Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?

La reimpresión de un clásico es siempre una buena noticia. En este caso Vórtice reúne el trabajo de exégesis apocalíptica del P. Castellani que da título a la obra con un conjunto de ensayos sobre temas católicos y otras tantos sobre las últimas apariciones marianas modernas hasta las última de trascendencia mundial que conoció el padre, es decir, Garabandal. Estos  ensayos están reunidos bajo el título de Las Profecías Actuales y llevan un prólogo de Alberto Ezcurra Medrano.  Se trata de una edición prolija, de buen gusto, cosida a hilo y agradable al manejo. Una ventaja para los que ya tienen la obra en versiones anteriores que más vale guardar como reliquias, preservándolas de más desgaste.

Leonardo Castellani
Cristo, ¿Vuelve o no Vuelve?

Ediciones Vórtice
Buenos Aires, 2004
296 páginas

Este libro tiene tres partes

La primera, y principal, está dedicada al misterio del Retorno del Rey. Saber si Cristo vuelve o no vuelve determina el sentido de toda existencia particular y el de la misma historia humana.

Castellani no duda en sus afirmaciones. Ni en sus negaciones: "EI Universo no es un proceso natural, como piensan los evolucionistas o naturalistas, sino que es un poema gigantesco, un poema dramático del cual Dios se ha reservado la iniciación, el nudo y el desenlace… que se llaman teológicamente Creación, Redención, Parusía... EI dogma de la Segunda Venida de Cristo, o Parusía, es tan importante como el de su Primera Venida, o Encarnación."

La segunda parte contiene ensayos de variada temática, que van desde la muerte de Adán y el desquite de la mujer, hasta la pequeña industria y el vínculo entre política y religión, pasando por la televisión, la parapsicología y la bomba atómica. No obstante la diversidad, el hilo conductor se mantiene firme en la reflexión apocalíptica.

La tercera parte, incorporada por primera vez a esta obra, trata de las profecías contenidas en algunas de las apariciones de María: La Salette, Lourdes, Fátima y Garabandal. Nada mejor como telón de cierre, dado que las revelaciones de la Virgen siempre incluyen, además de un mensaje, una advertencia y una promesa.

AI leer este libro no sólo nos reencontraremos con un escritor impactante y original, "género único", sino que seremos llevados a meditar nuevamente sobre cuestiones que residen en lo más profundo del alma. ¿Habrá un fin de la historia? ¿El Anticristo gobernará el mundo? ¿Volverá Cristo para derrotarlo? Y si vuelve, ¿vuelve pronto?

Para muestra, un botón.

De "Ensayos religiosos": Televisión católica

"A la zaga de Yanquelevitch, los jesuitas han descubierto la televisión... ¿Qué opinan ustedes de ese suceso?"... (R. J. V)

Habría que preguntárselo a San Ignacio de Loyola… a mi nadie me ha hecho juez de ellos, ni Consejero Regio. Mas si quieren la opinión de un quídam, lo primero que a uno ocurre es que, quien ha gastado toda su juventud y algo más en el estudio de las ciencias sacras, está en desventaja respecto a la Técnica con respecto a cualquier seglar. La Teología y el Derecho Canónico no habilitan a comprender los tubos de Crookes o las lámparas de Burmann, más bien al contrario.

Mas los jesuitas quieren modernizarse, y aun -dirán los maliciosos- ponerse a la moda. Bien ¿Es éste un buen camino para modernizarse?

En el siglo XVIII los jesuitas franceses tenían un matemático tan grande como Pascal, el P Lallouére… pero no tenían un escritor como Pascal. Lástima grande. Nadie supo hacer una refutación maestra, ni siquiera elegante, de las Cartas Provinciales. Dejando aparte la discusión de si esta obra ha sido una "calumnia sublime", como dijo Voltaire, o bien un "genial intento de frenar un abuso eclesiástico grave", como opinó Faguet, una cosa es cierta: fueron para los jesuitas un golpe atroz. Me atrevo a decir que si ese libro no existiera, los jesuitas no hubiesen podido ser expulsados de Francia, y más tarde suprimidos. (Y también que no se hubiesen purgado al momento del peligro del "laxismo".)

Sin embargo, en aquel tiempo y país tenían -como si dijéramos- la televisión, y algo más que la televisión. Les faltaban teólogos, filósofos y buenos escritores. Tenían buenos profesores, "apologistas" baratos, y escritores "piadosos" de mal gusto, en profusión… junto con el favor de la Corte y parte de la Nobleza… y un poder político enorme.

Pero -dicen- ¿de qué sirve un gran teólogo si los instrumentos de difusión -de enseñanza, en el fondo- están en manos heréticas?

Eso está bien… pero no prueba que ambas cosas hayan de estar en las mismas manos. En la distribución del trabajo propia de la civilización, y en la natural limitación del hombre, eso es imposible. Y si para tener televisión los jesuitas han de pagar el precio de matar a los doctores sacros que tienen o pueden tener... mal negocio. Van a tener como decir cosas, pero no van a tener que decir. Se van a quedar quizás con la tele, y van a perder la visión.

Una orden religiosa se debe modernizar... Bien. Asentemos esta paradoja: para modernizarse una orden religiosa, debe ir para atrás… es decir, debe remontarse a sus fuentes, a sus primeros tiempos, a su Fundador… y buscar allí cuál fue la misión que le dio nacimiento, y cuales los medios de ella… en vista de reformar los medios que fueren anacrónicos, y aferrarse y penetrarse mas de la esencia de su tarea propia. Salirse de su lugar e invadir campo ajeno, siempre será un desorden.

Ese desorden (la gente fuera de su lugar) causa desastres en la Argentina, pueblo audaz e improvisador. Que un instituto universitario, por ejemplo, sea dirigido por uno que no es universitario, sino primario -por buen hombre que él sea, que no lo sea del todo por cierto ­…aunque se palie con el nombre de jerarquía, es una falta de jerarquía… más aún, de honradez. Y lo curioso es que si un gobierno -por honradez o no- les da un sosegate, ponen el grito de "persecución religiosa" en el cielo. Como si la religión se hubiese inventado para eso.

Dejemos otros abusos más graves, que son secretos.

Así que ¡ojo con la "televisión católica"! Antes de fundarla, piensen en el fracaso. Y en todo lo que es "católico", el fracaso más peligroso es caer en la falta de honradez y de verdad. Están hartos los hombres religiosos de este país de fracasos materiales (la Gran Colecta que se renueva periódicamente, ahora a favor de Hungría, por ejemplo) y sobre todo de los otros fracasos, que son muchísimo mas graves… y algunos, abominables.

Dinámica Social, n º 76
Buenos Aires, febrero de 1957

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