Panorama Católico

“Yo Soy la Señora del Santo Rosario“ (I)

Ultima aparición de nuestra Señora en Fátima. Relato pormenorizado del día glorioso de los pastorcitos, cuando la Señora del Cielo se reveló como la Virgen del Santo Rosario y obró el extraordinario milagro del Sol.

(SABADO 13 DE OCTUBRE)

Ultima aparición de nuestra Señora en Fátima. Relato pormenorizado del día glorioso de los pastorcitos, cuando la Señora del Cielo se reveló como la Virgen del Santo Rosario y obró el extraordinario milagro del Sol.

(SABADO 13 DE OCTUBRE)

El 13 de Octubre a mediodía, la hora de las apariciones y del milagro, había entre cincuenta y setenta mil personas en la Cova da Iria. Toda la población de Portugal estaba representada allí. Muchas personas de entre esta multitud de testigos, dieron su versión de los hechos prodigiosos que contemplaron aquel día. Su testimonio es un hecho histórico importante, del cual debemos extraer todas las consecuencias.

Pero la presencia de estas multitudes, y la realidad extraordinaria del milagro solar, no nos debe hacer olvidar la aparición de Nuestra Señora a los tres pequeños videntes, y el contenido de Su último mensaje. Es por eso que dejamos de lado temporariamente la masa enorme de evidencia que tenemos. En el presente capítulo nos conformaremos con explicar los hechos desde el punto de vista de nuestros tres videntes y su entorno habitual.

I. ANTES DE LA APARICION

"CAIA UNA LLUVIA PERSISTENTE." Mientras largas filas de peregrinos convergían sobre Fátima desde todas direcciones, rezando el Rosario y entonando himnos, la lluvia caía con suave persistencia. "Toda la noche y toda la mañana," relata un testigo, "cayó una lluvia fina, persistente, mojando los campos, embarrando la tierra, y penetrando con su fría humedad a mujeres y niños, hombres y (p.286) animales, que estaban avanzando apresuradamente a lo largo de los senderos fangosos hacia el lugar del milagro." (1)

Uno debía estar entre los primeros en llegar a la Cova da Iria, para estar seguro de tener un lugar cerca de la encina de la aparición.

" ¡Desde el día 12 (dice Maria Carreira), había allí tanta gente, pero tanta gente… Dios sabe cuanta! Todas esas gentes hacían tanto ruido, que podían ser escuchadas claramente en nuestra casa. (2) Pasaron la noche al aire libre, sin el menor refugio.

"Bien antes de romper el alba, ya estaban rezando, llorando y cantando. Yo misma llegué al amanecer, y pude estar cerca de la encina, de la cual solo quedaba el tronco, que la noche anterior había decorado con flores y cintas de seda… Estaba triste porque era la última vez que Nuestra Señora iba a aparecer, pero al mismo tiempo, me llenó de alegría pensar lo que la Santísima Virgen iba a decir, mientras nosotros esperábamos por el milagro que iba a hacer para que toda la gente pudiera creer." (3)

LA PARTIDA DE LOS VIDENTES

"MIS PADRES ESTABAN PREOCUPADOS." Mientras, en Aljustrel, por primera vez, María Rosa estaba perturbada con el pensamiento de la tragedia que podía seguir… si el milagro predecido no ocurría. "Con lágrimas rodándole por las mejillas, miró tiernamente a Lucía, quien trató de confortar a su madre, mientras secaba sus lágrimas.

"No te preocupes madre querida. Nada nos ocurrirá, estoy segura. ¡Nuestra Señora hará lo que prometió!" (4)

"Mi madre," escribe Lucía en sus Memorias "temiendo que fuese el último (p.287) día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme." (5)

En otro lugar ella escribe:

"Sin embargo, mis padres se asustaron, y por primera vez quisieron acompañarme, diciendo:

"-Si mi hija va a morir, yo quiero morir a su lado." (6)

Sin embargo, María Rosa estaba preocupada con el pensamiento de desobedecer a su párroco, quien una vez más le había recomendado que no fuera a la Cova da Iria. Fue el peligro grave de su hija lo que la hizo decidirse a ir, confesó más tarde a la comisión de investigación. Para mayor seguridad, fue armada con agua bendita, como hizo Bernardette después de la aparición del 14 de febrero de 1858.

TI MARTO: UNA CONFIANZA INAMOVIBLE. Primero fueron a la casa de Ti Marto. La muchedumbre llenaba toda la casa, pues todos, tanto los curiosos como los devotos, quisieron hablar a los videntes. Mientras Olimpia, quien como su cuñada estaba impresionada por tantos sacerdotes "que no creían", temía lo peor, Manuel Pedro permaneció extremadamente tranquilo: "Voy a ir porque tengo fe en ésto," declaró. " ¡No estoy para nada preocupado y si realmente seguro que todo saldrá muy bien!" Los niños, también, estaban muy tranquilos… ni Jacinta ni Francisco estaban preocupados en lo más mínimo. ¡Pero que prueba para ellos con todo ese ir y venir! Indudablemente estaban por atravesar el día más agotador de su vida! Antes de ellos partir, recordó Ti Marto, una dama de Pambalinho trajo vestidos para las niñas y las vistió ella misma. El de Lucía era azul y el de Jacinta blanco, y les puso coronas blancas para que lucieran como los pequeños ángeles en las procesiones. (7) (p.288)

"Salimos de casa bastante temprano," continúa Lucía, "contando con las demoras del camino. El pueblo estaba en masa. Caía una lluvia torrencial."

UN CAMINO A TRAVES DE LA MULTITUD. "Por el camino se sucedían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante." (8) Esto hizo comentar a Ti Marto:

"- ¡Dejadlos en paz, buenas gentes!

"Pues parecieron pensar que tenían el poder de los santos. Después de muchos problemas e interrupciones, al fin llegaron a la Cova da Iria. La multitud era tan espesa que usted no podía atravesarla. Fue entonces que un chofer levantó a mi Jacinta, y empujó y se abrió paso hasta el arco de las lámparas, gritando: " ¡Hagan lugar para los niños que vieron a Nuestra Señora!" Yo iba detrás de él, y Jacinta, que estaba asustada por verme entre tanta gente, comenzó a gritar:

"- ¡No empujéis a mi padre, no lo lastiméis!

"El chofer al fin la bajó cerca del árbol, pero allí también, la aglomeración era tan grande que ella comenzó a gritar. Luego Lucía y Francisco hicieron su entrada en medio de ésta. Mi Olimpia estaba en alguna parte, yo no se donde, pero María Rosa estaba muy cerca." (9)

En cuanto a Antonio, quien había llevado a Lucía de la mano hasta la encina, fue separado de ella por los movimientos de la multitud: "Pero desde el momento de las apariciones no le volví a ver mas, hasta que por la noche me encontré en el seno de la familia." (10)

EN LA COVA DA IRIA

" ¡CERRAD VUESTROS PARAGUAS!" Era casi la una de la tarde y aún estaba lloviendo. (p.289) "Llegados a Cova da Iria, junto al carrasco, transportada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario." (11)

Arriba, sobre el camino, protegidos en sus automóviles, todos aquellos que no tuvieron el coraje de entrar en el fango cenagoso de la Cova, presenciaron un estupendo espectáculo: "En un momento dado," escribe uno de ellos, "esta masa confusa y compacta cerró los paraguas, descubriéndose en un gesto tanto de humildad como de respeto, pero dejándome sorprendido y lleno de admiración, pues la lluvia caía insistentemente, mojando las cabezas de todos, empapando e inundado todo." (12) Avelino de Almeida, editor de O Seculo, escribe por su parte: "Lucía les pide, les ordena cerrar sus paraguas. La orden es transmitida y ejecutada de inmediato, sin resistencia… grupos de fieles se arrodillaron en el barro." (13)

II. LA SEXTA APARICION DE NUESTRA SEÑORA

LA HORA DE LA CITA FINAL. De acuerdo a los relojes, es ya casi la una y treinta de la tarde, que es más o menos el mediodía del tiempo solar. (14) Repentinamente, relata Maria Carreira, "Lucía miró en dirección del Este, y dijo a Jacinta: ¡Oh Jacinta! Arrodíllate, está llegando Nuestra Señora! ¡Ya veo el reflejo!" (15)

María Rosa, que había logrado permanecer allí, cerca de su hija, no dejó de darle un consejo maternal: " ¡Mira cuidadosamente, Lucía, no cometas un error!" Pero Nuestra Señora ya estaba apareciendo sobre la encina, poniendo sus pies sobre las cintas de seda y flores píamente dispuestas allí (p.290) por la fiel Maria Carreira la noche anterior.

Entonces, Lucía pareció caer en un éxtasis: "La cara de la niña, recuerda un testigo, apareció más y más hermosa y tomó un tinte rosado, y sus labios se volvieron más finos." (16) Jacinta dio a Lucía un codazo y dijo: " ¡Habla, Lucía, Nuestra Señora ya está aquí!" Entonces Lucía volvió en si, respiró hondo dos veces, como alguien sin aliento, y comenzó su conversación con Nuestra Señora. (17)

EL ULTIMO MENSAJE DE LA SANTISIMA VIRGEN (18)

"- ¿Que quiere de mi Vuestra Merced?-

"-Quiero que levantéis aquí una Capilla en Mi honor. Yo soy Nuestra Señora del Rosario. Continuad rezando el Rosario todos los días. La guerra terminará pronto, y los soldados volverán a sus hogares.

"-Tengo muchas cosas para pedir a Vuestra Merced: que cure algunos enfermos y convierta algunos pecadores, etc.

"-Algunos si, otros no. La gente debe enmendar sus vidas y pedir perdón por sus pecados.

Luego, poniéndose más triste: "- Ellos no deben ofender más a Nuestro Señor, pues El ya está demasiado ofendido. (19)

"- ¿Quiere Vuestra Merced alguna cosa mas?

"-Nada mas.

"-Entonces yo tampoco quiero pedir nada más a Vuestra Merced.". (20)

DURANTE LA APARICION. Mientras Nuestra Señora estaba hablando con Lucía, tal como el 13 de Setiembre, la multitud pudo ver la misma nube formándose alrededor de la encina, subiendo en el aire antes de desaparecer.

Otro prodigio tuvo lugar por segunda vez: cuando Nuestra Señora se elevó en el cielo, Lucía gritó: " ¡Ella se va! ¡Ella se va!" (21) En (p.291) ese momento, relata Maria dos Anjos, "mi madre percibió el mismo perfume que el 19 de Agosto." (22) Entonces Lucía gritó: " ¡Mirad el sol!"

"LA DANZA DEL SOL"

"Y, abriendo sus manos, las hizo reflejarse en el sol. Y, mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.

"He aquí, Excmo. Señor Obispo, el motivo por el cual exclamé que mirasen el sol. Mi fin no era llamar la atención de la gente hacia él, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice solo llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello." (23)

Fue en este preciso momento que la multitud pudo contemplar el espectáculo extraordinario de la "danza del sol". La lluvia había cesado repentinamente, las nubes se dispersaron rápidamente y el cielo estaba claro. Bástenos relatar aquí los hechos brevemente, ya que después, usando las declaraciones de numerosos testigos, expondremos cada una de las fases de este prodigio maravilloso.

He aquí el relato de los hechos por Ti Marto al Padre de Marchi:

"Nosotros miramos cómodamente el sol, que no nos cegó. Pareció girar y detenerse, primero en un sentido y después en otro. Lanzó rayos en diferentes direcciones y pintó todo de colores diferentes -los árboles, la gente, el aire y la tierra. Lo más extraordinario fue que el sol no lastimó para nada nuestros ojos. Todo estaba silencioso y calmo… todos estaban mirando hacia arriba. En un cierto momento, el sol pareció detenerse y luego comenzó a moverse y a danzar, hasta pareció que iba a separarse del cielo y a caer sobre nosotros. ¡Fue un momento terrible!" (24) (p.292)

Maria Carreira describió la asombrosa "danza del sol" en los mismos términos:

"Se volvió de diferentes colores, amarillo, azul, blanco, y se sacudió y tembló… parecía como una rueda de fuego que iba a caer sobre la gente. Ellos gritaron: " ¡Moriremos, moriremos!" Otros llamaron a Nuestra Señora para que los salvara y rezaron actos de contrición. Una mujer comenzó a confesar sus pecados en alta voz, diciendo que había hecho esto y aquello… al fin el sol se detuvo y todos lanzamos un suspiro de alivio. Todavía estábamos vivos, y el milagro que los niños habían anunciado, había ocurrido. (25)

La promesa de Nuestra Señora había sido cumplida al pié de la letra: todos lo habían visto. ¡María Rosa misma, que siendo obediente a su párroco, aún temía una intervención diabólica, pudo descartar el agua bendita de la que iba provista! "Ahora," declaró, "es imposible no creer, aunque nadie pudo tocar el sol! He aquí un testimonio que es tanto más precioso, cuanto que tenaz y sistemática había sido su oposición desde el principio. (26)

LAS TRES VISIONES EN EL CIELO

Durante los diez minutos que la multitud presenció el milagro cósmico espectacular, los tres videntes gozaron de un espectáculo aún más hermoso. La Santísima Virgen cumplió ante sus ojos Sus promesas del 19 de Agosto y del 13 de Setiembre. Les fue dado admirar, en el cielo, tres cuadros sucesivos, cuyo significado simbólico pondremos en claro.

LA VISION DE LA SAGRADA FAMILIA. "Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a S. José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. S. José con el (p.293) Niño parecían bendecir al Mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz."

LA VISION DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES. "Poco después de desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo de la misma forma que S. José.

LA VISION DE NUESTRA SEÑORA DEL MONTE CARMELO. Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen." (27)

Antes de continuar con el relato de los hechos y el fin de este día maravilloso que fue tan fatigante para los tres videntes, detengámonos un momento para comentar este mensaje final de Nuestra Señora en la Cova da Iria.

III. EL MENSAJE: UN
LLAMADO APREMIANTE A LA CONVERSION

Durante cada una de Sus tres últimas apariciones, Nuestra Señora había anunciado solemnemente Su mensaje de octubre: "En octubre, yo diré quien soy y lo que quiero." (28)

¿Que quiere Nuestra Señora? Si podemos creer los primeros relatos, aquellos del párroco, Padre Ferreira del 16 de octubre, tanto como el del Padre Lacerda del día 19, o la relación escrita de Lucía de 1922, la Madre de Dios, sin ninguna introducción, declaró inmediatamente como Su pedido más urgente:

" ¡LOS HOMBRES NO DEBEN OFENDER MAS A NUESTRO SEÑOR, PUES EL YA ESTA MUY OFENDIDO!" (p.295)

Tal es, en efecto, el deseo más expreso de la Santísima Virgen, que hizo la mayor impresión en los tres videntes. (29) Prestemos atención a Sor Lucía:

"De esta aparición, las palabras que más se me grabaron en el corazón, fue (sic) la petición de Nuestra Santísima Madre del Cielo:

"-No ofendan más a Dios, Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

" ¡Que amorosa queja y que tierna petición! ¡Como me gustaría que los hombres de todo el mundo y todos los hijos de la Madre del Cielo escuchasen su voz!" (30)

Lucía escribió estas líneas en 1937. ¿Recordaba todavía el entusiasmo con que las proclamó inmediatamente después de la aparición? El hecho fue tan notable, tan obviamente sobrenatural, que varios de los testigos quedaron visiblemente impresionados:

"Cuando el sol volvió a la normalidad, relata el Dr. Carlos Mendes, (el joven abogado de quien ya hemos hablado), tomé a Lucía en mis brazos para llevarla al camino. Así, mis hombros fueron la primera tribuna desde la que ella pudo predicar el mensaje que Nuestra Señora le había confiado.

"Con gran entusiasmo y gran fe, ella gritó: " ¡Haced penitencia! ¡Haced penitencia! ¡Nuestra Señora quiere que vosotros hagáis penitencia! ¡Si vosotros hacéis penitencia, la guerra terminará…!" (En portugués, hacer penitencia es equivalente a "ser convertido, volver a Dios, huir del pecado," y no "hacer mortificaciones".) Ella pareció inspirada, fue realmente impresionante escucharla. Su voz tenía entonaciones como la de un gran profeta (y el Sr. Mendes (p.295) es muy insistente en esta impresión de lo sobrenatural en las palabras y en la actitud de Lucía en ese momento).

"Una vez que salimos de la gran multitud, llevé a la niña de vuelta con su familia." (31)

A la gran luz de la gracia, la pequeña vidente había comprendido bien. El mensaje de Fátima, es ante todo "el lamento lleno de amor", la "súplica tierna" que "Nuestra Madre Celestial" nos dirige con dolor: " ¡No ofendan más al Señor, Nuestro Dios, pues El ya está demasiado ofendido!" Es el llamado a la conversión, el llamado de Juan el Bautista, repetido por Jesús mismo: "Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis" (32), eco insistente que también se encuentra en el Apocalipsis: "Yo reprendo y corrijo a cuantos amo… ten, pues, celo y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo… si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo." (Apoc. 3, 19) (*)

Sor Lucía ha repetido a menudo que la misión principal que Dios le confió, fue proclamar incesantemente este llamado vibrante de Nuestra Señora a la conversión: "Yo considero, entonces," escribió en 1941, "que Dios solo quiso usarme para recordar al mundo que es necesario evitar el pecado, y hacer reparación a un Dios ofendido, por la oración y la penitencia." (33)

El segundo pedido de la Santísima Virgen es también muy importante y práctico… además, es inseparable del primero, como el sentido es inseparable del fin que éste solo puede procurar.

" ¡REZAD EL ROSARIO TODOS LOS DIAS!"

Sor Lucía siente placer al subrayar este punto: en cada una de Sus seis apariciones… "Nuestra Madre Celestial" (p.296) se asegura de repetir Su pedido, siempre en los mismos términos, con la misma insistencia: " ¡Rezad el Rosario todos los días!" Esto muestra como esta oración hermosa, tan tradicional en la Iglesia, es altamente agradable a Su corazón maternal.

Lejos de ser una devoción completamente secundaria y opcional, la Virgen de Fátima vino a revelarnos que el Rosario es la condición más corriente para obtener infaliblemente todas las gracias que nosotros pedimos a Ella. Si, Ella es la Mediadora de todas las gracias, por la buena voluntad de Su Hijo. Pero esta efusión de gracias que Ella guarda en Su Corazón, solo puede darlas a nuestras almas, a nuestras familias, a nuestros paises, y al mundo, en respuesta a la petición humilde y suplicante de innumerables Rosarios. Si tal como en Lourdes, Ella quiso aparecer en la Cova da Iria sosteniendo en Sus manos este instrumento bendito, guía de nuestras oraciones, fue para mostrarnos que es el medio más seguro, pues es el más fácil y más humilde, de ganar Su Corazón y obtener Sus gracias. Tal es verdaderamente el mensaje de Fátima, que sobre este punto es repetir y desarrollar el de Lourdes, pero aún con más vigor.

Nosotros recordamos que el 13 de Mayo, Lucía preguntó a la aparición: " ¿Y, Francisco, irá al Cielo?" Y Nuestra Señora le contestó, poniendo Su condición: " ¡Si, irá, pero tiene que rezar muchos Rosarios!"

El 13 de Julio, sobre el tema de Juan, el hijo lisiado de Maria Carreira, la Santísima Virgen le expresó el mismo requisito, como condición para Su favor: "…pero él debe rezar el Rosario todos los días con su familia, y podrá ganarse la vida." En esta sola conversación, Nuestra Señora habló al menos tres veces del Rosario. "Yo hice algunos pedidos, que no (p.297) recuerdo" dice Sor Lucía. "Lo que recuerdo es que Nuestra Señora dijo que ellos debían rezar el Rosario para obtener estas gracias durante el año."

En 1970, Sor Lucía escribió varias cartas admirables, para exhortar a los fieles a la práctica diaria del Rosario. Estas son ricas en doctrina y recomendaciones precisas para meditar fructíferamente sobre los misterios del Rosario. Recordemos aquí solo una frase: "El Rosario es, para gran parte de los fieles que están vivos en el mundo, como si fuera su diario pan espiritual." Privarlas de él, incitándolas a rechazar o ignorar su rezo, es arrebatarles de la boca el pan de la gracia. (34)

EL AMOR DE UNA MADRE FIRME Y PRUDENTE

"TODAS LAS MISERIAS DE LA POBRE HUMANIDAD." Desde el 13 de Junio, cuando sesenta fieles vinieron a presenciar la aparición, hasta el día 13 de Octubre, cuando hubo tal vez sesenta mil -poco más o menos, no estamos seguros- Lucía llegó al pie de la Santísima Virgen con una lista impresionante de pedidos que le habían encargado: En este último día, relata, " ¡había tantos, tantos! Yo estaba ansiosa por recordar las innumerables gracias que había pedido a Nuestra Señora…" (35)

UNA FIRMEZA EXTRAORDINARIA. Lo que nos sorprende, al principio, si consideramos las contestaciones de Nuestra Señora a todos esos pedidos, es su tono de firmeza extraordinaria. En todas estas respuestas, no hay una pizca de sentimentalismo.

Nuestra Señora habla aquí el lenguaje de una madre que conoce a sus hijos y cual es su verdadero bien, mientras ellos mismos, pobres y (p.298) ciegos como son, muy a menudo se engañan, deseando sobre todo lo que pudiera contribuir a su ruina: favores materiales, la supresión de todas las cruces, y en suma, la inmediata satisfacción de todos sus deseos.

El 13 de junio: "Pedí por la curación de un enfermo," recuerda Lucía. Si se convierte, será curado durante el año." El 13 de Julio: Maria Carreira, esta cristiana ejemplar, animada por tan grande amor por la Santísima Virgen, pidió la curación de Juan, su hijo lisiado. "El no será curado y permanecerá pobre. Pero debe rezar el Rosario todos los días con su familia, y le será posible ganarse la vida." Y así, Juan Carreira conservó sus enfermedades, pero sin embargo, se convirtió en sacristán de la "Capelinha", y así pasó toda su larga vida a la sombra del santuario de Nuestra Señora. Mas que curarlo, Nuestra Señora había elegido para él una vida llena de sufrimientos, oración y servicio.

El 19 de Agosto: "Me gustaría pedirle la curación del algunos enfermos." "Si, curaré a alguno de ellos durante el año." Y el 13 de Setiembre: "Curaré a algunos, pero a otros no, porque Nuestro Señor no se fia de ellos." Estas palabras pueden parecer muy duras, pero su tonalidad está muy ordenada con el Evangelio: "muchos creyeron en Su nombre, viendo los signos que El hizo… pero Jesús no confió en ellos, porque El conocía a todos los hombres, y porque El no tenía necesidad que cualquiera diera testimonio de hombre… porque El sabía lo que el hombre era." (Jn. 2: 23-25) No, ¡Nuestra Señora de Fátima no tiene "confianza en el hombre", más que en Su Hijo Divino! Y si Ella dijo, "Nuestro Señor no confía en ellos," de aquellos que rezan con los labios, pero su corazón está lejos de Ella, ¿que podría decir, (p.299) a fortiori, de Sus enemigos declarados, quienes se glorian en su impiedad?

"ELLOS DEBEN ENMENDAR SUS VIDAS…" Finalmente, el 13 de Octubre, Nuestra Señora dio la misma respuesta, llena de tristeza. Ciertamente, la enfermedad es un mal, pero Ella insiste, para que finalmente comprendamos: ¡el pecado es un mal mayor, de un orden completamente diferente, ya que lleva a las almas a la ruina eterna! Y tal como Jesús dijo a los enfermos que curó, "Ve, y no peques mas," Su madre quiere que estemos mucho más preocupados con la salvación eterna, que con la mera curación del cuerpo: "Yo tengo muchas cosas que pedirle: que cure algunos enfermos y convierta algunos pecadores, etc." "Algunos si, otros no. Ellos deben enmendar sus vidas y pedir perdón de sus pecados." Y adquiriendo una expresión más triste: " ¡Ellos no deben ofender más a Dios, Nuestro Señor, porque el ya está demasiado ofendido!"

""PARA OBTENER ESTAS GRACIAS DURANTE EL AÑO." Nuestra Señora también quiere recordar, otra lección del Evangelio, que es tan importante como poco conocida. Para obtener una gracia, no es suficiente pedir por ella una vez, de pasada… Nosotros debemos desearla ardientemente y pedir insistentemente por ella, con confianza, sin darnos nunca por vencidos. Esto es, indudablemente, porque la Santísima Virgen, respondiendo a los pedidos que le había hecho Lucía, prometió escucharlos, pero no inmediatamente. El 13 de Junio Ella dijo, respecto a una persona enferma: "Si ella se convierte, será curada durante el año." Nuestra Señora dijo lo mismo el 13 de Julio: es necesario rezar el Rosario todos los días "para obtener estas gracias durante el año." Finalmente, el 13 de Setiembre, refiriéndose a una pequeña sordo-muda por quien Lucía estaba intercediendo: "de aquí a un año, estará mejor." Y el 13 de Octubre, Nuestra Señora respondió a todos los pedidos (p.300) de Lucía, diciendo que "Ella concedería ciertas gracias durante el año." (36) ¡Que lección elocuente para alentarnos a rezar con mayor perseverancia!

"YO DIRE LO QUE QUIERO." Dejar de ofender a Dios, enmendar nuestras vidas, convertirnos, rezar fielmente el Rosario todos los días y pedirle con perseverancia las gracias que necesitamos, y antes que nada, la gracia de nuestra conversión. Esto es lo que Nuestra Señora pide de nosotros, como nos lo recordó por última vez ese 13 de Octubre. Pero Ella había hecho otra promesa: "Yo diré quien soy."

"YO SOY NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO"

Tal como en Lourdes, aunque Sus confidentes la habían reconocido inmediatamente, Ella no quiso revelar enseguida su nombre. ¿Por qué esta demora, por qué este misterio si no para dirigir nuestra atención, aún más, a un nombre que, como es siempre en el caso de la Biblia, es la expresión concreta, y la evocación efectiva del mismo misterio de la persona? En Massabielle, Nuestra Señora no había revelado su nombre hasta el 25 de marzo, en la decimosexta aparición: "Yo soy la Inmaculada Concepción." Y observó Bernardette, "estas son las últimas palabras que Ella me dijo." (37) En Fátima, también, Ella no reveló Su nombre hasta la última de Sus apariciones: "Yo soy Nuestra Señora del Rosario." Este nombre trae a la mente todo un misterio, que nosotros exploraremos poco a poco.

"UNA CAPILLA EN MI HONOR." Por primera vez, en una frase simple, pero en la forma más explícita y formal, Ella pidió la creación de un santuario en el lugar donde había visitado la tierra: (38) "Yo quiero que sea construida aquí una capilla en Mi honor. Yo soy Nuestra Señora del Rosario." (p.301)

Admiremos la inmensa modestia de estas palabras, que establecieron la peregrinación. El Canónigo Formigao mismo, está sorprendido con ellas… En la tarde del 13 de Octubre, él preguntó a Lucía: " ¿Dice Nuestra Señora que quiere que venga mucha gente, desde todas partes?" "No, Ella no ordenó a nadie venir aquí," (39) es la respuesta. "Ve y dile a los sacerdotes que deben construir aquí una capilla," había pedido la Inmaculada a Bernardette el 2 de marzo de 1858. En Fátima es el mismo pedido, marcado por la misma discreción encantadora, sin que hubiera allí ninguna mención al clero: "Yo quiero que sea construida aquí una capilla en Mi honor." ¡Y esto es todo! ¡Que modestia… pero también que poder! Para llevar las multitudes al lugar que Ella había elegido, tiene otros medios, mucho más divinos y eficaces que recursos verbales grandiosos: Su atracción irresistible, que en unos pocos años llevaría a todo el buen pueblo portugués a Sus pies, a pesar de la oposición del gobierno y la indiferencia de los sacerdotes, son los prodigios y gracias que fluyen profusamente de sus manos maternales, sobre todos los peregrinos a la Cova da Iria.

Apenas un año más tarde, Su pedido sería cumplido… pero aún muy modestamente, ¡y sin la ayuda del párroco! Fue debido simplemente a la iniciativa de una humilde campesina, Maria Carreira. El 6 de agosto de 1918, se había comenzado la construcción de una pequeña capilla conmemorativa, la "Capelinha", sobre el sitio mismo de las apariciones. Desde aquel entonces, en Aljustrel, Maria Carreira era conocida por el encantador y bien merecido apodo de "Maria da Capelinha". Y el 13 de Mayo de 1928, fue colocada por el Arzobispo de Evora la piedra basal de la gran basílica del Rosario.

TRES IMAGENES DE LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. Indudablemente, el título "Nuestra Señora del Rosario", elegido por la Virgen de Fátima, explica muy claramente la asombrosa visión multiforme de la que gozaron los videntes, mientras la multitud presenciaba el gran milagro del sol. Las tres visiones sucesivas que pasaron ante los ojos deslumbrados de los niños, ¿no nos recuerdan los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos de nuestro Rosario?

Para ilustrar los Misterios gozosos, aparece primero la Sagrada Familia: San José y el Niño Jesús bendiciendo al mundo, y a la izquierda, Nuestra Señora, tal como había aparecido en la encina.

Luego, "la luz cambió, y repentinamente la Virgen apareció como Nuestra Señora de los Dolores. San José fue reemplazado por Nuestro Señor, quien bendijo a la multitud." (40) En la tarde del 13 de Octubre, Lucía declaró al Canónigo Formigao: "La Santísima Virgen apareció vestida como Nuestra Señora de los Dolores, pero sin las espadas en Su corazón." (41) Nuestro Señor apareció en Su adultez, vestido de rojo, sin duda para recordarnos el manto de púrpura con el que había sido cubierto en el pretorio, durante la escena de los ultrajes y la coronación de espinas. (42)

Finalmente, correspondiendo a los Misterios Gloriosos, Lucía pudo ver a Nuestra Señora del Monte Carmelo. ¿Por qué dices tu que la Señora, en un momento, pareció estar vestida como Nuestra Señora del Monte Carmelo?" preguntó el Canónigo Formigao a Lucía, en la tarde del 13 de Octubre. "Porque Ella sostenía algo en Su mano," contestó. Así, ella estaba sosteniendo el escapulario en Su mano, tal como sostuvo el Rosario en todas sus apariciones previas. Volveremos más tarde sobre este detalle importante.

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO, REINA DE LA PAZ. Si el título elegido por Nuestra Señora de Fátima es (p.303) reminiscente de los tres grupos de misterios en Su vida, los Misterios Gozosos, los Dolorosos y los Gloriosos, esto también nos recuerda Su poderosa intervención en la vida de la Iglesia y en la defensa de la Cristiandad. Seguramente, este es acaso el carácter más específico de este título Mariano. Desde el tiempo de Santo Domingo, desde el tiempo de San Pío V y de la victoria de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, que fue milagrosamente repetido en 1716 en los muros de Viena, Nuestra Señora del Santísimo Rosario es invocada como la muralla de la Cristiandad bajo asalto, el recurso final en los peligros mayores. En Fátima, Nuestra Señora vino a revelar que Ella es la única dispensadora del don de la paz. Nosotros veremos que este es, incluso, uno de los puntos esenciales de Su gran secreto.

Nuestra Señora quiere que nosotros obtengamos esta paz, la que solo Ella puede otorgar, por medio del Rosario. El 13 de Mayo, dijo a los pastores: "Rezad el Rosario todos los días para obtener la paz para el mundo, y el fin de la guerra." El 13 de Julio: Continuad rezando el Rosario todos los días en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz para el mundo y el fin de la guerra, porque solo Ella puede ayudarlos." Otra vez el 13 de Setiembre: Continuad rezando el Rosario para obtener el fin de la guerra." Finalmente, el 13 de Octubre, Nuestra Señora asocia una vez más la obtención de la paz con el rezo del Rosario, como una de sus condiciones esenciales. "Continuad rezando el Rosario todos los días. La guerra va a terminar y los soldados volverán pronto a casa."

He aquí una lección importante que debemos recordar: el Cielo no puede otorgar paz verdadera a las naciones impías en rebelión contra él, a un mundo orgulloso que rechaza implorar a María, la Mediadora universal de todas la gracias de Dios. Mas concretamente, la conversión de los corazones y el rezo (p.304) diario del Rosario, son las condiciones esenciales para la paz, impuestas por Dios en Su justa Misericordia. Esta es la esencia del mensaje del 13 de Octubre, que Lucía recordó otra vez en 1940, en el momento en que el mundo estaba sufriendo el castigo horrible de la Segunda Guerra Mundial:

"Sería bueno si nosotros pudiéramos inculcar en la gente al mismo tiempo, tanto una gran confianza en la Misericordia de Nuestro Buen Dios y en la protección del Inmaculado Corazón de María, como la necesidad de la oración, acompañada por sacrificios, especialmente aquellos que son necesarios para evitar el pecado.

"Este es el pedido de Nuestra Buena Madre del Cielo desde 1917. Este pedido viene de Su Inmaculado Corazón con una tristeza y ternura inexpresables: " ¡No ofendan más al Señor, Nuestro Dios, pues El ya está muy ofendido!" ¡Que lástima que nadie haya meditado sobre estas palabras, y comprendido su significado! (43)

NOTAS AL CAPITULO IX

(1) Relato de Maria Madalena de Martel Patricio, que apareció en O Dia del 19 de octubre de 1917. Citado por De Marchi, p. 130.
(2) Maria Carreira vivió en Moita, una aldea vecina.
(3) Citado por De Marchi, p. 132.
(4) P. 133.
(5) IV, p. 172.
(6) II, p. 82.
(7) De Marchi, p. 134. Relata Lucía en sus Memorias, que no recuerda haberse puesto estos vestidos: "Me parece recordar que una señora apareció realmente y quiso vestirnos así, pero nosotros lo rechazamos." (Memorias, p. 182) En cualquier caso, allí aún existe una fotografía de un soldado llevando a Jacinta en brazos, inmediatamente después de las apariciones, donde ella realmente tiene una corona de flores.
(8) IV, p. 172.
(9) Citado por De Marchi, p. 134.
(10) II, p. 82.
(11) IV, p. 172.
(12) Testimonio del Dr. Almeida Garrett, profesor de la Universidad de Coimbra. Citado por Barthas, Fátima 1917-1968) p. 344.
(13) O Seculo, artículo del 15 de octubre de 1917. Citado por Barthas, Fatima, Unprecedented Miracle, p. 296.
(14) Realmente, para estar en la misma zona de tiempo que los beligerantes, los gobernantes portugueses habían impuesto una hora legal 90 minutos adelantada de la hora solar.
(15) De Marchi, p. 133.
(16) Declaración de Maria Rosa Pereira al párroco de Fátima, el 13 de noviembre de 1918. Citado por Barthas, Fátima 1917-1968, p. 128.
(17) Citado por Jean Nesmy, p. 101.
(18) Nosotros seguimos el relato dado en la Cuarta Memoria (p. 172-173), que a ese respecto se corresponde bastante estrechamente con el informe del Padre Ferreira, aunque las palabras de Nuestra Señora no estén dadas en el mismo orden.
(19) II, p. 82.
(20) Informe del Padre Ferreira. Ver Documentos, p. 501.
(21) Informe Ferreira.
(22) De Marchi, (Orig.) p. 153. María Rosa declaró lo mismo durante la investigación canónica.
(23) IV, p. 173.
(24) De Marchi, p. 135-136.
(25) De Marchi, p. 136.
(26) The Truth About Fatima, p. 111-112.
(27) IV, p. 173.
(28) Mensaje del 13 de Julio.
(29) La prioridad dada a este pedido en todas las otras versiones del mensaje, prueba, al menos, su importancia primordial. Sin embargo, es incierto si esto se ajusta al orden real del diálogo, pues el orden propuesto en la Cuarta Memoria parece más lógico.
(30) II, p. 82.
(31) En la tarde del día 13, Lucía explicó al Canónigo Formigao que Nuestra Señora no usó la palabra "penitencia":
" ¿Dijo Ella que la gente debía hacer penitencia":
"Si."
" ¿Usó Ella la palabra penitencia?"
"No. Ella dijo que nosotros debemos rezar el Rosario y enmendar nuestras vidas, y pedir perdón a Nuestro Señor, pero Ella no usó la palabra penitencia." (De Marchi, p. 144.) (p.320) Citado por Barthas, Fatima, Great Miracle of the Twentieth Century,p.324.
(32) (Lc. 13,3.)
(33) III, p. 115.
(34) Carta del 12 de abril de 1970, publicada por S. Martins dos Reis, Uma vida, p. 372. Cuando en la conclusión, nosotros hagamos un comentario sintético sobre todos los pedidos de Nuestra Señora, citaremos estas importantes cartas con todo detalle: Ellas combinan el misticismo y las ideas teológicas más profundas, con numerosos puntos polémicos contra la "ola de locura diabólica" arrasando el mundo, y aun, invadiendo la Iglesia.
(35) IV, p. 173.
(36) Carta de Sor Lucía al Padre Goná§alves, 18 de mayo de 1941, Memorias e Cartas, p. 443.
(37) Las dos últimas apariciones del 7 de abril y del 16 de julio fueron silenciosas.
(38) El 13 de setiembre, ella accedió simplemente a los pedidos de Maria Carreira, cuyo pedido fue una anticipación de la voluntad de la Santísima Virgen. Así, cuando el Canónigo Formigao la interrogó el 27 de setiembre: " ¿Donde quiso Nuestra Señora que se construyera la capilla? ¿En la Cova da Iria?" Lucía solo pudo contestar: "No lo se, Ella no lo dijo." (De Marchi, p. 120.)
(39) Citado por De Marchi, p. 145.
(40) Relato de Sor Lucía, dado a John Haffert en 1946. Citado por Barthas, Fátima 1917-1968, p. 135-136.
(41) De Marchi, p. 143
Capítulo IX, del Tomo I, de la versión inglesa de "Toute La Vérité Sur Fatima", de Fr. Michel de la Sainte Trinité.

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