Panorama Católico

¿Y ahora? ¿Cómo queda el Ecumenismo? Y cómo el Concilio Vaticano II

¿Y ahora? ¿Cómo queda el Ecumenismo? Y cómo el Concilio Vaticano II

 

¡Benedicto XVI contradice el Vaticano II: en la religión diabólica de los paganos no hay “semillas del Verbo”, como puede leerse en el Decreto AD GENTES, pero se encuentran en la Filosofia griega. 

 

Escribe Orlando Fedeli*

¿Y ahora? ¿Cómo queda el Ecumenismo? Y cómo el Concilio Vaticano II

 

¡Benedicto XVI contradice el Vaticano II: en la religión diabólica de los paganos no hay “semillas del Verbo”, como puede leerse en el Decreto AD GENTES, pero se encuentran en la Filosofia griega. 

 

Escribe Orlando Fedeli*

Algunos sitios web modernistas, lo mismo que algunos “teólogos” de la Liberación, están acusando a Benedicto XVI de enterrar el Concilio Vaticano II. Según otros, esto es una exageración. Se está celebrando el entierro antes de la muerte del enfermo que, aunque muy aquejado de las piernas. aún no las estiró, después del suspiro final.

En esta agonía, y en medio de la disputa sobre si el Vaticano II va o no a ser enterrado por Benedicto XVI, el Papa pronunció un nuevo discurso, muy importante, en el cual golpéo -¿o derrumbó?- dos columnas fundamentales del ecumenismo propiciado por este Concilio.

Fue el miércoles pasado, durante su predicación semanal en una Audiencia General que él habló de San Justino y de las famosas “semillas del Verbo”.

En el Concilio Vaticano II, las “semillas del Verbo”, atribuidas a San Justino han servido para fundamentar el ecumenismo, puesto que se dice que en las religiones paganas sí habías estas famosas “semillas del Verbo”. De tales semillas nacerán tempestades… ecuménicas.

¿Serán ellas las semillas del Verbo o de la cizaña sembrada por el enemigo furtivamente por la noche, en medio del trigal de la verdad católica?

Los obispos y teólogos modernistas juraban y garantizaban que “Fue San Justino quien dijo esto. ¡Es patrístico! ¡De la mejor fuente! ¡Y de la Tradición! ¡San Justino es un padre de la Iglesia?”

Esto generó polémicas de las cuales participó en su tiempo el Card. Ratzinger.

Efectivamente, en el Capítulo II del Decreto Ad Gentes, documento del Concilio Vaticano II, puede leerse lo que sigue:

ART. 1º EL TESTIMONIO CRISTIANO

Testimonio y diálogo

11. Es necesario que la Iglesia esté presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos, que viven entre ellos o que a ellos son enviados. Porque todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el nombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Espíritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmación, de tal forma que, todos los demás, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban, cabalmente, el sentido auténtico de la vid y el vínculo universal de la unión de los hombres.

Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, reúnanse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, reconózcanse como miembros del grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas del Verbo que en ellas laten; (…) (Concilio Vaticano II, Decreto Ad Gentes, 11, resaltados nuestros).

El Concilio Vaticano II dice con todas las letras –tenidas por algunos como infalibles- que las tradiciones nacionales y religiosas de los paganos tienen semillas del Verbo escondidas o latentes.

Todo está claramente escrito:

“estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten; (…) (Idem).

Por lo tanto, conforme al Vaticano II, habría “semillas del Verbo” también en las falsas religiones. Fue en esto que los Cardenales Bea, Kasper, Arns et al de su línea han fundamentado sus actos ecuménicos.

Ahora, Benedicto XVI le da una sorpresa. Puesto que en este discurso sobre San Justino, Benedicto afirma, también con todas las letras, que en las religiones paganas no hay semillas del Verbo. Benedicto XVI nos garantiza que San Justino nunca ha dicho esto.

Por el contrario, San Justino dice que las simientes del Verbo existían en la filosofía griega, nunca en las religiones paganas, que serían diabólicas. En las religiones paganas existirían los frutos resultantes de estas simientes del diablo.

¿No me creen que Benedicto XVI dijo esto? Dijo esto, y mucho más. He aquí la prueba de que lo dijo. (El “mucho más” queda para después):

“De hecho, los primeros cristianos no quisieron aceptar nada de la religión pagana. La consideraban idolatría, hasta el punto de que por eso fueron acusados de "impiedad" y de "ateísmo". En particular, san Justino, especialmente en su primera Apología, hizo una crítica implacable de la religión pagana y de sus mitos, que consideraba como "desviaciones" diabólicas en el camino de la verdad. (Benedicto XVI, Discurso sobre San Justino, en la Audiencia General, Roma, miércoles 21 de marzo de 2007, destacados nuestros).

Dijo incluso Benedicto XVI:

“Justino, y con él otros apologistas, firmaron la toma de posición clara de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre”.
(Idem).

¡Benedicto XVI contradice el Vaticano II!

¿Con qué Magisterio nos quedamos? Con el Magisterio “vivo” de Benedicto XVI, o con el magisterio “escrito” del Vaticano II?

Finalmente, las famosas “semillas del Verbo” estaban en las religiones paganas con las cuales los cristianos no querían tener nada en común, o en la Filosofía griega?

Benedicto XVI nos asegura que, según San Justino, las simientes del Verbo estaban en la Filosofía griega, nunca en la religión diabólica de los paganos. Benedicto nos asegura en este discurso que los Padres de la Iglesia no eran ecumenistas. Ellos eran apologistas que hacían muchas cosas bien antiecuménicas.

1) Defendían la Fe contra las “graves acusaciones de los paganos y de los judíos”.

 

Con la palabra "apologista" se designa a los antiguos escritores cristianos que se proponían defender la nueva religión de las graves acusaciones de los paganos y de los judíos. (ibidem)

2) Difundían la Fe. Eran misioneros. Dos cosas que un ecumenista jamás hace y detesta que se haga. De idéntico modo, el sito web Montfort intenta hacer, en la medida de sus pocas fuerzas, exactamente esto: defender y difundir la Fe. Es un sitio de apologética. Por eso es un sitio antiecuménico y contrario al Vaticano II.

¿Cómo queda el Magisterio “infalible” del Vaticano II?

Vamos a ver que tienen razón los que afirman que un concilio meramente pastoral nada tiene de infalible.

Asimismo, como lo afirmó también el Card. Ratzinger: el Vaticano II nada proclamó dogmáticamente. Nada enseñó infaliblemente.

Por lo tanto, enseñó de un modo falible. Y lo que es falible, al menos puede errar. Benedicto XVI afirma que el Vaticano II erró al decir que había semillas del Verbo en las diabólicas religiones paganas.

¿Y ahora, José?

La dejó tambaleando -¿tambaleando qué?- a la primera columna del ecumenismo.

Veamos ahora el “mucho más” que enseñó Benedicto XVI en ese discurso sobre San Justino.

Dijo Benedicto XVI:

“San Justino, y con él los demás apologistas, firmaron la clara toma de posición de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre. Algunas décadas después de san Justino, Tertuliano definió esa misma opción de los cristianos con una sentencia lapidaria que sigue siendo siempre válida: "Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem, cognominavit", "Cristo afirmó que era la verdad, no la costumbre" (De virgin. vel., I, 1)”. (Ibidem).

Nótese a este propósito que el término cunsuetudo empleado aquí por Tertuliano con referencia a la religión pagana puede ser traducido en las lenguas modernas por las expresiones “hábito cultural”, “moda del momento”.

“En una época como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el debate sobre los valores y sobre la religión -así como en el diálogo interreligioso-, esta es una lección que no hay que olvidar”. (Ibidem).

¿Qué enseñanza de San Justino es la que hoy debemos recordar? ¿Qué se debe seguir la verdad y no la moda?

¿Y cual es la moda hoy? La moda es el relativismo.

¿Y donde reina hoy el relativismo? En el debate sobre los valores y sobre la religión, y, -¡qué sorpresa!-: “en el diálogo interreligioso”.

Ahora bien, hoy, el diálogo interreligioso reina por causa del Magisterio falible del Concilio Vaticano II.

Fue Benedicto XVI quien ha dicho esto. No fui yo. Yo apenas si estoy constatando lo que él dice. Y constatando con alegría ese Magisterio vivo del Papa.

¿Y ahora José?

En ese pequeño discurso sobre San Justino, que reproducimos íntegramente abajo para documentar que nada de lo dicho ha sido inventado por nosotros, Benedicto golpeó las dos columnas del ecumenismo:

1) Es falso lo que dice el Concilio Vaticano II en el decreto Ad Gentes respecto a que hay “semillas del Verbo” en las religiones paganas.

2) El diálogo interreligioso puesto de moda por el Vaticano II es relativismo.

Con esto, el ecumenismo y el Vaticano II, que estaban ya mal, empeorarán más aún. ¿Será que los sitios modernistas (Golias y Aprile on line) tienen razón? ¿Será que Benedicto XVI quiere enterrar el Vaticano II?

Dios los oiga. Que Benedicto lo quiera. Y que lo haga.

San Pablo, 22 de marzo de 2007

* Orlando Fedeli, es Presidente de la ASSOCIAÇÃO CULTURAL MONTFORT – São Paulo – Brasil – sitio web: www.montfort.org.br . Traducción del original portugués, realizada por Panorama Católico.

Anexo: Discurso del Papa Benedicto XVI

en la Audiencia General del 21 de marzo de 2007.

San Justino

Queridos hermanos y hermanas:

En estas catequesis estamos reflexionando sobre las grandes figuras de la Iglesia primitiva. Hoy hablamos de san Justino, filósofo y mártir, el más importante de los Padres apologistas del siglo II. Con la palabra "apologista" se designa a los antiguos escritores cristianos que se proponían defender la nueva religión de las graves acusaciones de los paganos y de los judíos, y difundir la doctrina cristiana de una manera adecuada a la cultura de su tiempo. Así, los apologistas buscan dos finalidades: una, estrictamente apologética, o sea, defender el cristianismo naciente (apologhía, en griego, significa precisamente "defensa"); y otra, "misionera", o sea, proponer, exponer los contenidos de la fe con un lenguaje y con categorías de pensamiento comprensibles para los contemporáneos.

San Justino nació, alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaría, en Tierra Santa; durante mucho tiempo buscó la verdad, peregrinando por las diferentes escuelas de la tradición filosófica griega. Por último, como él mismo cuenta en los primeros capítulos de su Diálogo con Trifón, un misterioso personaje, un anciano con el que se encontró en la playa del mar, primero lo confundió, demostrándole la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente con sus fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le explicó que tenía que acudir a los antiguos profetas para encontrar el camino de Dios y la "verdadera filosofía". Al despedirse, el anciano lo exhortó a la oración, para que se le abrieran las puertas de la luz.

Este relato constituye el episodio crucial de la vida de san Justino: al final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, que consideraba como la verdadera filosofía, pues en ella había encontrado la verdad y, por tanto, el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año 165, en el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien san Justino había dirigido una de sus Apologías.

Las dos Apologías y el Diálogo con el judío Trifón son las únicas obras que nos quedan de él. En ellas, san Justino quiere ilustrar ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se realiza en Jesucristo, el Logos, es decir, el Verbo eterno, la Razón eterna, la Razón creadora. Todo hombre, como criatura racional, participa del Logos, lleva en sí una "semilla" y puede vislumbrar la verdad. Así, el mismo Logos, que se reveló como figura profética a los judíos en la Ley antigua, también se manifestó parcialmente, como en "semillas de verdad", en la filosofía griega. Ahora, concluye san Justino, dado que el cristianismo es la manifestación histórica y personal del Logos en su totalidad, "todo lo bello que ha sido expresado por cualquier persona, nos pertenece a nosotros, los cristianos" (2 Apol. XIII, 4). De este modo, san Justino, aunque critica las contradicciones de la filosofía griega, orienta con decisión hacia el Logos cualquier verdad filosófica, motivando desde el punto de vista racional la singular "pretensión" de verdad y de universalidad de la religión cristiana.

Si el Antiguo Testamento tiende hacia Cristo del mismo modo que una figura se orienta hacia la realidad que significa, también la filosofía griega tiende a Cristo y al Evangelio, como la parte tiende a unirse con el todo. Y dice que estas dos realidades, el Antiguo Testamento y la filosofía griega, son los dos caminos que llevan a Cristo, al Logos. Por este motivo la filosofía griega no puede oponerse a la verdad evangélica, y los cristianos pueden recurrir a ella con confianza, como si se tratara de un bien propio. Por eso, mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II definió a san Justino "un pionero del encuentro positivo con el pensamiento filosófico, aunque bajo el signo de un cauto discernimiento": pues san Justino, "conservando después de la conversión una gran estima por la filosofía griega, afirmaba con fuerza y claridad que en el cristianismo había encontrado "la única filosofía segura y provechosa" (Diálogo con Trifón VIII, 1)" (Fides et ratio, 38).

En conjunto, la figura y la obra de san Justino marcan la decidida opción de la Iglesia antigua por la filosofía, por la razón, más bien que por la religión de los paganos. De hecho, los primeros cristianos no quisieron aceptar nada de la religión pagana. La consideraban idolatría, hasta el punto de que por eso fueron acusados de "impiedad" y de "ateísmo". En particular, san Justino, especialmente en su primera Apología, hizo una crítica implacable de la religión pagana y de sus mitos, que consideraba como "desviaciones" diabólicas en el camino de la verdad.

Sin embargo, la filosofía constituyó el área privilegiada del encuentro entre paganismo, judaísmo y cristianismo, precisamente en el ámbito de la crítica a la religión pagana y a sus falsos mitos. "Nuestra filosofía": así, de un modo muy explícito, llegó a definir la nueva religión otro apologista contemporáneo de san Justino, el obispo Melitón de Sardes (Historia Eclesiástica, IV, 26, 7).

De hecho, la religión pagana no seguía los caminos del Logos, sino que se empeñaba en seguir los del mito, a pesar de que este, según la filosofía griega, carecía de consistencia en la verdad. Por eso, el ocaso de la religión pagana resultaba inevitable: era la consecuencia lógica del alejamiento de la religión de la verdad del ser, al reducirse a un conjunto artificial de ceremonias, convenciones y costumbres.

San Justino, y con él los demás apologistas, firmaron la clara toma de posición de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre. Algunas décadas después de san Justino, Tertuliano definió esa misma opción de los cristianos con una sentencia lapidaria que sigue siendo siempre válida: "Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem, cognominavit", "Cristo afirmó que era la verdad, no la costumbre" (De virgin. vel., I, 1).

A este respecto, conviene observar que el término consuetudo, que utiliza Tertuliano para referirse a la religión pagana, en los idiomas modernos se puede traducir con las expresiones "moda cultural", "moda del momento".

En una época como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el debate sobre los valores y sobre la religión -así como en el diálogo interreligioso-, esta es una lección que no hay que olvidar. Con esta finalidad -y así concluyo- os vuelvo a citar las últimas palabras del misterioso anciano, con quien se encontró el filósofo Justino a la orilla del mar: "Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no le conceden comprender" (Diálogo con Trifón VII, 3).

Fuente: Vatican.va

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *