucristo y su santísima Madre. Todo en un clima de constante recelo y críticas insidiosas contra la Iglesia de Cristo.

* Difícil de compaginar todo esto, con la “Declaración judeo-católica sobre la vida y la familia” en Grottaferrata  (AICA, 4.3.03), afirmando que “el diálogo es un valor en sí mismo y excluye cualquier intento de conversión”.

** cfr. REUTERS, AP y AFP ( 25.11.99 – ACI (14.11.07)

Mayo de 2009

 

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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