Panorama Católico

Utopía Constitucional

El problema grave de la utopía adviene cuando ésta se vuelve sistemática, esto es, si se torna pragmática y programática, cuando se la quiere introducir, forzadamente, como parte de la realidad. Los Papas la denominaron "utopía trágica"…

Escribe Ricardo Fraga

El problema grave de la utopía adviene cuando ésta se vuelve sistemática, esto es, si se torna pragmática y programática, cuando se la quiere introducir, forzadamente, como parte de la realidad. Los Papas la denominaron "utopía trágica"…

Escribe Ricardo Fraga

Arturo Sampay destacaba en 1949, con ocasión de la sustantiva reforma constitucional de ese año, el carácter iluminista que motivó el texto primitivo de 1853. Dicha reforma, vigente durante las dos primeras presidencias de Perón, fue sustituida por una proclama revolucionaria de 1956 que pretendió regularizarse mediante la convención constituyente de 1957 que, después de sancionar el art. 14 bis (los derechos sociales que explícitamente se contenían en el documento del &#39…49) se disolvió por falta de quorum (al retirarse los convencionales de la U.C.R.I. o radicales intransigentes).

¿Qué quiere decir carácter iluminista? El Iluminismo nace de la inmanencia cognoscitiva, es decir, que todo se reduce al pensamiento humano que recibe el nombre de cógito. Dentro de éste el hombre se convierte en una abstracción atemporal, vale decir, que queda separado de su continuidad histórica y, por eso, el texto normativo que brota de dicha concepción es de estructura racionalista.

Los constituyentes del &#39…53 en lugar de una constitución que surgiera de la historia, como naturaleza cualitativa acumulada por los siglos, prefirieron una obra apriorística, fundada en la idea de que el pensamiento de laboratorio es mejor que la experiencia.

La inmanencia cognoscitiva de que hablo conduce a la llamada utopía dialéctica revolucionaria.

Utopía es palabra de formación griega (u-topós) e indica una cosa que no está en ningún lugar o tiempo concreto. Fue acuñada por el gran humanista (s.XVI) santo Tomás Moro (canciller de Enrique VIII y ajusticiado por éste) en su obra "Utopía" que es un relato satírico de las costumbres de su tiempo y que no pretendió erigirse en modelo político de ejecución determinada. Tampoco lo fueron las propuestas quiméricas de Platón cuando, en su polis ideal, auspició la comunidad de bienes (queda claro que el ilustre filósofo no fue un comunista en sentido marxista).

El problema grave de la utopía adviene cuando ésta se vuelve sistemática, esto es, si se torna pragmática y programática, cuando se la quiere introducir, forzadamente, como parte de la realidad. Los Papas la denominaron "utopía trágica" (tan sólo por su elevado costo en vidas humanas) y así Pío VI (finales del s. XVIII) designó de este modo a la revolución francesa y Juan Pablo II en Praga (1992), de manera coincidente, llamó "utopía trágica" (sólo treinta millones de cadáveres en el período de Stalin) al horror soviético que, en gran medida por su impulso moral (" ¿con cuántas legiones cuenta el Papa?"), se desintegraba ante sus ojos.

La utopía es una manipulación arbitraria que degrada subjetivamente al hombre y lo convierte en un producto de la "dictadura relativista" (Benedicto XVI).

El Iluminismo, cuna de todas las aberrantes utopías, es la desencarnación del hombre y la imitación forzada de una naturaleza desconectada de sus raíces aún etimológicas (natural es lo nacido y, por lo tanto, lo que proviene de una hacedor) que lo condena a una abstracción inexistente o a una negación de las cosas creadas.

El Iluminismo es esencial para entender nuestro texto constitucional. Esteban Echeverría describió a Bernardino Rivadavia (modelo emblemático de Iluminismo) como un sujeto cuyas doctrinas eran el resultado filosófico de hechos históricos de otras naciones o, más bien, de sistemas abstractos del eurocentrismo ilustrado, desvinculado de lo real.

Razones y modelos ajenos y no impulsos y modalidades propias. Esto se aplica a nuestra clase dirigente de hoy: se copian esquemas europeos y no existe un pensamiento americano, como el que impulsó (s. XIX) don Juan Manuel de Rosas. Aún los procesos que se pretenden originales, nativos o indigenistas (Cuba, Venezuela, Bolivia) no son sino imitaciones caricaturescas de estereotipos hegelianos.

Ese racionalismo total es, en los hechos, una negación de la tradición real de cada pueblo concreto y, por eso, forjó un concepto equivoco de derecho natural de corte agnóstico y utilitarista (los derechos humanos) desligado del fundamento de legitimidad.

Fue Francisco de Vitoria (s. XVI) quien resaltó la importancia fundamental de dicha noción en punto a que la legitimidad se establece en la primacía de la justicia y la subordinación a ésta de la ley humano-positiva. "Una ley injusta es un cadáver de ley" (Santo Tomás de Aquino).

La ley justa obliga incluso en conciencia y la que no lo es se puede, y a veces se debe, resistir, cuanto menos por el empleo sagaz de la objeción de conciencia.

Frente al racionalismo iluminista emerge la conciencia histórica de los pueblos (el "sufragio universal de los siglos" en el galano decir de Vázquez de Mella), que se manifestó específicamente en las corrientes historicistas para las cuales la razón es un ídolo vano, un ente de ensoñación que la superstición libertaria decora con atributos de imaginada dignidad.

En este plano, Giambattista Vico (s. XVII-XVIII) identifica la verdad con los hechos históricos ("verum ipsum factum") y, por ello, la relaciona con lo real, y no con lo racional, superando al racionalismo. Su gran originalidad fue retomar la idea cíclica del tiempo (enseñada por los griegos) y la recurrencia de Polibio y sus ciclos históricos que el gran napolitano llamó "corsi e ricorsi", esto es, etapas sucesivas y recurrentes del acontecer histórico.

Vico (al igual que San Agustín) ve al hombre como un "totus homo", un hombre completo. Ve en él, no sólo la pura y descabezada razón cartesiana, sino también su fantasía creadora. Como Pascal (s. XVII) mira, principalmente, al conocimiento cordial (corazón) que es el signo de la unidad sustancial (cuerpo y alma) en que radica la compleja unidad humana, con su correlativa proyección analógica en el aspecto colectivo.

El "totus homo" vive, necesaria y naturalmente, en sociedad civil cuyo primer e imprescindible vehículo de comunicación es la lengua o idioma, que fija justamente la idiosincracia o modo de ser de cada comunidad histórica.

El ideal del &#39…53 no fue otro que la atemporalidad mimética de las instituciones, a diferencia de la línea historicista (que sobrevive en el enunciado del preámbulo) contenida en el fundacional Pacto federal de 1831.

Cada pueblo es único y las copias terminan irremediablemente en el fracaso. "Todo lo que no es tradición es plagio" (Eugenio D&#39…Ors).

Así sucedió que, mientras para los clásicos, lo propio era lo civilizado y, lo ajeno, lo bárbaro, en la Argentina (por obra del "Facundo" de Sarmiento) se produjo una inversión radical: lo propio fue lo bárbaro (equiparado al campo) y lo ajeno la civilización (prevalencia de la ciudad), origen de la colonización mental de nuestro país que hoy (invocando descaradamente al pobre Jauretche) hace verdaderos estragos.

Colonización cuya base normativa es la utopía constitucional que en "las diez noches históricas" en la pastelería de Merengo (José María Rosa) engendraron los padres provincianos de 1853 (más parecidos a los políticos actuales de lo que uno suele imaginarse) y cuyo nocivo nervio iusfilosófico fuera desentrañado por el eminente pensador argentino que encabeza esta nota: Arturo Sampay.

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