Panorama Católico

Vendidos al nuevo desorden mundial

Otra consecuencia funesta que puede seguirse del desliz de nuestros legisladores es la persecución de quienes no acepten los criterios del Comité. En nombre de la no discriminación de la mujer se intentará acallar todo disenso, sofocar las sanas reacciones que -de acuerdo a la tradición cultural argentina- surjan en defensa de la vida humana desde el instante de la concepción, de la familia fundada en el matrimonio, entendido como la unión estable de un varón y una mujer, del recto sentido de la sexualidad y de su ejercicio.

Otra consecuencia funesta que puede seguirse del desliz de nuestros legisladores es la persecución de quienes no acepten los criterios del Comité. En nombre de la no discriminación de la mujer se intentará acallar todo disenso, sofocar las sanas reacciones que -de acuerdo a la tradición cultural argentina- surjan en defensa de la vida humana desde el instante de la concepción, de la familia fundada en el matrimonio, entendido como la unión estable de un varón y una mujer, del recto sentido de la sexualidad y de su ejercicio. No hay más crueles enemigos de la libertad que los libertarios, que odian el orden natural y la creación de Dios. ¿Acabaremos un día en la cárcel por leer la Biblia en nuestras iglesias?

Por MONSEÑOR HECTOR AGUER (*)

Con el voto mayoritario de las dos cámaras del Congreso Nacional, nuestro país ha ratificado recientemente el protocolo facultativo de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Este título larguísimo se abrevia en la sigla de la denominación en inglés: CEDAW. La sanción que han decidido los legisladores pasó prácticamente inadvertida. Así suele ocurrir con la aparición de muchas leyes, sobre todo si son presentadas "sobre tablas" y si se las vota entre gallos y medias noches hacia el final del período parlamentario. En el caso que nos ocupa no hubo debate. Algunos, entre los senadores y los diputados, votaron según sus convicciones ideológicas: son los que adhieren a las consignas del feminismo extremo. Otros lo hicieron movidos por presiones que provenían de ese sector, y probablemente la mayoría cumplió con la disciplina de bloque o con la obediencia debida. ¡Honor a los doce senadores y a los treinta diputados, mujeres y varones, que supieron decir no!

¿Qué ha hecho, en realidad, el Congreso al dar este paso? La Convención, que fue adoptada por la Argentina en 1985, nos comprometía a efectuar todas las modificaciones necesarias, en leyes, reglamentos y usos, para eliminar cualquier tipo de discriminación contra la mujer. Un propósito laudable, sin duda, si se profesa la verdad sobre la dignidad de la persona humana y no se ideologiza el concepto de discriminación. Pero ahora, al ratificar el protocolo, se le otorga autoridad legal a un Comité integrado por 23 expertas que han acreditado militancia internacional como abanderadas de la "ideología de género". Este grupo de feministas, que ronda en la órbita de las Naciones Unidas, queda facultado para inmiscuirse en nuestros asuntos internos, recibir denuncias y hacer recomendaciones en orden a que nuestro país ajuste su legislación a los enunciados de la CEDAW según la "perspectiva de género" que inspira al mencionado Comité.

Esta enajenación de nuestra soberanía legislativa hace temer consecuencias gravísimas, como las que ya se están verificando en los países que ratificaron el protocolo. Sobre ellos se ejerce el espionaje y las presiones del Comité. Vale la pena citar algunas de sus recomendaciones; siguen todas ellas la misma línea: menoscabo de derecho a la vida, afrenta a la dignidad de la persona, destrucción de la familia, alteración deliberada del orden natural. A Colombia y a Ecuador les reprochó mantener en su ordenamiento jurídico la ilegalidad del aborto. A Italia y a Croacia, que tenían una legislación pro-abortista, se les instó a suprimir la libertad de conciencia de los médicos que se niegan a cometer el crimen abominable. A otros países se los critica por mantener "estereotipos" en cuanto al papel respectivo de mujeres y varones en la familia y en la sociedad. Lo que molesta especialmente a las feministas del Comité es la vocación esponsal y materna de la mujer, porque para la ideología de género la maternidad es una maldición y la familia, tal como la conocemos, debería desaparecer. Aunque parezca mentira, el Comité ha recomendado suprimir el "Día de la Madre" y aquellas políticas de Estado que protegen el embarazo y la maternidad. También promueve la legislación de la prostitución para integrarla al mercado de la profesión y el empleo y recomienda legalizar el lesbianismo.

Otra consecuencia funesta que puede seguirse del desliz de nuestros legisladores es la persecución de quienes no acepten los criterios del Comité. En nombre de la no discriminación de la mujer se intentará acallar todo disenso, sofocar las sanas reacciones que -de acuerdo a la tradición cultural argentina- surjan en defensa de la vida humana desde el instante de la concepción, de la familia fundada en el matrimonio, entendido como la unión estable de un varón y una mujer, del recto sentido de la sexualidad y de su ejercicio. No hay más crueles enemigos de la libertad que los libertarios, que odian el orden natural y la creación de Dios. ¿Acabaremos un día en la cárcel por leer la Biblia en nuestras iglesias?

Un nuevo desorden mundial va imponiéndose en el mundo, mediante un proceso de alteración de los significados fundamentales de la condición humana, de la libertad, el derecho, la familia y la sociedad. Equivale a una revolución cultural que procura hacer tabla rasa de los auténticos valores humanos. La ratificación del protocolo de la CEDAW -que por ser opcional muchos países se negaron a aceptar- es una señal alarmante de la debilidad cultural y política de la Argentina y de la ligereza con que alienamos nuestra identidad y nuestro futuro.

(*) Arzobispo de La Plata

Fuente: Diario "El Día" de La Plata, 29/11/06

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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